En los próximos días, el gobierno nacional publicaría un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reorganice áreas del Estado. Según fuentes internas, incluiría la disolución del Instituto Nacional de Semillas (INASE), organismo clave para el mercado semillero.
Creado en 1991 y reconstituido en 2004, el INASE es la autoridad de aplicación de la Ley de Semillas. Su función es garantizar la calidad genética y sanitaria de las semillas utilizadas en la producción agropecuaria del país. También regula el comercio, registra variedades y evita la propagación de enfermedades.
Aunque menos conocido que el INTA o el SENASA, el INASE tiene un rol estratégico: es el primer eslabón de la cadena agroalimentaria. Controla semillas tanto de cultivos extensivos, como de plantas de vivero, tubérculos como la papa y bulbos ornamentales. Regula tanto a multinacionales biotecnológicas como a viveros, laboratorios y productores de variedades transgénicas.
“La ensalada que comemos empieza en una semilla que controla el INASE. Si el instituto desaparece, los controles se van a relajar y se compromete la seguridad alimentaria”, advirtió Silvana Babbit, quien fue exdirectora nacional del organismo durante más de dos décadas.

De organismo autárquico a dirección dependiente
El DNU en preparación plantea transformar el instituto en una simple Dirección Nacional de Semillas, bajo la órbita de la Secretaría de Agricultura. Esto implicaría quitarle autarquía, achicar su planta (la cual no alcanza actualmente a 250 personas) y reducir su capacidad operativa.
“Un organismo que tiene poder de policía, como Inase o Senasa, tiene que poder dar una respuesta inmediata. Si pasa a ser una dirección, cualquier operativo deberá pasar por múltiples niveles jerárquicos. Se pierde agilidad y operatividad y eso va a afectar a todo el agro”, explicó Babbit en diálogo con Desde La Raíz.
Ante una emergencia, los trabajadores e inspectores deberán aguardar una cadena de respuestas, que empieza con un director regional, luego al nacional, luego al subsecretario de Agricultura, al secretario, hasta Caputo como Ministro de Economía. Recién entonces los inspectores comenzarían el operativo.
Por qué el Inase no representa un ‘gasto’
A diferencia de otros entes estatales, el INASE no depende del presupuesto nacional. Se autofinancia con recursos propios -y, de hecho, es considerado superavitario- a través de aranceles cobrados al sector semillero, estampillas que certifican calidad y multas por incumplimientos. “Ese dinero se usa para pagar desde la luz de la oficina hasta los sueldos y capacitaciones. Y, además, si sobra plata del ejercicio anual, se destina al tesoro de la Nación. Es decir, el famoso déficit fiscal cero acá no mueve la aguja: Inase no chupa de las arcas del Estado, todo lo contrario, le aporta” afirmó Babbit, con la misma convicción con la que da clases en la Universidad y apuesta por las políticas públicas de semillas en todo el país.
En 2023, Inase manejó un presupuesto de aproximadamente 10 millones de dólares, de los cuales el 50% se destinó al pago de haberes. En 2024 ese presupuesto se duplicó, aunque los haberes representaron apenas el 25% de ese total.

¿Qué está en juego?
El Inase es, relativamente, un organismo pequeño. Actualmente, cuenta con 235 personas, presididas por Claudio Dunan, a las que hace unas semanas se les informó la situación. El Poder Ejecutivo nacional, llamará a un régimen de retiros voluntarios. Sin embargo, la ex directora Silvana Babbit, aseguró en una entrevista que en el instituto nadie sobra, ya que ella misma se encargó durante su gestión de “sanear” el organismo y hacerlo eficiente.
Entre sus proyectos actuales, el instituto vería desarrollando herramientas tecnológicas claves para impulsar al sector, como la digitalización de lotes de producción de semillas, actas digitales y el uso de inteligencia artificial para registros de variedades.
Pero su función no se limita al agro de gran escala: en los últimos años, INASE hizo un trabajo de reconocimiento de las semillas criollas utilizadas por pequeños productores. “Recuerdo muy bien que un día de muchísimo frío en Gaiman, Chubut, le entregamos a la comuna el título de semilla criolla del citrón, una fruta parecida a la sandía.También en Salta, certificamos títulos a variedades de porotos, y en San Juan a la semilla de alfalfa”, recordó orgullosa Babbit y aseguró que ese trabajo no se cuidaría en la Dirección “por el propio perfil de productor”.
En otra escala, Silvana también recuerda como Inase actuó en 2020 ante la peor sequía de la historia de la Argentina de los últimos 70 años: “Hicimos todos los mecanismos legales necesarios para que no falte la semilla de soja, de trigo, de girasol, para que la sequía no afecte la productividad de la siguiente temporada”.

En un país productor por excelencia como el nuestro, el INASE desempeña un rol fundamental en el abastecimiento de semillas, así como también en la prevención de enfermedades, bacterias y hongos en los cultivos, como por ejemplo, la rabia del garbanzo, el huanglongbing de los cítricos o el virus rugoso del tomate. Todos casos en los que Inase tuvo agencia, tal como asegura Silvana Babbit, quien además es fitopatóloga.
La disolución del INASE se inscribe en una serie de embates más amplios sobre el sistema científico-técnico argentino, que ya afectó al INTA, CONICET y otras instituciones de importancia.
Aunque el INASE no es el más conocido, su desaparición afectaría directamente la calidad de los cultivos, la seguridad sanitaria y la soberanía alimentaria. El Estado dejaría de tener un organismo técnico con capacidad real de controlar el inicio mismo de la cadena agroalimentaria.
