Prepararse para el invierno, reconstruir la comarca

Después de dos meses de incendios, la Patagonia respira aire sin humo. En la Comarca Andina, ahora mismo, las personas hacen el duelo por haberlo perdido todo, al mismo tiempo que reconstruyen su casa y se preparan para el invierno. ¿Cómo? No hay recetas, pero lo que sí hay son grupos, cuerpos, de todas las edades en cada punto de la Comarca, sosteniendo, apoyando, organizándose.

Los múltiples focos que se produjeron desde fines de diciembre hasta mediados de febrero, afectaron a más de 200 familias, más de 100 viviendas y 50.000 hectáreas de bosques. El primer desafío fue apagar el fuego. Quedan ahora muchos otros por delante ¿Cuál es la situación actual? ¿Cómo se afronta la reconstrucción? Charlamos con Natalia Dobranski, Técnica en gestión de incendios forestales y jefa de la Brigada de Mallín Ahogado.

Desde el primer día, el trabajo de los brigadistas fue de gran intensidad. La Brigada de Mallín Ahogado comenzó en Enero atendiendo el incendio en Epuyén: “Ese primer día, a las 11 de la noche, el incendio estaba en comportamiento extremo, no podíamos ni parar a comer una naranja. Así fueron al menos las primeras 48 horas del incendio, sin descanso.”

La Comarca Andina del Paralelo 42 es la región que abarca el valle cordillerano de Chubut y Río Negro. Comprende un conjunto de localidades que se dedican principalmente a la producción agrícola, artesanal y al turismo. Estas son: El Bolsón, Lago Puelo, Epuyén, El Hoyo y Cholila. 

En Epuyén (Chubut), las llamas comenzaron el 15 de enero. Luego, otro incendio inició a fines de enero en la zona de Confluencia de ríos, entre Mallín Ahogado y El Bolsón (Rio Negro), avanzando contra vecinos, pequeños productores, animales, casas, galpones, alambrados y cultivos.

La Brigada de Mallín Ahogado es un equipo voluntario de vecinos preparados para la prevención y operación en incendios forestales. Natalia Dobranski, hace años que trabaja en esto: “Mis hijos ya saben que en verano es muy probable que mamá se tenga que ir corriendo. Están acostumbrados, de hecho del primer incendio en Confluencia me avisaron ellos porque escucharon el handy antes que yo”. 

Foto: Jade Sívori

Compartir la fruta, apagar el fuego, preparar viandas: eso hace una comunidad

A pesar de haber participado y vivido otros incendios en la Patagonia, Natalia remarca que este fue emocionalmente mucho más duro. “Lo que vivimos fue algo muy personal, eran nuestros vecinos, nuestras casas, la propia base de operaciones de la brigada. El vecino que falleció (Ángel Martín Reyes, de 84 años) era mi vecino del callejón, era la persona que saludábamos todas las mañanas, compartíamos la leña y la fruta de los árboles.”  

Pero a pesar de la catástrofe, Dobranski destaca la rapidez con la que la comunidad se organizó para enfrentar la emergencia: familias cocinando viandas, organizaciones recolectando donaciones para los afectados, técnicos arreglando motosierras, docentes con baldes de agua apagando las cenizas alrededor de la escuela. Durante el fuego, la red solidaria de personas y organizaciones fue un pilar fundamental.

“Lo único que yo rescato de todo esto es que la comunidad cuando se solidariza y se junta es realmente lo mejor que puede pasar. Cuando bajamos el segundo día del incendio, ya habían 20 familias cocinando para todos los brigadistas, llevando agua en botellas congeladas, comida de sobra, botiquines… Una articulación increíble… Y nosotros subidos a la dinámica del combate, de no sacarnos el equipo en dos semanas, de golpe bajamos y vimos todo un aparato en funcionamiento. Se siente un alivio tremendo.

Y en definitiva, pensaba, el Estado es esto, esto es hacer el Estado, más allá de las responsabilidades de gente que no ejerce su función (o incluso hace las cosas pateando para la para el otro lado), en definitiva si miras lo que está haciendo la gente, pensás, eso es patria, eso es Argentina.”

Foto: Jade Sívori

Prepararse para el invierno, reconstruir lo perdido

Todo absolutamente todo lo que no es de metal, el fuego lo destruye. Las familias perdieron sus viviendas, sus pertenencias, sus talleres y herramientas de trabajo, incluso las calles y caminos fueron alterados por el fuego. Según el municipio de El Bolsón, las llamas afectaron a 549 personas: destruyeron 144 viviendas de forma total y 47 de manera parcial.

La reconstrucción es de los momentos más dolorosos. Implica mirar de frente la pérdida y buscar, entre las cenizas, la fuerza para rebrotar. Reconstruir es un largo camino, un volver a empezar, sin haber decidido volver a empezar. Es volver a hacer el trabajo que ya había sido realizado, como la leña que durante un año habían juntado para el invierno o la producción de sus huertas, cultivos y conservas que los alimentarían mientras dure la nieve. 

Con el invierno patagónico a la vuelta de la esquina, muchas familias corren para prepararse lo mejor posible. “No hay una sola persona en la comarca que no tenga temor del invierno que viene” explica Natalia y de fondo se escuchan motosierras que cortan la poca madera que quedó para leña.

Sin embargo, no es esta una situación nueva.  Pasar el invierno es un desafío para quienes sufrieron este incendio, pero también para quienes no se pudieron recuperar de incendios anteriores. Sigue habiendo familias que viven debajo de un techo de nylon desde el incendio de Golondrinas, en marzo de 2021”, denuncia la brigadista. “Sigue habiendo comunidades afectadas sin los servicios básicos mínimos: agua de red, electricidad.”

Foto: Jade Sívori

La falta de apoyo estatal profundiza la situación

Desde el Estado ha habido poca ayuda y soluciones. El gobernador rionegrino Alberto Weretilneck anunció en febrero que cada una de las familias afectadas en los incendios de la zona recibiría 30 millones de pesos.

Sin embargo, Natalia Dobranski asegura que la gente de Epuyén todavía no recibió “ni un peso”. Por su parte, en Mallín las únicas familias que recibieron ese dinero fueron las que pudieron constatar el título de la tierra. Es decir, tanto inquilinos como antiguos pobladores o comunidades originarias, quedaron afuera.

“Ya el primer día tuvimos un atrapamiento, con un par de compañeros estuvimos encerrados al menos una hora y media en un sector del bosque por el fuego“. El riesgo al que se enfrentan los y las brigadistas es muy grande, aún así, su trabajo no es reconocido económicamente.

Los incendios volverán: hay que entender su dinámica

“La mayoría de los que estudiamos la dinámica de los incendios en la Patagonia, sabíamos que tarde o temprano el incendio del Cajón del Azul, por ejemplo, estaba completamente destinado a suceder, era una cuestión de acumulación de factores”, manifiesta la técnica en incendios forestales. 

Es decir, la mayoría de los incendios son prevenibles. Según los datos brindados en 2023 por la Dirección Nacional de Bosques del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el 5% de los incendios forestales se produce por causas naturales. 

La condiciones climáticas cada vez son más extremas y la poca prevención y preparación para futuros incendios, hace que solo se ataque la emergencia y no se tomen medidas profundas. “A la situación de hoy llegamos después de décadas de mal manejo del fuego y malas políticas forestales”. En primera instancia, es fundamental que quienes ponen el cuerpo para combatir el fuego perciban salarios. De esto hablamos en Detrás del humo no los ven, una nota de Sofia Fuentes para Desde La Raíz.

Natalia subraya la importancia de trabajar en el manejo del fuego y el paisaje. Un desafío a largo plazo es planificar ambientes más resilientes al fuego, es  decir, que los bosques no alimenten el fuego, como por ejemplo mantener raleado y podado y  armar corredores cerca de las viviendas. “Se trata de entender la dinámica del fuego”, resume.