Autor: Sofia Fuentes

  • Incendios en Chubut: Crónica de un fuego anunciado

    Incendios en Chubut: Crónica de un fuego anunciado

    Los incendios se multiplican en la Comarca Andina. Intencionales o provocados por un rayo, las llamas en Puerto Patriada, Epuyén y Lago Menendez desataron el hartazgo de una comunidad chubutense golpeada. Mientras las autoridades provinciales se abocan a responder, sin éxito, quiénes están detrás del fuego, los brigadistas, bomberos y vecinos autoconvocados batallan otra vez cuerpo a cuerpo contra el único combustible que hace que los focos se multipliquen: el abandono estatal.

    Puerto Patriada: la señal de alerta
    —¿Eso es humo?

    A las dos de la tarde, en los dormis del complejo Punto Puerto Patriada, donde viven Francisco Bennett y su familia, un turista señala la columna de humo gris que asciende desde el bosque sobre la Primera Cantera, a pocos kilómetros de donde se encuentran ellos. Es 5 de enero de 2026. Pero a esa hora de la tarde, con 30 grados inaugurando la temporada turística, el escenario catastrófico todavía no está ni cerca.

    —Pensamos que no era nada —dice Francisco, agitado, a cuatro días de haberse desatado el incendio. De fondo el ruido de un motor acompaña la cadencia de sus palabras. La motobomba permanece activa para abastecer a todo el complejo que sigue aislado, sin luz ni agua.

    Una hora después, una llamarada roja en la montaña se avista desde la orilla del lago. Enseguida dan aviso a los bomberos, que llegan en minutos a la zona. La sirena a lo lejos se mezcla con el murmullo del agua que golpea las piedras en la costa. Las preguntas de los turistas empiezan a sucederse como un huracán: qué hacer, a dónde ir, qué pasa si llega el fuego hasta ellos. La policía llega a la zona más tarde y cierra la única vía de acceso que conecta con El Hoyo, ubicado a 14 kilómetros de distancia.

    De Puerto Patriada, a las cuatro de la tarde, nadie entra y nadie sale.

    —Había gente de El Hoyo, vecinos, que querían subir a ayudarnos, a traer una parte más de la manguera, y no los dejaron pasar —explica Zoe Horiszny, novia de Francisco. En su voz se yergue la adrenalina de la soledad que los rodeaba en aquel momento y que aún persiste.

    —Tratamos de calmar a la gente. Preparamos la motobomba, para tenerla ya por las dudas.

    Las chispas avanzan con violencia sobre el pasto reseco. Devoran raíces, ramas, troncos, hasta convertirse en llamas de más de 20 metros de altura. La brigada comienza a actuar sobre la ladera, pero el fuego es más rápido. Francisco corre de un lado a otro para ayudar a su familia a cargar agua en lo que encuentran a mano: un balde, un bidón, o la manguera de emergencia. Zoe es la encargada de grabar con su celular cada pieza de ese escenario como una cineasta nata. Cuando las chispas se arriman a uno de los dormis, la luz se apaga y el tanque deja de cargar. Francisco corre a prender la motobomba con la que cargan el tanque australiano, una especie de pileta de metal con la que abastecerse con agua del lago. Lo único que tienen a mano.

    Para la noche, el fuego ya se había acercado a la confitería y las chispas saltaban sobre uno de los techos, donde la resina del pino acumulado se encendía con rapidez. A escasos centímetros, junto a las mesas de pino barnizadas, las raíces de un viejo coihue se aferran a la tierra como garras. “Era el coihue o la confitería”, recuerda Zoé.

    Cuando el fuego deja la zona, el escenario es devastador. Algunos árboles ennegrecidos caen al suelo. Las cenizas se acumulan sobre el pasto reseco. El viento no ayuda. La familia socorre a sus vecinos para salvar las tres casas y la estancia que se encuentran en medio del bosque, justo hacia dónde se encamina el fuego. Nuevos focos encienden la señal de alerta que, dos días después, acabarán por alcanzar el cerro Pirque y rodearlo hasta llegar a Epuyén.

    Una montaña encendida, un pueblo incomunicado. Información que viaja y se distorsiona. El escenario se vuelve caótico.

    Epuyén: un pueblo hecho cenizas.

    Es jueves 8 de enero y el fuego rodea la localidad de Epuyén. Los bomberos y brigadistas siguen trabajando, con sueldos de casi $860 mil que no alcanzan a cubrir la canasta básica según datos del INDEC. El incendio se expande en tres direcciones sobre el Cerro Pirque, Epuyén y valle del arroyo Minas. El aire quema, el suelo tiembla, el humo borra el horizonte. El personal operativo de casi 560 personas no da a basto y los vecinos se organizan para salir a ayudar con lo que tienen.

    El avión hidrante de la provincia carga agua en el lago Epuyén y sobrevuela la zona de El Pedregoso. Pero a las nueve de la noche las llamas se descontrolan con las fuertes rafagas de casi 50km/h, y cruzan la Ruta Nacional 40 entre El Hoyo y Epuyén, a la altura de Los Paredones. Desde la municipalidad extienden el comunicado de una posible evacuación. “Es angustiante ver cómo se quema todo loco, todo. Ver llorar a los brigadistas, te destruye”, dice Maxi Jonas, fotógrafo de Puerto Madryn de Chubut, en la cobertura que está haciendo desde su instagram.

    A esa hora ya son más de 4.000 hectáreas las afectadas, y no hay forma de detener el ritmo frenético de ese fuego rebelde.

    A pocos kilómetros, el panorama se encrudece en el aserradero de madera nativa de Gustavo Alfredo Franco. Las llamas empiezan a tomar parte del terreno de El Coihue, uno de los cerros que se ubica en la ruta 70 de ingreso de El Maitén. Desde el aserradero piden ayuda a través de las redes sociales, para evitar que el fuego avance sobre las líneas de energía cercanas que abastecen a las localidades de Puerto Patriada, Epuyén, El Hoyo y Cholila. Un día después, el pueblo quedaría aislado.

    Jairo Rayel, de 30 años, no duda al ver ese anuncio: de inmediato prepara sus botas, su mochila con frutos secos y algún abrigo, y sale con lo puesto de su casa en El Maitén, donde vive con su pareja y su hija de 3 años. Apenas se acercan al kilómetro 6 a las 10 de la mañana del viernes 9, la señal se pierde. Jairo agarra su handy y escucha con claridad: piden totem, contenedores de agua que caben justo en la caja de una camioneta 4×4, y más personas para ayudar a armar cortafuegos alrededor de las viviendas.

    Al llegar al lugar, los frentes ya se habían expandido sobre la chacra de la ruta 70, hacia atrás cerca de la laguna Mercedes, y cruzando el río Epuyén que nace en el lago con el mismo nombre.

    —Había focos por todos lados. Nosotros nos encontrábamos con distintas personas y nos juntabamos en grupos para ayudar a la gente que ya estaba ahí. Con abastecimiento, mangas o simplemente metiéndonos dentro del fuego para contenerlo.

    Con 11 años de experiencia como bombero voluntario, Jairo recuerda la sensación que lo recorría ese fin de semana. “Nunca vi un incendio de tal magnitud”, dice, y no solo por lo que ve con las llamas ya extintas, sino también por lo que se vive en medio de la noche sin luz y sin señal.

    Con pocas horas de descanso, trabajando día y noche frente a un incendio que no da tregua, una vianda con comida y una botella de agua llegan a sus manos. En los relevamientos, alguien se acerca y les ceba un mate. “Es un incendio que nos va a marcar a todo el sur completo”, recuerda.

    Después de la lluvia de la tarde del domingo 11, la ruta 40 era un campo de cenizas.

    El viernes 16, cinco días después, el incendio ya había consumido más de 14 mil hectáreas según el último parte del Servicio Provincial de Manejo del Fuego (SPMF), lo que equivale a una superficie similar a la mitad de la Ciudad de Buenos Aires.

    Un año antes: lo que el fuego les dejó.

    Cristina Lucha sale al patio de su casa a buscar a su marido cuando escucha la sirena de los bomberos acercarse al barrio. Su marido, Oscar Marquez, está podando el césped con las orejeras puestas.

    —Negro, me parece que hay incendio. Mirá el humo.

    La columna de humo negro se instala detrás de la escuela N°9 Mariano Moreno de Epuyén. Cristina y Oscar alcanzan a verlo desde el patio de su casa, cerca de la avenida Los Retamos, y a escasos metros de una montaña que, hora después, irradiará de calor.

    Un año después, lo que más recuerda Cristina son los ruidos.

    —Yo nunca había escuchado el bramar del fuego. Le decía a mis hijas: “chicas, ¿qué es eso?”. Porque el avión no andaba a esa hora. Y era el fuego que cuando toma esa cantidad de pinos hace un ruido muy fuerte. Horrible.

    Era el rugido del fuego consumiendo cipreses, ñires, y demás especies de bosque nativo, los chispazos de las piñas de los pinos que saltaban en el suelo, las sirenas de los Vehículos que iban y venían, el canto de los pájaros que huían. Cristina pensó que perdían todo. Lloraba antes de salir con sus hijas para El Bolsón. Ninguna estaba preparada para una evacuación. ¿Qué guardar en la camioneta? ¿Qué recuerdos entran en una valija? Oscar, por su parte, aún tenía esperanza, y fue esa la fortaleza que lo hizo quedarse con su cuñado en la casa que lo vio crecer. Llevan 46 años de casados, pero en tanto tiempo jamás habían visto un incendio tan cerca.

    —Estábamos tapados de humo y con ceniza. No podíamos respirar bien.

    La irregularidad con la que avanzaba el fuego llamaba la atención de Oscar y Cristina. Como un tablero de ajedrez, las chispas saltaban descontinuadas, y dejando atrás sectores ardiendo y otros libres. Ese verano, un conocido de Oscar y Cristina salvó su casa gracias a la fila de álamos que no habían cortado. Arrojados a la suerte, y porque el viento iba en dirección opuesta, justo hacia arriba en la montaña, el fuego se alejó y la pareja logró salvar su casa.

    Pero hay una sensación que queda latente en el cuerpo. Una señal de alarma, como dormir con un ojo abierto cada verano.

    —Es la sensación de perder algo, porque vos sabes que eso después no va a estar —dice Cristina, que está por cumplir 70 años dentro de poco.

    El 15 de enero de 2025, 72 familias de Epuyén quedaron con lo puesto. Dos semanas después, la localidad de Mallín Ahogado fue afectada por otro incendio, que reforzó las sospechas de la intencionalidad detrás del fuego en la cordillera de Chubut. El gobernador, Ignacio Torres, gestionó ante Nación $7 mil millones para la reconstrucción de Epuyén. Durante ese año, vecinos y vecinas de la asamblea Reconstruyendo Epuyén viajaron a Rawson en varias oportunidades para denunciar que el monto apenas les alcanzaba para cubrir el gasto en materiales de una construcción mínima, sin incluir mano de obra.

    Después de la lluvia, el alivio

    —No alcanzamos a reponernos del incendio de 2025 cuando se desata este que fue peor —cuenta Jesica Santana desde la oficina de servicios públicos de la localidad afectada.

    La combinación de la sequía, con cerros prácticamente sin nieve acumulada, con precipitaciones escasas, con plaga de pinos altamente inflamables, entre otros factores, forman parte de una lista interminable de posibles causas que podrían haber desatado el incendio.

    Según explica Javier Grosfeld, biólogo, técnico del CONICET, y exsecretario de bosques de la provincia de Rio Negro en esta nota, “con los incendios de los últimos años, se fue generando un desierto verde de pino radiata, que crece a muy altas densidades, a 100 mil especies por hectárea. Es enorme. Tiene dinámica de invasión de una especie que se adapta muy bien al fuego”.

    ¿Se podría haber evitado esta catástrofe?

    —Los brigadistas, bomberos y gente que se sumó al combate hizo lo que más pudo. Pero lamentablemente depende también de las órdenes jerárquicas —confirma Jesica sobre lo que se comenta entre vecinos de la zona no solo sobre Epuyén, sino también sobre el Parque Nacional Los Alerces.

    Se habla entre los pobladores que se podría haber evitado. Según datos oficiales analizados por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), en 2025 el gobierno nacional dejó sin ejecutar el 25% del presupuesto asignado al manejo del fuego, lo que equivale a casi $20.000 millones. La comunidad reclama más prevención, concientización y presencia del Estado. Porque con un posteo de agradecimiento al trabajo de los brigadistas hecho con inteligencia artificial por parte del presidente no alcanza cuando el presupuesto nacional prevé un recorte del 53% del programa para el Manejo del Fuego.

    La especulación sobre un posible negocio inmobiliario o un proyecto de sionistas o judios se acrecienta con el correr de los días. A la vez, empieza la persecución por parte del gobernador de Chubut para encontrar los culpables, y que no logra aliviar la situación de los vecinos y vecinas. Autoridades especulan sobre un posible atentado de pueblos originarios o grupos radicalizados. Pero la hipótesis cae con la primera investigación: “Descartaría lo que está dando vueltas, que habría algún grupo radicalizado, que en este caso no tendrían nada que ver con el inicio del fuego”, expresó Carlos Díaz Mayer, el fiscal general chubutense, en diálogo con el periodista Ignacio Ortelli en Radio Rivadavia AM 630.

    En el mientras tanto, los brigadistas y bomberos llegan con sus manos y sus rostros manchados de hollín, con los trajes y las botas pasados de tierra y de olor a humo, con el sudor recorriendo debajo de sus cascos amarillos. Cuerpos cansados, ojos rojos, gargantas secas. Horas sin dormir, días sin volver a casa, para cuidar a otra gente. Gente que se queda sin techo, sin recursos, a merced de la solidaridad del pueblo que logra saltar cualquier burocracia para alcanzar un plato de comida.

    Vecinos organizados

    Es miércoles 14 de enero. Son las siete de la tarde y en la escuela n°9 de Epuyén las camionetas de brigadistas y bomberos entran y salen del predio. Del otro lado de las rejas, Federico grita: “si tienen donaciones, entren”.

    —Acá lo que necesitamos son manos. Gente que venga a pelar papas. Mirá, ¿ves esas pilas de ropa? Es lo que más recibimos, y estamos mandando a otros lugares. Un poco para El Bolsón. El vestido de verano ahora no nos sirve. Lo que necesitamos es ropa y botas de trabajo, mantas para el frío también.

    El joven de 30 años habla despacio, eligiendo cada palabra con el mismo cuidado que acomoda las viandas en la caja para los brigadistas. A veces parece estar a punto de quebrarse, aunque el cansancio de responder preguntas también lo agobia. Pero sigue caminando por esa aula donde acomodan viandas en cajas y ropa en pilas junto a los niños y niñas que esperan a sus madres, a sus padres, y miran a los que colaboran para poner en marcha esa cocina.

    —Si te querés quedar, sos bienvenida —dice antes de despedirse, juntando sus palmas como si rezara, y se pierde entre medio de la gente que separa alimentos sobre los pupitres.

    Las vías de comunicación son escasas. La información viaja con lentitud, en un boca a boca interminable. Entre vecinos, fotógrafos, ambientalistas, recopilan los datos de las diferentes zonas en las que se reciben donaciones, de las familias que necesitan reconstruir sus casas y que quedaron con lo puesto. Pero todo se diluye a cada hora que pasa, cuando la necesidad se vuelve cada vez más grande y no hay cuerpo voluntario que de a basto para responder.

    Mientras tanto, la ropa se sigue amontonando en ese banco de madera sin saber a dónde ir a parar.

    A una hora y cuarto de distancia de Epuyén, los vecinos y vecinas de Esquel también se organizan para ayudar a las familias del Parque Nacional Los Alerces. El fuego está cada vez más cerca de los pobladores que habitan el parque desde mucho antes de su fundación en 1937.

    —Cuando se supo que el fuego estaba tan cerca, la mamá de mí pareja, Silvina, puso a disposición el kiosco para recibir donaciones desde la asociación de pobladores. Y de ahí nos movimos un poco para que se escuche este pedido de solidaridad.

    Delfina Rosas habla con soltura a las doce de la noche del lunes 12 de enero. Viene de jornadas muy largas, de ir y venir del Parque con provisiones de agua y alimento para los combatientes del fuego y las familias afectadas. También de salir a marchar junto a los vecinos, y de volver a su casa muy tarde hace una semana. Desde Esquel, la logística se arma para ayudar a las familias Neira, Alarcón y Coronado. Familias que viven de la ganadería y que, tras este último incendio, perdieron miles de hectáreas de campo, alimento para los animales que acumulaban hasta el invierno, e infraestructura como alambrados y tranqueras. Además, se hallaron muchos animales muertos y otros tantos lastimados.

    El sábado 10, vecinos y vecinas de la localidad convocan a una marcha por los bosques y los brigadistas en la Plaza San Martín de Esquel, y también para seguir juntando donaciones. Tres cuadras de gente circulan por la ciudad desde la avenida principal, pasando por el centro y desembocando nuevamente en la histórica plaza de la ciudad que le dijo que no a la megaminería. En la glorieta esperan Camilia, Cristina y Daniela, que reciben cajas con alimentos secos, bidones con agua, y medicamentos para llevar a los pobladores.

    —La comunidad es siempre solidaria —dice Cristina, que trabaja como docente para personas sordas.

    —Si no es por los vecinos que se organizaron, que unos hacen viandas, que otros están ahí al pie de las casas organizadas… —comenta Daniela, mientras ve a Camila que acomoda más bidones de agua junto al resto de las donaciones.

    Delfina se para en una de las esquinas de la calle 25 de mayo del centro de Esquel. Reparte un mapa impreso en donde señala las familias afectadas por el incendio en el parque.

    —Una de las periodistas me dice que utilicé la frase “Esquel es solidario” y yo la dije sin creerla realmente. No porque desconfiara, sino porque nunca me lo había preguntado. Cada vez que llegaba alguien y bajaba una caja de leche o un bidón de agua me reafirmaba esa frase y descubrí que había mucha gente con ganas de ayudar.

    Incendio en paralelo: Alerzal milenario en peligro en el Parque Nacional Los Alerces.

    Las señales de alarma también se desataron ese lunes 5 de enero en la portada norte del Parque Nacional Los Alerces.

    Hace un mes se había detectado un foco de incendio en una zona intangible a la altura del Lago Menendez, a causa de un rayo tras una tormenta eléctrica. Las llamas avanzaron con rapidez en una zona intangible a la altura del Lago Menendez y no había cuerpo técnico ni recursos que lograran contenerlo. En cuestión de horas, el fuego había consumido gran parte del bosque nativo de toda la isla grande del lago.

    Brigadistas y bomberos trabajaron conteniendo el incendio, realizando guardias de ceniza, aún en el estado de precariedad laboral en el que se encuentran y con la escasez de equipamiento y de aviones hidrantes. Hernán Mondino, quien forma parte de la Brigada de Incendios, Comunicaciones y Emergencia (ICE) del Parque Nacional Los Alerces, aclara que ninguno de los brigadistas que dependen del estado nacional forman parte de la planta permanente. “Las respuestas que necesitamos es la respuesta a los planteos que ya hicimos: salario digno, estabilidad laboral y jubilación acorde”, dice.

    La agonía continuaba el martes 6 de enero: las llamas estaban a 5 kilómetros en línea recta del Alerce Milenario, uno de los árboles más antigüos, con una edad estimada superior a los 2.600 años, y que está dentro del Parque declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2017. El fitzroya cupressoides es un ejemplar único de alerce patagonico, una especie protegida y extremadamente vulnerable al fuego. A pocos kilómetros está el glaciar Torrecillas, que cumple un rol clave en el sistema hídrico del parque.

    Miguel Rosales es la cuarta generación de su familia que habita el parque. Son dueños del complejo Rincón del Sol, donde se realiza la excursión a los túneles de hielo de 4 a 5 horas caminando desde el complejo. Este año, ante la sequía del invierno, es decir que no se acumuló nieve en el cerro La Torta, los túneles no se formaron.

    A ello se suma el incendio actual, que arrasó con más de 14 mil hectáreas de bosque nativo en la zona de Lago Verde y Rivadavia, y que generó que bajaran las reservas en campings y alojamientos turísticos. Esperan todo el año para poder trabajar los dos meses del verano y generar el sustento económico para sobrevivir los otros 10. A raíz del último incendio en 2024, se contabilizaron que en total eran más de 20 mil hectáreas de bosque quemado en diferentes épocas (2008, 2015, 2016, 2023 y 2024), y que se estima que tardará más de 100 años en regenerarse.

    —¿Cómo hacemos nosotros, los pobladores que vivimos acá, con un sustento económico que lo hacemos a fuerza de pulmón? Con el acompañamiento del estado, que tendría que estar presente acá no solo cuando hay fuego, sino durante todo el año.

    El malestar de los vecinos y vecinas del parque llega a su punto cúlmine. Desde la asociación civil de pobladores rurales de la reserva los alerces enviaron una nota a la administración de Parques Nacionales, pidiendo la renuncia de las autoridades: el intendente Danilo Hernandez Otaño, la jefa de cuerpo de guardaparques Maria Laura Fenoglio, el jefe de la Central de incendios, comunicaciones y emergencias (ICE) Mario Cárdenas, “por considerar que su desempeño no ha mostrado resultados mínimamente esperables en sus funciones”, sobretodo por los antecedentes que atraen desde hace años que llevaron a la destrucción de enormes superficies de bosques nativos, infraestructura, viviendas y bienes de pobladores, “como así también, la destrucción de un motor de la economía regional a través de la sana explotación del turismo”. Además aclara que “el accionar de las autoridades del Parque Nacional Los Alerces no muestra conciencia del valor del bien natural que se encuentra bajo su custodia, ni de las implicancias que su destrucción genera”.

    —Queríamos dar un mensaje. Porque cada vez que pedimos de manera independiente que se trabaje en prevención, que se tomen ciertas medidas, nunca lo hicieron —afirma Miguel, que forma parte de la asociación.

    Mientras tanto, los pobladores esperan con paciencia una respuesta, pero no les quita el sueño. Hace años que no descansan, que no están tranquilos, porque no saben qué les deparará la temporada. Pero ahora lo importante —para todos— es apagar el fuego.

    Las cosas que perdimos en el fuego.

    —Es un cuento de terror lo que se puede ver hoy.

    Después de 3 días combatiendo el fuego y con la llegada de las precipitaciones, Jairo está de nuevo en su casa en El Maitén. Pero la realidad golpea cuando la vegetación que veían semanas atrás hoy ya no existe. “Todo lo que tocó el fuego, lo destruyó”, afirma, tras una breve pausa, como buscando el recuerdo de lo que alguna vez fue. Y que jamás volverá a ser igual.

    —Vos te levantás y ya estás, bueno… estabas rodeada de verde —dice Cristina, remarcando el tiempo pasado de la acción.

    —Nos da mucha tristeza. Porque nosotros ya no lo vamos a ver, o sea, no vamos a volver a ver esa montaña verde de vuelta. Un bosque nativo tarda en regenerarse casi 50 años —comenta Oscar, que ya tiene casi 70 años.

    En el otro extremo, en Puerto Patriada, las juventudes que la habitan responden con hartazgo.

    —Me genera impotencia, me agarra bronca. Porque sé que no fue un accidente. Y todos los años son iguales —dice Francisco que, además de salvar el complejo familiar, el resto del año estudia para ser guardaparque porque lo que más le gusta es la naturaleza.

    Delfina continúa caminando por las calles de Esquel junto a una muchedumbre que avanza, lento, al ritmo de la batucada que exige “basta de quemar nuestros bosques”.

    —Esta pérdida es tremenda. A nivel pobladores, más allá de la pérdida material, la pérdida es histórica y cultural. Hay una parte de la biografía de ese lugar que está totalmente enterrada en cenizas. ¿Y ahora? ¿cómo hacen ahora que perdieron todos sus recuerdos de vida? Si este fuego se atacaba con esta intensidad cuando comenzó, entonces no estaríamos hablando de tales pérdidas naturales, económicas y culturales.

    En el complejo Rincón del Sol, de espaldas al Lago Futalaufquen, Miguel Rosales habla rápido, como una ráfaga de viento, porque sabe de primera mano que el verdadero desastre viene cuando todo se apaga:

    —El tema más complicado es el después. Vos podés salvar unos animales, tratás de tenerlos cerca de la casa y protegerlos lo más que puedas. Y después, ¿dónde los largas? No hay campo. Cuesta mucho recuperarse de esto.

  • Triple femicidio: políticas del descarte

    Triple femicidio: políticas del descarte

    “Los femicidios son las expresiones más extremas de las violencias de género y en los contextos de narcocriminalidad, una descarnada y feroz expresión de la deshumanización, crueldad y descarte”, expresa el comunicado emitido por el Ministerio de Mujeres y Diversidades de PBA tras la noticia del triple femicidio de Morena Verdi (20), Brenda Loreley Del Castillo (20) y Lara Gutierrez (15). Las tres fueron encontradas sin vida debajo de un contrapiso de una casa en Florencio Varela en la madrugada del miércoles 1 de octubre. 

    La búsqueda había empezado posterior a la noche del viernes 19 de septiembre. Las tres se habían subido a una camioneta Chevrolet Tracker blanca, en una esquina, a unas cuadras de la Rotonda de La Tablada —entre Ruta Provincial 4 y Ruta 21-— para asistir “como acompañantes” a una fiesta privada. Estuvieron desaparecidas cuatro días. La camioneta fue encontrada incendiada en un descampado del barrio Mayol en Villa Vatteone, Florencio Varela. Días después, los cuerpos de las tres aparecieron bajo tierra a menos de diez cuadras de ahí. Torturadas salvajemente, mutiladas, e incluso, una de ellas, con una bolsa en la cabeza.

    Los femicidios no son cosa del pasado

    Según el reporte del Observatorio Nacional “Mujeres, Disidencias, Derechos” de Mumalá —colectivo de mujeres, travestis, trans y lesbianas—, 1 mujer es asesinada cada 36 horas. Ya son 182 femicidios y travesticidios contabilizados en el país en lo que va del año. El 9% ocurrieron en contextos de narcocriminalidad. 

    Dentro de ese 9% están Morena, Brenda y Lara. Tres jóvenes, mujeres, asesinadas y descartadas como basura. Por diversos motivos, habían dejado otros trabajos: ferias de ropa barata, un lavadero de autos en el caso de Morena, o un kiosco 24 horas como Brenda. 

    La principal hipótesis que circula es la del ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Javier Alonso, quien en conferencia de prensa aseguró que se trataba de una venganza de una organización transnacional de narcotráfico dirigida desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El avance del narcotráfico en el barrio ya era alarmante para los vecinos de Flores, quienes habían hecho denuncias por violencia, escándalo, y explotación sexual de menores desde hacía tiempo. Pero la justicia no había hecho nada. 

    El centro de la opinión pública cambia de rumbo. La responsabilidad de las muertes recae en las madres, las feministas, y las propias víctimas. Menos en los femicidas, y mucho menos en el Estado. 

    Triple Femicidio Florencio Varela
    Nicolás Guillones | AGLP

    El cuerpo de la mujer, marcaciones del poder

    Mientras tanto, en la Rotonda de La Tablada el tránsito se detiene cada día a partir de las tres de la tarde. Son las familias de las víctimas que entre lágrimas arrastran neumáticos y restos de troncos sobre el asfalto. Una llama negra y espesa cubre la ruta vacía. A un costado, sobre el guardarrail, flamea una pancarta blanca con los nombres de las chicas. Los mismos que llevan impresos en las remeras cada familiar que exige justicia.

    “Nos mataron tres pibas de una manera muy cruel”, expresa Corina González, referente de Vientos de libertad, una de las ramas del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) que aborda la problemática de consumo en los 90 centros barriales y 13 casas convivenciales que componen la organización a lo largo y ancho del país. Desde que en 2018 atravesó su rehabilitación en el espacio, Cori nunca se fue. Hoy brinda acompañamiento y contención a pibes y pibas en situación de consumo que llegan de manera voluntaria o por las familias, como hizo su mamá con ella. 

    El caso del triple femicidio la moviliza, no solo por la crueldad sino también por todo lo que ve y escucha cada día. “Sus cuerpos terminan siendo objeto para mostrarle lo que podría pasarle a otros. Porque grabaron, descuartizaron, y mataron a tres pibas pobres, tres pibas de los barrios”, dice, ahora, con miedo por lo que podría estar ocurriendo a otras mujeres.

    “No es un hecho aislado porque vivimos en el marco de una estructura patriarcal que hasta el día de hoy se sostiene, con un Estado que mercantiliza cada día más nuestras vidas, vendiendo no solo nuestros territorios sino nuestros propios cuerpos”, afirma Sofía Paleo, docente y socióloga de la Dirección de Intervención en Violencias por Razones de Género de la Municipalidad de La Plata. Desde allí no solo realizan un trabajo con el equipo interdisciplinario compuesto por psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas y sociólogas, sino que articulan con organizaciones sociales para brindar asistencia a personas en situación de violencia.

    Así como Corina y Sofia, esto mismo ya lo anticipaba la antropóloga feminista Rita Segato en su libro La violencia contra las mujeres: el cuerpo de la mujer se vuelve territorio de disputa, no en pos de una conquista apropiadora sino de su destrucción total. Para Segato, “la tortura de las mujeres hasta la muerte es la destrucción del enemigo en el cuerpo de la mujer”. Allí acontece la violencia narco, que opera simbólica y físicamente. 

    Triple Femicidio Florencio Varela
    Triple Femicidio Florencio Varela

    Políticas del descarte: el Estado que profundiza la desigualdad

    “Muchas de las víctimas que sufren estas situaciones son de sectores populares, y son personas que en general también tienen sus redes institucionales totalmente debilitadas y desarmadas”, expresa Sofía frente a un estado que eliminó 13 programas de políticas de género, y que desde su asunción redujo hasta un 85% el presupuesto nacional para las principales políticas de prevención y atención a la violencia de género. En 2024, el gobierno de Javier Milei recortó las partidas presupuestarias del Programa Acompañar y la Línea 144.

    Entre los principales programas que se cerraron se encuentran las diseñadas para intervenir en situaciones críticas, como el Programa de Apoyo Urgente e Integral ante Casos de Violencias Extremas y el Programa de Fortalecimiento de Dispositivos Territoriales de Protección, orientados a prevenir y acompañar situaciones de violencia de género.

    “El estado se va retirando de los barrios, de los espacios comunitarios. ¿Y qué aparece? Lamentablemente un narco, porque es el que termina dando una respuesta. Si vos no llegás con un trabajo digno a esas pibas, llega el narco”, cuenta Rocío Malén Jara, referente de la rama de Liberados del MTE. Rocío estudia la licenciatura en Trabajo Social en La Plata y trabaja en la dirección de Acompañamiento Universitario en Cárceles (DAUC) de la Secretaría de Derechos Humanos y Políticas de Igualdad de la Universidad Nacional de La Plata (DDHH UNLP). 

    Según un informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), unas 15 millones de personas se encontraban debajo de la línea de pobreza en los primeros 6 meses de 2025, de los cuales 3,2 millones eran indigentes. Sin embargo, las condiciones de vida no cambiaron. Para Rocio y tantas otras mujeres de los barrios, aunque el presidente Javier Milei se muestra optimista con haber sacado de la pobreza a 12 millones de argentinos (y argentinas), en los barrios hay cada vez más hambre. 

    Leopoldo Tornarolli del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAC), afirma que la mayoría de las personas siguen viviendo en los mismos lugares y realizando los mismos trabajos precarios. Si ser mujer es difícil, mucho más lo es ser mujer y pobre. A este dato se suma que 1 de cada 5 mujeres jóvenes que busca trabajo no lo consigue. Esto equivale al 19,2% de la población censada (INDEC). 

    ¿Quiénes caen en manos de la violencia narco? 

    ¿Qué oportunidades hay para las mujeres jóvenes actualmente? Ya lo evidenciaban dos manteras del barrio de Once a principios de 2024, cuando un periodista de C5N se acercó a hablarles. Las dos mujeres de no más de 25 años, se arrimaron al único cordón que la policía dejó libre en un operativo para “limpiar la calle de manteros”.

    ―¿Cuánto tiempo podrían estar sin trabajar? ―preguntó el periodista. 

    ―Un día, más no ―respondió una de las chicas a pleno sol. Detrás de ella, las camionetas de la policía bonaerense bloqueaban las veredas.

    ―Perdón esta pregunta, pero ¿y mañana qué vas a hacer?

    ―Y mañana voy a tener que trabajar de puta, otra no me queda.

    Esa mañana supieron que no tendrían un plato de comida al día siguiente. 

    ¿Qué propone el mercado para quienes no pueden acceder a trabajos formales? 

    “El gobierno no ofrece otras puertas a las mujeres. Que elijan vender [droga] en un pasillo, prostituirse, y todo eso, es por no tener para comer, no tener plata para su casa, para su hijo”. Lo dice Cori, quien ve cómo en los barrios hay cada vez menos trabajo, se desfinancian clubes y centros barriales,  y se trabaja con lo poco que pueden recibir de la comunidad organizada.

    “Es un estado ausente que habilita que se desarrolle el narcotráfico más que a pensar una salida para los pibes y las pibas”, dice Corina. En los barrios populares, donde el estado se retira, las soluciones caen en manos de los espacios de organización social. Espacios que también han sido recortados por el gobierno nacional, como el cierre de 32 Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario de Sedronar.

    El MTE propone, como forma de subsistencia, organizar el trabajo de forma colectiva en  cooperativas y unidades productivas que permitan dignificar las condiciones de vida. Se agrupan en ocho ramas que nuclean diferentes actividades: cartoneros; textil; rural; construcción; espacios públicos; liberados, liberadas y familiares; sociocomunitario; Vientos de Libertad. Dentro de ellas funcionan de manera transversal las áreas de Mujeres y Diversidades, Salud y Formación.

    Las personas que fueron privadas de su libertad, una vez fuera de la cárcel se encuentran con una realidad que golpea. Ante la falta de trabajo, se las rebuscan vendiendo en la calle, en ferias, o trabajando dentro de las organizaciones de los barrios, como en el MTE. Una de las compañeras de Rocio, que fue liberada recientemente, sale todos los días a vender empanadas a la calle. “Otra no le queda”, dice y remarca que la verdadera preocupación es tener un plato de comida para ellas y sus hijos e hijas.

    Para Rocio, y para otras mujeres con las que visita los pabellones de las cárceles de La Plata y alrededores, la llegada de Javier Milei al gobierno nacional implicó un retroceso en discusiones que hasta el día de hoy creían saldadas. “Estábamos peleando por el salario básico universal, que obviamente seguimos con esa lucha, pero en paralelo tenés que volver a pelear por alimentos cuando era algo que tenías garantizado”. 

    Marcha por el triple femicidio en la ciudad de La Plata. Nicolás Guillones | AGLP

    El triple femicidio puso en evidencia no sólo la precariedad laboral que se vive en los barrios populares, sino también la ruptura del tejido social cada vez más deshumanizado e individual. Cuando se recortan las oportunidades y la posibilidad de proyectar tu vida, como dice Rocio, es necesario reforzar la organización colectiva.

    “Necesitamos que los pibes y las pibas tengan un proyecto de vida digno”, concluye Cori, en su voz hay bronca y una fuerza que recuerda a las tres pibas asesinadas y torturadas en un barrio de Varela. Sus barrios, sus pibas. Un hecho que prueba, una vez más, las razones de sus luchas: es que para las compañeras, el único proyecto de vida posible es con derechos garantizados.

  • Ellos se olvidan de lo artesanal, nosotros no: las editoriales independientes

    Ellos se olvidan de lo artesanal, nosotros no: las editoriales independientes

    Por Delfina Sánchez Magariños y Sofía Fuentes

    Una fila colma la manzana de Avenida Corrientes. Las inmediaciones del Completo Art Media, del barrio porteño de Chacarita, son ocupadas por una muchedumbre que avanza a paso lento, con paciencia, y espera. Del otro lado, un pasillo con alfombra roja se abre paso ante los ojos de quienes reciben el aviso para ingresar del simpático guardia de seguridad. Se mueven en parejas, en grupos, o solos, con un termo y un mate entre sus manos, los abrigos colgando de sus brazos, o tus tote bags casi vacías para llenar dentro de la feria. 

    La mujer de la entrada pregunta si ya recibieron La Estafa y les entrega un libro de tapa azul con foto de un naipe español: el ancho de oro. La estafa fue la temática elegida para este año y es el primer contacto físico con el mundo editorial independiente al que están ingresando. Esas páginas crean ficciones, textos dramáticos, reflexiones ensayísticas, o simplemente exponen la experiencia concreta de la estafa del mundo moderno. Allá afuera las cosas siguen como siempre, escribe Esther Cross. Acá adentro, lo que cambia es la manera en la que el mundo se presenta en las más de trescientas editoriales independientes y artesanales Latinoamericanas. 

    La 14va edición de la FED 2025 tuvo lugar del 7 al 10 de agosto en el complejo Art Media (Corrientes 6271, Capital Federal). Un evento que se organiza año tras año para que editoras y editores de libros se encuentren cara a cara con lectores y escritores en los pasillos de la feria. Con entrada libre y gratuita, en esos 4 días la feria albergó a más 330 sellos independientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Uruguay y España. 

    Si leés, hay un libro para vos, promete el lema de la feria a todos los amantes de la lectura que, aunque parezca lo contrario, cada vez son más. En estos cuatro días, asistieron más de 30 mil personas, con un estimativo de diez mil personas el último día, número que supera los 24.600 asistentes de la edición de 2024.

    La FED se volvió, en poco más de una década, en uno de los eventos más esperados y prometedores del mundo editorial. Y es que, más allá de la fiesta cultural, la FED es, antes que nada, un espacio de trabajo. 

    Durante los días de feria, los proyectos editoriales despliegan su estrategia de supervivencia: venden, arman redes y piensan cómo sostener un oficio atravesado por la precariedad y los altos costos de producción. Para muchos editores y editoras, la feria es la inyección de ventas que permite imprimir nuevos libros.

    Es un espacio a partir del cual, literalmente, se hace posible un futuro para los libros independientes. “Todo el mundo está al otro día llamando a la imprenta para señar los libros nuevos, esos que tenés ahí parados o que querés reimprimir”, cuenta Marina Gersberg, la editora detrás del proyecto Pánico el Pánico

    Además de escribir, Marina edita nuevos autores, gestiona la impresión y los distribuye por donde puede. Desde Traslasierra, Córdoba, milita por crear espacios de lectura donde la palabra se expanda. Una vez más, volvió a Capital para la FED en busca de esa inyección que le permita continuar defendiendo su editorial como una salvaguarda.

    Además de la venta, en la feria convergen saberes y posibilidades de resistencia frente a la megaconcentración de la industria del libro y los actuales sistemas de producción y distribución golpeados por la crisis socioeconómica. “En Argentina somos pioneros en librerías independientes, medianas, chiquitas, y en editoriales autogestionadas también. Somos todo un modelo en Latinoamérica, y eso hay que sostenerlo porque la cultura nos hace estar mejor, nos hace pensar, nos hace hacer las cosas de otra manera“, dice la editora Gersberg. 

    Por otro lado, también se ofrecieron charlas y actividades abiertas al público lector con el objetivo de acompañar las novedades editoriales con una temática en común: los tiempos difíciles que corren. Se desarrollaron charlas vinculadas al oficio de escribir pese al dolor, la performance y el antirracismo, la forma en que los videojuegos están cambiando el mundo, el feminismo en tiempos de ultraderecha, la música como potencia creativa en la narrativa latinoamericana y las formas en que se narra la identidad colectiva, entre otras. 

    Además, hubo actividades en la terraza a cargo, este año, de la agencia creativa Somos Boche, que dirigió dos talleres y cuatro charlas orientadas a la creación de contenido, la historia de la moda, las adaptaciones de la literatura en el cine, con degustación de vermut.

    Mientras tanto, entre los pasillos Hebe Uhart y Marcelo Cohen, las personas se chocan entre sí en un intento de abrirse paso en cada Stand para ver, tocar, leer, un libro. En una misma mesa, coexisten desde fanzines y pliegues simples de papel, encuadernaciones hechas a mano, experiencias innovadoras de lectura, hasta libros de fotografías y editoriales de renombre. Cada año la FED invita a renovar nuestras propias bibliotecas y aventurarnos en la búsqueda de esos ejemplares que no se encuentran en una librería habitual de la ciudad.

    “En estos momentos de enorme resistencia, creo que la belleza es una trinchera”, dice Alejo González Prandi, periodista y editor de El vendedor de tierra, una editorial artesanal que publica desde 2018 de manera ininterrumpida. Y es que, para los y las editores, la FED es la puerta de entrada hacia la construcción de un horizonte colectivo frente a la crisis que avasalla la cultura. En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. Se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

    “Es la feria más linda del año. Es el momento en que uno se encuentra con el lector, con la mesa llena de todos los títulos que uno editó y publicó”, comparte Leticia Martin de la editorial Qeja, nacida en 2017 con la intención de hacer circular materiales propios y de colegas escritores. Ubicada en el stand H38, Leticia acomodan más libros en la sección de “ofertas” con su socio y compañero de vida, Nazareno Petrone. Observa a la mujer que agarra uno de los libros, Perezosa y tonta de Luciano Lutereau, y le saca una foto. Asi como a Alejo, a Leticia le brillan los ojos: hay alguien que decide quedarse un rato más compartiendo con ellos.

    La FED es mucho más que una feria de libros. Para los y las editores, es una forma de reencontrarse con sus trabajos de muchos años en tan solo cuatro días. Es una manera, como expresa Leticia, de re-entusiasmarte con la actividad y reencontrarse con el rol editorial. 
    En cada stand se intercambian saberes, libros, consejos, y formas de sustentarse en tiempos de precariedad. En ese encuentro la feria también posibilita que editores de todo el mundo conozcan a las editoriales independientes, ayudándoles a tener reuniones y crear lazos comunitarios. Además, por supuesto, se ofrecen libros de poesía, narrativa, ensayo, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, novela gráfica, entre otros géneros.

    ¿Y por qué es tan importante una Feria de Editores?

    En la ciudad de La Plata, hay una esquina bien conocida por sus paredes de colores y sus ventanas llenas de libros. En la intersección de diagonal 78, calle 6 y calle 59, la librería Malisia tiene ya 13 años de historia. No es una distribuidora más: es una casa editorial, donde confluyen seis editoriales distintas con una búsqueda y un catálogo propio. 

    Malisia es un espacio colectivo de creación y, para la ciudad, una trinchera literaria. Sin embargo, ninguna de las editoriales vive de lo que vende en el local. “Las editoriales independientes están paradas sobre el laburo en ferias, asegura Juan Fernandez Marauda, escritor, editor, librero, y habitante de Malisia.

    Durante todo el año, el colectivo de editoriales se fue organizando para exhibir su stand en la FED, contemplando la previa preparación del catálogo y también las idas y vueltas a Capital, la instalación de los puestos y la atención al público durante cuatro días completos. “Es totalmente desgastante pero es lo que habilita el ingreso de dinero y la posterior inversión. Nosotros podemos seguir pensando en editar libros porque una vez al año sucede la FED. En general, las novedades que presentamos a fin de año son fruto de esta feria, y también de la EDITA platense”, cuenta Juan. 

    A diferencia de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), en la cual para cualquier proyecto pequeño es prácticamente imposible participar, la FED está pensada a una escala más chica, sin enormes islas editoriales. Apunta a una red de pequeños y medianos sellos y busca achicar las distancias entre las manos que producen los libros y las personas que los leen. 

    El ambiente es muy diferente a la Feria del Libro. En la FED, lo que predomina es la voz de sus editores y editoras que comparten sus experiencias con el público lector. Personaliza, de esta manera, ese ente abstracto que puede ser la producción editorial y supera el universo meramente consumista. Porque detrás de cada libro, hay un equipo que lo preparó.

    “Muchas editoriales surgimos en el momento de configuración post 2001, en esa lógica asamblearia, que la FED de alguna manera recogió años más tarde”, explica Ana Asprea, editora del proyecto La Cebra de filosofía contemporánea y psicoanálisis. Es el agite social y político el que provocó —y provoca— la producción cultural, el cual buscó soportar la crisis y romper con el monopolio de los catálogos de libros que tenían un mismo lineamiento político. “Se trataba de catálogos que buscaban subsistir a través del mercado y eso condicionaba mucho los títulos que se publicaban haciendo que fuera todo muy homogéneo, muy neoliberal en un punto”, dice Ana. 

    Lo cierto es que el contexto actual no se distancia tanto del quiebre económico de los 2000. Sobre esto, expresa Juan Fernandez Marauda, del colectivo Malisia, que hacer un paso al costado del mercado mainstream implica de alguna manera atentar contra lo esperable y lo vendible. Significa, por tanto, un riesgo y una misión que muchas editoriales deciden encarar para darle voz a ciertas historias que de otra manera no se verían. “En el momento en que uno empieza a darse cuenta de la norma que está detrás de las librerías, en el momento en que empezás a sentir en todos lados el olor del mismo grupo editorial multinacional, con las mismas voces, empezás a darte cuenta de que militar lo otro es muy necesario”, expresa.

    Todavía hay gente que compra libros

    “Leemos ficción porque buscamos un orden para el caos de nuestra experiencia de mundo”, escribe Juan Mattio en La Estafa. El libro sigue siendo ese artefacto cultural que prevalece frente a la avanzada tecnológica, que afronta crisis económicas, sociales, políticas. Pero no hay quien frene la máquina de producción: lo artesanal y lo manual tienen amplio lugar en los rincones de la FED.

    En El vendedor de tierra, los libros son confeccionados a mano uno por uno en tiradas de 25 a 50 ejemplares. Dependen del equipo de edición compuesto por Alejo Gonzalez Prandi y Luciana Ravazzani, y Lu Jana en el diseño y encuadernación. Las reimpresiones son exclusivamente a demanda. En el caso de la FED, se preparan con medio año de anticipación para llevar un catálogo diverso para quienes los buscan entre las “calles” de la feria. “Hay autores y autoras que quedan al margen de muchas editoriales porque no han ganado premios, no fueron distinguidos, y son muy buenos autores y muy buenos poetas”, dice Alejo, quien destaca el rol de la editorial por la apuesta a los autores locales que recién emprenden y que buscan un lugar para hacer eco sus palabras.

    Sobre la calle Sara Gallardo, Ana y Cristobal conversan entre sí y se ceban un mate. A medida que la gente avanza apretujada entre los stand, invitan a aquellos que se quedan mirando a levantar un libro. Exponen el catálogo como prendas de ropa, uno al lado del otro, con los ejemplares apilados. Con el correr de las horas, la mesa se va vaciando y tienen que volver a rellenar. Aun así no alcanzan a mostrar todo: son más de 200 títulos los publicados desde los inicios de la editorial La Cebra en 2006. 

    Desde la cocina de su casa en la que conviven cuatro gatos, cuatro perros, cuatro hijos, y dos editores, Ana y Cristobal desembarcan en la FED con un catálogo exclusivamente de filosofía contemporánea y psicoanálisis. “Trabajar en una editorial es un placer de principio a fin”, dice Ana Asprea, y continúa: “nos dedicamos a leer cosas que nos interesan, que nos parecen que pueden repercutir en el tejido social, que son parte de una discusión contemporánea y tratamos de hacer aportes desde nuestro catálogo”. 

    Si bien los editores y editoras coincidieron en que la crisis económica está presente en su día a día, aún así consideran que pueden subsistir y seguir produciendo. La FED, en ese sentido, solventa la caída del mercado editorial y logra un leve repunte en las ventas. Según el Informe realizado por la Cámara Argentina del Libro (CAI), el 80% de las editoriales encuestadas indicó una caída en las ventas en 2024 y más de un tercio del sector editorial se vio afectado por descensos de más del 26% en unidades facturadas.

    El problema se evidencia ante la cantidad de títulos por año que se publican, que implica un esfuerzo mayor. Por ejemplo, Marina de Pánico el Pánico afirma que este año editarán directamente la mitad de libros que el año pasado.

    Sin dudas, editar independientemente en Argentina hoy, implica hacerle frente a una serie de obstáculos en todo el proceso del libro. Los altos costos de los insumos y de la impresión, en un marco de inestabilidad económica, dificulta cualquier planificación. A ello se suma la concentración de grupos editoriales y cadenas de librerías, la baja en el consumo interno y pérdida de poder adquisitivo. 

    Es triste decirlo pero editar un libro, es cada vez más un privilegio, que no es liviano y está ligado a un esfuerzo enorme y una militancia cotidiana por darle voz a ciertas historias”, asegura Juan. 

    En La Plata, otro espacio que construye redes entre la comunidad librera es la Feria EDITA, organizada por el colectivo Malisia y el apoyo del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Conformada como una de las ferias más importantes de la ciudad, se realiza en la calle, al aire libre, todos los años a mediados de diciembre, reuniendo más de 100 proyectos editoriales e invitando a los caminantes a conocer la literatura latinoamericana.

    Son las siete de la tarde del tercer día de la FED y la gente parece no enterarse. Por la puerta aún siguen ingresando personas que esperaron dos horas para entrar. El ritmo con el que avanzan es como el título de un libro de Alejandra Kamiya: paciente como el agua sobre cada piedra

    El murmullo se eleva con el andar. “¡Este libro de Sara Gallardo estaba buscando, amigo!”, “Ahí está la editorial de mi profe de escritura”, se escucha en la calle Juan Forn. Del lado de enfrente, otro grupo conversa y una chica agita un libro de tapa azul en sus manos: “No lo quiero, lo necesito”, le dice a su amiga. Están en el Stand E10, indicado con números como si de una batalla naval se tratara. Los editores de El vendedor de tierra no descansan. 

    —Saber que hay una persona que año tras año vuelve a este mismo stand y pregunta “¿qué tienen de nuevo?” es maravilloso —dice Alejo, mientras a su costado derecho un cartel luminoso recuerda con letras rosas “si leés, hay un libro para vos”.

  • Los glaciares en la mira: el gobierno avanza sobre la ley que los protege

    Los glaciares en la mira: el gobierno avanza sobre la ley que los protege

    El gobierno nacional busca modificar nuevamente la Ley 26.639 que protege  los glaciares y el ambiente periglacial, con una clara intención de favorecer al sector extractivista y megaminero. Según confirmaron fuentes del Ministerio de Economía, el objetivo es avanzar por decreto -sin debate legislativo- para habilitar la actividad en zonas resguardadas por su valor hídrico, pero todavía no hay consenso.

    La ley contempla la preservación de los glaciares y suelos congelados como zonas estratégicas de agua. Además, protege su biodiversidad, su valor científico y turístico. En su artículo 6, se prohíbe expresamente la minería, la instalación de industrias y cualquier actividad que libere sustancias contaminantes o altere el ecosistema glaciar. La modificación buscada apunta a  este último artículo. 

    “Desde el día de su sanción, esta ley tiene una presión fuertísima por parte de las empresas mineras”, explicó Sofia Nemenmann, subdirectora de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. No es la primera vez que desde organizaciones ambientalistas advierten los intereses del lobby minero y el peligro de la modificación por intereses empresariales. “Esta modificación tiene nombre y apellido”, agregó Nemenmann. 

    Sofia Nemenmann, subdirectora de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.

    En 2024, los primeros borradores de la Ley Bases, buscaban avanzar con las inversiones y proyectos mineros, pero el Ejecutivo Nacional no logró el apoyo legislativo necesario y debió quitar el artículo del proyecto. Para eso fue importante la labor del sector ambiental y científico, y el informe de la ONU que denunció la contaminación de cianuro, arsénico, mercurio en la zona periglaciar de la mina Veladero,en San Juan, operada por Barrick Gold. La presión social fue indispensable para romper el posible acuerdo.

    ¿Por qué es importante la Ley de Glaciares?

    Los glaciares son la principal fuente de agua de nuestro país y almacenan el 70% del agua dulce del planeta. En Argentina hay aldededor de 14.500 glaciares distribuidos a lo largo de la Cordillera de los Andes. Se ubican en lugares de gran altura y mucha humedad, en donde la nieve se apila hasta que su propio peso hace que la base se transforme en hielo. 

    Fotos: Pedro Ramos

    El más conocido es el Perito Moreno, que funciona como un tapón de hielo que aísla el Lago Argentino, y que fue descubierto por Carlo Moyano y Francisco Moreno a fines de 1879. Esa enorme masa de hielo ilimitada ya existía hace millones de años, siendo la principal fuente de agua de los ríos andinos y las cuencas hídricas de las que dependen al menos 12 provincias.

    Pero estas masas de hielo no se quedan quietas, sino que están en constante movimiento. De hecho, su retroceso es alarmante: desde 1990 que vienen perdiendo superficie, de forma acelerada por el calentamiento global. La ONU declaró el 2025 como el Año Internacional de la Preservación de los Glaciares y advirtió: “El deshielo acelerado de los glaciares corre el riesgo de desatar una avalancha de impactos en cascada sobre las economías, los ecosistemas y las comunidades, no solo en las regiones montañosas sino a nivel mundial”.

    La reducción de las superficies blancas, encargadas de absorber el calor de la tierra,  representa un punto de no retorno para el ciclo del agua. En este contexto de crisis hídrica, el lobby minero encuentra en el gobierno nacional un aliado para avanzar sobre nuestro territorio. 

    Soberanía en la cordillera 

    Además de lo ambiental, la modificación de la Ley también podría tener implicancias geopolíticas. Muchos de nuestros glaciares se alzan en zonas fronterizas con Chile, donde los límites no están definidos -tal como sucede con el Campo de Hielo Patagónico Sur, el más grande del hemisferio Sur después de la Antártida-.  “El glaciar se mueve como un río, muy lentamente, pero se mueve. Entonces, no sabemos qué parte es de Argentina y qué de Chile”, explicó Andrea Torres, ex brigadista del Parque Nacional ‘El Chaltén’, en la provincia de Santa Cruz, que fue despedida en diciembre de 2024 por su posición política frente a la gestión del parque. 

    Andréa Torres, ex brigadista de El Chaltén.

    ¿Qué significa, entonces, que se habilite el avance en la modificación de esta ley? “Nosotros tenemos que proteger nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra historia y nuestro futuro. Porque si no tenemos agua, nuestras generaciones venideras no van a tener nada. Es imposible pensar una vida sin agua potable”, expresó Andrea.

    Una ley históricamente perseguida

    La Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de Glaciares y del Ambiente Periglacial se sancionó el 30 de septiembre de 2010, al calor de la militancia socioambiental, hace 14 años. Incluso antes de ser promulgada, ya era una ley molesta para las empresas y los gobiernos.

    Foto: Pedro Ramos

    En 2008 el congreso había aprobado una primera versión. Esta fue presentada por la diputada radical Marta Maffei, con respaldo político, académico y científico. Sin embargo, a través del decreto 1837/2008, la entonces presidenta Cristina Fernandez de Kirchner la vetó, bajo presión de la empresa minera Barrick Gold que explota yacimientos de oro en Veladero, San Juan, y proyectaba avanzar sobre Pascua Lama.

    En 2010, gracias a la organización de las comunidades, asambleas y colectivos ambientales y científicos, finalmente se sancionó la ley que conocemos actualmente. Desde entonces, ha sido perseguida por el lobby minero y distintos gobiernos buscaron flexibilizarla. 

    En 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, se intentó modificar la Ley para favorecer al sector minero. Detrás de esta ofensiva estuvieron empresarios como  Eduardo Elsztain (Austral Gold y Grupo Irsa), Carlos Miguens (Patagonia Gold), Fernando Giannoni (Barrick Gold) y la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM). Al año siguiente, varios ex funcionarios -entre ellos, tres exsecreatarios de Ambiente- fueron procesados por no proteger el ambiente glaciar en la región sanjuanina.

    A lo largo de los años, la intención de vaciar la ley ha sido constante. Las consecuencias siguen siendo las mismas: pérdida de reservas naturales y aumento de sequía en un territorio árido como es el nuestro, mientras que el único favorecido es el negocio minero. “Si esta modificación se concreta, nos encontraremos en la calle. El movimiento social es nuestro modo y habrá que salir a defender la ley de glaciares”, concluyó Sofia Nemenmann.

  • La Radio que nos crió

    La Radio que nos crió

    Por: Delfina Sánchez Magariños y Sofía Fuentes

    En lo que va del año, más de 500 trabajadores de Radio Nacional fueron cesanteados de sus cargos por el plan de ajuste en Radio y Televisión Argentina. Muchos otros, entre ellos 79 trabajadores de Chubut, se enfrentan a las decisiones que, desde febrero, apuntan a vaciar y quebrantar los medios del estado.

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    Entre mi casa y tu noticia, hay dos mil kilómetros de distancia

    En las oficinas de la municipalidad de Gualjaina, provincia de Chubut, Selma Ojeda redacta un mensaje en puño y letra. 

    Arranca un pedazo de papel del cuaderno y escribe la primera línea con tinta azul. Marca cada letra en la hoja amarillenta con cuidado, como si de transcribir un código morse se tratara. La mano no le tiembla a pesar de los cinco grados, dos décimas, bajo cero que anuncia el Servicio Meteorológico Nacional. 

    Selma anota su nombre y su número de documento al final del mensaje. Dobla el papel en cuatro porciones y se lo entrega a la maestra de la escuela número 99 de la comunidad de Costa del Lepá. Con el papel en sus manos, la docente sale en dirección al taxi que la espera en la puerta. Es viernes a última hora, y afuera de esa oficina el vapor del caño de escape del Fiat Palio blanco queda suspendido en el aire al alejarse.

    Tres días después, en el paraje rural El Mirador, un hombre montado en su caballo escucha atentamente a la única mujer que lo acompaña en su trayecto matutino.

    —Comenzamos con información rural. La municipalidad de Gualjaina informa a sus vecinos que hoy estará disponible el Banco Móvil en la plaza principal. 

    Solo son ellos, un par de perros, y la voz de esa locutora que pronuncia cada palabra con cuidado a las ocho de la mañana de un lunes de junio. “Raquel y Delma le comunican a sus padres que mañana llega una encomienda a Cholila”, escucha a continuación el hombre que revolea el rebenque en el aire antes de apoyarlo con fuerza sobre el lomo del caballo. El animal relincha y acelera el trote, dejando la marca de sus pasos sobre el barro. 

    Desde la cordillera chubutense, transmite Radio Nacional Esquel en su emisora AM 560.

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    La frecuencia de AM de Radio Nacional Esquel tiene un alcance de 300 km, llegando a gran cantidad de localidades y parajes rurales. Entre ellas, se encuentra Gualjaina, una comunidad a 84 km de la ciudad de Esquel que incluye alrededor de 17 parajes en su territorio. 

    Ahí donde el servicio de comunicación telefónica es de poco alcance y los pobladores de la zona deben buscar una loma o acercarse al pueblo para recibir un llamado, enviar un mensaje de texto, o conectarse a la señal de internet, la radio sigue siendo la vía central de comunicación. 

    “Somos una radio de servicio que cumple un rol social. Estamos rodeados de poblaciones en donde la única forma de comunicarse entre sí, entre familias y vecinos, es a través de la radio”, describe Rocío Davel, periodista de Radio Nacional Esquel y secretaria de FatPren  (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa) de la región. 

    Rocio Davel en conferencia de prensa por la defensa de Radio Nacional en el Centro Cultural Melipal de Esquel.

    Son casi 50 emisoras de radio pública las que reparten servicios a lo largo y ancho de la Argentina, atendiendo las particularidades de la zona, conociendo a sus pobladores y acercando la información precisa para que cientos de comunidades no queden aisladas. 

    No se trata, entonces, de una gestión económica y redituable o de una cuestión “deficitaria para el Estado” -como la había llamado el presidente en el programa de Mirtha Legrand luego de su asunción-. Se trata de atender desde un órgano público a las necesidades de la población, garantizando el derecho a la información y brindando un servicio donde un privado no lo haría. 

    Sin embargo, a la política nacional pareciera no importarle. El viernes 5 de julio, una nueva disposición del gobierno nacional comunicó con una nota firmada por Héctor Cavallero, director de Radio Nacional, que a partir del mismo lunes -menos de 72 horas después de la girada- las 49 emisoras nacionales dejarían de emitir sus programaciones para re-transmitir exclusivamente la señal de la LRA1 de la Ciudad de Buenos Aires durante el horario central de la mañana. 

     

    Trabajadores de los medios públicos celebraban que las privatizaciones de la Ley Bases excluían a Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado (RTA S.E), pero no esperaban que el peligro volviera tan rápido. “Una conquista de la lucha de las y los trabajadores”, había titulado SiPreBa (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) el 13 de junio tras la decisión del Poder Ejecutivo de quitarla del listado de empresas a privatizar. 

    Lo que en junio pareció ser un alivio para las emisoras regionales, hoy pende de un hilo. 

    Antes de la decisión del gobierno nacional de recortar y modificar la programación en Radio Nacional, había tres horarios obligatorios pautados para los boletines de noticias nacionales: 6 de la mañana, 12 del mediodía y 20 horas. Así como los informativos nacionales en horas punto. En el resto de las franjas, cada emisora regional podía planificar sus contenidos según sus intereses culturales y locales.

    “Prendí la radio y pensé que me había equivocado. Pasé de escuchar cómo estaba la ruta 12 o la 40, a escuchar cómo informaban sobre la autopista de Buenos Aires”, cuenta Selma Ojeda, trabajadora de la municipalidad de Gualjaina, desde su casa a dos mil kilómetros de distancia de la capital porteña. 

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    La radio local es compañía y contención

    —Primera emisión de los mensajes al poblador. 

    Son las ocho de la mañana de un día de fines de julio de 2019, y en el frente de Radio Nacional la nieve comienza a derretirse con los primeros rayos tibios del día. Tiene un pequeño patio delantero con grandes árboles que rodean el terreno, un camino de piedra laja recto desde la vereda a la puerta, y una antena que parece ser un plato volador que ocupa casi todo el frente de la ventana. La Radio, junto a la Oficina de Turismo de la esquina, son de los pocos lugares de la cuadra sin rejas a la vista. 

    Se informa a la comunidad que estamos recibiendo donaciones de pañales, alimentos, medicamentos, frazadas, ropa, para los pobladores de Cushamen que están aislados por las intensas nevadas. 

    Dentro de la radio, los locutores actualizan acerca de la situación de la comunidad de Cushamen, ubicada a más de 100 km del centro de Esquel. Son alrededor de 750 habitantes los afectados por la nevada, aislados y sin comida desde hace 5 días. 

    Las camionetas 4×4 se estacionan en fila sobre la avenida Alvear, con las balizas puestas y la puerta de sus cajas abiertas. Son un grupo de vecinos y vecinas que se preparan para emprender viaje hacia la comunidad, con bolsas de consorcio llenas de ropa y cajas con alimentos que la radio les entrega. 

    La LRA9 Radio Nacional de Esquel tiene 63 años. Siempre se caracterizó por su fuerte vínculo con la comunidad gracias a los servicios que presta: informar sobre el estado de las rutas en invierno, avisar cuándo llega la leña del Plan Calor, recibir provisiones para la ayuda comunitaria, y hasta avisar que una ambulancia está en camino.

    “El poblador encuentra en los periodistas y locutores personas en quien confiar y sentirse acompañado. Sobre todo para quienes viven en la ruralidad”, dice Francisco «Nano» Peralta, quien fue director de Radio Nacional Esquel hasta 2023. Cuenta que en su rol como periodista y locutor pudo vivenciar cómo se construye el vínculo entre la radio y los pobladores, y lo describe como algo “casi indestructible”. 

    “La radio es nuestra compañía y contención”, confiesa Selma. “Cuando empezamos a escuchar otros programas que no eran los locales, nosotros, ‘los del interior’, nos sentimos discriminados, y sentimos que nos callan”, agrega.

    ‘Porteñizar’ la política comunicacional

    De igual manera, durante el gobierno de Mauricio Macri se intentó disminuir la cantidad de emisiones locales y recortar las obras destinadas a la infraestructura en comunicación. Fueron los vecinos y vecinas junto a trabajadores de prensa que se organizaron para volver a la programación local de los fines de semana.

    Pareciera ser que la historia insiste en repetirse. En enero de este año, a un mes de la asunción del nuevo gobierno, el plan de ajuste de Javier Milei dejó afuera de Radio Nacional alrededor de 500 trabajadores y trabajadoras, con menos de 100 contratos en todas las emisoras. 

    De hecho, en la actualidad, ninguna de las 49 emisoras tiene directorio. Desde diciembre, el gobierno fue destituyendo a cada uno de los directores, sin nombrar reemplazos, hasta que finalmente suprimieron el cargo de ‘director de emisora’, según un informe publicado por Página/12. Así, todas las decisiones de Radio Nacional deben llegar y ser aprobadas en Buenos Aires (autorización de vacaciones, francos, gastos, etc.). Allí en la ‘Gerencia de emisoras’ se encuentra el director ejecutivo Héctor Cavallero. 

    Sin embargo, este no es el único recurso con el que la gestión actual pretende “porteñizar” la política comunicacional. 

    Hace algunas semanas, la gerencia de Radio Nacional decidió suspender el pago de horas extras a todas las emisoras durante los fines de semana y feriados, con el argumento de la falta de actualización de presupuesto desde 2022 para garantizar los sueldos, como había señalado a principios de enero Javier Monte, dirigente radical interino del directorio del RTA. Sus trabajadores respondieron con mayor organización: decidieron llevar adelante la programación de martes a sábados una vez al mes, para así cubrir un día del fin de semana. 

    Tiempo después, es que se comenzó a hablar de una posible privatización con la Ley Bases. Pronto, se organizó una junta de firmas, y al otro día comenzaron a llegar muchísimos oyentes a la puerta de la radio, algunos haciendo alrededor de 100 km en colectivo únicamente para eso. Entre las localidades en donde se recopilaron firmas se destacan Tecka, Gobernador Costa, Colán Conhue, Lago Rosario, Gualjaina, Lago Puelo, Cholila y la costa del Chubut. “Ahí es cuando se evidencia el acompañamiento y la necesidad”, afirma Rocío Davel.
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    Una comunidad en Alerta

    Cuando al fin pudo frenar después de una mañana larga de trabajo en el Hospital Zonal de Esquel, Carolina miró de reojo la planilla que estaba apoyada a un costado de su escritorio. Tenía apenas un par de nombres escritos en la parte superior. 

    Tironeó de la goma para sacarse los guantes, agarró una carpeta de tapa dura, la planilla y una lapicera. Encaró el pasillo que estaba frente a enfermería desde donde se oía la radio, como todos los días, sintonizada en la FM 88.7. Caminó y frenó a cada persona que vió. Uno a uno, les contó que estaba juntando firmas para exigir que no cierre Radio Nacional. Nadie se negó a agarrar esa lapicera. 

    Al día siguiente, el auto de Carolina salió temprano en dirección a la Ruta Nacional 259. Esa ruta de poca circulación que conecta a Esquel con los pueblos circundantes, donde se encuentran algunas de las salas médicas comunales que dependen del Hospital de la ciudad. Sobre la luneta, tres planillas en blanco hacían rebotar el sol del mediodía. 

    Por la tarde volvió, victoriosa. 

    —¡Mil firmas! —exclamó el trabajador de la radio desde la mesita que se había armado en la vereda del Correo— ¡Increíble! ¿Cómo hiciste? —le preguntaron.

    Carolina sonrió.

    —Trabajo en el Hospital y conozco a algunas personas de las salitas comunales. Allá la radio es muy importante.

    —¿Y por qué lo hiciste?

    —No podía quedarme sólo con mi firma. Yo crecí escuchando todos los días esta radio. Para mí representa mi historia. Si no la defiendo yo, no la va a defender nadie.

    La decisión del gobierno nacional afecta tanto a sus trabajadores, como a sus oyentes. Por fuera de la capital porteña, miles de personas encienden la radio en la única frecuencia que las representa: la de su pueblo. Con las voces de la gente que conocen y las noticias que sí les importan, incluso, con la música que les gusta, como es el folklore local o el tango.

    Oyentes como Selma Ojeda o el escritor Aldo “Lele” Santana de la localidad de Cholila cuentan que siguen escuchando Radio Nacional, pero ya no como antes. “Solía quedarme hasta tarde escuchando programas de folklore, con payadores y cantantes locales, cuando me iba al campo, a El Cajón. Ahora la sigo escuchando, pero espero hasta las diez de la mañana para escuchar el programa de Esquel”, señala el escritor. 

    En estos días, el federalismo en Radio Nacional es tan solo un relato. Las emisoras de las provincias son obligadas a retransmitir LRA1, generando el silencio informativo y la imposibilidad de que las personas que viven en zonas rurales puedan ser escuchadas. “Muchos de los problemas de la ruralidad son visibilizados a través de la radio”, explica Peralta. Tal es el caso de la cobertura y la difusión realizada por las 5 emisoras de Chubut, a través de la cual la población tuvo la posibilidad de generar acciones simultáneas en toda la provincia para frenar el avance de la megaminería en la meseta y la cordillera desde 2003.

    Como bien expresa la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) en uno de sus últimos comunicados de prensa, es la programación local la que garantiza la diversificación de las voces y de la información local, fomentando la cultura y las economías regionales en pos de construir la identidad del pueblo.  

    Ahora, más que nunca, alzan su voz ante el centralismo de Buenos Aires fortificado por una política de vaciamiento de un órgano público de histórico carácter federal. Lo dice también Rocio Davel, cuando explica en vivo para “Desde la raíz”, que el objetivo del Gobierno Nacional respecto a los medios públicos sigue siendo el mismo: vaciarlos. “Por fuera de la privatización, van a tomar otras decisiones que afectarán la federalización de la radio y que sigamos estando presentes en todo el país”, aseguró la periodista de Radio Nacional Esquel. De este modo es que nuestra radio pública pierde programación, operatividad y presencia social.

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    Las risas llenan las cuatro paredes cubiertas por un panel acústico de un gris desgastado. El cartel de “aire” se tiñe de rojo, y la música se silencia de golpe.

    —Queridos oyentes, interrumpimos la programación… ¡Esto es alucinante!. En mis años como locutor jamás había visto algo así. 

    Con un dejo de picardía propio de un 28 de diciembre, el locutor de la FM 88.7 inicia la primera mañana informativa. 

    —¡Hay una mulita gigante en la puerta de Radio Nacional! 

    —No sabemos muy bien cómo llegó este peludo enorme a la radio. Si estás del otro lado escuchando esto, podés pasar a verlo con tus propios ojos.

    Al cabo de una hora, una multitud de inocentes colmaba la Avenida Alvear al 1180 preguntándose por el famoso armadillo gigante. Niños de la mano de sus abuelos, gente que se escapaba de su jornada laboral, y hasta algún paisano que andaba por el centro haciendo trámites. 

    Nadie pudo comprobar la existencia del famoso gigante. 

  • Detrás del humo no los ven: la lucha de los brigadistas en Chubut

    Detrás del humo no los ven: la lucha de los brigadistas en Chubut

    Son las 22.30hs del jueves 25 de enero. En el Parque Nacional Los Alerces reina el silencio propio de una noche patagónica de verano. Pero algo irrumpe con esa tranquilidad: es el calor del fuego que empieza a consumir parte del bosque andino de más de 200 años de edad. Lengas, ñires, coihues, radales, son algunas de las especies que empiezan a arder y a esa hora no hay fuerza humana que logre contener su avance.

    El incendio que comenzó con dos focos situados a la altura del Arroyo Centinela, entró en su fase de control luego de 27 días de intenso trabajo de brigadistas y bomberos. Fueron alrededor de 500 personas de diferentes zonas del país abocadas a apagarlo, encargándose de tareas de planificación y ejecución del plan de acción que se establecía día a día desde el Comando Unificado conformado específicamente para este combate.

    El informe del Comando Unificado establece que el pasado jueves 22 de febrero la línea de control quedó establecida definitivamente y asegurada. Comienza la “etapa de extinción”, según confirmó el jefe del departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) del Parque Nacional Los Alerces, Mario Cárdenas. Pero el daño es irreversible. Son 6.924 hectáreas afectadas, en las que no sólo se perdieron recursos naturales, sino también ambientales y turísticos.

    Creditos: Francisco Buduba

    El Parque Nacional Los Alerces está todo quemado. Son pocas las áreas verdes que pueden verse a la vista, y que generará complicaciones en el invierno para toda la población chubutense. El bosque en la Cordillera de Los Andes produce que el agua que llueve en invierno drene lentamente y abastezca a todas las localidades de la meseta en la Patagonia y hasta en la costa atlántica. A ello también se suma el cambio climático como factor preponderante en la propagación de un incendio al haber un menor ingreso de los frentes húmedos del Pacífico que solían traer las lluvias al noroeste patagónico.

    Según Cárdenas, el incidente en El Centinela es considerado uno de los más grandes en la historia del parque, que desde 2008 sufre de incendios intencionales que afectan directamente la vegetación autóctona, tiñendo de gris la montaña que rodea el lago Futalaufquen.

    En total son más de 20 mil hectáreas de bosque quemado en diferentes épocas (2008, 2015, 2016, 2023 y 2024), y que se estima que tardará más de 100 años en regenerarse. “Es incalculable lo que se ha perdido con la cantidad de zonas que han sido afectadas con este incendio. Entendemos que hay una misma forma de incendiarse porque tuvo la mismas características que años anteriores”, reconoce el Jefe departamental del Parque.

    “Hay una intencionalidad de prender fuego. No es algo que pasó una vez, sino que hay un historial de todos los veranos de cómo se inicia, y que se hace de noche y en zonas de difícil acceso”, cuenta Hernán Mondino, quien conforma la Brigada de Incendios, Comunicaciones y Emergencia (ICE) del Parque Nacional Los Alerces.

    El brigadista se encuentra preparando el informe oficial sobre la situación del parque junto al Comando Unificado: luego de varios días de trabajo consecutivo, aún sin contrato y con tan solo dos días de franco, finalmente el fuego entró en fase de control. Pero, ¿qué sucederá una vez que el incendio esté apagado por completo?

    Creditos: Francisco Buduba

    Detrás del humo no los ven

    Pese a la situación de precariedad de los y las brigadistas, continuaron respondiendo a la emergencia ígnea sin saber qué les depararía el destino. Así como Hernán hay más de 600 brigadistas nacionales en la misma situación generada desde hace varios años y que se profundizó tras el decreto 84 del DNU del presidente Javier Milei donde suspende los contratos del Estado firmados en 2023 y que pusieron en revisión el resto de los contratos hasta marzo.

    Pero nunca hubo planta permanente para los y las brigadistas y la incertidumbre es cada vez más grande: el 31 de marzo se acabarían sus contratos, y no hay indicios de que el nuevo gobierno de una respuesta pronto. Además, según Hernán, son 2200 empleados en planta y 1000 los contratados, pero no hay quien conduzca la Administración de Parques Nacionales (APN), ni siquiera el Parque Nacional Los Alerces, que por el momento cuenta con la conducción del guardaparque Danilo Hernández Otaño como intendente interino hasta que haya un nombramiento oficial.

    “Cuando pedimos estabilidad laboral no pedimos contratos de 3 meses, ni un año, pedimos que pasemos a formar parte de planta del Estado porque no hay previsibilidad ni para nuestras familias ni para el propio sistema de incendios”, comenta Hernán respecto a los reclamos que están encabezando los y las brigadista, a los que se suman la falta de reconocimiento de su trabajo de alto riesgo y la falta de planificación de recursos que solo aparecen cuando hay una emergencia.

    En la cima de la montaña la perspectiva cambia, incluyendo las planificaciones. “Costó bastante el incendio”, comenta Hernán respecto a su experiencia participando en el combate. En aquellos días, su cartel que decía “nos vendieron humo y nuestro trabajo es de alto riesgo” se había convertido en parte del equipaje de los y las brigadistas que subían a la montaña todos los días sin saber con qué podrían encontrarse.

    Parte de su trabajo implicó acomodarse a las condiciones geográficas y meteorológicas que se presentaron en una emergencia de esta magnitud. “Si bien hay un plan de acción definido, es un día a día”, cuenta. No podían acceder a muchas de las zonas afectadas con las mangueras, o como les llaman ellos; las líneas de trabajo. por lo que tenían que cargar mochilas de agua y herramientas para hacer cortafuegos y así frenar el avance del fuego.

    Además del trabajo manual, también se contó con medios aéreos como aviones hidrantes para transporte de personal y descarga de agua, y el “anfibio” que operó cargando agua directamente del Lago Futalaufquen, pero que hasta mediados de enero no estaban disponibles sino que fueron contratados a empresas privadas.

    Al reclamo del cuerpo de brigadistas también se suma el de los pobladores locales afectados por el fuego y cansados de la falta de prevención ante incidentes de esta magnitud. Según ellos, se nota cierto abandono en la jurisdicción de Los Alerces: “No tenemos intendente, ni gente en la portada de acceso que reciba y controle a quienes entran. Incluso hay sendas que no se abren. Son muchas las cuestiones que hay que revisar”, dice Francisco Buduba, comunicador y fotógrafo de Esquel que participó en el combate junto a la familia Mermoud que fue afectada por el fuego.

    Francisco participó junto con la familia de su amigo en la ladera del cerro La Torta, donde se encuentran los Túneles de Hielo, el principal atractivo turístico de la zona. Allí se encuentra la hostería de los Mermoud “Quimé Quipán” y los vecinos de Rincón del Sol, quienes perdieron entre el 45 y 85% del campo con este incendio.

    “Además de visibilizar en redes, tuve la oportunidad de participar desde adentro porque conozco el campo de mi amigo y un lugareño que conoce los caminos fue de gran ayuda para las brigadas que venían de todos lados y que no conocían el parque. Hicimos un poco de logística para las brigadas, asistíamos con imágenes, hacíamos de observador yendo a un punto alto e íbamos diciendo como veíamos el incendio”, explica Francisco.

    Creditos: Lucía Guzmán

    Fue intencional

    Según el Consejo de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la República Argentina, el 95% de los incendios son producidos por la acción humana. Esto quiere decir que, si bien los factores climáticos inciden en la propagación de un incendio, como lo es la sequía y las temperaturas elevadas en verano, o el bajo porcentaje de humedad y los vientos fuertes, el principal propulsor de estos incidentes es el ser humano. Y aunque los entrevistados coinciden en que hay una intencionalidad detrás de este incendio, no hay pruebas que confirmen dicha hipótesis.

    “El saber qué finalidad hay detrás de todo esto es muy difícil. Es un trabajo que se tiene que encargar la justicia”, comenta Mario, jefe del departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) de Los Alerces respecto a la denuncia radicada por la jurisdicción del Parque Nacional Los Alerces para iniciar una investigación sobre quienes llevan a cabo estos incendios.

    Si bien descartan cuestiones inmobiliarias por tratarse de un Parque Nacional que no está contemplado en la Ley de Quema ni en la Ley de Bosques, es decir que los campos que se incendian no pueden venderse a sectores inmobiliarios, las hipótesis evidencian que se trata de un crimen organizado. Pero, ¿a quién beneficia entonces? ¿Quiénes ganan con este incendio (y tantos otros)?

    Para Hernan, más allá de encontrar culpables, la cuestión pasa por otro lado: “hay que trabajar en la prevención para que el accionar sea rápido y previsible, en profesionalizar la actividad, en distribuir mejor los recursos, y en tener en cuenta a la comunidad”.

    Tras un mes de intenso trabajo, desde el Comando Unificado intentan llevar un poco de tranquilidad a la comunidad de la cordillera chubutense. Pero los combates aún continúan, dejando el fuego atrás para seguir exigiendo al Estado una respuesta para los y las trabajadores precarizados. “Así como vamos a laburar, vamos a salir a reclamar por cuestiones que son esenciales para cualquier laburante, y exigir una planificación óptima y más previsible respecto a los incendios, que funcione para estas situaciones de emergencia”, comenta Hernán.

    Creditos: Francisco Buduba

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