Nueva condena para Bayer-Monsanto por provocar cáncer

La multinacional Bayer-Monsanto fue declarada, una vez más, culpable de un caso de cáncer vinculado al glifosato en Estados Unidos ¿Cuál es la situación en nuestro país?
Nueva condena para Bayer-Monsanto por provocar cancer con glifosato

El glifosato -el herbicida más utilizado en Argentina- fue declarado ‘cancerígeno’ en un nuevo fallo de Estados Unidos, mientras que la empresa Bayer- Monsanto fue condenada a pagar 2 mil millones de dólares por ocultar la peligrosidad de su producto.

El jurado determinó que Bayer, la multinacional alemana que compró a Monsanto en 2018, no advierte a los usuarios sobre la evidencia científica que demuestra que la exposición al Round up puede causar cáncer. El fallo habla de “mala conducta” y otorgó al demandante 2.000 millones de dólares en daños punitivos y 65 millones de dólares en daños compensatorios.

Nueva condena para Bayer-Monsanto por provocar cáncer con glifosato

El litigio, es parte de una serie de juicios a los que se viene enfrentando la corporación en torno al Round up desde el 2018. Hasta el momento, Bayer ha perdido 12 juicios millonarios por el agrotóxico y acumula 54.000 demandas, sólo en Estados Unidos. A pesar de que sostiene que sus productos son seguros, según el diario ambiental The New Lade, ha destinado millones de dólares para evitar demandas de miles usuarios que alegaban que el Round up causaba el tipo de cáncer linfoma no Hodgkin (NHL).

La gran indemnización del jurado fue justificada en la evidencia científica que comprueba la conexión entre el glifosato y el cáncer (como como por ejemplo este estudio de 2023). Además, el jurado alegó a la manipulación de Monsanto sobre los riesgos del Round up. “La comunidad no va a tolerar este tipo de tratos secretos, manipulando la ciencia y las revistas científicas para promover sus propias productos”, dijo el abogado Kyle Findley, “Monsanto sabía que el uso de Round up podía causar cáncer, pero no reflejó ese conocimiento en las etiquetas”.

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El Round Up, comercializado por Bayer-Monsanto

Round up es el nombre con el que se comercializa el glifosato, introducido al mercado por la empresa estadounidense Monsanto desde los años ‘80. Es el herbicida más utilizado en el mundo, tanto en agricultura y jardinería, realmente, estamos saturados de glifosato. 


Específicamente, el Roundup Ready fue esencial para la instalación del modelo de cultivo transgénico, que consiste en un veneno capaz de matar todas las plantas, en excepción de las semillas genéticamente modificadas para resistirlo.

Argentina fue el primer país de Latinoamérica donde Monsanto logró introducir su paquete tecnológico. Fue aprobado en 1996 en tiempo récord y bajo información científica aportada únicamente por la empresa (incluso, sin traducir al español), bajo el gobierno de Carlos Menem. Una vez instalado, el avance del modelo transgénico fue arrasador. Argentina, contaba con 6 millones de hectáreas de soja en 1996. Para 2015, el pico de cultivo llegó a los 20 millones y medio de hectáreas de soja transgénica, según datos recabados en el Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur.

Según la investigación científica Antología toxicológica del glifosato, en 1997 Argentina utilizaba 35 millones de litros de glifosato, que para 2017 llegaron a 240 millones (lo que significa 5,4 litros por habitante). Esto sin contabilizar otros tipos de agrotóxicos, como la atrazina, también muy utilizada y cuestionada. 

Este veneno, fue calificado en 2015 como “probable cancerígeno para los seres humanos” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la OMS. Esta clasificación, es aceptada por Bayer, que la incluye en las fichas técnicas de sus productos. Por ejemplo, en la ficha de seguridad del Round up TOP aclara que “El componente glifosato de potasio está clasificado como carcinógeno humano probable (grupo 2A) por la IARC, año 2017″. Otra institución que ratifica la peligrosidad del glifosato, con numerosos estudios, es la OEHHA  (Oficina de Evaluación de Peligros para la Salud Ambiental) de California.

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El glifosato es comercializado con etiqueta verde a pesar de su peligrosidad.

Para la evaluación de los herbicidas, existen cuatro bandas según el grado de toxicidad: verde, amarilla, azul y roja. El glifosato es de los productos de banda verde, lo que indica que no representa peligro.

En Argentina, la SENASA es el organismo gubernamental que habilita el uso del producto para ciertos cultivos, siempre y cuando se utilicen respetando lo que se llama las ‘Buenas Prácticas Agrícolas’, que es un manual para los técnicos y agrónomos. La pregunta es ¿Quién controla el uso ‘eficiente y correcto’? ¿Cómo podría controlarse la dosis aplicada o las medidas de seguridad por cada productor o arrendatario del país?

En esta línea, Anabel Pomar, periodista e investigadora especializada en la temática, menciona: “Ellos sostienen que bien aplicado no hace nada, pero, ¿Se puede controlar un veneno? ¿Puede ser una política de estado ‘usar poquito’?”.

Si bien el glifosato no es de venta libre y debería comercializarse sólo mediante matricula, eso rara vez se controla. El manual de las Buenas Prácticas es, en teoría, una metodología de uso, sin embargo, la práctica está llena de vacíos. 

“La ciencia sin conflictos de interés ha demostrado que el glifosato está en todos lados, desde la lluvia, los alimentos, los ríos, los suelos y dentro de muchísimas personas”, asegura Anabel Pomar,  quien vive en la localidad de Exaltación de la Cruz y asegura vivir entre fumigaciones. Allí la comunidad organizada realizó análisis en los que encontraron 6 agrotóxicos presentes en el agua y 14 en los suelos.

Los principales cultivos para los que se utiliza el Round up en Argentina son: la soja, de cuya producción se exporta el 87% a China; el maíz y el algodón. Los resabios de este veneno llegan a los alimentos que cotidianamente ingerimos, tanto por consumo directo como por aditivos como la lecitina de soja o el jarabe de alta fructosa de maíz, o en productos como el algodón, las toallitas y tampones. 

En zonas rurales, es común encontrar bidones de glifosato desechados sin el tratamiento adecuado. 

En zonas rurales, es común encontrar bidones de glifosato desechados sin el tratamiento adecuado. 

A pesar de que hay sectores, especialmente productivos, que sostienen que el uso de glifosato no es peligroso, cada vez es mayor la evidencia científica y judicial que dice lo contrario.

Fitosanitario, biocida, plaguicida, agroquímico, agrotóxico… Son distintas formas de nombrar lo mismo: un veneno, una sustancia que tiene por objeto matar insectos, hongos o plantas no deseadas.  

Esta condena a Bayer deja un nuevo precedente para futuros juicios relacionados al glifosato y vuelve a abrir el debate sobre su uso y sus necesarias regulaciones gubernamentales.