El viento en el Sector Antártico Argentino arrastra nieve y un frío denso que penetra las estructuras y pone a prueba la templanza humana. En la Base Petrel, cuando el termómetro marca 32 grados bajo cero y la sensación térmica perfora la barrera de los -47 °C, la cotidianeidad se convierte en una disciplina silenciosa. Un panorama similar se vive en la Base Esperanza, donde durante el solsticio el termómetro registró -17 °C con ráfagas de viento de hasta 130 km/h, arrastrando la sensación térmica a los 29 grados bajo cero. Allí, tanto el Teniente Coronel (TC) Eric Dorado en Petrel como el Teniente Coronel (TC) Fernando Sosa en Esperanza comandan a sus dotaciones en la defensa diaria de la soberanía nacional.
Pero hay un lugar donde el frío y la oscuridad alcanzan dimensiones aún más extremas. La Base Belgrano II, la más austral de las bases argentinas y una de las más australes del mundo, vive el invierno con una intensidad que pocos pueden siquiera imaginar. Su jefe, el Capitán (CT) Lucas Leal, familiar del General Leal, el fundador de la Base Esperanza y quien a fines de 1965 comandó la primera expedición del mundo en llegar al Polo Sur desde el sector antártico americano, describe esa experiencia con la precisión de quien la habita.
“Si bien este año esa no fue la temperatura más baja registrada precisamente el 21 de junio, en los días previos llegamos a registrar -35 °C“, relata. “En lo físico, es imposible no destacar la increíble capacidad del cuerpo humano para adaptarse a condiciones tan extremas. Por supuesto, el uso adecuado del abrigo es fundamental. En cuanto a lo anímico, el aislamiento se sobrelleva gracias al excelente grupo humano que integra la dotación. Somos un equipo muy unido, y eso nos mantiene fuertes, motivados y convencidos del porqué estamos aquí“.

Asimismo, para el TC Dorado es importante tener una inventiva necesaria para mantener en alto la moral durante las largas noches polares:”Como Petrel es una base que se está creando recién y se está incrementando con varias cosas, no hay metegol, no hay mesa de pool; armamos una mesa de ping-pong improvisado hace unos días, pero como no tenemos espacio físico en la casa, solo se puede jugar en el hangar o en el taller mecánico“. Esa capacidad de resistencia y adaptabilidad sintetiza el espíritu antártico. Sin embargo, mientras en las latitudes extremas se sostiene la presencia argentina con esfuerzo soberano, en la mayoría de las aulas de la porción continental americana la dimensión antártica ha padecido históricamente una visibilidad insuficiente.
Para comenzar a saldar esa deuda histórica y pedagógica, al menos en la provincia de Buenos Aires, la diputada Noelia Saavedra, oriunda del partido de Moreno pero antártica de corazón, presentó un proyecto de ley en la Legislatura provincial. La iniciativa busca declarar oficialmente el 21 de junio como el “Día de la Confraternidad Antártica” e incorporarlo al calendario escolar provincial, transformando la experiencia del extremo sur en una lección viva de soberanía, ciencia y trabajo en equipo.
La Confraternidad, explica el Capitán Leal, es un conjunto de sentimientos difíciles de expresar con una sola palabra: “Creo que el que más sobresale es el orgullo de pertenecer a ese selecto grupo de personas que tuvieron el privilegio de pisar nuestra querida Antártida. Es un sentimiento que se vive dentro de la base, pero que también nos une con todos aquellos que, en algún momento, compartieron esta experiencia única en el continente blanco“.

Un bautismo antártico
El 21 de junio marca el solsticio de invierno en el hemisferio sur, la jornada con la noche más larga y el día más corto del año. En el continente blanco, esta fecha encierra una mística centenaria: El “antártico neófito” o ingresante se consolida como un expedicionario antártico tras superar la mitad de su campaña. En Base Esperanza, el hito del solsticio cobra un cariz conmovedor y solemne para quienes enfrentan su primera experiencia polar. “Es la oportunidad en la que los neófitos inician la nueva etapa en la actividad, siendo considerados como antárticos. Este momento es materializado con un evento donde los que ya tienen campañas anteriores organizan una cena de camaradería. Reciben el tradicional diploma con su nombre antártico junto con el brevet que, con orgullo, lucirán en su campera naranja“, detalló el TC Sosa sobre la ceremonia de bautismo.
En Belgrano II, la jornada se vive de una manera diferente por todo lo que representa y por el lugar en el que se encuentran. “Siempre nos acompaña el orgullo de pertenecer a la base permanente más austral de la Argentina y una de las más australes del mundo. Es un momento de camaradería, en el que compartimos un almuerzo entre todos, acompañado de risas, anécdotas y el orgullo de saber que estamos viviendo una experiencia única“, describe el Capitán Leal.

A diferencia del 22 de febrero —fecha en que se recuerda la presencia ininterrumpida desde 1904 tras el izamiento de la bandera en las Islas Orcadas del Sur, pero que cae en pleno receso de verano—, el 21 de junio transcurre dentro del ciclo lectivo. Esta coincidencia ofrece una oportunidad pedagógica invaluable para que las escuelas trabajen sobre la geopolítica, el cuidado ambiental y la historia bicontinental de la Argentina.
| 22 de febrero (Día de la Antártida Argentina) | 21 de junio (Día de la Confraternidad Antártica) | |
| Calendario | Receso escolar de verano | Pleno ciclo lectivo |
| Abordaje educativo | Difícil abordaje en las aulas | Clases especiales y talleres |
| Carácter | Conmemoración institucional | Construcción de conciencia activa |
Sostener la vida en las bases exige una estructura adaptada a las particularidades de cada asentamiento. En Petrel conviven 22 personas (21 militares y 1 médico civil) en espacios reducidos durante la etapa de reconstrucción. Allí, la flexibilidad del liderazgo es fundamental para evitar la fricción. “Trato de que sea una conducción más amigable e impartir órdenes de otro modo, no de la misma forma que en una unidad de combate o en un barco. Hay otra tolerancia; eso hace que el ámbito de trabajo sea más ameno y no tan estructurado“, explicó el TC Dorado respecto a la convivencia.
Por su parte, la Base Esperanza presenta una dinámica profundamente comunitaria y familiar: cuenta con una población de 58 personas, incluyendo 8 familias y 9 niños que cursan sus estudios primarios y secundarios en la escuela local con docentes radicados en Tierra del Fuego AIAS.
Belgrano II, por su parte, alberga actualmente a 21 integrantes, entre personal militar y personal civil perteneciente a la Dirección Nacional del Antártico y al Servicio Meteorológico Nacional. En condiciones de aislamiento total y cuatro meses de noche polar, el grupo humano es el verdadero sostén de la misión. “Somos un grupo muy unido, y eso hace que las actividades compartidas formen parte de nuestra rutina diaria. Nos reunimos para jugar a las cartas, a veces nos damos el gusto de jugar un partido de fútbol, vemos películas y aprovechamos cada fecha especial para compartir una comida entre todos. Esos pequeños momentos ayudan a fortalecer el espíritu de equipo y hacen más llevadero el aislamiento“, detalla el Capitán Leal.
En ambas bases, las rutinas se organizan en función del clima impredecible. Luego de cada temporal, el personal debe salir a recorrer e inspeccionar las instalaciones para reparar los daños provocados por el viento y el hielo.
Para sobrellevar la escasez de luz —que en invierno no supera las cuatro horas diarias— y el aislamiento, el sentido de responsabilidad compartida actúa como el principal motor de la dotación. “Para los argentinos que hacemos soberanía en estas latitudes, es vivir un sentimiento casi inexplicable. Las sensaciones son únicas, se te eriza la piel y las ganas de afrontar nuevos desafíos son diferentes a las del continente. Acá no podemos fallarle al resto de los argentinos“, argumentó el TC Sosa.
“Uno siente que ya forma parte de esta gran comunidad antártica, de esta cofradía. Tras un año de preparación y de cruzar el invierno, uno llega a esa fecha y siente que logró todo el esfuerzo por el que vino trabajando“, concluyó el TC Dorado sobre el valor personal de completar la misión.
Del hielo al aula
El proyecto de ley impulsado en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires busca instituir la efeméride del 21 de junio como una política educativa permanente. Con millones de estudiantes en sus aulas, el sistema educativo bonaerense posee una capacidad transformadora única para modelar la visión estratégica de las futuras generaciones.
La propuesta estipula que la Dirección General de Cultura y Educación señale contenidos didácticos, capacite al cuerpo docente y coordine actividades junto a universidades y organismos científicos. La iniciativa contempla además la invitación a los 135 municipios de la provincia para articular talleres y muestras culturales en sus comunidades. Son cuatro los ejes pedagógicos en los que descansa el proyecto.
| Eje Pedagógico: Incorporar la Antártida al calendario escolar mediante talleres, investigaciones y testimonios de las dotaciones. |
| Eje Científico y Ambiental: Divulgar la investigación del cambio climático, los ecosistemas marinos y los compromisos del Protocolo de Madrid. |
| Eje Geopolítico: Afianzar la concepción de la Argentina como una Nación bicontinental y marítima. |
| Eje Humano: Valorar el esfuerzo del personal militar, científico y civil que presta servicio en condiciones extremas. |
“La soberanía no se defiende solamente en los mapas ni en los tratados internacionales: también se construye en las aulas, en la memoria colectiva y en la formación de generaciones capaces de conocer, valorar y defender el territorio nacional en toda su extensión bicontinental”, destaca la fundamentación del proyecto de ley.

Llevar la realidad de las bases antárticas a las escuelas bonaerenses permite humanizar la soberanía. Cuando un estudiante comprende que detrás de cada punto en el mapa hay docentes dando clases en Base Esperanza, un grupo de argentinos improvisando talleres en Petrel para fabricar agua potable a temperaturas bajo cero o una dotación de personas en Belgrano II jugando un partido de fútbol en el hangar para mantener el espíritu de equipo, la geografía deja de ser una abstracción teórica. El frío extremo, la oscuridad perpetua y el aislamiento no son obstáculos insuperables cuando el orgullo de pertenecer y la convicción de la misión se convierten en el combustible del alma. Ese orgullo es el mismo que el proyecto de ley busca sembrar en cada estudiante bonaerense.
El Proyecto de Ley para el “Día de la Confraternidad Antártica” busca que el calor del compromiso patrio, cultivado diariamente en el aislamiento de las bases heladas, encuentre un eco duradero en cada escuela de la Provincia de Buenos Aires. Se trata de una apuesta pedagógica para que el mapa bicontinental no sea solo un instrumento escolar, sino una causa viva en el corazón y la mente de cada niño y niña argentinos.

