Ellos se olvidan de lo artesanal, nosotros no: las editoriales independientes

Por Delfina Sánchez Magariños y Sofía Fuentes

Una fila colma la manzana de Avenida Corrientes. Las inmediaciones del Completo Art Media, del barrio porteño de Chacarita, son ocupadas por una muchedumbre que avanza a paso lento, con paciencia, y espera. Del otro lado, un pasillo con alfombra roja se abre paso ante los ojos de quienes reciben el aviso para ingresar del simpático guardia de seguridad. Se mueven en parejas, en grupos, o solos, con un termo y un mate entre sus manos, los abrigos colgando de sus brazos, o tus tote bags casi vacías para llenar dentro de la feria. 

La mujer de la entrada pregunta si ya recibieron La Estafa y les entrega un libro de tapa azul con foto de un naipe español: el ancho de oro. La estafa fue la temática elegida para este año y es el primer contacto físico con el mundo editorial independiente al que están ingresando. Esas páginas crean ficciones, textos dramáticos, reflexiones ensayísticas, o simplemente exponen la experiencia concreta de la estafa del mundo moderno. Allá afuera las cosas siguen como siempre, escribe Esther Cross. Acá adentro, lo que cambia es la manera en la que el mundo se presenta en las más de trescientas editoriales independientes y artesanales Latinoamericanas. 

La 14va edición de la FED 2025 tuvo lugar del 7 al 10 de agosto en el complejo Art Media (Corrientes 6271, Capital Federal). Un evento que se organiza año tras año para que editoras y editores de libros se encuentren cara a cara con lectores y escritores en los pasillos de la feria. Con entrada libre y gratuita, en esos 4 días la feria albergó a más 330 sellos independientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Uruguay y España. 

Si leés, hay un libro para vos, promete el lema de la feria a todos los amantes de la lectura que, aunque parezca lo contrario, cada vez son más. En estos cuatro días, asistieron más de 30 mil personas, con un estimativo de diez mil personas el último día, número que supera los 24.600 asistentes de la edición de 2024.

La FED se volvió, en poco más de una década, en uno de los eventos más esperados y prometedores del mundo editorial. Y es que, más allá de la fiesta cultural, la FED es, antes que nada, un espacio de trabajo. 

Durante los días de feria, los proyectos editoriales despliegan su estrategia de supervivencia: venden, arman redes y piensan cómo sostener un oficio atravesado por la precariedad y los altos costos de producción. Para muchos editores y editoras, la feria es la inyección de ventas que permite imprimir nuevos libros.

Es un espacio a partir del cual, literalmente, se hace posible un futuro para los libros independientes. “Todo el mundo está al otro día llamando a la imprenta para señar los libros nuevos, esos que tenés ahí parados o que querés reimprimir”, cuenta Marina Gersberg, la editora detrás del proyecto Pánico el Pánico

Además de escribir, Marina edita nuevos autores, gestiona la impresión y los distribuye por donde puede. Desde Traslasierra, Córdoba, milita por crear espacios de lectura donde la palabra se expanda. Una vez más, volvió a Capital para la FED en busca de esa inyección que le permita continuar defendiendo su editorial como una salvaguarda.

Además de la venta, en la feria convergen saberes y posibilidades de resistencia frente a la megaconcentración de la industria del libro y los actuales sistemas de producción y distribución golpeados por la crisis socioeconómica. “En Argentina somos pioneros en librerías independientes, medianas, chiquitas, y en editoriales autogestionadas también. Somos todo un modelo en Latinoamérica, y eso hay que sostenerlo porque la cultura nos hace estar mejor, nos hace pensar, nos hace hacer las cosas de otra manera“, dice la editora Gersberg. 

Por otro lado, también se ofrecieron charlas y actividades abiertas al público lector con el objetivo de acompañar las novedades editoriales con una temática en común: los tiempos difíciles que corren. Se desarrollaron charlas vinculadas al oficio de escribir pese al dolor, la performance y el antirracismo, la forma en que los videojuegos están cambiando el mundo, el feminismo en tiempos de ultraderecha, la música como potencia creativa en la narrativa latinoamericana y las formas en que se narra la identidad colectiva, entre otras. 

Además, hubo actividades en la terraza a cargo, este año, de la agencia creativa Somos Boche, que dirigió dos talleres y cuatro charlas orientadas a la creación de contenido, la historia de la moda, las adaptaciones de la literatura en el cine, con degustación de vermut.

Mientras tanto, entre los pasillos Hebe Uhart y Marcelo Cohen, las personas se chocan entre sí en un intento de abrirse paso en cada Stand para ver, tocar, leer, un libro. En una misma mesa, coexisten desde fanzines y pliegues simples de papel, encuadernaciones hechas a mano, experiencias innovadoras de lectura, hasta libros de fotografías y editoriales de renombre. Cada año la FED invita a renovar nuestras propias bibliotecas y aventurarnos en la búsqueda de esos ejemplares que no se encuentran en una librería habitual de la ciudad.

“En estos momentos de enorme resistencia, creo que la belleza es una trinchera”, dice Alejo González Prandi, periodista y editor de El vendedor de tierra, una editorial artesanal que publica desde 2018 de manera ininterrumpida. Y es que, para los y las editores, la FED es la puerta de entrada hacia la construcción de un horizonte colectivo frente a la crisis que avasalla la cultura. En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. Se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

“Es la feria más linda del año. Es el momento en que uno se encuentra con el lector, con la mesa llena de todos los títulos que uno editó y publicó”, comparte Leticia Martin de la editorial Qeja, nacida en 2017 con la intención de hacer circular materiales propios y de colegas escritores. Ubicada en el stand H38, Leticia acomodan más libros en la sección de “ofertas” con su socio y compañero de vida, Nazareno Petrone. Observa a la mujer que agarra uno de los libros, Perezosa y tonta de Luciano Lutereau, y le saca una foto. Asi como a Alejo, a Leticia le brillan los ojos: hay alguien que decide quedarse un rato más compartiendo con ellos.

La FED es mucho más que una feria de libros. Para los y las editores, es una forma de reencontrarse con sus trabajos de muchos años en tan solo cuatro días. Es una manera, como expresa Leticia, de re-entusiasmarte con la actividad y reencontrarse con el rol editorial. 
En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. En ese encuentro la feria también posibilita que editores de todo el mundo conozcan a las editoriales independientes, ayudándoles a tener reuniones y crear lazos comunitarios. Además, por supuesto, se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

¿Y por qué es tan importante una Feria de Editores?

En la ciudad de La Plata, hay una esquina bien conocida por sus paredes de colores y sus ventanas llenas de libros. En la intersección de diagonal 78, calle 6 y calle 59, la librería Malisia tiene ya 13 años de historia. No es una distribuidora más: es una casa editorial, donde confluyen seis editoriales distintas con una búsqueda y un catálogo propio. 

Malisia es un espacio colectivo de creación y, para la ciudad, una trinchera literaria. Sin embargo, ninguna de las editoriales vive de lo que vende en el local. “Las editoriales independientes están paradas sobre el laburo en ferias, asegura Juan Fernandez Marauda, escritor, editor, librero, y habitante de Malisia.

Durante todo el año, el colectivo de editoriales se fue organizando para exhibir su stand en la FED, contemplando la previa preparación del catálogo y también las idas y vueltas a Capital, la instalación de los puestos y la atención al público durante cuatro días completos. “Es totalmente desgastante pero es lo que habilita el ingreso de dinero y la posterior inversión. Nosotros podemos seguir pensando en editar libros porque una vez al año sucede la FED. En general, las novedades que presentamos a fin de año son fruto de esta feria, y también de la EDITA platense”, cuenta Juan. 

A diferencia de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), en la cual para cualquier proyecto pequeño es prácticamente imposible participar, la FED está pensada a una escala más chica, sin enormes islas editoriales. Apunta a una red de pequeños y medianos sellos y busca achicar las distancias entre las manos que producen los libros y las personas que los leen. 

El ambiente es muy diferente a la Feria del Libro. En la FED, lo que predomina es la voz de sus editores y editoras que comparten sus experiencias con el público lector. Personaliza, de esta manera, ese ente abstracto que puede ser la producción editorial y supera el universo meramente consumista. Porque detrás de cada libro, hay un equipo que lo preparó.

“Muchas editoriales surgimos en el momento de configuración post 2001, en esa lógica asamblearia, que la FED de alguna manera recogió años más tarde”, explica Ana Asprea, editora del proyecto La Cebra de filosofía contemporánea y psicoanálisis. Es el agite social y político el que provocó —y provoca— la producción cultural, el cual buscó soportar la crisis y romper con el monopolio de los catálogos de libros que tenían un mismo lineamiento político. “Se trataba de catálogos que buscaban subsistir a través del mercado y eso condicionaba mucho los títulos que se publicaban haciendo que fuera todo muy homogéneo, muy neoliberal en un punto”, dice Ana. 

Lo cierto es que el contexto actual no se distancia tanto del quiebre económico de los 2000. Sobre esto, expresa Juan Fernandez Marauda, del colectivo Malisia, que hacer un paso al costado del mercado mainstream implica de alguna manera atentar contra lo esperable y lo vendible. Significa, por tanto, un riesgo y una misión que muchas editoriales deciden encarar para darle voz a ciertas historias que de otra manera no se verían. “En el momento en que uno empieza a darse cuenta de la norma que está detrás de las librerías, en el momento en que empezás a sentir en todos lados el olor del mismo grupo editorial multinacional, con las mismas voces, empezás a darte cuenta de que militar lo otro es muy necesario”, expresa.

Todavía hay gente que compra libros

“Leemos ficción porque buscamos un orden para el caos de nuestra experiencia de mundo”, escribe Juan Mattio en La Estafa. El libro sigue siendo ese artefacto cultural que prevalece frente a la avanzada tecnológica, que afronta crisis económicas, sociales, políticas. Pero no hay quien frene la máquina de producción: lo artesanal y lo manual tienen amplio lugar en los rincones de la FED.

En El vendedor de tierra, los libros son confeccionados a mano uno por uno en tiradas de 25 a 50 ejemplares. Dependen del equipo de edición compuesto por Alejo Gonzalez Prandi y Luciana Ravazzani, y Lu Jana en el diseño y encuadernación. Las reimpresiones son exclusivamente a demanda. En el caso de la FED, se preparan con medio año de anticipación para llevar un catálogo diverso para quienes los buscan entre las “calles” de la feria. “Hay autores y autoras que quedan al margen de muchas editoriales porque no han ganado premios, no fueron distinguidos, y son muy buenos autores y muy buenos poetas”, dice Alejo, quien destaca el rol de la editorial por la apuesta a los autores locales que recién emprenden y que buscan un lugar para hacer eco sus palabras.

Sobre la calle Sara Gallardo, Ana y Cristobal conversan entre sí y se ceban un mate. A medida que la gente avanza apretujada entre los stand, invitan a aquellos que se quedan mirando a levantar un libro. Exponen el catálogo como prendas de ropa, uno al lado del otro, con los ejemplares apilados. Con el correr de las horas, la mesa se va vaciando y tienen que volver a rellenar. Aun así no alcanzan a mostrar todo: son más de 200 títulos los publicados desde los inicios de la editorial La Cebra en 2006. 

Desde la cocina de su casa en la que conviven cuatro gatos, cuatro perros, cuatro hijos, y dos editores, Ana y Cristobal desembarcan en la FED con un catálogo exclusivamente de filosofía contemporánea y psicoanálisis. “Trabajar en una editorial es un placer de principio a fin”, dice Ana Asprea, y continúa: “nos dedicamos a leer cosas que nos interesan, que nos parecen que pueden repercutir en el tejido social, que son parte de una discusión contemporánea y tratamos de hacer aportes desde nuestro catálogo”. 

Si bien los editores y editoras coincidieron en que la crisis económica está presente en su día a día, aún así consideran que pueden subsistir y seguir produciendo. La FED, en ese sentido, solventa la caída del mercado editorial y logra un leve repunte en las ventas. Según el Informe realizado por la Cámara Argentina del Libro (CAI), el 80% de las editoriales encuestadas indicó una caída en las ventas en 2024 y más de un tercio del sector editorial se vio afectado por descensos de más del 26% en unidades facturadas.

El problema se evidencia ante la cantidad de títulos por año que se publican, que implica un esfuerzo mayor. Por ejemplo, Marina de Pánico el Pánico afirma que este año editarán directamente la mitad de libros que el año pasado.

Sin dudas, editar independientemente en Argentina hoy, implica hacerle frente a una serie de obstáculos en todo el proceso del libro. Los altos costos de los insumos y de la impresión, en un marco de inestabilidad económica, dificulta cualquier planificación. A ello se suma la concentración de grupos editoriales y cadenas de librerías, la baja en el consumo interno y pérdida de poder adquisitivo. 

Es triste decirlo pero editar un libro, es cada vez más un privilegio, que no es liviano y está ligado a un esfuerzo enorme y una militancia cotidiana por darle voz a ciertas historias”, asegura Juan. 

En La Plata, otro espacio que construye redes entre la comunidad librera es la Feria EDITA, organizada por el colectivo Malisia y el apoyo del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Conformada como una de las ferias más importantes de la ciudad, se realiza en la calle, al aire libre, todos los años a mediados de diciembre, reuniendo más de 100 proyectos editoriales e invitando a los caminantes a conocer la literatura latinoamericana.

Son las siete de la tarde del tercer día de la FED y la gente parece no enterarse. Por la puerta aún siguen ingresando personas que esperaron dos horas para entrar. El ritmo con el que avanzan es como el título de un libro de Alejandra Kamiya: paciente como el agua sobre cada piedra

El murmullo se eleva con el andar. “¡Este libro de Sara Gallardo estaba buscando, amigo!”, “Ahí está la editorial de mi profe de escritura”, se escucha en la calle Juan Forn. Del lado de enfrente, otro grupo conversa y una chica agita un libro de tapa azul en sus manos: “No lo quiero, lo necesito”, le dice a su amiga. Están en el Stand E10, indicado con números como si de una batalla naval se tratara. Los editores de El vendedor de tierra no descansan. 

—Saber que hay una persona que año tras año vuelve a este mismo stand y pregunta “¿qué tienen de nuevo?” es maravilloso —dice Alejo, mientras a su costado derecho un cartel luminoso recuerda con letras rosas “si leés, hay un libro para vos”.