20 de julio de 2026

Los vestigios de una Nación potencia

En algún momento, la Argentina supo constituir un plan de país. ¿Que pasó? ¿Cómo fue esa época?

11 de mayo de 2026
Escribe Elias Merdek

Cuenta el General Mosconi que en 1922, por ese entonces todavía coronel y director del Servicio de Aeronáutica del Ejército, no pudo realizar un ensayo de aviación por falta del combustible que suministraba la Standar Oil. Ante el reclamo por esta situación, la respuesta del gerente de la multinacional fue que el Estado debía realizar el pago por adelantado para el abastecimiento. Ese fue el momento en el cual Mosconi, el impulsor de YPF, se juramentó “cooperar con todos los medios legales para romper con los monopolios internacionales”.

Este juramento de insubordinación a los deseos e intereses de las multinacionales, que precede a la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, se enmarca dentro de lo que podríamos llamar una misión de nación, cuya esencia es un sentido de trascendencia histórico. Bajo este ímpetu soberano también surgió, por ejemplo, la Dirección de Fabricaciones Militares, se creó una marina mercante nacional y se nacionalizaron los ferrocarriles, entre otras empresas y rubros. La pregunta clave que atravesó el pensamiento de Mosconi es ¿qué pasaría si esa situación se da en el marco de una guerra  y no en un ensayo militar?.

Allí primó una decisión estratégica:Utilizar los recursos nacionales -naturales o humanos- para el desarrollo y la defensa nacional. La misma lógica es trasladable al resto de las actividades que son resortes claves de nuestra actividad económica y comercial. 

Por esos mismos años, el coronel Luis Vicat bregaba por la puesta en marcha de nuestra siderurgia y la necesidad de explorar minas (cuestión que años más tarde llevó a la práctica el general Manuel A. Savio). Ante todo, ponía en cuestión las capacidades del modelo agropecuario y ganadero que se impuso en nuestro país tras el golpe a Rosas, el cual generó un crecimiento en base a la subordinación de la Argentina con el centro industrial. “Dependencia que hace que toda nuestra vida nacional, incluso su defensa armada, dependa de lo que nos pueda venir del extranjero, ya que todo lo compramos y vendemos fuera de fronteras”, señalaba Vicat en una conferencia en 1925. La tesis era sencilla: Satisfacer la demanda, nosotros mismos. 

Luis Vicat

La Política Nacional vs la política de facción

Jauretche señalaba que, tanto el pensamiento de Mosconi como el de Vicat y otros, está atravesado por lo que en su libro Ejército y Política denomina como Política Nacional. A lo largo de nuestra historia hay únicamente dos líneas: Una Nacional, arraigada a nuestra tradición y cultura, que tiene su raíz en el proceso de mestizaje hipanoamericano pero bajo una voluntad propia de ser; y otra foránea que se inserta bajo una matriz de pensamiento iluminista, liberal en lo económico y europea en lo cultural.

Esta última intenta borrar toda herencia cultural. Su principal impulsora fue la élite porteña que introduce sus ideas con Rivadavia en la década de 1820 y que logra consolidarse con el triunfo de Mitre en la batalla de Cepeda. A esta línea Jauretche la define como la de los ideólogos, quienes han sacrificado la conservación del espacio original “al triunfo de preocupaciones de orden ideológico”. Ya no importan las fronteras nacionales y la integración regional, porque sus preocupaciones pasan por su patria chica que no se extiende mucho más allá del puerto de Buenos Aires. Dice el fundador de FORJA: 

“(…) cegados por la pasión facciosa, por el deslumbramiento ideológico, y muchas veces por la venalidad, recurrieron al apoyo extranjero, sirviendo sus intereses para obtener apoyos eventuales en desmedro de los intereses permanentes del país. Hecho lamentable que veremos reiterar en la historia de la Patria Chica”

Esta concepción posterga al ser de la nación y destaca instituciones y gobiernos por sobre los objetivos nacionales. En ese sentido, prima su mirada ideologizada y partidista por sobre una visión de interés nacional. Y en pos de esos objetivos, las Fuerzas Armadas son el instrumento del cual se sirven para poder cumplirlos, transformándolas en una milicia de facción.

Un ejemplo claro es cuando en pleno proceso independentista, los directoriales porteños intentaron traer al Ejército de los Andes para la guerra civil que la ciudad de Buenos Aires mantenía con las provincias. La negativa rotunda de San Martín para el derramamiento de sangre hermana y la presentación de su renuncia al ejército obligó al recién asumido director Rondeau a ratificar en su cargo al Libertador. Esta desobediencia histórica se inscribe en las páginas gloriosas de la Política Nacional. 

Esas dos líneas históricas van a atravesar a la educación, la política y, también, a las Fuerzas Armadas. Sin embargo, cuando se impone el interés nacional se une en una mancomunión espiritual el ejército con el pueblo, y la industria se transforma en una fuerza expansiva. Esta tradición, que tiene su etapa fundacional con San Martín, es la que despliega con profundidad de visión y concepción nacional la generación de militares durante la etapa yrigoyenista que encontrará el punto más alto de maduración con la revolución que pone fin a la Década Infame.

Enrique Mosconi

Los militares de la soberanía 

La Política Nacional se gesta a partir de un verdadero interés nacional, el cual abarca a la totalidad de la comunidad y está por encima de cualquier sesgo ideológico y de facción. Su carácter está dado por una estrategia, la cual abarca una totalidad que comprende el desarrollo de las economías, las conexiones internas y necesidad de bastarnos a nosotros mismos. 

La constitución del ejército libertador de San Martín requirió toda una organización para la gesta histórica del cruce de Los Andes que acompañó lo estrictamente militar y que se impone en función de intereses y necesidades no coloniales.

Para acompañar y sostener el plan sanmartiniano se creó en Cuyo una verdadera movilización industrial donde pequeños talleres, herrerías y manufacturas primitivas evolucionaron para constituirse en una industria de guerra. Así, la empresa tuvo a Alvarez de Condarco, a quien se le confió la fabricación de pólvora, y al fray Luís Beltrán que se dedicó a la pirotecnia, la relojería, la fundición, y a quien el propio San Martín consideraba un genio. Y no menor fue la participación de Dámaso Herrera y el molinero Tejada, quienes idearon los medios necesarios para tratar la materia primar proveniente de San Luis y crear la industria textil para los uniformes y vestimentas militares. 

Fue el germen de una moderna Dirección de Fabricaciones Militares, creada recién en 1941 y que con Perón y su tesis de Defensa Nacional alcanzó el punto más acabado de vinculación entre Fuerzas Armadas y soberanía. En ella confluyó el trabajo y el aporte intelectual de los militares que se destacaron en el mencionado período entre el gobierno de Yrigoyen y la irrupción del GOU en 1943. 

En ese período se destacó una generación de militares con un alto nivel de preparación, compromiso y profundidad intelectual en la cual la maduración de la conciencia nacional se manifiesta en diversas áreas claves para el desarrollo del país y que van a nutrir el pensamiento y el proyecto político del propio Perón.

Un ejemplo es Alonso Baldrich, egresado del Colegio militar e ingeniero civil por la UBA, quien acompañó a Mosconi en el desarrollo de la empresa nacional en hidrocarburos. Baldrich consideraba la propiedad nacional del petróleo como uno de los elementos básicos de la defensa nacional y dedicó gran parte de su vida profesional a debatir contra políticos y publicistas que se oponían al manejo estatal de YPF señalando que el Estado era un mal administrador. 

También el brigadier Juan Ignacio San Martín tuvo aportes invaluables para la industria a partir de su trabajo en la aeronáutica. Fue ingeniero militar aeronáutico con amplia formación académica y, gracias a su trabajo en en la dirección del Instituto Aerotécnico de Córdoba entre 1944 y 1949 y a la creación de Industrias Aeronáuticas Mecánicas del Estado (IAME) que él mismo impulsa, se realizó la mayor obra de nuestra historia en este rubro.

Se crearon los aviones argentinos: IA 22 DL; IA Calquín; Pulqui I; el Pulqui II, que fue el  prototipo de avión caza más avanzado del mundo (aunque no se llegó a construir a gran escala); y el IA 35. También las motos Puma, los tractores Pampa, y el famoso Rastrojero se los debemos a este brigadier. En 1950, Perón convocó a representantes de empresas automotrices extranjeras para proponerles la fabricación de automóviles en el país. Estos rechazaron la propuesta alegando que Argentina no tenía capacidad técnica para semejante tarea.

Ante esta situación, el por entonces ministro de Aeronáutica, que había estado presente en la reunión dijo: “Presidente, hagamos nosotros mismos los autos en la Fábrica de Aviones de Córdoba. Allí tenemos la capacidad industrial suficiente”. Con la utilización de los motores de unos 2500 tractores Empire que se habían importado pero fracasaron por su inutilidad nace este vehículo emblema de la industria nacional cuyo nombre hace honor a su función y utilidad para el campo: andar sobre los rastrojos.  

A los militares mencionados, se les pueden sumar: Olascoaga con los estudios topográficos y la dimensión estratégica de los ferrocarriles; el marino Lauro Lagos, quien se opuso a la creación de una marina mercante panamericana; Savio en el desarrollo de la siderurgia y la metalurgia; a José A. Oca Balda en energías no convencionales; Ramón Molina, Regino Lezcano y José María Sarobe, con los problemas políticos, económicos y de defensa nacional. La lista es más larga, pero lo esencial es dar cuenta de que Perón fue el máximo exponente político de un lazo que une a las institución militar con el desarrollo y la soberanía nacional. 

En definitiva, las Fuerzas Armadas no son ajenas a las tensiones culturales y políticas que atraviesan nuestra historia. Por esta razón, se han convertido en milicias de facción cada vez que hubo gobiernos y procesos políticos liberales. Sin embargo, cuando estas retoman su misión histórica como brazo de la totalidad, logran conjugar los elementos necesarios para consolidar la doctrina de la Defensa Nacional.