Un cementerio en el medio de un parque nacional. Tres asesinatos que marcan uno de los últimos capítulos de la guerra civil entre unitarios y Federales.
En la escuelita de verano de hoy: las tres cruces del palmar
Argentina estaba aun lejos de ordenarse. Las guerras civiles seguían abiertas y Entre Ríos fue punto neurálgico de estas batallas.
Hacia fines de la década de 1860 Entre Ríos sumída ante el poderío urquicista que se tornaba cada vez menos federal, se veía asediada por políticas que afectaban el desarrollo productivo y liberalizaban la economia.
Fue el caudillo Ricardo Lopez Jordan, el protagonista de esta historia, quien juró liberar Entre Ríos y batallar contra todo lo que se interpusiera en su camino para defender el republicanismo y la libertad de los entrerrianos.
Así nace la revolución jordanista. Cuando En el atardecer del 11 de abril de 1870 una partida de hombres armados irrumpió en el Palacio San José, la casa del gobernador, al grito de “¡Muera el traidor Urquiza! ¡Viva López Jordán!”.’
La revolución duraría seis años y tomaría tenor nacional. Sarmiento intervendría la provincia desconociendo la autoridad de Lopez Jordan, gobernador electo, quien juraría pelear por el federalismo.
Fue el mismísimo Jose Hernández, autor del Martín fierro, quien apoyó la revuelta y en una carta dirigida al caudillo escribió: “Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte es mil veces merecida. Hacen diez años que Ud. es la esperanza de los pueblos, y hoy, postrados, abatidos, engrillados, miran en Ud un salvador”
Y estos pagos cercanos a la ciudad de Colón fueron protagonistas del conflicto que se iniciaba. Atados en estás palmeras que hoy llevan cruces se dió muerte a tres urquicistas.
Uno de ellos, Zenón Casas, un estanciero y sargento mayor con el que Jordan estaba encascado por su apoyo a Urquiza. Hay fuentes que explican que el estanciero en principio había sido Jordanista, acompañando la rebelión contra los porteños y con el tiempo su apoyo habia virado al urquicismo, ganándose así un nuevo enemigo, quien juro darle muerte apenas pudiera
Alejandro Gonzalez Pavón cuenta que el 2 de mayo de 1873 mientras el jordanismo ingresaba a la “barra del palmar” para tomar algunas ciudades del centro de la provincia se encontraron a Casas junto a dos compañeros, y entre estos yatay que hoy ilustran el parque nacional, los ataron y degollaron en nombre del último caudillo federal.
El acta de defunción registrada en la Parroquia Santos Justo y Pastor de Colón detallaría que fue asesinado en el arroyo grande en la revolución y sepultado allí mismo, donde más tarde su hijo Aurelio pediría colocar las cruces.
Pero la historia no termina en la tumba. Años después, en Buenos Aires, el hijo de Zenón Casas, Aurelio da con el paradero de Ricardo López Jordán. Y No duda. Saca un arma. Y le dispara en la cabeza, a sangre fría.
El hecho quedó registrado en los periodicos de la época. La revolución que había empezado en Entre Ríos terminaba en una vereda porteña.
Hoy, los restos de Zenón Casas siguen acá. En el Parque Nacional El Palmar. Cerca de la estancia “La Calera” perteneciente en aquella época a la familia Urquiza. Marcados por una cruz de hierro oxidada, escondida entre las palmeras. Descubierta hace sólo tres años, hoy convertido en un sendero oficial del parque nacional.
Una revolución. Una tumba olvidada. Y un parque nacional protagonista de la historia
