Autor: Juan Feuillant

  • Cartografía de una interrupción: El cierre de la SISU

    Cartografía de una interrupción: El cierre de la SISU

    “El proceso de cierre de la Secretaría será llevado a cabo de manera ordenada y progresiva” comunicó el Gobierno Nacional hace un año. Una muerte anunciada pero sin una fecha exacta. Sin embargo hace tres semanas un mensaje de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) puso en alerta a todos sus trabajadores: Los contratos se renuevan solamente hasta el 28 de Febrero. A partir de esa fecha la Subsecretaría de Integración Sociourbana dejó de funcionar.

    Esta decisión implica el despido de más de 300 trabajadores y la paralización de centenares de intervenciones en barrios populares de todo el país. Ante la reestructuración administrativa, quedan en suspenso procesos de regularización dominial, adjudicaciones de lotes con servicios y obras de infraestructura básica que estaban en ejecución. Ante el cierre del Organismo, muchas familias se quedan sin una solución habitacional.

    Desde 2018, la SISU tenía a su cargo la implementación de la Ley 27.453,  aprobada con amplio respaldo legislativo, que estableció un marco para integrar urbana y jurídicamente a los barrios inscriptos en el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), una iniciativa conjunta de las organizaciones sociales, la Iglesia Catolica, y la ONG “Techo”. 

    Su tarea combinaba financiamiento, planificación técnica y articulación con provincias y municipios. En términos concretos: redes de agua y cloaca, apertura de calles, conexión eléctrica segura, mensuras y acompañamiento ante conflictos por la tierra.

    Entre 2019 y 2023 se ejecutaron más de 1.200 proyectos de urbanización en más de 1.000 barrios. El Programa Mi Pieza financió mejoras habitacionales directas y los programas PISU (Programa de Integración Socio Urbana) y PISUMV que se centra en el mejoramiento de vivienda —con crédito del BID (Banco Interamericano de Desarrollo)— fueron señalados entre los de mejor desempeño regional. 

    A principios de 2025 comenzó el proceso de desmantelamiento (habiendo eliminado el ProCreAr meses antes), con la excusa de “que la política de vivienda debe ser gestionada principalmente por las provincias, los municipios y el sector privado, reduciendo así la intervención del Estado Nacional en esta materia”. O así lo explicaron a través del Decreto 70/2025.

    Luego fue por el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU) que recibía aportes casi exclusivamente del impuesto PAIS (Impuesto para una Argentina Inclusiva y Solidaria), representando el 9% de la recaudación total, y también por única vez del “Aporte solidario y extraordinario” (a las grandes fortunas). 

    En aquel momento se definió el pase de la SISU, a cargo de Sebastián Pareja, y de la Dirección Nacional de Arquitectura, a la órbita de la Secretaría de Obras Públicas del Ministerio de Economía para encarar su cierre definitivo. El comunicado que informaba estos movimiento en Febrero de 2025 cierra de esta manera: “Gobierno Nacional está cambiando el modelo de la corrupción de sueños compartidos por el modelo del crédito privado y la libertad”. 

    Con el cierre quedan más de 700 obras detenidas, 20.000 lotes con servicios pendientes de adjudicación y miles de trámites de regularización dominial interrumpidos. En el territorio, esas cifras se traducen en calles abiertas sin concluir, conexiones demoradas y familias que vuelven a quedar en una zona gris entre la informalidad y el reconocimiento estatal.

    El episodio no inaugura la crisis habitacional argentina. Se inscribe en una historia más extensa, donde cada ciclo político ha definido de manera distinta quién puede acceder a la ciudad formal y bajo qué condiciones.

    El problema estructural: un resumen histórico

    Para hablar del problema habitacional en la Argentina nos tenemos que remontar a principios del siglo XX. Entre 1900 y 1930 el país vivió el auge del “gobernar es poblar” de Juan Bautista Alberdi. El modelo agroexportador, la Constitución de 1853 y la Ley Avellaneda trajeron oleadas de inmigrantes europeos. Las facilidades para el asentamiento agrícola no alcanzaron a quienes se quedaban en las ciudades portuarias.

    Así nacieron los conventillos en la zona sur de Buenos Aires: baños compartidos, hacinamiento, precariedad, y sus consecuentes enfermedades como la fiebre amarilla. La huelga de inquilinos de 1907 marcó la primera gran crisis social urbana. El ingreso desigual a la ciudad empezó a organizar jerarquías.

    Finalizando los años veinte, la caída del modelo agroexportador profundizó la crisis social. La llamada “Villa Desocupación”, en Retiro, fue una respuesta directa al desempleo masivo. Desde entonces, la informalidad dejó de ser excepción.

    La industrialización por sustitución de importaciones aceleró la migración interna. La industria crecía más rápido que las viviendas. A pesar de los organismos de crédito y las primeras políticas sistemáticas de vivienda obrera, el ritmo era inabarcable. Entre 1930 y 1955 la población urbana pasó del 62% al 70% del total. El Área Metropolitana de Buenos Aires absorbió buena parte del impacto, la ciudad desbordaba hacia los márgenes.

    Vivienda como derecho

    El peronismo cambió el paradigma: ejecutó la primera política pública de vivienda a gran escala creando barrios obreros, generando condiciones económicas para el acceso al crédito hipotecario y planificando un programa habitacional a mediano plazo. Se estima que se construyeron alrededor de 500.000 viviendas, integrando a 2,5 millones de personas al acceso formal a la casa propia. El derecho a la vivienda quedó inscripto en la Constitución de 1949 como parte del bienestar social, el acceso efectivo a las condiciones básicas junto a la salud, la educación y el  trabajo, que posibiliten un proyecto de vida digno.

    Aun asi, el crecimiento demográfico urbano superó la oferta, pocos meses después del derrocamiento del gobierno, los habitantes de villas aun representaban el 2% de la población.

    Para 1960 ya había más de 100.000 personas viviendo en villas del Gran Buenos Aires, y diez años después, más del doble. La palabra “emergencia” comenzó a utilizarse con liviandad. Pero el tiempo la convirtió en estructura.

    Federalizar el financiamiento

    En 1972, todavía bajo un gobierno de facto, se creó el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI). La idea era sencilla y ambiciosa a la vez: establecer un mecanismo permanente de financiamiento para la construcción de viviendas sociales en todo el país. Ya no depender exclusivamente del impulso coyuntural de una gestión, sino dotar al sistema de una fuente estable de recursos.

    El FONAVI permitió, durante décadas, la construcción masiva de conjuntos habitacionales en las provincias, federalizando la política de vivienda. Fue un intento de institucionalizar lo que hasta entonces había sido episódico: darle continuidad a la intervención estatal en el acceso a la casa propia.

    Pero la herramienta financiera no resolvió el problema estructural del suelo urbano ni evitó la segregación territorial. Muchos conjuntos quedaron emplazados en periferias sin infraestructura completa, reproduciendo otras formas de fragmentación económica, social y cultural que aumentan la desigualdad. Por ejemplo: la reducción de los espacios de socialización, que provoca una formación de fronteras sociales y disminución de las oportunidades de interacción entre personas de diferente origen socioeconómico.

    Barrer debajo de la alfombra

    La dictadura de 1976 impulsó un plan explícito de erradicación de villas mediante desalojos forzados. El objetivo: limpiar visualmente la ciudad y desplazar población hacia la periferia. sin políticas integrales de contención, aumentando de esta manera, la segregación. En materia económica, Martínez de Hoz desreguló el mercado inmobiliario y consolidó la dolarización de los inmuebles, que continúa hasta estos días. 

    La crisis económica posterior durante el alfonsinismo, caracterizada por la hiperinflación y el deterioro salarial incrementaron los asentamientos en el conurbano. La restricción fiscal se volvió argumento recurrente para la inacción en cuanto a política habitacional.

    El menemismo profundizó la desregulación, el desempleo y la precarización con el aval del histórico movimiento justicialista. La vivienda quedó crecientemente subordinada al mercado y las villas no hacían más que crecer. De 1974 a 2001 la pobreza trepó del 5% de los hogares al 21% del Gran Buenos Aires, la tendencia en el resto del país fue similar según un informe del CEPAL.

    Reconstrucción y crédito

    Tras la crisis de 2001, la vivienda volvió a convertirse en una promesa lejana. Sin salario estable ni crédito, el acceso formal a la casa propia parecía clausurado. El ciclo iniciado en 2003 buscó revertir ese escenario desde una premisa básica: sin empleo y recomposición del ingreso, no hay política habitacional que alcance.

    El Plan Federal de Vivienda reactivó la construcción masiva en todo el país, retomando la lógica del Estado como motor de obra pública y dinamizador económico. La vivienda volvía a ser ladrillo y trabajo, integración y mercado interno.

    En 2012, el PRO.CRE.AR intentó recuperar algo que la crisis había erosionado: el crédito hipotecario como herramienta de movilidad social. Con respaldo estatal, miles de familias accedieron a préstamos para construir o comprar. Era la posibilidad de planificar a largo plazo en un país acostumbrado a la incertidumbre.

    Al mismo tiempo comenzó a consolidarse un cambio de mirada sobre los barrios populares: integrar antes que erradicar. La ciudad informal ya no era solo un problema a desplazar, sino un territorio a reconocer y urbanizar.

    Sin embargo los límites estructurales —suelo caro, mercado dolarizado, dependencia macroeconómica— persistieron. Pero durante esos años la vivienda volvió a pensarse como derecho operativo y como pieza central de un proyecto de inclusión. Una ciudad concebida, al menos en intención, como espacio de integración antes que de exclusión.

    Hoy

    Argentina enfrenta hoy un déficit habitacional que supera los 3,2 millones de viviendas. Más del noventa por ciento de la población vive en ciudades y una proporción significativa se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El problema no se limita a la cantidad de unidades faltantes: incluye calidad constructiva, acceso al suelo, infraestructura, transporte y estabilidad en la tenencia. La cuestión urbana es, desde hace más de un siglo, una cuestión de organización social del espacio.

    A lo largo del siglo XX, la vivienda fue concebida alternativamente como derecho social, como instrumento de política económica y finalmente como mercancía sujeta a las reglas del mercado inmobiliario, con contenciones marginales respecto a la gravedad del problema. 

    Si es sólo mercancía, el acceso depende del ingreso. Si es derecho, exige planificación estratégica, financiamiento estable y continuidad institucional. Cada enfoque dejó una huella territorial visible: barrios obreros integrados al tejido urbano, conjuntos periféricos con servicios incompletos, asentamientos consolidados al margen de la formalidad, procesos de integración que buscaron recomponer esa fractura. La forma de la ciudad nunca fue neutral; respondió a decisiones sobre financiamiento, planificación y regulación del suelo. De resolverse no basta con decisiones aisladas.

    El cierre del SISU se suma a esa secuencia, interrumpe una herramienta destinada a integrar sectores ya asentados en el territorio urbano. La experiencia histórica muestra que cuando la intervención estatal pierde continuidad, la expansión informal tiende a ocupar ese vacío, allí se ven los resultados de las ciudades que se ordenan únicamente por inercia económica en un país semiperiférico. En cambio un entorno funcional y sostenible,  que resulta en una mayor cohesión social y bienestar requieren planificación sostenida y reglas estables sobre el uso y la función social del suelo.  No se trata sólo de pagar cuotas o construir ladrillos, sino de decidir qué ciudad queremos que sobreviva.

    Los expedientes cambiarán de dependencia administrativa y los equipos técnicos dejarán sus oficinas. En los barrios, en cambio, la demanda de infraestructura, regularización y servicios seguirá presente. La historia urbana argentina demuestra  una disputa persistente por el acceso al espacio común, como consecuencia la política pública no se anticipa, llega tarde. Cada interrupción configura esa disputa y deja una marca que, con el tiempo, vuelve a hacerse visible en el mapa y en la vida de los argentinos.

  • Mega DNU: ¡Se venden tierras argentinas!

    Mega DNU: ¡Se venden tierras argentinas!

    Mega DNU

    El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023 dictado por el presidente Javier Milei recopila medidas que nos llevan inevitablemente a la década del 90, y que aún  traen consecuencias. 

    El artículo 154 declara la derogación de la Ley 26.737, conocida como ley de tierras, que regulaba la adquisición y posesión de tierras a personas físicas y jurídicas extranjeras.

    De esta manera se pone en juego (o a la venta) los recursos naturales de todo el territorio nacional; zonas clave de producción agropecuaria, recursos mineros (reservas de litio o glaciares), e  inclusive cuerpos de agua. 

    ¿Qué es la ley de tierras?

    Tras el proceso de extranjerización de los años 90’ y décadas de lucha de organizaciones sociales, políticas y vecinales, fue finalmente sancionada en 2011 la ley 26.737, que  limitaba la titularidad del dominio o posesión extranjera a 15%  de  tierras rurales en el territorio nacional. El porcentaje era también computable  “sobre el territorio de la provincia, municipio, o entidad administrativa equivalente en que esté situado”. 

    A su vez un mismo titular extranjero no podía superar el 30% del mencionado 15%, ni 1000 hectáreas en la zona agrícola núcleo, es decir, las zonas más productivas designadas por el Consejo Interministerial de Tierras Rurales. 

    La regulación se extendía a la prohibición de titularidad extranjera de territorios ribereños de cuerpos de agua de envergadura y permanentes; como también los inmuebles ubicados en zonas de seguridad de frontera.

    DNU: “Vendo Vendo, todo”

    La superficie extranjerizada actualmente es de 16.253.279 hectáreas, representando el 6,09% del territorio nacional rural (266.707.361 ha.) 

    Ese porcentaje podría incrementarse sin límite alguno, habilitando la entrega del control a las bocas de acceso de agua dulce, como sucede con el “Lago Escondido” donde el empresario inglés Joe Lewis- dueño de las tierras desde 1996- bloquea su paso.

    La derogación de la ley de tierras habilitaría también la venta legal de territorios ribereños como el Río Paraná, teniendo así total dominio sobre las partes o la totalidad de corredores fluviales; hoy canales para exportación con gran relevancia geopolítica. (relacionado: El rio Parana y un reclamo de soberania)

    Diversas organizaciones políticas, ambientales, y aquellas identificadas  con la defensa de la soberanía nacional se han pronunciado al respecto. El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) presentó una acción de amparo por la que se solicita se declare la inconstitucionalidad y nulidad absoluta del artículo 154.

    El abogado patrocinante del CECIM, Jerónimo Guerrero Iraola, declaró “la derogación de esta Ley atenta contra derechos fundamentales e implica un daño irreparable al pueblo argentino al liberar el mercado de tierras y habilitar la extranjerización de la tierra” y agregó: “se trata de dinámicas latifundistas que ponen en crisis los principios de integridad territorial y la soberanía nacional, condicionando no sólo la disponibilidad y disposición del suelo argentino, sino también, los ojos y/o cursos de agua dulce”.

    “Estamos asistiendo a la vocación de permitir, mediante la supresión del ordenamiento jurídico de orden público vigente, la extranjerización de la tierra, el despojo soberano, ahora por mera voluntad unipersonal del Ejecutivo” y apuntó “si la usurpación británica de 1833 nos genera indignación visceral, pensemos qué debe generarnos y cómo nos sentimos frente a este artículo 154 del Decreto 70/23 que, materialmente, implica poner un cartel de VENTA a nuestra Patagonia, a nuestros campos, a los cursos de agua, a los ojos de agua”.

  • Efluentes cloacales: de residuo contaminante a insumo productivo

    Efluentes cloacales: de residuo contaminante a insumo productivo

               ¿Alguna vez te preguntaste adónde va lo que se deposita en el inodoro? Se estima que entre un 15% y un 20% de la red cloacal es tratada en plantas. El resto es arrojado en  ríos, lagos y arroyos. La salud humana y ambiental corre peligro al estar rodeado de cursos de agua contaminados por residuos cloacales.

    En distintos municipios e instituciones existen proyectos sobre tratado de lodos cloacales que no solo evitan contaminar ríos, lagos, y el agua que tomamos, sino también, mediante modelos de economía circular y la aplicación de tecnologías ambientales sanas, los residuos orgánicos- peligrosos- pueden transformarse en abono útil y seguro para producir y regenerar.

    De problema a solución. De residuo peligroso a producción. En el camino: empleo, salud y cuidados ambientales.

     

    Experiencias de mierda

               El tratamiento de residuos cloacales en Argentina es totalmente desigual. Según el Ministerio de Obras Públicas el 63% de la población urbana cuenta con cloacas, mientras que el Registro Nacional de Barrios Populares  (RENABAP) estima que en las barriadas solo el 2,5% accede a la red cloacal. Las alternativas para la población marginada de este servicio son soluciones individuales más costosas y menos seguras como pozos ciegos, cámaras sépticas, biodigestores y baños secos en menor medida. 

    La cloaca es la solución más apropiada en términos de sanidad para evitar riesgos de enfermedades, siendo un servicio esencial para la salud pública. Pero no es la solución final, porque el ciclo no termina allí: el sistema cloacal transporta los residuos en el mejor de los casos (entre un 15% y un 20%) a plantas de tratamiento, y en el peor (la mayoría de los casos) se arroja sin tratar a distintos cursos de agua. Sus consecuencias para la salud humana son varias.

    En un informe publicado por Joaquín Navarro, Dr. en Ciencias Biológicas y profesor de la Cátedra de Problemática Ambiental de la Universidad de Córdoba, detalla la gran variedad de bacterias entéricas, virus, hongos microscópicos, parásitos intestinales que pueden encontrarse en los residuos cloacales. Estos generan en las personas trastornos que van desde fiebre, debilidad, náuseas, retortijones, vómitos y calambres, hasta enfermedades entéricas y pulmonares graves, afecciones intestinales, entre otras.

    En el Río de la Plata por ejemplo la presencia de cianobacterias en el agua ha provocado restricciones para el consumo del agua de red en la ciudad de La Plata en reiteradas ocasiones. La más reciente  en el verano del 2022. Esto se explica en cierta medida por la presencia de residuos cloacales sin tratamiento, y las altas temperaturas.

     

    Nadando aguas negras: caso Chascomús y Cuenca Matanza-Riachuelo

           El vertido directo, es decir; sin tratar, no solo afecta la salud sino que también puede traer diversas consecuencias ambientales, como la proliferación de algas, la mortandad de peces por falta de oxígeno, olores nocivos en los cuerpos de agua naturales, y otras incontables consecuencias directas e indirectas.

    En un estudio del CONICET realizado por el investigador Gustavo Somoza en 2020, se hallaron hormonas humanas en el arroyo Girado de Chascomús donde son arrojados los líquidos cloacales del municipio. Este arroyo conecta la laguna de Chascomús con el sistema de lagunas encadenadas que desembocan en el Río Salado y luego en el Río de la Plata.

    En el estudio precisan que la exposición de la fauna a fármacos no metabolizados por el cuerpo humano presentes en los residuos cloacales  “podría ocasionar alteraciones sexuales en los peces de la laguna” y consecuentemente afectar su reproducibilidad. 

    Más arriba de la provincia, en la Cuenca Matanza-Riachuelo, por día se vuelcan al río 192 mil m3 de vertidos cloacales, según los monitoreos y análisis de las autoridades del lugar. El equivalente a 9600 camiones atmosféricos. Se trata del Río más contaminado de América siendo un 80% contaminantes de efluentes cloacales y entre un 20 y 30% industriales.

    La Cuenca que se extiende por 2.250 km. cuadrados aloja a 5.000.000 residentes. Un 13% de la población total del país. De ese número de personas, más de la mitad carecen de acceso a un sistema de cloacas, una tercera parte carece de acceso a agua potable, y 500.000 residen en asentamientos sumamente precarios sobre el margen del río. Dicho lugar recibió durante 100 años las cloacas de la ciudad de Buenos Aires. 

    La alarmante situación llegó como demanda ante la Corte Suprema de Justicia conocida como “Causa Mendoza”, iniciada por el reclamo de un grupo de vecinas y vecinos de Villa Inflamable, en Avellaneda, que en 2004 demandaron al Estado Nacional, la provincia de Buenos Aires, CABA y 44 empresas por su derecho a un ambiente sano.

     

    El abono para las flores de la plaza: Compostaje de lodos cloacales

               En Mar del Plata existe una propuesta sustentable para los lodos cloacales: el compostaje. Se trata de un modelo de economía circular y tecnologías ambientales sanas propuestas por distintas instituciones y municipios que consiste en un proceso biológico que – bajo condiciones controladas- permite transformar los residuos orgánicos en abono útil y seguro.

    “Lo que hacemos nosotros con el compostaje es cerrar el ciclo de la tierra, de la materia orgánica” cuenta la ingeniera química Elizabeth Peralta en diálogo con DLR. Y resalta el concepto  de reutilización en el compostaje que “pasa de un residuo orgánico que se convierte en una enmienda, en un nuevo producto. Por eso de los barros cloacales se obtiene una enmienda orgánica, la cual se le brinda al vivero municipal de la ciudad para hacer diferentes plantaciones en el municipio”, explica la profesional.

    El proyecto lo desarrolla Obras Sanitarias (OSSE), una empresa sociedad del Estado única en tamaño de infraestructura en el país, con alrededor de 800 empleados. Osse depende del Concejo Deliberante y posee presupuesto independiente del municipio. Esto le permitió a Elizabeth, quien se hizo cargo de la planta en 2002, llevar a cabo las etapas necesarias para que el proyecto de compostaje de lodos cloacales sea una realidad.

    La experiencia de Mar del Plata resultó un gran precedente en términos de manejo sustentable de residuos cloacales, tal es así que representantes de una gran cantidad de provincias y municipios del país se han interesado en ella a través del COFES (Consejo Federal de Entidades de Servicios Sanitarios). Este organismo nuclea a todas las empresas de saneamiento del país y motiva a que más empresas se vayan sumando a la iniciativa.

    compostaje de lodos cloacales
    imagen de elcronista.ar

    Otra experiencia reciente está en Chascomús. En 2007 junto al BID (Banco Interamericano de Desarrollo) se realizó un estudio para la regeneración ambiental de la laguna al identificar las amenazas que tenía el municipio desde el punto de vista ambiental. “Ese lugar es nuestro símbolo en Chascomús” dice a este medio Ricardo Miccino, Director de Desarrollo Sustentable del partido.

    El proyecto se encuentra en etapa piloto por lo cual solo se está utilizando en zonas reservadas hasta asegurarse que esté libre de patógenos y así poder utilizarlo en otros lugares. La innovación de esta experiencia respecto a otras en el país es la incorporación de residuos municipales verdes (como el chipeado de la poda) y  residuos de barrido (hojas secas, etc). 

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    Ricardo no cree en las soluciones definitivas. “Siempre todas las soluciones son múltiples y con múltiples facetas”. Por eso vincula el compostaje domiciliario a la cuestión cloacal, que fue lo que abrió la puerta a la idea. “El residuo cloacal es material orgánico”, dijo Miccino, “pero a diferencia de otros residuos orgánicos si no es tratado es contaminante”, afirmó.

    El valor agregado es poder transformar lo indeseable en insumos para procesos productivos: como abonos o enmiendas en cultivos y pasturas o plantaciones forestales. Elaboración de elementos para la construcción (ladrillos), o su utilización como material combustible para recuperación de energía. Para recuperar suelos degradados en proceso de desertificación o pérdida de cobertura vegetal; para restaurar paisajes; para recuperación de áreas que fueron sometidas a extracción minera u obras de infraestructura; entre otros, de acuerdo a información de OSSE.

  • Ley de humedales, el precedente misionero

    Ley de humedales, el precedente misionero

    La expansión del negocio inmobiliario, el avance de la frontera agrícola y la extracción indiscriminada de agua, son algunas de las amenazas que ponen en riesgo la existencia de humedales. Dichos ecosistemas forman parte de los principales reclamos de sectores ambientalistas, asambleas vecinales, y organizaciones sociales y políticas. Misiones es la primer provincia en lograr una Ley de Humedales, convirtiéndose en un precedente en materia ambiental argentina, y que espera ser el impulso para una definitiva Ley Nacional.

    Hace dos meses la cámara de diputados de Misiones aprobó de manera unánime la sanción de la Ley de Humedales, reglamentada el 9 de junio pasado. La misma propone un “marco regulatorio para la preservación, conservación, defensa y desarrollo de los humedales que protegen y contribuyen a mantener el equilibrio del ecosistema a partir de los servicios ambientales que brindan para la riqueza natural” de la Provincia. 

    Se trata de la primera normativa que regula dichos ecosistemas en nuestro país, continuando con la tradición pionera de leyes ambientales que caracteriza a la provincia del noreste. Esta vez marcando el precedente en una problemática ambiental que toma cada vez mayor relevancia a nivel nacional y regional.  

    Los humedales son zonas inundadas de manera permanente o temporal, ecosistemas imprescindibles y muy variados que según estadísticas ocupan el 22% de la superficie argentina. Cumplen funciones irreemplazables como la absorcion de excedentes hídricos, regulando su balance en épocas de sequía, como también almacenamiento grandes cantidades de carbono.

    Julio “Chun” Barreto, diputado provincial que impulsó la ley, comentó que “El Estado está poniendo el límite para respetar estos pequeños cursos de agua y sus bajas protectoras”, al mismo tiempo agregó que la misma  “ya tiene su reglamento para proteger a los recursos que son destruídos ante el avance del monocultivo”, dijo el funcionario a DLR

    Si bien desde su aprobación, la aplicacion no es mediata, Barreto asegura que “será un trabajo largo, que va a necesitar la colaboración de todos los municipios, intendentes y toda la gente”. Al mismo tiempo, trabajará junto al Ministerio de Ecología para “una plena implementación de la ley”.

    Misiones: la vanguardia ambiental 

    Organizaciones ambientalistas marchan en CABA. La consigna de su bandera es "Justicia ambiental es Justicia Social"
    Foto: Pedro Ramos

    Para entender por qué fue Misiones la provincia que se anticipó a todo el país, es necesario destacar que ese territorio limítrofe con Paraguay y Brasil conserva la mayor reserva de biodiversidad del país, y una de las más importantes del mundo. En términos técnicos es considerada provincia acreedora ambiental con el Bosque Atlántico del Alto Paraná como valuarte ecosistemico. Por eso un tercio de su superficie se  encuentra  bajo  alguna  categoría  de  conservación.  Lo  que provocó el interés de diversas agencias, ONGs e instituciones por desplegar en esta región programas de preservación y desarrollo. 

    Barreto, adjudica la necesidad de la Ley de Humedales a “una vocación de los misioneros de cuidar lo nuestro”. Algo de eso hay según Raimundo Elías Gómez y Brián Germán Ferrero, doctores en antropología social de la Universidad Nacional de Misiones, quienes ubican en sus trabajos académicos los antecedentes por cuidar la biodiversidad misionera en la década del 80. 

    Hasta aquel momento, el espacio selvático no era más que una barrera para el progreso. “Cuando la frontera agraria estaba terminando de ocupar las tierras fiscales con selva y se fortalecía la industria forestal, la imagen de los productores se comenzó a transformar, se puso en discusión la relación de éstos con la naturaleza” dice Ferrero. Durante los años 80’ comenzó a delimitarse el espacio selvático con el objetivo de ser conservado. Sin embargo, el cambio de paradigma fue brutal; un sector ambientalista conformado por el Estado provincial y ONGs conservacionistas, adoptaron un rol de crisis apocalíptica impulsando medidas prohibicionistas. Crearon Áreas Protegidas estrictas, donde no se permitía o se restringía el paso a las personas. 

    Sin embargo el conservacionismo fue desbancado en todo el mundo por sus consecuencias contraproducentes, ¿Por qué? Es sencillo, no puede pensarse a los territorios ajenos a las personas. En el caso de Misiones, fundamentalmente debe considerarse la presencia de pueblos indígenas en la selva, como también la relación de las personas con el ambiente. Esta perspectiva se vio materializada en leyes de promoción, y educación del cuidado del medio ambiente a partir de los 90’.

    Paralelamente en aquella década y a contramano del movimiento ambiental, comenzó a desarrollarse actividad forestal a gran escala acorde a las políticas neoliberales de Carlos Menem a nivel nacional y con Ramón Puerta, gobernador de la provincia de Misiones de 1991 a 1999. La consecuencia fue la extranjerización y  concentración en la propiedad de la tierra: “la utilización de un modelo de monocultivo de árboles exóticos con fuerte impacto ambiental y escasa generación de empleo”, explica el antropólogo Alejandro Oviedo, doctor en Estudios Sociales Agrarios.

    La concentración  de tierras aumenta en el país incesantemente desde hace décadas;  según el registro de Tierras Rurales de la Nación, casi el 40% del territorio argentino es propiedad de 1200 terratenientes. En tanto, casi un 40 % de los pobladores de la República Argentina (cerca de 18 millones de personas de un total de 55) no tienen acceso a tierras o vivienda propia. 

    En ese sentido la provincia del noreste, marca la diferencia, teniendo una de las tasas más altas de población rural dispersa. El último censo realizado en 2010, dio un 26.3%, mientras que el promedio nacional es del 10%. El dato refleja la posibilidad de un cambio de paradigma de producción agraria, y del acompañamiento de políticas públicas tendientes al cuidado del ambiente, por ser dichos actores una gran parte de la población misionera que depende directamente del ambiente. 

    Una mirada desde el territorio

    Foto: Pedro Ramos

    Daniel Villanueva vive en Gobernador Roca, una localidad pequeña del departamento de San Ignacio que él define como “la verdulería de la provincia de Misiones”. Integra un colectivo ambiental llamado “Movimiento Ojo de Agua” desde el año 2012, donde trabajan la agroecología desde el 2015. 

    Gobernador Roca es un polo productivo fundamentalmente de hortalizas, donde se produce de modo convencional. Allí el colectivo identificó algunos problemas, entre ellos el principal: un excesivo uso de insumos externos para producir. “No conocen otro sistema” comenta Daniel. A partir de ello se propusieron capacitar a productores/as y acompañar la transición hacia la agroecología desde una mirada propositiva. “Es parte de un cambio de mentalidad. Hay que entrar por la capacitación no a través de la denuncia”, explica.

    El otro problema tiene que ver con la introducción de árboles exóticos, como se ha mencionado: “Acá tenemos como el cerro de los siete colores, pero con verde; el del bosque nativo y el del monocultivo. Muchas veces no se nota bien de qué lado proviene el verde”.

    Desde esa mirada crítica acompaña cualquier ley que contribuya al cuidado del ambiente, sin embargo encuentra vastos inconvenientes en su aplicación. Comenzando con la actividad que desempeña el colectivo sin la intervención del gobierno provincial. Un ejemplo de eso: la Ley de Fomento a la Producción Agroecológica, que sigue aún sin reglamentación. “Podemos hablar de otras leyes que están en vigencia en Misiones que lastimosamente por su falta de reglamentación o presupuesto no son de pleno cumplimiento” dice Daniel y lo atribuye a la mala planificación o la falta de consulta a los sectores sociales. 

    Entre la basta cantidad de leyes en la provincia se encuentran: la Ley de Bosques (Nº 854), Ley de Conservación de la Fauna Silvestre (Nº 1.279), Ley de Áreas Naturales Protegidas (Nº 2.932); Ley de Agrotóxicos (Nº 2.980), Ley Conservación y Aprovechamiento Sostenible de la Diversidad Biológica y sus Componentes, Bosques Protectores Y Fajas Ecológicas (Nº 3.337), Ley  de Educación Ambiental (Nº 4.182 ), entre otras.

    En cuanto a la Ley de Humedales precisamente propone profundizar en causas como el monocultivo, que también es aplicado por pequeños y medianos productores. “Uno de los ambiciosos fines de la ley es regular esas actividades que son los famosos disecantes del suelo” como el pino, eucalipto, o el aguacate. “A causa del desmonte, plantan pino hasta la orilla de las cuencas hídricas” afirma Daniel.

    Hasta ahora la aplicación halla el problema en el método. “Hay que explicarle a los vecinos que si dejaron de tener agua, es porque el vecino de allá arriba desmontó”, menciona el activista. “Hay que enseñar que el pino es disecante, al igual que el monocultivo”, agrega. La propuesta es esencialmente propositiva, porque por más ley que sancionen, el cambio de comportamiento humano no se modifica prohibiendo.