Categoría: Actualidad

  • ¿Se abre un conflicto en la industria del gas?

    ¿Se abre un conflicto en la industria del gas?

    El Sindicato de Trabajadores de la Industria del Gas (STIGAS) comenzó la semana con varios focos de conflictos abiertos producto de la flexibilización que intentan imponer las empresas empleadoras. Puntualmente en Bahía Blanca, la empresa MEGA dedicada a la separación y el fraccionamiento de los componentes del gas natural, viene incumpliendo con los acuerdos establecidos en el convenio colectivo de trabajo.

    Por eso decidieron llevar adelante un paro total de actividades a partir del martes 9 de septiembre a las 07:00 hs, por un plazo de 48 horas. Una situación que ya se había llevado a cabo durante el año 2023, llevando a cabo el mismo reclamo. MEGA es una de las empresas apuntadas, dentro del polopetroquímico, apuntadas para el agregado de valor del gas natural que se extrae de Vaca Muerta.

    Una situación similar se desató en Mar del Plata donde el STIGAS denuncia que Camuzzi mantiene planteles operativos mínimos, con tareas de mantenimiento demoradas y sin obras de infraestructura que acompañen el crecimiento de la demanda. Esta fue una de las causantes que derivó en el desabastecimiento de gas que vivió la localidad bonaerense hace un mes.

    Cada localidad depende de una red debilitada y saturada, y eso significa que lo que pasó en Mar del Plata puede pasar en Tandil, Necochea, Azul, Balcarce, Ayacucho o cualquier ciudad de la provincia”, remarcaron desde STIGAS a Mundo Gremial.

  • La Argentina cartonera: organización y política

    La Argentina cartonera: organización y política

    Una de las primeras medidas que tomó el gobierno de Javier Milei apenas asumió en diciembre de 2023 fue la modificación del Código Aduanero que desreguló gran parte las importaciones, entre ellas las de bobina de papel de celulosa y recortes de cartón. 

    Los efectos de esta medida se fueron profundizando con el paso del tiempo y generan al día de hoy una crisis muy profunda en los sectores que trabajan con la recuperación de residuos: cartoneros, carreros, recuperadores urbanos, tanto organizados en cooperativas de trabajo como independientes. 

    Sin embargo, esta no es la única variable que ha afectado al sector. A esto se le suma la crisis económica generalizada en el país, que genera una caída en la actividad económica y del consumo, y el cierre de muchas empresas que compraban los materiales reciclados. El resultado es que cada vez hay menos material para recoger y mayor cantidad de personas cartoneando. 

    Este cóctel ha provocado, en lo que llevan estos dos años, grandes dificultades para colocar a la venta los materiales que fueron recuperados, a la vez que existe una caída del precio del aluminio, el fierro y las chapas, siendo notoria la caída del valor del cartón, marcando entre un 40 – 60% de bajas.

    La situación es inherente a todas las provincias y ciudades del país. Sin embargo, son más afectados aquellos trabajadores que no han logrado articular con los gobiernos municipales o provinciales, estableciendo ciertas políticas públicas que les amparen y reconozcan su trabajo como un servicio de gran impacto social y ambiental. 

    Pese a algunas pocas excepciones, en la República Argentina el cartonero sigue siendo un actor principalmente informal, su actividad está expuesta a un alto riesgo por falta de condiciones mínimas de higiene y seguridad, inmersa en situaciones de sobreexplotación y trabajo infantil y excluida de las acciones integradoras del Estado.

    ¿Cómo se traduce la crisis nacional en la vida cotidiana de los cartoneros? 

    Foto: Ignacio Amiconi | AGLP

    En Ensenada, los trabajadores y trabajadoras se organizan en una cooperativa de trabajo autónoma desde la cual juntan, acopian y venden materiales reciclados por su propia cuenta, sin ningún tipo de apoyo del municipio de la localidad ribereña. 

    Yoana Zapata forma parte de la cooperativa de Ensenada desde hace 9 años, a partir de que en 2015 comenzó a conformarse en La Plata el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), colectivo que ha nucleado una diversa rama de trabajadores de la economía popular, entre ellos, los cartoneros y las familias que buscaban en la basura aquellos materiales con algo de valor. Con el MTE, muchos trabajadores se nuclearon en asociaciones y cooperativas y se aglutinaron en la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores de la UTEP, la cual nació para organizar a este sector luego de la crisis del 2001. Aunque la situación nunca pudo ser del todo regulada, hoy nuevamente, el sector está en crisis. 

    “La verdad que nuestro sector está siendo bastante afectado por la cuestión de las importaciones. Está difícil poder vender material, además de que bajó un montonazo a comparación de hace 2 años atrás”, explicó Yoana. 

    Junto a Yoana, en la cooperativa se nuclean 50 trabajadores, divididos entre quienes buscan materiales en la calle, quienes trabajan en la planta de acopio y quienes hacen tareas administrativas. A pesar de que no es una localidad muy grande, Yoana aseguró que el municipio no tiene una política pública de reciclado que valorice el trabajo de los cartoneros: “Estamos en una instancia de lucha porque el municipio no está reconociendo nuestro trabajo. Directamente no le interesa el servicio que prestamos, que hace muchos años hacemos a pulmón, entonces tampoco aporta mucho a acompañar o apoyarnos”.

    Además de la recolección de domiciliaria, las cooperativas suelen articular con Grandes Generadores de residuos, que son aquellas instituciones, comercios o empresas que producen más de 1000 kg al mes. Para ello, en provincia de Buenos Aires existe la Resolución 190/2024 que obliga a estos actores a separar y gestionar el destino final de sus residuos. Sin embargo, el modo en que deben emplearlo es muy ambivalente y depende de la voluntad de cada institución si ese servicio de recolección lo brindan empresas privadas vinculadas al CEAMSE o cooperativas cartoneras. 

    Particularmente, las articulaciones que han logrado los trabajadores de la cooperativa de Ensenada son acuerdos informales y están dispuestos a la voluntad de cada caso. Además, han organizado, igual que otros cartoneros vinculados al MTE, puntos de acopio llamados Punto Azul, ubicados en instituciones educativas, sociales o culturales, donde la comunidad de compromete a separar y luego ellos realizan el retiro del material. 

    “Hay muchos vecinos que están contentos con nuestro servicio y separan el material o se los acercan a los compañeros. Es ahí donde se sostiene la economía de los compañeros cartoneros”.

    Córdoba: una cooperativa que pisa fuerte y disputa derechos

    En un contexto tan hostil, donde el mercado por sí solo no garantiza condiciones dignas de desarrollo socioeconómico para trabajadores que han sido historicamente excluidos, es la articulación entre la comunidad organizada y las políticas públicas dónde salen las recetas más exitosas. 

    Un fuerte ejemplo de ello, es la experiencia de la cooperativa La Esperanza en la ciudad de Córdoba. Una cooperativa con más de quince años de trayectoria y 800 trabajadores fijos, que supo negociar y construir con el estado municipal las políticas ambientales necesarias. 

    Carlos ‘Purruco’ Andrada es el secretario general de la Federación Cordobesa de Cartoneros y, por sexto año consecutivo gracias a la elección de sus propios compañeros, el presidente de la cooperativa La Esperanza. El, en conversación con Desde la raíz, destacó que fue la organización y la lucha lo que les permitió a las organizaciones cartoneras generar mejores condiciones laborales y afirmarse como un actor relevante en la discusión del manejo de residuos. 

    “Cuando fue la apertura de importaciones, Arcor se stockeó mucho y el precio del cartón bajó, bajó y bajó. Llegó a estar a $30, en todos lados está ese precio. Pero, ahí fue donde le pedimos al Estado participar de la subasta. Nuestra federación fue la única que pudo sostenerlo a $70 el kilo, aseguró con orgullo Carlos Andrada en referencia a la empresa que es una de los mayores compradoras de cartón en el país. 

    El 90% del mercado de productos de cartón y papel es controlado por cinco empresas: Cartocor S.A, Reinap S.A., UnionPel S.A, Celulosa San Pedro y Smurfit Kappa. Arcor compra cartón a través de sus empresas Cartocor y Zucamor, fortaleciendo su influencia en el mercado del packaging. Frente a estos grandes jugadores, las cooperativas están altamente condicionadas y casi no tienen capacidad de negociar. Por eso es tan importante lo que han logrado en La Esperanza. 

    Carlos ‘Purruco’ Andrada, presidente de la Cooperativa La Esperanza.

    En Córdoba, esta es una de las tantas decisiones articuladas que se han dado entre este sector y el gobierno municipal. Otra política destacable de a provincia es la Ordenanza 12.684, que determina el marco regulatorio integral para la gestión de residuos urbanos. Allí, se establece que todos los Grandes Generadores de Residuos deben contratar los servicios privados para garantizar una correcta disposición final de lo que han generado, basándose en un Principio de Inclusión Social. El mismo,reconoce la preexistencia de los Recuperadores Urbanos en las tareas de separación de residuos y recolección diferenciada, como legítimos actores de tales prestaciones”.

    Esta ordenanza significó un gran incentivo para los recuperadores, especialmente frente a la abrupta caida del precio del cartón. A esto se le adiciona que la Municipalidad de Córdoba otorga becas que reconocen salarios de 4 horas de trabajo diario. Con eso, los trabajadores pueden asegurarse una base de $500 mil a $600 mil al mes, que se complementa con la venta de material que los trabajadores recogen individualemente y la cooperativa les compra. 

    Además, los últimos años la municipalidad ha llevado adelante un programa de sustitución consensuada de carros con caballo por moto cargas eléctricas, que les permiten a los recuperadores hacer más eficiente su trabajo. Los beneficiarios, a su vez, participan en programas de alfabetización, en colaboración con la Universidad Provincial de Córdoba, para poder rendir un examen de conducir y así obtener la licencia de conducir motocicletas. 

    “El año pasado hicimos la sustitución consensuada porque estaba muy bueno el programa de reciclado. Es decir, aparte de las 4 horas que habíamos ganado, podíamos hacer más horas sustituyendo el vehículo. Con la motito ya podemos discutir que ahí están los negros, los cartoneros, para la sociedad hipócrita que juzga mientras tira basura”, argumentó Carlos, a quien todos sus compañeros llaman Purruco. 

    Todo lo conseguido, Carlos se lo agradece a sus compañeros, a la organización, no sólo a los 800 trabajadores de la cooperativa La Esperanza, sino también a otros 400 integrantes de otras 7 cooperativas cordobesas. “Logramos todo esto porque nos han visto bastante combativos y plantados. Pero, además, porque son profundas las discusiones y los planteos que les hacemos porque somos los más excluidos de los más excluidos. El panorama no está nada lindo en ninguna parte del país, y acá no hubiéramos exigido y articulado estas cosas, estaría siendo muy difícil, porque también aquí venían bastante pillos contra los laburantes”. 

    Mientras en Córdoba algunas políticas buscan integrar a las cooperativas en el circuito formal del mercado, en lugares como Ensenada la disputa sigue siendo por el reconocimiento y la supervivencia diaria. Estas son dos caras de una misma moneda. El futuro del reciclado en la Argentina parece depender de esa tensión entre políticas que reconocen a los cartoneros y la indiferencia que los excluye y los deja a merced del mercado.

    “Este muchacho que está tan enojado, el presidente, con todas las decisiones contra la gente que está tomando yo no sé qué quiere, verle los huesos rotos a las personas, digo yo, para darse cuenta que esto no es viable”, sentenció el cordobés presidente de La Esperanza, Carlos Andrada, cartonero de toda la vida, villero, trabajador. Una persona que sabe traccionar las luchas por el trabajo justo y defender los derechos que les pertenecen por una labor que es para el bien común, para la prosperidad de nuestras ciudades y del ambiente en el que vivimos. 

    Podés leer también la nota que escribió nuestro compañero Pedro Ramos a principios del 2023, contando la historia de Santiago Zapata, tercera generación de cartoneros de La Plata:

  • Tu casa propia, tu propia historia

    Tu casa propia, tu propia historia

    Mariano tiene 35 años y dos hijas. Él y su pareja nacieron en Córdoba: ella es maestra y él, desde adolescente, trabaja en la construcción. Juntos decidieron asociarse a la Cooperativa Horizonte, aportando mes a mes sus ahorros y proyectando una casa propia para el futuro de su familia. 

    A los pocos años de aportes, la situación laboral de Mariano empeoró. Fue entonces que la cooperativa le ofreció incorporarse como Operador Asociado. Así, pudo continuar con su plan de vivienda a través de su trabajo en las obras y, al mismo tiempo, obtener una fuente de ingresos. Como él, son 2.500 los profesionales, técnicos y trabajadores que Horizonte emplea. 

    Seis años después, Mariano trabaja en la planta fabril de la Cooperativa, donde se producen los materiales que autoabastecen la construcción de los barrios: aberturas, premoldeados, bloques de hormigón, entre otros. Este año, en uno de los actos de adjudicación de viviendas, Mariano y su familia supieron que el tiempo de mudarse a su nueva casa había llegado.

    El sueño de la casa propia: cada vez más lejos

    Si hay algo que no puede negarse de los últimos tiempos en nuestro país es que el sueño de la casa propia es algo cada vez más inalcanzable. Argentina afronta una profunda crisis habitacional, caracterizada por un déficit que excede los 3,2 millones de viviendas, según estimaciones de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco).

    La complejidad en el acceso a la vivienda es un fenómeno que sucede en la mayoría de las ciudades del mundo, tanto en Argentina como en otros países. En ello infieren múltiples factores: la especulación inmobiliaria, precarización laboral, concentración de las tierras y viviendas en pocas manos,  precios elevados por el boom de los alquileres temporales del tipo Airbnb, la expansión urbana descontrolada con barrios privados, entre tantos otros elementos…

    Sumado a esto, para acceder a una vivienda propia en Argentina, si uno no tiene la suerte de heredarla, no existen muchas posibilidades de acceder a un crédito hipotecario. Las altas tasas que manejan los bancos, los requisitos restrictivos, la limitación de los programas y el miedo a vivir experiencias como la que se dió durante el macrismo con los créditos UVA, cuando la inflación se disparó y las cuotas se volvieron impagables, conviven simultáneamente.

    Con respecto a las políticas públicas que han intentado abordar esta problemática, que refiere a un derecho constitucional, en junio de 2012, la ex presidenta de la Nación, Cristina Ferenandez, lanzó el Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda única Familiar, más conocido como ProCreAr. Durante sus once años de funcionamiento, contemplando el desfinanciamiento que atravesó durante el gobierno de Mauricio Macri, el ProCreAr alcanzó a construir 130.000 viviendas en todo el país. 

    Cabe destacar que durante estos años, los créditos y las adjudicaciones del ProCreAr fueron sumamente demandados y por lo tanto de muy difícil acceso. Esta política se constituyó con el objetivo de garantizar el derecho a la vivienda y promovió el mejoramiento en las condiciones de vida de miles de familias que fueron beneficiadas por este programa. 

    Sin embargo, este año, el gobierno nacional de Javier Milei decretó su cierre definitivo, bajo argumentos como el del intendente libertario de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, para quien el ProCreAr “fue la mayor injusticia social y la política de vivienda más regresiva que existió en el país”

    Por otro lado, como parte del plan motosierra, el Gobierno disolvió la Secretaría de Desarrollo Territorial, Hábitat y Vivienda de la Nación, ex Ministerio, una medida que se le suma a la disolución del fondo fiduciario para la vivienda social. 

    Por ende, ante la falta de políticas públicas por parte del Estado y ante privados que priorizan especular y acrecentar sus márgenes de ganancia, el cooperativismo aparece como una respuesta y una solución para muchas familias.

    Cooperativa Horizonte: única en el país y en sudamérica 

    En 1982, fue fundada en Córdoba Capital, la Cooperativa de viviendas Horizonte, con el objetivo de suplir una necesidad habitacional en la ciudad. Desde entonces, se han fortalecido como una opción real de viviendas sociales, con un sistema autofinanciado de gestión, producción y construcción. 

    Durante la primera década, la cooperativa logró construir 1000 viviendas, luego, su ritmo se acrecentó y alcanzó a adjudicar 100 casas nuevas por mes. Actualmente, después de 43 años de trayectoria, Horizonte construyó un total de 20.000 viviendas. 

    La cooperativa es, según el Dr. Carlos Moro, presidente de la Cooperativa Horizonte quien fue entrevistado por Desde La Raíz, la única experiencia nacional, y probablemente de Sudamérica, que funciona con un tipo de sistema basado en los ejes de la vivienda social, el acceso popular y la ayuda mutua, el cuál gestiona transparentemente el dinero de sus asociados en un plan de viviendas continuo y sostenido en el tiempo. 

    Dr. Carlos Moro, presidente de la Cooperativa Horizonte

    La Cooperativa Horizonte apunta a sectores asalariados, muchas veces inquilinos, que lejos están de poder acceder a un crédito hipotecario, personas y familias que de otra manera no encuentran alternativa de acceso al techo propio. 

    El régimen de acceso es un sistema flexible que busca contemplar la diversidad de situaciones en las que se pueden encontrar los asociados. Por un lado, para el ingreso al plan no se solicita obligatoriamente una entrega inicial, ni es necesario contar con un lote propio, ni acreditar la situación laboral o el ingreso económico. Además de eso, el sistema ofrece la posibilidad de cancelar a las cuotas con dinero, trabajo, tierras, materiales y/o vehículos. Una vez que los usuarios superan el aporte del 20% del valor total, ya tienen la posibilidad de adjudicar su vivienda. Después de tener la casa, aplica el compromiso del cumplimiento del pago, aunque no existe hipoteca ni cuota rígida.

    “Si el socio tiene algún inconveniente, la cooperativa le ofrece una especie de crédito blando. Es decir, te permite que vos te atrases hasta cinco veces lo que te comprometiste a pagar y sin quedar en mora. O sea, si tenés algún problema, ‘che, se me enfermó un hijo’, ‘che, no me dan las horas extras, no puedo hacer el aporte’… Vos te sentas acá y se te reduce la cuota. El único elemento variable va a ser el tiempo. Lo que queremos es que la cadena de pago siga y que nadie pierda su casa”, explicó Carlos Moro, presidente y abogado de Horizonte.

    La Cooperativa Horizonte cuenta hoy con 11 sucursales en diferentes localidades de la provincia de Córdoba, construyó viviendas en 95 barrios, emplea 2500 operarios y cuenta con la Planta Fabril ‘El Carmelo’ de casi 9 hectáreas con ocho unidades productivas. 

    “La cooperativa, hoy, es casi como una cinta de producción de vivienda“, contó Carlos. “Apenas obtenemos una fracción de tierra, que es el insumo más caro de todos porque está muy concentrado, entra ahí mismo una cuadrilla de trabajadores a pegar ladrillos para hacer la casa”. 

    La cooperativa, al no perseguir fines de lucro y operar a endeudamiento cero, genera una ‘economía sana’ que elimina riesgos ante los sobresaltos de la economía argentina. Hoy la cooperativa no tiene deudas con proveedores ni con nadie. La mano de obra también la proveé el propio asociado, albañiles, electricistas, plomeros, arquitectos, ingenieros, que además de trabajar en la cooperativa hacen todos los meses un aporte de la vivienda. Eso le ha permitido a más de 800 personas obtener su casa a través de su trabajo“, aseguró Carlos Moro.

    El vínculo con el Estado

    Frente a la compleja situación habitacional que tiene sus implicancias en todo el territorio nacional, Horizonte es sólo una cooperativa que aporta a disminuir el índice de déficit habitacional. Trabajar codo a codo con el Estado, por ejemplo, sería una posibilidad de duplicar los números de viviendas y ordenar el tejido urbano.

    Sin embargo, al contrario, la cooperativa muchas veces encuentra trabas con el mismo Estado. La ausencia de obras públicas que garanticen los servicios básicos y, a su vez, la falta de voluntad estatal para facilitar tierras fiscales no utilizadas u otros recursos para la construcción de nuevas viviendas, se traduce en una cooperativa que trabaja aislada, sin el acompañamiento de políticas públicas. 

    Por ejemplo, tal es el caso del reclamo que lleva adelante Horizonte contra la municipalidad de Córdoba, por la falta de provisión de agua potable en los barrios donde Horizonte ya tiene planes de viviendas adjudicados, afectando a 250 familias. 

    En esta disputa, que ya tiene más de dos años y está judicializada, Aguas Cordobesas exige a la Cooperativa la realización de obras públicas técnica y económicamente inaccesibles para Horizonte. Una tarea que se le sumaría a las ya existentes, como la realización del fraccionamiento, asfaltado, cordón cuneta, alumbrado público y parquización de espacios verdes que ya realiza la Cooperativa, y se reflejaría en un aumento del costo de las viviendas de hasta un millón y medio más por cada casa. De esta manera, el Estado termina delegando sus obligaciones y tratando a una cooperativa social como si fuese un gran empresa de desarrollo inmobiliario.

    “Tenemos varias propuestas para que esto que hacemos pueda hacerse también con el Estado. Imagínate con un estado que pueda aportar tierra, por ejemplo, sería una excelente combinación para bajar el déficit habitacional. Por ahora estamos solos, pero estamos muy bien, con muy buen respaldo de la gente”, concluyó el presidente Carlos Moro. 

    En un contexto donde abundan ejemplos de empresas o consorcios que estafan a los usuarios, como, por ejemplo, la megaestafa de Márquez y Asociados en la provincia de Córdoba, la experiencia de la Cooperativa se constituye como un horizonte más que ejemplar para todo el país.

  • Patria sí, tecnología también 

    Patria sí, tecnología también 

    Son las seis de la mañana y dos hombres suben con llamas la cordillera de Catamarca. El sol comienza lentamente a morder la helada y comerse el frío, asomando por detrás de los cerros. En las alforjas, llevan una panel solar, una antena, una bobina de cable, herramientas y otros instrumentos necesarios para montar una antena que provea de internet satelital a una región con nula conectividad. El destino es una escuela rural ubicada entre la Ruta 40 y la cordillera, a la que solo se llega a pie.

    Era julio del 2020 y por fuera de ese cerro se extendía el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Para ese año, la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales, ARSAT, había instalado un total de 18 antenas V-Sat en distintas localidades de la provincia, en escuelas y en Centros de Atención Primaria de Salud, remotos y muy aislados como Tinogasta, Palo Blanco, Medanitos, Belen, Antofagasta de la Sierra. Está actividad no se frenó incluso en la pandemia, por el contrario, siguió trabajando para que médicos y docentes reciban internet a través de las antenas conectadas al satélite ARSAT-2 en pleno Covid-19. 

    El Plan Argentina Conectada comenzó en 2010. De a poco y casi en silencio, cambió la vida en cientos de pueblos de Argentina. Además de la señal satelital, ARSAT expande y mantiene una Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO) que ya alcanzó los 36.500 km de despliegue. 

    Ese día en Catamarca, los técnicos instalaron la antena, un panel de energía solar y el enlace con el satélite. A la tarde, en la escuela de la cordillera, los chicos vieron por primera vez el canal infantil Paka Paka. La sonrisa que tenían era impagable, recordó Ezequiel McGovern, trabajador de ARSAT. “Ese momento es el que nos da sentido a nosotros: la sensación de cambiarle la vida a la gente, sensación que los que gobiernan hoy no la tienen ni la van a tener jamás”, expresó en el programa de streaming Ramos Generales de Desde la Raíz. 

    ARSAT, orgullo nacional

    La Empresa Argentina de Soluciones Satelitales que garantiza la conectividad y el internet literalmente en cada rincón de Argentina, está atravesando hoy una crisis presupuestaria muy fuerte. 

    Fue creada por el gobierno nacional de Néstor Kirchner en 2006 y hoy es -o debería ser-, para todos nosotros, una perla nacional. ARSAT trabaja con sistemas satelitales, tendido de fibra óptica y desarrollo de datacenters y con ello sostiene, ni más ni menos, que la soberanía digital argentina. Aquella que nos permite usar aplicaciones, jugar videojuegos, mirar películas y canales de streaming, entre tantas cosas más. 

    Esto no es algo habitual en latinoamérica. El trabajo de ARSAT es una referencia y un ejemplo respecto al modo en que Argentina puede, en su extenso territorio, autoabastecer su conexión a internet, rápida y estable, que de otro modo probablemente no estaría. Así lo explicó Ezequiel McGovern, delegado de FOETRA y trabajador de la empresa: “Muy a su pesar, el gobierno nos necesita, porque muchos de los servicios que le damos no se los puede dar un privado, porque tampoco tiene plata para pagar un servicio así”.

    Sin embargo hoy atraviesa un freno político que amenaza la conectividad en el país y expulsa a sus profesionales a buscar otras alternativas laborales en el exterior.

    El vaciamiento y la expulsión 

    Según denunció el Sindicato de las Telecomunicaciones, FOETRA, los salarios están congelados por completo desde hace un año y los trabajadores perdieron en ese periodo alrededor del 70% de su poder adquisitivo. A su vez, señalaron que la planta de personal se redujo un 25% por ‘retiros voluntarios’ que muchos trabajadores aceptaron para buscar camino por otro lado.  

    En diálogo con Ramos Generales, Ezequiel McGovern, denunció esto como una clara estrategia de vaciamiento y advirtió: “La forma más sencilla de destruir una empresa tecnológica es sacarle su capital humano”.

    Sin embargo, ARSAT no exprime las arcas del Tesoro Nacional, al contrario, mediante la exportación de servicios tecnológicos genera ingresos propios, que luego el gobierno debería utilizar para el pago de los salarios con la gestión de empleo público. En ese sentido, desde FOETRA aseguraron que el incumplimiento salarial responde a una decisión política, no a limitaciones económicas, por ello hay una causa judicial por la vulneración de la libertad paritaria que espera resolución.

    No solo como un derecho laboral, el pago que reclaman los trabajadores es un reconocimiento al servicio brindado de forma tan eficiente y exitosa. “Lo hacemos porque queremos una nación integrada y sabemos que lo podemos hacer. Hace años que todo esto está en órbita, tenemos la infraestructura dando servicios, compitiendo, brindándole servicios a Telefónica, a Telecom, a todas las empresas privadas. Lo hacemos bien porque seguimos generando plata”, afirmó Mc Govern.

    Es que ARSAT no solo proveé al Estado Nacional de servicios tecnológicos, sino que genera indirectamente y en cadena una serie de pequeñas y medianas empresas de servicios de telecomunicación, que se encargan de distribuir el servicio casa a casa, generan trabajo y extiende el tendido urbano. “Tenemos más de 1200 pymes que dan servicios de internet en todo el país, de las cuales el mayorista es Arsat.”

    Datacenter: alguien procesa tu jugada

    Además de la red de fibra óptica que despliega la empresa y del servicio satelital con el que complementa la conectividad en lugares donde la geografía vuelve imposible tender cables, ARSAT también opera sistemas de Datacenters.

    Un datacenter es, básicamente, el espacio material del internet:  una gran sala con miles de computadoras que reciben conectividad, energía y refrigeración constante para el almacenar, procesar y distribuir datos, además de alojar aplicaciones y servicios digitales. Allí se procesa todo lo que se sube a la web: cada aplicación que usamos en el celular, cada streaming, cada archivo que guardamos en la nube.

    No todos los países cuentan con propia infraestructura, muchos dependen de centros de datos de países vecinos o cercanos. Argentina, en cambio, tiene desde 2012 un datacenter en la Estación Terrena de Benavídez, provincia de Buenos Aires. Certificado por el sello TIER III del Uptime Institute por su diseño y construcción, es considerado uno de los más confiables y seguros de Latinoamérica. 

    De esto entienden bien los gamers: ellos saben bien lo que significa jugar con un servidor de Brasil, de Miami o de Argentina. La distancia aumenta el tiempo en que la información demora en ir y venir. A ese tiempo se le llama latencia y es realmente una ventaja competitiva estar cerca de un servidor, cuando unos pocos milisegundos pueden hacer la diferencia. 

     “Mi sueño es tener muchos data centers en todo el país, uno por provincia por lo menos. Tenemos las condiciones óptimas en el sur de Argentina para montar datacenters que consuman poca energía aprovechando el frío”, explicó Ezequiel McGovern.

    Una empresa al servicio del proyecto nacional 

    Mucho más que una empresa de alta tecnología, ARSAT es una empresa pública con proyección nacional y una mirada puesta hacia el futuro. Desde los satélites que incluyen en su cobertura a las Malvinas y el Atlántico Sur, hasta la red de fibra que une el país de norte a sur, llegando a Tierra del Fuego con un tendido de cable submarino a través del estrecho de Magallanes, ARSAT pone al servicio del país sus capacidades técnicas y logísticas en pos de un desarrollo federal y soberano.

    Además, ARSAT no trabaja sola, sino que es parte de un entramado más grande de empresas e institutos de tecnología argentina como la CONAE, el INVAP, VENG, CONICET, entre otros. Por ejemplo, el ARSAT-1 fue diseñado, financiado, ensamblado y enviádo a órbita en la Argentina, con un equipo de más de 3000 técnicos y científicos del país y con el 50% de sus piezas son de fabricación nacional. Este trabajo lo hace junto a INVAP, la empresa rionegrina de alta tecnología, para reemplazar el satélite anterior cuya vida útil había caducado y el consorcio privado que debía hacerse cargo -Nahuelsat- no estaba respondiendo. En este sentido, su política de desarrollo satelital apunta a la soberanía nacional, desempeñando un rol estratégico para el crecimiento del país en materia económica, tecnológica y científica.

    Podés leer acerca del lanzamiento de los primeros satélites geoestacionarios argentinos, acá.

    A contramano de una empresa que no tiene límites y podría seguir creciendo, el gobierno pisa el freno. Satélites que ya están fabricados y no se envían por falta de presupuesto, datacenters que no abren, trabajadores sin paritarias y créditos asignados que nadie sabe dónde están. Mientras tanto, la empresa sigue generando dinero a través de la venta de sus servicios satelitales y de internet. “Hay muchos proyectos que tenían créditos internacionales que ya se cobraron pero nunca nos llegó la plata”, denunció Ezequiel. 

    Un caso es el del satélite SG-1, un satélite de última generación, de propulsión eléctrica y preparado para dar banda ancha a todo el país, que está siendo construido actualmente. Este proyecto obtuvo un crédito del CAF (Banco de Desarrollo de América Latina), pero cuando el dinero llegó al gobierno fue paralizado. “Se ejecutó ese crédito, pero esos dólares no nos dejan usarlos para pagar en el exterior. Entonces, ahora tenemos facturas de pago pendientes con los proveedores y eso hace que todo el proyecto se frene”, explicó. 

    Otro caso es el del proyecto de instalación de datacenters que, según mencionó Ezequiel, ARSAT había obtenido un crédito del Banco Mundial específicamente para el financiamiento de cuatro datacenters nuevos en el país, sin embargo este gobierno no lo asignó.

    “Somos un ejemplo, y ese es el problema”, sentenció Ezequiel McGovern. “En el mapa mental que tiene el gobierno, no puede existir una empresa de capitales estatales que sea eficiente. No les entra en la cabeza y es una amenaza para su propio discurso. Por eso van a hacer todo lo posible para que dejemos de existir”, desarrolló quien además es, entre otras cosas, el responsable del diseño del streaming de la plataforma de cine argentino CineAr Play. 

    “Tenemos muy en claro en ARSAT que cada tramo de fibra que ponemos en cada rincón del país reafirma nuestra soberanía”, sostuvo al final de la conversación McGovern, que ya podés revivir de forma completa en el siguiente link:

  • Ellos se olvidan de lo artesanal, nosotros no: las editoriales independientes

    Ellos se olvidan de lo artesanal, nosotros no: las editoriales independientes

    Por Delfina Sánchez Magariños y Sofía Fuentes

    Una fila colma la manzana de Avenida Corrientes. Las inmediaciones del Completo Art Media, del barrio porteño de Chacarita, son ocupadas por una muchedumbre que avanza a paso lento, con paciencia, y espera. Del otro lado, un pasillo con alfombra roja se abre paso ante los ojos de quienes reciben el aviso para ingresar del simpático guardia de seguridad. Se mueven en parejas, en grupos, o solos, con un termo y un mate entre sus manos, los abrigos colgando de sus brazos, o tus tote bags casi vacías para llenar dentro de la feria. 

    La mujer de la entrada pregunta si ya recibieron La Estafa y les entrega un libro de tapa azul con foto de un naipe español: el ancho de oro. La estafa fue la temática elegida para este año y es el primer contacto físico con el mundo editorial independiente al que están ingresando. Esas páginas crean ficciones, textos dramáticos, reflexiones ensayísticas, o simplemente exponen la experiencia concreta de la estafa del mundo moderno. Allá afuera las cosas siguen como siempre, escribe Esther Cross. Acá adentro, lo que cambia es la manera en la que el mundo se presenta en las más de trescientas editoriales independientes y artesanales Latinoamericanas. 

    La 14va edición de la FED 2025 tuvo lugar del 7 al 10 de agosto en el complejo Art Media (Corrientes 6271, Capital Federal). Un evento que se organiza año tras año para que editoras y editores de libros se encuentren cara a cara con lectores y escritores en los pasillos de la feria. Con entrada libre y gratuita, en esos 4 días la feria albergó a más 330 sellos independientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Uruguay y España. 

    Si leés, hay un libro para vos, promete el lema de la feria a todos los amantes de la lectura que, aunque parezca lo contrario, cada vez son más. En estos cuatro días, asistieron más de 30 mil personas, con un estimativo de diez mil personas el último día, número que supera los 24.600 asistentes de la edición de 2024.

    La FED se volvió, en poco más de una década, en uno de los eventos más esperados y prometedores del mundo editorial. Y es que, más allá de la fiesta cultural, la FED es, antes que nada, un espacio de trabajo. 

    Durante los días de feria, los proyectos editoriales despliegan su estrategia de supervivencia: venden, arman redes y piensan cómo sostener un oficio atravesado por la precariedad y los altos costos de producción. Para muchos editores y editoras, la feria es la inyección de ventas que permite imprimir nuevos libros.

    Es un espacio a partir del cual, literalmente, se hace posible un futuro para los libros independientes. “Todo el mundo está al otro día llamando a la imprenta para señar los libros nuevos, esos que tenés ahí parados o que querés reimprimir”, cuenta Marina Gersberg, la editora detrás del proyecto Pánico el Pánico

    Además de escribir, Marina edita nuevos autores, gestiona la impresión y los distribuye por donde puede. Desde Traslasierra, Córdoba, milita por crear espacios de lectura donde la palabra se expanda. Una vez más, volvió a Capital para la FED en busca de esa inyección que le permita continuar defendiendo su editorial como una salvaguarda.

    Además de la venta, en la feria convergen saberes y posibilidades de resistencia frente a la megaconcentración de la industria del libro y los actuales sistemas de producción y distribución golpeados por la crisis socioeconómica. “En Argentina somos pioneros en librerías independientes, medianas, chiquitas, y en editoriales autogestionadas también. Somos todo un modelo en Latinoamérica, y eso hay que sostenerlo porque la cultura nos hace estar mejor, nos hace pensar, nos hace hacer las cosas de otra manera“, dice la editora Gersberg. 

    Por otro lado, también se ofrecieron charlas y actividades abiertas al público lector con el objetivo de acompañar las novedades editoriales con una temática en común: los tiempos difíciles que corren. Se desarrollaron charlas vinculadas al oficio de escribir pese al dolor, la performance y el antirracismo, la forma en que los videojuegos están cambiando el mundo, el feminismo en tiempos de ultraderecha, la música como potencia creativa en la narrativa latinoamericana y las formas en que se narra la identidad colectiva, entre otras. 

    Además, hubo actividades en la terraza a cargo, este año, de la agencia creativa Somos Boche, que dirigió dos talleres y cuatro charlas orientadas a la creación de contenido, la historia de la moda, las adaptaciones de la literatura en el cine, con degustación de vermut.

    Mientras tanto, entre los pasillos Hebe Uhart y Marcelo Cohen, las personas se chocan entre sí en un intento de abrirse paso en cada Stand para ver, tocar, leer, un libro. En una misma mesa, coexisten desde fanzines y pliegues simples de papel, encuadernaciones hechas a mano, experiencias innovadoras de lectura, hasta libros de fotografías y editoriales de renombre. Cada año la FED invita a renovar nuestras propias bibliotecas y aventurarnos en la búsqueda de esos ejemplares que no se encuentran en una librería habitual de la ciudad.

    “En estos momentos de enorme resistencia, creo que la belleza es una trinchera”, dice Alejo González Prandi, periodista y editor de El vendedor de tierra, una editorial artesanal que publica desde 2018 de manera ininterrumpida. Y es que, para los y las editores, la FED es la puerta de entrada hacia la construcción de un horizonte colectivo frente a la crisis que avasalla la cultura. En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. Se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

    “Es la feria más linda del año. Es el momento en que uno se encuentra con el lector, con la mesa llena de todos los títulos que uno editó y publicó”, comparte Leticia Martin de la editorial Qeja, nacida en 2017 con la intención de hacer circular materiales propios y de colegas escritores. Ubicada en el stand H38, Leticia acomodan más libros en la sección de “ofertas” con su socio y compañero de vida, Nazareno Petrone. Observa a la mujer que agarra uno de los libros, Perezosa y tonta de Luciano Lutereau, y le saca una foto. Asi como a Alejo, a Leticia le brillan los ojos: hay alguien que decide quedarse un rato más compartiendo con ellos.

    La FED es mucho más que una feria de libros. Para los y las editores, es una forma de reencontrarse con sus trabajos de muchos años en tan solo cuatro días. Es una manera, como expresa Leticia, de re-entusiasmarte con la actividad y reencontrarse con el rol editorial. 
    En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. En ese encuentro la feria también posibilita que editores de todo el mundo conozcan a las editoriales independientes, ayudándoles a tener reuniones y crear lazos comunitarios. Además, por supuesto, se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

    ¿Y por qué es tan importante una Feria de Editores?

    En la ciudad de La Plata, hay una esquina bien conocida por sus paredes de colores y sus ventanas llenas de libros. En la intersección de diagonal 78, calle 6 y calle 59, la librería Malisia tiene ya 13 años de historia. No es una distribuidora más: es una casa editorial, donde confluyen seis editoriales distintas con una búsqueda y un catálogo propio. 

    Malisia es un espacio colectivo de creación y, para la ciudad, una trinchera literaria. Sin embargo, ninguna de las editoriales vive de lo que vende en el local. “Las editoriales independientes están paradas sobre el laburo en ferias, asegura Juan Fernandez Marauda, escritor, editor, librero, y habitante de Malisia.

    Durante todo el año, el colectivo de editoriales se fue organizando para exhibir su stand en la FED, contemplando la previa preparación del catálogo y también las idas y vueltas a Capital, la instalación de los puestos y la atención al público durante cuatro días completos. “Es totalmente desgastante pero es lo que habilita el ingreso de dinero y la posterior inversión. Nosotros podemos seguir pensando en editar libros porque una vez al año sucede la FED. En general, las novedades que presentamos a fin de año son fruto de esta feria, y también de la EDITA platense”, cuenta Juan. 

    A diferencia de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), en la cual para cualquier proyecto pequeño es prácticamente imposible participar, la FED está pensada a una escala más chica, sin enormes islas editoriales. Apunta a una red de pequeños y medianos sellos y busca achicar las distancias entre las manos que producen los libros y las personas que los leen. 

    El ambiente es muy diferente a la Feria del Libro. En la FED, lo que predomina es la voz de sus editores y editoras que comparten sus experiencias con el público lector. Personaliza, de esta manera, ese ente abstracto que puede ser la producción editorial y supera el universo meramente consumista. Porque detrás de cada libro, hay un equipo que lo preparó.

    “Muchas editoriales surgimos en el momento de configuración post 2001, en esa lógica asamblearia, que la FED de alguna manera recogió años más tarde”, explica Ana Asprea, editora del proyecto La Cebra de filosofía contemporánea y psicoanálisis. Es el agite social y político el que provocó —y provoca— la producción cultural, el cual buscó soportar la crisis y romper con el monopolio de los catálogos de libros que tenían un mismo lineamiento político. “Se trataba de catálogos que buscaban subsistir a través del mercado y eso condicionaba mucho los títulos que se publicaban haciendo que fuera todo muy homogéneo, muy neoliberal en un punto”, dice Ana. 

    Lo cierto es que el contexto actual no se distancia tanto del quiebre económico de los 2000. Sobre esto, expresa Juan Fernandez Marauda, del colectivo Malisia, que hacer un paso al costado del mercado mainstream implica de alguna manera atentar contra lo esperable y lo vendible. Significa, por tanto, un riesgo y una misión que muchas editoriales deciden encarar para darle voz a ciertas historias que de otra manera no se verían. “En el momento en que uno empieza a darse cuenta de la norma que está detrás de las librerías, en el momento en que empezás a sentir en todos lados el olor del mismo grupo editorial multinacional, con las mismas voces, empezás a darte cuenta de que militar lo otro es muy necesario”, expresa.

    Todavía hay gente que compra libros

    “Leemos ficción porque buscamos un orden para el caos de nuestra experiencia de mundo”, escribe Juan Mattio en La Estafa. El libro sigue siendo ese artefacto cultural que prevalece frente a la avanzada tecnológica, que afronta crisis económicas, sociales, políticas. Pero no hay quien frene la máquina de producción: lo artesanal y lo manual tienen amplio lugar en los rincones de la FED.

    En El vendedor de tierra, los libros son confeccionados a mano uno por uno en tiradas de 25 a 50 ejemplares. Dependen del equipo de edición compuesto por Alejo Gonzalez Prandi y Luciana Ravazzani, y Lu Jana en el diseño y encuadernación. Las reimpresiones son exclusivamente a demanda. En el caso de la FED, se preparan con medio año de anticipación para llevar un catálogo diverso para quienes los buscan entre las “calles” de la feria. “Hay autores y autoras que quedan al margen de muchas editoriales porque no han ganado premios, no fueron distinguidos, y son muy buenos autores y muy buenos poetas”, dice Alejo, quien destaca el rol de la editorial por la apuesta a los autores locales que recién emprenden y que buscan un lugar para hacer eco sus palabras.

    Sobre la calle Sara Gallardo, Ana y Cristobal conversan entre sí y se ceban un mate. A medida que la gente avanza apretujada entre los stand, invitan a aquellos que se quedan mirando a levantar un libro. Exponen el catálogo como prendas de ropa, uno al lado del otro, con los ejemplares apilados. Con el correr de las horas, la mesa se va vaciando y tienen que volver a rellenar. Aun así no alcanzan a mostrar todo: son más de 200 títulos los publicados desde los inicios de la editorial La Cebra en 2006. 

    Desde la cocina de su casa en la que conviven cuatro gatos, cuatro perros, cuatro hijos, y dos editores, Ana y Cristobal desembarcan en la FED con un catálogo exclusivamente de filosofía contemporánea y psicoanálisis. “Trabajar en una editorial es un placer de principio a fin”, dice Ana Asprea, y continúa: “nos dedicamos a leer cosas que nos interesan, que nos parecen que pueden repercutir en el tejido social, que son parte de una discusión contemporánea y tratamos de hacer aportes desde nuestro catálogo”. 

    Si bien los editores y editoras coincidieron en que la crisis económica está presente en su día a día, aún así consideran que pueden subsistir y seguir produciendo. La FED, en ese sentido, solventa la caída del mercado editorial y logra un leve repunte en las ventas. Según el Informe realizado por la Cámara Argentina del Libro (CAI), el 80% de las editoriales encuestadas indicó una caída en las ventas en 2024 y más de un tercio del sector editorial se vio afectado por descensos de más del 26% en unidades facturadas.

    El problema se evidencia ante la cantidad de títulos por año que se publican, que implica un esfuerzo mayor. Por ejemplo, Marina de Pánico el Pánico afirma que este año editarán directamente la mitad de libros que el año pasado.

    Sin dudas, editar independientemente en Argentina hoy, implica hacerle frente a una serie de obstáculos en todo el proceso del libro. Los altos costos de los insumos y de la impresión, en un marco de inestabilidad económica, dificulta cualquier planificación. A ello se suma la concentración de grupos editoriales y cadenas de librerías, la baja en el consumo interno y pérdida de poder adquisitivo. 

    Es triste decirlo pero editar un libro, es cada vez más un privilegio, que no es liviano y está ligado a un esfuerzo enorme y una militancia cotidiana por darle voz a ciertas historias”, asegura Juan. 

    En La Plata, otro espacio que construye redes entre la comunidad librera es la Feria EDITA, organizada por el colectivo Malisia y el apoyo del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Conformada como una de las ferias más importantes de la ciudad, se realiza en la calle, al aire libre, todos los años a mediados de diciembre, reuniendo más de 100 proyectos editoriales e invitando a los caminantes a conocer la literatura latinoamericana.

    Son las siete de la tarde del tercer día de la FED y la gente parece no enterarse. Por la puerta aún siguen ingresando personas que esperaron dos horas para entrar. El ritmo con el que avanzan es como el título de un libro de Alejandra Kamiya: paciente como el agua sobre cada piedra

    El murmullo se eleva con el andar. “¡Este libro de Sara Gallardo estaba buscando, amigo!”, “Ahí está la editorial de mi profe de escritura”, se escucha en la calle Juan Forn. Del lado de enfrente, otro grupo conversa y una chica agita un libro de tapa azul en sus manos: “No lo quiero, lo necesito”, le dice a su amiga. Están en el Stand E10, indicado con números como si de una batalla naval se tratara. Los editores de El vendedor de tierra no descansan. 

    —Saber que hay una persona que año tras año vuelve a este mismo stand y pregunta “¿qué tienen de nuevo?” es maravilloso —dice Alejo, mientras a su costado derecho un cartel luminoso recuerda con letras rosas “si leés, hay un libro para vos”.

  • El cinturón que alimenta la región: entre el éxodo y la resistencia

    El cinturón que alimenta la región: entre el éxodo y la resistencia

    El cinturón que alimenta la región 

    A pocos kilómetros del centro de La Plata, la vista satelital se vuelve inconfundible: son cientos de invernáculos y parcelas cultivadas los que componen el cinturón fruti-flori-hortícola del Gran La Plata. Esta es la franja productiva más grande del país, que abastece a más de 14 millones de personas en la provincia de Buenos Aires y otras regiones, con más de 70 tipos de cultivos, según un informe del 2020 Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. 

    La gran mayoría de estas quintas son de familias que producen el 60 % de los alimentos frescos que se consumen en Argentina. Pero hoy un éxodo silencioso avanza sobre ellos. Sin electricidad, sin agua corriente, sin caminos, sin señal, en las afueras de La Plata, la presión inmobiliaria está empujando a los productores a lugares sin servicios, sin caminos, sin escuelas.

    “Muchos están dejando de cultivar porque ya no lo pueden sostener”, explicó a Desde la Raíz Maritza Puma, productora de la zona de Abasto. El aumento de los insumos dolarizados, los precios de venta que imponen los intermediarios y las pérdidas por las condiciones climáticas, están obligando a los productores a cambiar su forma de producir: trabajar como jornaleros, para patrones, cultivar menos o abandonar el campo.

    “Nosotros, quienes vivimos y trabajamos en el campo, normalmente lo hacemos en familia. Alquilamos un pedazo de tierra, organizamos el trabajo, tomamos roles y decisiones en familia”, comentó  Maritza, quien además es técnica en agroecología. Según el Registro Nacional de la Agricultura Familiar (RENAF), de SENASA, en Argentina existen actualmente más de 88.433 unidades productivas familiares, un número que de todos modos no es exacto dado que muchas familias no están registradas.

    Además de las hortalizas, en estas quintas también se hace floricultura, apicultura, cría de animales de corral, producción de semillas y plantines. La diversidad productiva es parte del cinturón hortícola, sobre todo, en producciones agroecológicas. “Una quinta agroecológica genera más trabajo y más tareas, mayor diversificación y posibilidades para los jóvenes”, aseguró la técnica agroecológica. Sin embargo, la precariedad de servicios básicos y la inestabilidad de ingresos son parte de la realidad.

    El cordón ocupa cerca de 8.000 hectáreas de cultivo (tanto a campo como bajo cubierta), según un estudio de mapas satelitales realizado por la Universidad Nacional de La Plata. El último Censo Provincial Hortícola fue en 2005, el cual reveló la existencia de aproximadamente 1100 productores, de los cuales el 85% residía en las quintas. 

    Una producción cada vez más difícil de sostener

    El conflicto empieza desde la base: gran parte de los productores son migrantes no capitalizados, con una relación muy inestable con la tierra en la que trabajan y también viven. Según  el Consultorio Técnico Popular (CoTePo), el 80% de quienes producen alimentos en el cinturón platense no posee tierras y debe alquilar sus parcelas.

    El arrendamiento es, en la mayoría de los casos, un contrato precario y anual, tiempo que para el desarrollo de un cultivo se queda muy corto. Además, es muy común que tengan restricciones para la construcción de infraestructuras permanentes, es decir, casas, baños y pozos de agua. No sólo no pueden mejorar su vivienda, tampoco pueden cultivar árboles o diseñar a largo plazo la siembra. Esta falta de acceso a la tierra es el principal condicionante de la precariedad rural.

    A eso se le suman los costos de producción: infraestructura, semillas, insumos, maquinaria. En un modelo convencional, gran parte de la inversión se va en fertilizantes, pesticidas y plantines que rara vez dan semillas fértiles. Los productores quedan atrapados en un círculo dependiente de insumos dolarizados y redes de comercialización sumamente injustas.

    Sin infraestructura ni transporte propio para la comercialización, la venta se hace a “culata de camión”, como dicen los productores locales. Los intermediarios buscan la verdura en las quintas y pagan precios bajísimos. “La mayoría de las veces lo que te pagan por la cosecha, no cubre ni el costo de la semilla. Por más trabajo que hagas, la familia sigue en la misma situación. No hay ganancia y además quedás endeudado”, explicó Maritza. 

    Además, la presión inmobiliaria añade otra capa de tensión. Las zonas fértiles cercanas a La Plata suelen buscarse y venderse para desarrollar barrios privados, desplazando la producción hacia áreas más alejadas, sin servicios, caminos o escuelas. 

    El negocio inmobiliario no sólo encarece los alquileres, también vuelve imposible para este sector la compra de la tierra. “En Abasto, por ejemplo, ya no se alquilan tierras para producir porque están vendiendo”, aseguró Maritza. El avance de los barrios, generalmente privados, ocupa tierras fértiles, con agua disponible, y todas las condiciones para producir alimentos. “Avanza la urbanidad y nosotros nos vamos desplazando… Ahora, el cordón ya está llegando al municipio de Magdalena”, agregó. 

    Este también es un sector muy afectado por el cambio climático: inundaciones, olas de calor, sequías, granizos, que ponen en riesgo la actividad. Para dar solo dos ejemplos, en abril de este año el granizo destruyó invernáculos enteros y, en mayo, las inundaciones ahogaron los cultivos. 

    La consecuencia son las cientos de familias que están dejando el campo porque apenas pueden juntar para comer. La paradoja es brutal: son productores de alimentos. Muchos vuelven a sus países o provincias, migran a empleos urbanos, o se vuelcan al trabajo jornalero para otras quintas. En todos los casos, se pierde diversidad productiva y capacidad de abastecimiento local.

    Sin embargo, un halo de esperanza, a veces más firme, a veces más liviano, se interpone. Las familias y comunidades agricultoras tienen la certeza de que todo está en las semillas y su potencia milenaria para la reproducción de la vida, sin sistemas asfixiantes, sin agregados tóxicos o mercados que impongan precios. Es la agroecología autónoma y colectiva la posibilidad de, no sólo cuidar la tierra y el ambiente, sino también construir un sistema alimentario justo y soberano, dónde la dignidad prime por sobre todas las cosas, con  con la memoria puesta en el pasado y la esperanza en un futuro mejor.

    Foto: Minga, fotos libres para la soberanía alimentaria y el buen vivir.

    Agroecología y organización para una vida digna

    Es una mañana de sábado, en el cruce de ruta 36 y calle 448, Villa Urquiza, La Plata. Dentro de un invernadero, un par de palas remueven la tierra, mientras otras manos cargan baldes y algunos niños corren al sol. Unos diez o quince productores trabajan sobre una pila de bokashi: un abono natural que devuelve fertilidad a los suelos.

    Afuera, Zaira revisa las semillas de tomate que hace unos meses puso a secar: eligió los mejores cherrys de la cosecha, extrajo sus semillas, las lavó, las limpió y las dejó en cajones al sol. Serán estas las semillas de la próxima temporada. Mientras tanto, Natalia prepara un purín de paraíso: machaca los frutos redondos y amarillos del árbol Paraiso que luego pondrá en un tacho con agua, lo dejará fermentar y así obtendrá un insecticida capaz de salvar un cultivo entero con plagas.

    En la biofábrica de CoTePo hay estantes con bidones, botellas y frascos. Abonos y preparados con distintas funciones: “En una producción agroecológica hacemos nuestros propios biopreparados, abonos, nuestro propio banco de semillas y plantines. Lo que antes nosotros dejábamos en una agroquímica ahora nos queda para nosotros”, contó Maritza.

    En este escenario, la agroecología más que una utopía, es una realidad para el buen vivir rural. No se trata de una cuestión meramente ambiental, sino, sobre todas las cosas, de una práctica que le hace justicia y le da autonomía al productor.  Maritza afirmó que para ellos la agroecología fue realmente una solución a muchas problemáticas.

    En 2017, cuando Maritza Puma terminó el secundario, ya sabía que quería producir la tierra de otra manera. Empezó a formarse en organizaciones y encuentros rurales, hasta que en 2019 se unió al COTEPO, una cooperativa de 20 familias productoras que, además de cultivar, brindan acompañamiento para la transición agroecológica. Además, en su biofábrica, elaboran bioinsumos, los venden y coordinan encuentros donde compartir las recetas, las experiencias y estrategias.

    ”Lo que sale bien se comparte, y lo que no también”, contó Maritza y añadió: ”no saber qué hacer cuando algo sale mal es lo que más te lleva a abandonar todo”. 

    La organización se extiende a más de 100 productores del cinturón hortícola platense, distribuidos en localidades como Lisandro Olmos, Colonia Urquiza, Abasto, El Pato y Echeverry. La conformación del grupo les permitió no solo abordar las problemáticas vinculadas a la producción y la comercialización, sino también comenzar a formarse entre ellos en agroecología. Así empezaron a poner en práctica los saberes adquiridos en sus campos, en otros talleres, y en encuentros con demás productores de la zona. En otras palabras, les da más control sobre su trabajo y más capacidad para decidir qué, cómo y a qué precio producir.

    Maritza Puma. Foto de la colección Quinteros del Cordón de Gustavo Bezzolo

    Una resistencia que se teje a través de una técnica productiva ancestral para hacerle frente a un modelo agroindustrial que los excluye. 

    Ese es el motor que mueve cada taller, cada reunión o jornada. La construcción colectiva es ese brazo donde sostenerse y apostar por un modelo que produzca alimentos sanos y defienda la vida en el campo como un derecho, con dignidad y libertad.

  • Bajo del mar: entre lo bello y lo político 

    Bajo del mar: entre lo bello y lo político 

    Hace más de diez días que el buque científico Falkor Too navega el extremo norte del Mar Argentino. Hace cinco, que las imágenes que obtiene son virales en todas las plataformas. 

    —Para los que se suman hoy, les contamos que estamos en el área del Cañón Submarino de Mar del Plata, un área que hace 10 años atrás exploramos con un buque oceanográfico argentino, el buque Puerto Deseado —explicó Nadia, una de las figuras más aclamadas en el stream del Conicet.

    Es 26 de julio de 2025, y así comienza la transmisión de Youtube. Es el segundo día en el que podemos ver al robot SuBastian avanzar con luces y cámaras por el lecho marino, mostrando corales, crustáceos, pulpos, campos de remolachas, comunidades de batatas, calamares, medusas iridiscentes y una estrella de mar que ya es famosa más allá de los límites del mar argentino.

    —Esta vez, vinimos con la intención y la capacidad de fotografiar las comunidades in situ y recolectar algunos ejemplares que son de gran interés para los estudios que llevamos adelante —contó a Desde la Raíz una de las biólogas a bordo.

    Una expedición científica sin precedentes

    Cristina Damborenea trabaja en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata. Es doctora en biología y durante décadas se ha especializado en invertebrados. Ahora mismo, se encuentra embarcada a 700 km de su casa, disfrutando de la vista marina y sorprendiendose con los hallazgos. “Estar acá es muy emocionante, la transmisión parece una película con animales de ciencia ficción”, comentó en diálogo con Desde la Raíz. 

    Junto a ella, a bordo del Falkor Too -el buque norteamericano del Schmidt Ocean Institute- se han embarcado veinticinco investigadores del CONICET. Recorrerán durante 19 días el cañón submarino de Mar del Plata, una formación geológica profunda situada a unos 300 kilómetros de la costa.

    Llegar hasta acá implicó más de un año y medio de trabajo. El proyecto es fruto de mucho esfuerzo, sueños, planificación y convicción científica. “Fue un camino muy lento. Nosotros solicitamos un subsidio al Schmidt Ocean Institute, para lo cual tuvimos que presentar una propuesta, explicar los objetivos y los fundamentos, y fuimos seleccionados”, contó Cristina, y agregó: “Nadie cobra nada por todo esto, pero es una gran oportunidad de realizar el trabajo”.

    Se trata de una misión liderada por científicos argentinos del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), conformado por biólogos de distintas partes del país con décadas de trabajo en investigación y docencia. Por primera vez, un equipo argentino puede ver y registrar en alta definición la vida del fondo marino, a profundidades que oscilan entre los 1.000 y los 3.700 metros.

    La Dra. Cristina indicó que “Tenemos que conocer esta parte del mar, como cualquier otra parte del planeta, para poder protegerla”. Es que si no conocemos qué hay en el fondo del mar “no podemos ni siquiera pensar en él”, señaló.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

    ***

    —¿Podemos hacerle zoom? —dice una bióloga, maravillada frente a las pantallas del barco. 

    Es el segundo día de inmersión en el mar. A 1200 metros de profundidad, una esponja vítrea blanca y luminosa aparece en el centro de la imagen. Parece un erizo decorado con pompones de algodón. Mide unos diez centímetros y brilla como un foquito de luz en medio del océano. 

    —Hola a todos. Lo que tenemos acá es una esponja vítrea. Es una esponja carnívora que en este mismo momento pareciera estar alimentándose. Vamos a intentar recolectarla.

    Una pinza robótica se acerca con cuidado. El equipo guarda absoluto silencio, mientras los operadores desprenden la esponja de la arena y la colocan en una de las cajas de recolección. Después vuelven las risas, los aplausos y la emoción.

    ***

    El responsable de las imágenes es el ROV SuBastian, un vehículo robótico y submarino, operado a distancia, equipado con luces, cámaras 4K y múltiples brazos mecánicos con los que logra recolectar muestras de organismos y sedimentos. Desde el buque, los científicos toman las decisiones. Pertenecen al Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), el CADIC de Ushuaia, y grupos de investigación de las universidades nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata y Puerto Madryn. 

    A bordo conviven tres generaciones: desde estudiantes de doctorado hasta investigadores superiores. También fueron invitados tres especialistas: el Dr. Santiago Herrera (Colombia), la Dra. Johanna Wetson (EE.UU.) y la geóloga Graziella Bozzano (Italia).

    Los primeros días el clima es de mucho entusiasmo. Apenas se respetan los turnos de día y de noche, todos quieren ver qué encuentran y nadie quiere perderse de nada. Al quinto día, el cansancio empieza a sentirse. Deben dormir y descansar, mantener los turnos y guardar energías.

    ***

    El robot sigue avanzando por el lecho marino, con la atención absoluta del equipo científico. Entre colores blancos, rosados y violetas, algo se mueve. Una langosta rosada aparece frente a cámara. Estira sus antenas largas y da unos pequeños pasos con sus ocho patas.

     —Fua, qué bicho… —dice alguien, casi como un suspiro.

    Un poquito más adelante, es el momento de una estrella:

    —¡Al fondo! ¡Veo una estrella de mar!

    —¡Encontramos a Patricio!—festeja uno de los biólogos.  

    La estrella, en tono rosa salmón, está rodeada de corales violetas. La cámara le hace zoom.

     —Sí, creo que todos pensamos lo mismo… —bromea Nadia. La estrella tiene un detalle bien notable, en una de sus axilas, sus músculos marcan unas curvas y dibujan perfectamente unas nalgas.

    —¡Ay, mirá! 

    Al fondo, una mantaraya permanece quieta como un fantasma de sábana blanca. Luego se desplaza, en un movimiento suave y armonioso. Sus aletas parecen alas, o las orejas de Dumbo. El silencio del momento, apenas interrumpido por el sonido del mar, convierte la escena en algo hipnótico.

    Ciencia argentina en acción

    —Seguimos observando en vivo, y Cristina Damborenea, del Museo de La Plata, está muy contenta. Acaba de encontrar un gusano plano. Vamos a intentar coleccionarlo con la bomba de succión —se escucha en el streaming.

    Dado que la mayoría de los científicos del equipo son biólogos taxónomos —se encargan de describir y clasificar especies— el foco de la expedición está puesto en la identificación y estudio de peces e invertebrados marinos del océano profundo. Desde que inició, ya se han clasificado 40 especies nuevas. 

    El robot SuBastian bajará y subirá, una a una, las treinta estaciones de muestreo programadas sobre el talud continental. Además, se analizará ADN ambiental, microplásticos, residuos y el ciclo de carbono

    El 70% del agua del planeta se encuentra por debajo de los 200 metros de profundidad. Son zonas desconocidas e inexploradas hasta el momento. Las muestras obtenidas serán un gran material de estudio para los científicos argentinos, por lo menos durante los próximos 10 años. Despúes de todos los estudios, las muestras quedarán en el Museo de Ciencias Naturales del Parque Centenario, Buenos Aires. 

    “Estamos aportando al conocimiento de la diversidad de nuestro país y aportando conocimiento para las generaciones futuras para que se pueda saber cómo actuar, un conocimiento base de cómo es esta región, cómo funciona”, aseguró la Dra Damborenea.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

    ***

    Cada inmersión del ROV dura muchas horas. A veces, un día entero.

    Luego, el robot sube lento, como un ascensor silencioso en la oscuridad. Casi dos horas despúes, asoma a la superficie. Los técnicos lo esperan, comandan el conjunto de poleas que lo traen de nuevo a la cubierta del barco. Son las ocho de la mañana y los cientificos se preparan para buscar todo lo recolectado.

    En la cubierta, el viento arrastra olor a sal. El robot, tiene los compartimentos llenos. Con precisión quirúrgica, los investigadores se acercan con guantes, pinzas, frascos, etiquetas. Cada quien sabe lo que busca.

    Graziella, la geóloga italiana, se arrodilla delante del tubo que contiene la muestra de sustrato. Emiliano va directo a los cangrejos, Nadia levanta de a uno los corales, Javier revisa los moluscos, Mariano encuentra su pepino de mar, Nacho busca el cirripedio que tanto soñó ver y Valeria mira esa bolsa de plástico enredada en una madeja de corales.

    El estudio empieza adentro, en los laboratorios del barco. Allí las muestras se etiquetan, se miran con cuidado y se guardan con mucha precaución. Afuera, el océano sigue allí y el robot estará listo pronto para su nuevo descenso.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

    ¿Quién financia el sueño?

    Los filántropos ambientales Eric Shmidt, ex CEO de Google, y su esposa Wendy Schmidt, son los creadores del SOI, una fundación con sede en EE.UU sin fines de lucro. Fue creada en 2009 en pos de promover la ciencia marina a través del financiamiento de campañas de exploración abiertas y colaborativas.

    El proyecto de nuestros científicos fue seleccionado, luego de un concurso público, y así obtuvo el financiamiento del buque y la tecnología de vanguardia. Esta es una de las tres fundaciones a través de las cuales el matrimonio ha donado el 6% de su patrimonio, según Forbes.

    “La fé en la ciencia se recupera cuando, por ejemplo, le mostras a las personas las cosas más maravillosas que jamás hayan visto y que están acá, en el planeta”, dijo Wendy en una entrevista la última semana. 

    En un contexto de profundo desfinanciamiento, presupuestos congelados y fuga de cerebros, el financiamiento internacional de esta campaña permite sostener una agencia científica estratégica. Aunque puedan generarse controversias, lo cierto es que el equipo argentino pensó, planificó y ganó la convocatoria en competencia con otros proyectos del mundo por su valor científico.

    Falkor (too). Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute

    ***

    Es de noche en el séptimo día de exploración. Hoy, la pared del talud ha ofrecido una colorida paleta de corales y una gran abundancia de especies. El turno noche comenzaría con un hallazgo extraordinario. A 2439 metros de profundidad, un pulpo celeste está guardado en una cueva, enroscado sobre sí mismo. 

    —Quizás esté incubando… Sería realmente una locura filmar una incubación. 

    El robot se acerca y la cámara enfoca la cueva. Está inmovil en ese pocito en la pared de arena. 

    —¡Sí, tiene huevos! ¡Es increíble!

    —Noooo, ¡qué belleza! ¡¡Mirá!!

    —¡Sí! Estoy anotando todo…

    —¡Está incubando! ¡Miren esos huevos! ¡Los está batiendo!

    Casi como una réplica de la película Mi maestro el pulpo (2020), el animal, acurrucado, forma una especie de nido entre su cuerpo y la arena. Así, protege sus huevos traslúcidos, que son, literalmente, cientos de miles. Durante meses, no se mueve, no sale de su refugio, no se alimenta. 

    —Lo más triste es que está a punto de morir.

    —Eso también es lo más increíble. 

    Sus bebés nacerán pronto y tendrán que sobrevivir solos en el bajo fondo. Su madre entrega toda su energía a cuidar su descendencia. Para cuando los huevos eclosionen, ella, exhausta, se dejará morir.  

    Otras exploraciones al mar argentino 

    Aunque esta no es la primera vez que se estudia el Mar Argentino, sí es la primera que se puede observar a los organismos vivos en su hábitat natural. Anteriormente, se hicieron estudios mediante rastras y redes de arrastre, que recolectaban ejemplares desde el fondo y se veían recién en la superficie. 

    “Este estudio complementa nuestros estudios previos. Vemos cómo viven, cómo se mueven e interactúan, cómo son las comunidades en realidad en el fondo del mar”, mencionó Damborenea, y ejemplificó con el caso de la ‘batata’ o ‘pepino’ de mar, el cual se había estudiado al animal muerto, y ahora se lo pudo ver dentro de su comunidad. 

    Desde 2009, el CONICET ha impulsado múltiples campañas oceanográficas a través del buque Puerto Deseado, construido en colaboración con la Armada Argentina. Ese fue el puntapié para la iniciativa Pampa Azul, una política interministerial que buscó profundizar el estudio y la soberanía científica en el Atlántico Sur. Gracias a esas campañas, en las que participó GEMPA en al menos doce oportunidades, se publicaron más de 60 pappers y se describieron más de 30 especies nuevas para la ciencia.

    Sin dudas, esta campaña permite reactivar el trabajo y la agenda científica de nuestro territorio marítimo.

    ***

    Hace al menos dos años que trabajadores y trabajadoras del sistema científico argentino denuncian recortes, despidos y precarización. Y sin embargo, un stream de corales y bichitos de mar logró lo que hace rato no pasaba: la ciencia emocionó masivamente. 

    Cabe preguntarse, por qué días y días de streaming del fondo marino tiene más visibilidad que las denuncias de la crítica situación institucional. Tal vez, una respuesta apresurada sea que este es un stream que nos conmueve, nos llena de ternura y alegría, de curiosidad y entusiasmo. En definitiva, nos recuerda aquello que nos hace humanos, aquello que le da sentido a la vida y a nuestra especie. Lo bello, lo digno, lo asombroso, cobra un mayor sentido frente a un gobierno que es visiblemente insensible y explícitamente cruel. 

  • Preocupación en el turismo en estas vacaciones

    Preocupación en el turismo en estas vacaciones

    La última semana, el vicepresidente de la Asociación de Hoteles, Aldo Elías, sostuvo que la situación turística en la Argentina está “muy complicada”, y que las reservas bajaron un 25% con respecto al 2024. En esa línea cargó contra las políticas económicas del Gobierno.

    “El tipo de cambio hace que el turismo receptivo, que es el que entra al país, no llegue. Y el turismo interno, que aquel que puede salir de viaje lo hace al exterior aprovechando justamente la coyuntura de los precios muchos más accesibles en dólares que comprar las cosas acá”, indicó en una entrevista en Radio Splendid.

    La baja en el movimiento turístico repercutió fuertemente en aquellos lugares que esperan su punto álgido para las vacaciones de invierno, como en La Rioja, donde el subsecretario de Turismo, Juan Contreras, confirmó que se encuentran trabajando con un 50% menos de reservas que el año pasado.

    Lo mismo sucede en el Calafate (Santa Cruz), donde la Asociación Civil de Alojamientos Turísticos de El Calafate (ACATEC) presentó una queja a Aerolíneas Argentinas por la escases en la oferta de vuelos y el alto precio de sus pasajes (un trayecto ida y vuelta está costando casi 1.300.000).

    La misma situación acontece en Mar del Plata, donde la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG) que reveló que durante el martes y miércoles de la semana pasada las reservas hoteleras apenas llegaron al 20%, con una leve suba al 30% durante el fin de semana último. Al respecto, su titular Hernán Szkrohal explicó que “en la gastronomía se nos ha desplomado el consumo alrededor de un 30%, que consideramos una característica a nivel nacional, no solo un fenómeno de Mar del Plata”.

  • El cierre de la Agencia Nacional de Seguridad Vial no es ahorro: es poner en riesgo la vida

    El cierre de la Agencia Nacional de Seguridad Vial no es ahorro: es poner en riesgo la vida

    Con el argumento de que se trataba de una reestructuración en el área de transporte y vialidad, el 8 de julio el Gobierno nacional dispuso la disolución de tres organismos: la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) y la Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial.

    La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) fue creada en 2008 bajo la Ley Nacional 26.363, con la misión de reducir la tasa de siniestralidad en el territorio nacional, a partir de la promoción, coordinación y control de las políticas de seguridad vial, nacionales e internacionales.

    Si bien se ubica bajo el ala del Ministerio de Interior, es un organismo descentralizado y con autarquía económica financiera, por lo que no depende del presupuesto nacional. Es decir, la Agencia Nacional de Seguridad Vial no significa un gasto para el Estado sino que se financia con el 1% de los seguros y, por el contrario, evita accidentes y salva vidas. 

    Sin embargo, el Decreto 461/2025 del gobierno de Javier Milei, publicado en el boletín oficial el 8 de julio de 2025, dispone su disolución sin razones ni explicaciones que lo justifiquen.

    No es un gasto, es una inversión en vidas. El cierre sería un retroceso institucional gravísimo. Rompe la coordinación federal, deja sin control rutas críticas, y reemplaza a personal civil calificado por fuerzas sin formación en seguridad vial”, señalaron los trabajadores en un comunicado emitido esta semana.

    Además, la ANSV es la encargada de, por ejemplo, realizar controles de alcoholemia y velocidad con tecnología homologada, fiscalizar vehículos en todo el país, coordinar operativos con municipios y provincias, y gestionar campañas de concientización. A través de la Línea 149, los trabajadores del organismo también asisten gratuitamente a víctimas y familiares de accidentes y siniestros. 

    Según el informe de la Dirección de Estadística Vial, desde su creación, la ANSV logró disminuir las muertes por siniestros viales, destacando que la cifra ha ido en descenso cada año. Solo en 2024, se controlaron más de 3 millones de vehículos, se realizaron  70.000 operativos y se retuvieron 18 mil licencias por alcoholemia.

    Durante este año, hubo varias medidas para fortalecer la seguridad vial. El Decreto 196/2025 introdujo restricciones y controles para conductores principiantes y adultos mayores, incorporando elementos de identificación, límites horarios y médicos más estrictos. 

    Además, se intensificaron las campañas nacionales de control de alcoholemia y de velocidad, así como los operativos federales coordinados y el uso de radares móviles. El Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial 2024–2027 puso especial énfasis en la protección de motociclistas, que encabezan el porcentaje de víctimas fatales, así como también infraestructura segura y programas de concientización.

    “Cerrar la ANSV no es una medida de ahorro. Es poner en riesgo la vida de miles de personas”, remarcaron sus trabajadores. Por su parte, la medida también fue rechazada por la CGT, que denunció que “el cierre de estos organismos y su abandono derivará en más accidentes y peligro para millones de personas que transitan día a día las rutas”.

    A través de un comunicado, firmado por el Consejo Directivo que encabeza Héctor Daer, la central obrera calificó la medida como “un ataque directo al modelo de país federal que defendemos” y advirtió que su implementación deja en vilo a miles de trabajadores cuyas funciones y tareas en cada una de las rutas de la Argentina son fundamentales para la prevención de accidentes automovilísticos, una de las principales causas de muerte en nuestro país”.

    Asimismo, la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, que es el organismo que controla el transporte automotor y ferroviario en Argentina y depende del Ministerio de Transporte, cambiará su estructura y su nombre, llamándose ahora “Agencia de Control de Concesiones y Servicios Públicos de Transporte”. De igual manera se dispone la reestructuración de la Junta De Seguridad en el Transporte, la cual se denominará “Agencia de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación”.

  • Punto para la soberanía alimentaria: abrió un Mercado Bonaerense en La Plata

    Punto para la soberanía alimentaria: abrió un Mercado Bonaerense en La Plata

    Amanda Velasco abre el puesto temprano por la mañana. Esta vez, los muchachos no tienen que cargar ni descargar el camión. Tampoco hay que volver a acomodar los cajones. Las verduras ya están ordenadas desde ayer, cuando el mercado inauguró sus puertas.

    Amanda forma parte de la Cooperativa 197 de La Plata, integrada por familias productoras de la localidad de Abasto. Cultivan hortalizas de estación en sus quintas, que durante años salieron a vender por las esquinas de la ciudad. Ese fue su primer vínculo con la venta: en contacto directo con vecinos y vecinas.

    La articulación con el Ministerio de Desarrollo Agrario, en las ferias de 13 y 32, fue un punto de inflexión.

    —Fue un paso clave para la formalización de la venta de nuestras verduras,— cuenta Amanda —porque pudimos acceder al descuento con la Cuenta DNI.

    La Coope sigue creciendo. Ahora, integra, además, uno de los puestos del nuevo Mercado Bonaerense que ya funciona de martes a domingo de 8 a 16 hs.

    —Cuando supimos que iba a abrir un mercado fijo, recibimos la noticia con muchísima alegría. Por fin íbamos a tener un lugar donde comercializar nuestras verduras, con precios justos y razonables para el pueblo, de la mano de las propias familias productoras.

    En el puesto de Amanda hay verduras frescas de estación, también plantas aromáticas, flores, semillas, aceites. Detrás, sobre una de las paredes, cuelga una bandera de la CoTePo (Consultorio Técnico Popular), una iniciativa de la UTT. Al lado, un cartel con una sola palabra: Agroecología.

    —La mayoría de las familias trabajan vendiendo sus verduras a culata de camión. Todos queremos comercializar con otras redes.

    Amanda Velasco junto a Axel Kicillof, Javier Rodríguez y Julio Alak en la inauguración del jueves.

    La Plata tiene un nuevo mercado. Esta semana, en un amplio galpón pegado al predio del mercado regional mayorista, abrió sus puertas un punto fijo de Mercados Bonaerenses. Allí, decenas de pequeños y medianos productores ofrecen frutas, verduras, panificados, lácteos, carnes, conservas y más, sin intermediarios y a precios accesibles. 

    El mercado, que cuenta con quince puestos variados, se enmarca dentro del programa provincial Mercados Bonaerenses, un programa de ferias itinerantes y mercados fijos de la provincia de Buenos Aires. Impulsado por el Ministerio de Desarrollo Agrario, tiene el objetivo de crear otros circuitos de venta y consumo, no convencionales, para la economía popular. 

    Hasta ahora el programa en la ciudad funcionaba en ferias, pero con esta apertura se suma un punto fijo. Puntualmente, se emplaza en avenida 520 y 116, en Tolosa. Abrirá de martes a domingo, desde las 8 de la mañana hasta las 16 hs, no solo con precios accesibles sino además con promociones especiales. 

    La propuesta apunta tanto al bolsillo de los consumidores como a mejorar las condiciones de comercialización de quienes producen alimentos en la región. El objetivo es acortar los circuitos de comercialización, evitar los aumentos de precios y fortalecer las economías locales. 

    El mercado está pensado para garantizar una canasta básica completa: hay puestos de almacen, verduleria, dietética, carnicería, congelados, granja, lácteos, agricultura familiar, limpieza, panadería, bebidas y productos regionales.

    Todos, con un gran beneficio: un descuento del 40% con Cuenta DNI todos los días, con un tope de reintegro de $6.000 semanales por persona, el cual se alcanza con una compra de $15.000. Una articulación con el Banco Provincia fundamental para impulsar el comercio interno.

    La apertura contó con una inversión total de 130 millones de pesos, financiada por el gobierno bonaerense y el Mercado Regional de La Plata. Se inauguró con un acto encabezado por el gobernador Axel Kicillof, el intendente Julio Alak, y el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez. 

    Un programa sin antecedentes en la provincia

    El nuevo mercado de 520 se suma a otros 10 Mercados Bonaerenses que ya existen distribuidos por toda la provincia. MB, es un programa que surge en el 2020, ya con la gestión de Javier Rodríguez. Lo que empezó como una red de ferias, cuenta ahora con el 90% de los municipios adheridos, 123 de los 135 totales en la provincia. 

    ‘’Mercados Bonaerenses surge para abordar la cuestión de la producción y el acceso a la alimentación de manera integral. Nuestros mercados tienen como objetivo brindar un espacio de comercialización, por un lado, y garantizar el acceso a una canasta variada, por el otro’’, explicó Javier Cernadas, Director Provincial de Comercialización y Alimentos del Ministerio. 

    Desde entonces, se han realizado más de 34.000 ferias, con la participación de 2400 productores y un estimativo de 11,5 millones de usuarios, un número que demuestra el impacto y el despliegue territorial que tiene del programa, según un estudio de la FAO que analizó la experiencia en 10 municipios.

    En 2022, la provincia se comprometió con la FAO a impulsar la producción sustentable de alimentos. Contemplando distintas herramientas y acciones, ferias, nodos y aplicaciones digitales, el circuito de trabajo y alimento creció por toda la provincia y construyó 10 mercados fijos, para darles a los productores la posibilidad de aumentar en escala de producción y vender sus productos todos los días del año. 

    Javier Cernadas, aseguró que ‘’Después de décadas de concentración del mercado, la intermediación se come gran parte del esfuerzo de los pequeños y medianos productores. Acortando la cadena, el productor cobra más y el consumidor paga menos.’’

    Sumado a esto, la promoción con Cuenta DNI hace realmente la diferencia. El beneficio del 40% constituye una apuesta del BAPRO pero también un gran trabajo de parte del Ministerio, que lejos de acordar con 5 o 6 cadenas de supermercados, coordina más de 2000 productores, uno por uno, la formalización y la aplicación del descuento. 

    Puestos De Alimentos Regionales Bonaerenses

    La diversidad productiva se expande más allá de los límites de nuestra ciudad. Entre los diferentes puestos de productores, cooperativas y emprendimientos, se encuentra uno particular. El Puesto de Alimentos Regionales Bonaerense, es un puesto cuyas góndolas estan repletas de productos elaborados en la provincia.

    Este sector reúne a las PUPAs, Pequeñas unidades de producción alimenticia, y les ofrece un punto de venta fijo. De esta forma, las producciones familiares, domiciliarias, se evitan tener que frenar su producción para estar en una feria a su vez que se les garantiza la ganancia completa.

    Sin dudas, detrás del nuevo Mercado Bonaerense, se hace presente un trabajo mucho más grande. Según analizó Javier Cernadas, ‘’Esto es parte de una política integral. Para fortalecer la producción y el trabajo, es clave capacitar, habilitar, dar financiamiento, pero también hay que dar canales de comercialización’’.

    En un contexto económico complejo, donde el acceso a alimentos está cada vez más restringido, este tipo de políticas públicas intentan ser un alivio para miles de familias.

    En 520 y 116 hay un mercado que realmente vale la pena recorrer. Un supermercado como los que no conocemos: 100% real, nacional, popular y regional. Un espacio que hace justicia. Un sueño de la soberanía alimentaria.