En sus costas, a la altura de Rosario, un grupo de amigos se acuesta sobre la húmeda arena. Uno de ellos intenta dormir mientras los demás lo molestan. El más joven se va al agua y vuelve refrescado.
A unos metros, en la playa, dos mujeres toman sol. En paralelo, un equipo de rugby compuesto por varones adolescentes se mete a la orilla y comienza la guerra de barro, a pesar de los retos de sus profesores. La familia y las amistades rosarinas se hacen con agua color tierra.
Más allá, tan solo unos metros río adentro, un barco casi de la longitud del monumento a la bandera se abre paso sin pedir permiso. Tiene bandera argentina, pero en su popa dice Kirguistán.
El contraste asusta. No cierra. Es como si un elefante caminara por el Parque Sarmiento en Córdoba o por el Parque de la Independencia en Rosario. Los pescadores artesanales pasan a su lado y se pierden ante el acero rojizo del gigante. No es el único barco panamax en camino. Atrás le siguen otros. Y adelante también. Unos van, otros vienen. Todos se llevan algo de Argentina.



















✍🏽 @savoretti.rodrigo
Fotos por Ezquiel Luque, Pedro Ramos, Nicolas Hernandez, Julio Pereyra
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