Autor: Dialogue Earth

  • En Colombia, las mujeres cambian el cultivo de coca por la piscicultura

    En Colombia, las mujeres cambian el cultivo de coca por la piscicultura

    Artículo original escrito por Iñigo Alexander para Dialogue Earth

    La selva amazónica del sur de Colombia se extiende exuberante y verde en el horizonte, pero bajo su denso follaje se esconde una realidad cambiante. La provincia de Putumayo ―una remota región fronteriza con Ecuador, en los bordes de la Amazonía colombiana― ha estado dominada durante mucho tiempo por las plantaciones de coca y bajo la persistente sombra del conflicto armado del país.

    Con su terreno fértil para la coca ―materia prima de la cocaína―, la remota zona ha fomentado una red de actividades ilegales que impulsa tanto las economías locales como la violenta dinámica de los grupos armados que se disputan el control.

    Para muchos en Putumayo, la coca ha seguido siendo un pilar económico, un ingreso garantizado en un lugar donde las alternativas legales son escasas, la infraestructura es limitada y la presencia del Estado es intermitente en el mejor de los casos.

    En las últimas décadas, los sucesivos gobiernos nacionales han intentado frenar el cultivo de coca, pero los esfuerzos de erradicación han tenido un éxito limitado y la producción aumentó en 2023.

    El costo humano y medioambiental de este cultivo ilícito es enorme: los homicidios, las continuas violaciones de los derechos humanos, la explotación infantil, la deforestación, la degradación del suelo y la contaminación del agua dejan cicatrices duraderas en el tejido social del Putumayo, así como en su exuberante ecosistema, amenazando la biodiversidad de la Amazonía.

    En medio de este paisaje, un pequeño grupo a las afueras de la ciudad de Puerto Caicedo ha trazado un rumbo diferente. La Asociación de Mujeres Piscicultoras y Productoras Agropecuarias El Progreso (ASOPPAEP) es un colectivo de mujeres ex cultivadoras de coca que están orientando sus recursos hacia una alternativa legal y más ecológica: la piscicultura.

    “Antes teníamos una mayor fluidez económica, pero vivíamos con el miedo de saber que era algo ilícito, que si te encontrabas con el ejército o con un grupo armado iba a ser un problema”, cuenta a Dialogue Earth Aura Ruiz, representante de la ASOPPAEP, mientras permanece a la sombra junto a una de las numerosas piscinas del colectivo.

     

    Miembros de ASOPPAEP, un colectivo de mujeres piscicultoras en Putumayo, Colombia, toman un descanso (Imagen © Duber Rosero / WWF Colombia)

    Las doce miembros del grupo limpiaron su terreno de las plantaciones de coca que antes salpicaban las colinas de la zona. Donde antes florecía la coca, ASOPPAEP explota ahora una serie de estanques de piscicultura que albergan miles de peces tambaqui y tilapia, y producen casi 4.000 kilos cada seis meses.

    “Ahora podemos cultivar nuestros productos sin que ninguna ley o entidad nos lo impida. Nos fortalece, nos da tranquilidad y, además, sabemos que estamos contribuyendo a la economía familiar”, explica Ruiz.

    El costo medioambiental de la coca

    El rico suelo del Putumayo y su ubicación aislada lo hacen ideal para las plantaciones de coca. Aunque la coca ha sido una fuente de ingresos vital para las comunidades rurales a falta de otras opciones, el costo medioambiental es devastador. Los campesinos talan franjas de selva tropical para hacer sitio a las plantas de coca, despojando la tierra de vegetación autóctona y de las especies que dependen de ella, intensificando así la deforestación en la zona.

    “El cultivo de coca es a menudo una economía de subsistencia, que atrae la violencia de los grupos armados y las duras medidas represivas del Estado”, afirma Bram Ebus, consultor del grupo de expertos International Crisis Group. “No podemos afirmar que las plantaciones de coca enriquezcan a las comunidades locales o que sean realmente deseadas por ellas, pero debido a la falta de otros medios de subsistencia, la gente se ve a menudo obligada a participar porque necesita llegar a fin de mes”.

    El acaparamiento de tierras e industrias como la ganadería también contribuyen en gran medida a la deforestación en toda la región, y se sabe que tienen vínculos con economías ilícitas y con los grupos armados presentes en la zona.

    Además, la transformación de la coca en cocaína libera sustancias químicas tóxicas, que a menudo se vierten en los ríos y arroyos cercanos, envenenando las fuentes de agua de la zona.

    Para las comunidades del Putumayo, la deforestación y la contaminación asociadas al cultivo de coca significan algo más que un daño medioambiental: señalan la erosión de recursos locales fundamentales para su supervivencia.

    Una niña corre bajo la lluvia en la Amazonía colombiana. Muchas zonas boscosas del país son extremadamente remotas y están controladas por grupos armados, lo que dificulta la prestación de servicios estatales básicos (Imagen: N. Mazars / European Civil Protection and Humanitarian Aid, CC BY NC ND)

    En este contexto, la apuesta de ASOPPAEP por la piscicultura sirve como alternativa sostenible que no requiere la destrucción de bosques y da lugar a niveles más manejables de residuos químicos. A través de la acuicultura, se está creando un nuevo modelo de uso de la tierra que da prioridad a la salud ecológica al tiempo que ofrece una fuente de ingresos viable a las familias rurales.

    “Intentamos aprovecharlo todo para ayudar a conservar la naturaleza, los árboles y el agua. Queremos proteger sin destruir ni arrasar con todo, porque sabemos que el Putumayo es parte de la Amazonía y, por lo tanto, también parte de los pulmones del mundo”, dice Ruiz.

    La cooperativa es consciente del impacto que su trabajo tiene en el medioambiente circundante, y afirma haber puesto en marcha protocolos para limitar sus residuos y maximizar las oportunidades de producción. Sus miembros reutilizan las escamas de pescado para producir colágeno y convierten las vísceras en abono orgánico para los cultivos de la zona.

    Aprovechando al máximo sus recursos, los miembros de ASOPPAEP intentan minimizar su impacto medioambiental, con el objetivo de establecer una economía circular que beneficie tanto a la comunidad como a la tierra. Al dar prioridad a la autosuficiencia y a los ingresos legales, están desafiando el dominio económico de la coca en el Putumayo y dando una oportunidad de recuperación al dañado medio ambiente de la región.

    Una batalla cuesta arriba

    Sin embargo, la piscicultura no está exenta de dificultades. El trabajo conlleva un alto grado de riesgo financiero, y la ASOPPAEP no puede pasar totalmente por alto los riesgos de seguridad inevitablemente entrelazados con el trabajo rural en una zona como el Putumayo.

    “En la transición hacia una economía que mejore la conservación de la biodiversidad, no existe una fórmula mágica”, explica a Dialogue Earth Luz Ángela Florez, coordinadora de la región amazónica de WWF Colombia. “En términos de alternativas económicas, no hay ninguna que iguale los ingresos producidos por la coca. Las transiciones para dejar la coca siempre estarán relacionadas no con un tema económico, sino con una cuestión de riesgo”.

    Además, la cooperativa se basa en un ciclo de producción de seis meses durante el cual las poblaciones de peces maduran antes de poder ser cosechadas y vendidas.

    Esta prolongación de los plazos significa que los miembros a menudo buscan ingresos suplementarios a través de la agricultura a pequeña escala u otros trabajos secundarios para cubrir los gastos entre cosechas. La cooperativa también ha tenido dificultades para acceder a mercados más grandes, ya que la infraestructura rural del Putumayo sigue estando subdesarrollada, lo que limita su capacidad de ampliación.

    El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS) del gobierno colombiano, introducido en 2017, fue diseñado para ayudar a los agricultores en la transición de la coca a alternativas legales. Sin embargo, su aplicación ha sido inconsistente, dejando a muchas comunidades sin los recursos que necesitan para romper con la economía ilícita.

    “En esta región amazónica periférica históricamente hay menos, o ninguna, presencia estatal”, explica Ebus. “Si nos fijamos en el Putumayo, descubrimos que tiene que haber una estrategia regional para aumentar la seguridad de las poblaciones amazónicas y los ecosistemas que habitan, pero no desde una perspectiva militar, porque, especialmente en el Putumayo, una mayor presencia militar significa un aumento de las violaciones de los derechos humanos”.

    En este vacío, iniciativas locales como la de ASOPPAEP han surgido como ejemplos de las posibilidades que ofrece la acción dirigida por la comunidad, incluso en zonas donde el apoyo gubernamental es limitado.

    Pero Flórez ofrece una nota de cautela: “Para promover la transición a otras economías, debe haber una forma de minimizar el riesgo que asumen las comunidades rurales cuando deciden pasar de la coca a otro medio de vida”.

    En el futuro, ASOPPAEP también espera utilizar sus tierras para cosechar otros cultivos, como frutas y verduras, e incluso está considerando desarrollar un proyecto de ecoturismo local en sus tierras.

    “Estoy muy enamorada de la piscicultura”, dice Ruiz. “Aunque a veces la recompensa económica ha sido muy baja, es algo que hay que mantener en el tiempo porque es un trabajo muy bonito y nos ha enseñado a tener nuestra propia autonomía. No pienso volver atrás”.

  • COP29: América Latina busca más fondos climáticos en medio de tensiones

    COP29: América Latina busca más fondos climáticos en medio de tensiones

    Artículo publicado originalmente en Dialogue Earth por Fermín Koop

    La primera semana de negociaciones en Bakú se caracterizó por la escasa participación de los líderes, la retirada de Argentina y las diferencias entre las exigencias de los bloques sobre un nuevo objetivo de financiación

    La COP29, la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático, comenzó esta semana en Bakú, Azerbaiyán. En medio de olor a petróleo de las refinerías en la ciudad, representantes de casi 200 países tratarán de acordar una nueva meta para financiar la reducción de emisiones y la adaptación al cambio climático en todo el mundo.

    En 2009, los países desarrollados acordaron que para 2020 movilizarían colectivamente 100.000 millones de dólares anuales para apoyar la acción climática de los países en desarrollo, un objetivo que no se cumplió hasta 2022, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) .

    El nuevo objetivo que los países pretenden adoptar en la COP29 reemplazará a esta cifra de 100.000 millones de dólares. Sin embargo, tras la primera semana de negociaciones de la cumbre, sigue habiendo un abismo entre las posturas de los países desarrollados y los países en desarrollo sobre dónde debe fijarse el llamado Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NCQG, por sus siglas en inglés), y los primeros borradores del texto de financiamiento dejan múltiples opciones abiertas.

    El G77 más China, un grupo de negociación de países en desarrollo que agrupa a gran parte de los países de América Latina, pidió 1,3 billones para la nueva meta y que esta tenga fondos específicos para reducción de emisiones, adaptación y pérdidas y daños. Además, los fondos deben ser donaciones y no préstamos con el fin de no generar más deuda para unas economías ya sometidas a tensiones.

    Del mismo modo, la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), un grupo negociador de ocho países latinoamericanos, pidió que del número que finalmente se acuerde haya un porcentaje específico para la región. Otros bloques fuera de América Latina hicieron el mismo pedido, incluso sugiriendo montos específicos: la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), integrada por 39 países, pide al menos 39.000 millones de dólares al año.

    “Los países de América Latina están velando por los intereses de la región, pidiendo que los fondos sean públicos, previsibles y transparentes y que cubran a todos los sectores”, sostuvo Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe (GFLAC).

    Los principales deudores climáticos del Norte Global deben canalizar financiamiento justo, accesible y libre de deuda para los países del sur

    La nueva meta apoyará la reducción de emisiones en sectores como energía y agricultura y también la adaptación a los efectos del cambio climático, desde sequías a inundaciones. Además, al aumentar la financiación, permitiría a los países en desarrollo llevar a cabo acciones más ambiciosas en sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) actualizadas, sus planes climáticos como parte del Acuerdo de París, cuya presentación está prevista para 2025.

    Estudios han demostrado que los países en desarrollo necesitan billones de dólares anuales para apoyar la acción por el clima. Según un informe, la aplicación de sus planes climáticos nacionales costará entre 5 y 6,8 billones de dólares acumulados de aquí a 2030. Otras fuentes estiman este costo en 7,8 billones de dólares para el mismo periodo.

    “La meta debe ser fijada en el marco de la justicia climática, garantizar que los principales deudores climáticos del Norte Global canalicen financiamiento justo, accesible y libre de deuda para los países del sur”, sostuvo Carola Mejía, coordinadora del área de Justicia Climática, Transiciones y Amazonía en la Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social (LATINDADD).

    Poca presencia de América Latina en la COP29

    Las largas horas de vuelo a Azerbaiyán y prioridades domésticas llevaron a que pocos presidentes de América Latina y el Caribe estén presentes en la COP29. A pesar de emerger como un destacado defensor de la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en las últimas COPs, el presidente de Colombia Gustavo Petro canceló su viaje por las inundaciones en Colombia y el presidente de Brasil Lula da Silva para estar en la cumbre del G20 en Brasil.

    Geraldo Alckmin, vicepresidente de Brasil, y la ministra de Ambiente, Marina Silva, viajaron a Bakú para presentar el nuevo plan climático del país. El gobierno se comprometió a reducir emisiones entre 59% y 67% para el 2035, una meta que sostienen que está alineada con el Acuerdo del París pero ONGs lo cuestionan.

    “Es mucho más que un simple objetivo de reducción de emisiones, refleja la visión de un país decidido a ser protagonista en la nueva economía global”, sostuvo Alckim. Para Marina Silva, el plan forma parte de un “nuevo paradigma de desarrollo para Brasil”, con impulso a la bioeconomía y la transición energética.

    Varias personas de pie alrededor de una mesa

    La delegación brasileña de la COP29, encabezada por el vicepresidente Geraldo Alckmin y la ministra de Medioambiente y Cambio Climático Marina Silva, presentó las nuevas Contribuciones Nacionalmente Determinadas del país, que han recibido una respuesta desigual (Imagen: UN Climate ChangeCC BY-NC-SA)

    El nuevo plan climático de Brasil era muy esperado en vísperas de la cumbre, ya que el país se prepara para acoger la COP30 en la ciudad amazónica de Belém en 2025. Pero sus NDC han tenido una respuesta desigual, y muchos han criticado la aparente contradicción que supone para el país tratar de reducir las emisiones al tiempo que planea aumentar su producción y exportación de petróleo.

    Romain Ioualalen, coordinador de campañas de Oil Change International, sostuvo que Brasil desperdició la oportunidad de demostrar un liderazgo climático. “Brasil no puede decir que su plan está alineado con el Acuerdo de París mientras planea incrementar la producción de gas y petróleo 36% para 2035”, agregó.

    En un análisis del plan de Brasil, la ONG Observatório do Clima cuestionó la decisión de presentar una meta en una franja de emisiones ya que no garantiza cuál será la reducción de emisiones. El gobierno debe explicar cómo llegará a deforestación cero y cómo abordará las emisiones de energía, agregó.

    Brasil, como parte del grupo de negociación BASIC que integra con Sudáfrica, India y China, pidió al comienzo de la COP incorporar en la agenda un ítem sobre “medidas comerciales restrictivas unilaterales” en relación a impuestos al carbono de la Unión Europea. Finalmente el ítem no fue incluido en la agenda, que se aprobó a última hora del primer día tras horas de retrasos y desacuerdos entre los países.

    La ministra de Ambiente de Colombia Susana Muhamad llegó al cierre de la semana a Bakú, al igual que la ministra de Ambiente de Chile Maisa Rojas. En conferencia de prensa, Rojas pidió por una reforma del sistema financiero y por un aumento del financiamiento para subir la ambición en los países en desarrollo.

     Muhamad declaró a Dialogue Earth que, si bien podrían considerarse nuevas fuentes de financiación como el sector privado, para cumplir el nuevo objetivo los países desarrollados deben aumentar “sustancialmente” su financiación pública. También pidió que se tenga en cuenta la “crisis de la deuda” del mundo en desarrollo, y se hizo eco de los llamamientos para que se asigne un porcentaje específico del nuevo objetivo de financiación a América Latina.

    Argentina, en una decisión no tan sorpresiva considerando el rechazo del presidente Milei al cambio climático, decidió retirar su delegación de la COP a mitad de semana sin detallar los motivos. Argentina presidía el G77 más China en las negociaciones de financiamiento, pero se retiró del rol no bien comenzó la COP29.

    Anabella Rosemberg, asesora principal de Climate Action Network International, subrayó que Argentina se retiraba únicamente de la COP29 en sí, y no de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático o del Tratado de París. “Por lo tanto, se trata de algo simbólico y lo único que hace es apartar al país de las conversaciones críticas sobre la financiación de la lucha contra el cambio climático”, afirmó. “Es difícil entender cómo un país vulnerable al clima como Argentina se apartaría del apoyo crítico que se está negociando aquí en la COP29”.

    un grupo de personas vestidas con trajes en un salón

    La sala VIP de la COP29, donde se reúnen numerosas autoridades de alto nivel para continuar las negociaciones sobre clima y finanzas iniciadas en las salas de reuniones (Imagen: Kiara Worth / UN Climate ChangeCC BY-NC-SA)

    Transición energética justa y minerales, en el foco de la COP29

    En la COP28, celebrada el año pasado en los Emiratos Árabes Unidos, los países acordaron realizar una transición “de forma justa y ordenada” de los combustibles fósiles mucho antes o alrededor de 2050. Este año, las discusiones sobre la transición energética continúan en Azerbaiyán, con un foco adicional en los minerales críticos para la transición, como el litio.

    El presidente de Azerbaiyán Ilham Aliyev dijo en la apertura de la COP que el petróleo y el gas son “un regalo de dios” y cuestionó las críticas a su país por su dependencia de la producción y la exportación de los combustibles fósiles. Marina Silva respondió al decir que “el azúcar también es un regalo de dios, pero si lo comemos en exceso seremos diabéticos”.

    Para Gaston Browne, primer ministro de Antigua y Barbuda, hace falta reducir la dependencia en los fósiles y reducir sus subsidios. “Muchos países que dependen de ellos no quieren una transición acelerada y ponen al planeta en riesgo. La única manera de evitar cruzar el límite de 1,5 grados es una transición”, agregó.

    El Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterres sostuvo que si bien los minerales críticos son “una gran oportunidad para traer prosperidad y eliminar la pobreza” en los países desarrollados, pueden también llevar a “violar derechos humanos y ambientales sin generar cadenas de valor agregado”.

    Guterres presentó en la COP un informe sobre minerales críticos realizado para la ONU por un panel de expertos en septiembre. El informe contiene un conjunto de siete principios para sustentar la extracción responsable, justa y sostenible de minerales críticos para las cadenas de suministro de energía limpia.

    “La meta de financiamiento de la COP29 debe incluir financiación en condiciones favorables para que los países del Sur Global productores de minerales en transición logren un valor añadido significativo y aborden los cuellos de botella energéticos, de infraestructuras y de mano de obra calificada”, declaró Suneeta Kaimal, autora del informe de la ONU y presidenta del Natural Resource Governance Institute.

    La COP29 concluirá el próximo viernes 22 de noviembre, y la segunda semana se dedicará a las negociaciones sobre los acuerdos y textos finales de la cumbre.

  • Brasil y Colombia: ¿Las potencias emergentes de la eólica offshore?

    Brasil y Colombia: ¿Las potencias emergentes de la eólica offshore?

    Tras años de expectativas y escasos avances, el desarrollo de esta fuente de energía en América Latina llega a un momento crucial

    El desarrollo de la energía eólica marina está entrando en un momento decisivo en América Latina, tras años de expectativas que han despertado esperanzas en esta fuente de energía, pero que aún no se han traducido en la puesta en funcionamiento de una sola turbina frente a las costas de la región.

    Este mes de agosto, el Senado de Brasil tiene previsto votar un marco regulador de la energía eólica marina que será esencial para el avance del sector, mientras que Colombia espera en septiembre ofertas de empresas que quieran explorar su zona marítima.

    Los expertos afirman que la expansión de la energía eólica marina podría contribuir a reducir el uso de combustibles fósiles e incluso impulsar el empleo y las economías locales, ya que para ello será necesario tanto construir parques eólicos marinos como modernizar infraestructuras terrestres como los puertos.

    En los países que están ampliando su sector eólico marino, las inversiones pueden ser “palancas de desarrollo económico e industrial enormes”, dijo a Dialogue Earth Ramón Fiestas, director para América Latina del Consejo Global de la Energía Eólica (GWEC por sus siglas en inglés).

    Sin embargo, el nivel de inversión que requiere el sector es muy elevado. Según un estudio de la consultora Centro Brasileño de Infraestructuras (CBIE), debido a los costos de construcción en el mar, el costo por megavatio de la energía eólica marina puede ser tres veces más caro que el de las instalaciones eólicas terrestres. Si se tienen en cuenta los costos de las nuevas líneas de transmisión submarinas, la cifra se multiplica por diez.

    Además, los expertos afirman que faltan pruebas de relevancia local sobre los riesgos socioambientales de los parques eólicos marinos. “No existe ningún estudio sobre los impactos de estos proyectos en el hemisferio sur”, afirma Adryane Gorayeb, coordinadora del Observatorio de Energía Eólica de la Universidad Federal de Ceará, en el noreste de Brasil.

    Gorayeb señala que, en general, los estudios sobre la costa latinoamericana son escasos, “tanto en términos geofísicos como biológicos, ecológicos y sociales”, lo que genera preocupación por los posibles impactos marinos del desarrollo de infraestructuras energéticas en alta mar.

    El potencial offshore de Brasil

    En el mar, los vientos son más constantes e intensos que en tierra, y la superficie es más amplia para los parques eólicos, lo que ofrece un mayor potencial de generación de energía. “Eso es algo enormemente valioso en el sistema eléctrico”, afirma Fiestas.

    Brasil ya es el mayor productor de energía eólica terrestre de América Latina, y tiene potencial técnico para generar más de 1.200 gigavatios (GW) de energía eólica marina, según un informe del Banco Mundial publicado en julio. Esto representaría una gran expansión de la capacidad total instalada del país en todas las fuentes de electricidad, que superó los 200 GW en julio. El documento también afirma que el sector podría generar 516.000 puestos de trabajo de aquí a 2050 y aportar al menos 168.000 millones de dólares a la economía brasileña.

    Turbinas eólicas en el delta del Parnaíba, noreste de Brasil. La mayoría de los parques eólicos marinos propuestos se sitúan en las regiones sur y noreste del país, debido a la fiabilidad y constancia de la velocidad del viento (Imagen: Dordo Brnobic / Alamy)

    El potencial eólico marino de Brasil es “vigoroso, consistente, geográficamente diverso y situado cerca de los centros de demanda”, según el informe. Por todo ello, “la eólica marina podría ocupar un lugar destacado en la combinación energética a largo plazo del país”, añaden sus autores.

    Esto ha atraído a muchos interesados. Hasta abril, se habían presentado 97 solicitudes de licencia para proyectos eólicos marinos ante Ibama, la agencia medioambiental del gobierno brasileño, que abrió un registro incluso antes de que se haya promulgado un marco regulador para el sector.

    Según datos de Ibama, la mayoría de los proyectos propuestos se sitúan en el estado más meridional de Brasil, Rio Grande do Sul (27), y en Ceará (25), en el noreste, a una distancia de entre 10 y 40 kilómetros de la costa. Se espera una capacidad instalada de 234 GW con todos los proyectos propuestos en el país.

    Los datos de la agencia muestran que las solicitudes se han acelerado desde 2022, cuando se promulgó un decreto que regulaba la transferencia de zonas marinas del gobierno al sector. Pero el establecimiento del marco regulador sigue siendo un obstáculo clave.

    “El primer paso es disponer de un marco jurídico. Sin él, no pasará nada, porque el mar es un bien federal”, afirma Elbia Gannoum, presidenta de la Asociación Brasileña de Energía Eólica (Abeeólica), que agrupa a más de 150 empresas activas en el sector.

    El proyecto de ley de este marco iba a ser votado este mes de agosto por el Senado, aunque los impasses políticos están obstaculizando su avance. La Cámara de Representantes, la cámara baja del Parlamento, lo aprobó en noviembre de 2023. Gannoum calcula que, si se aprueba este año, permitiría subastar zonas en 2025, conceder licencias en 2028 y que las centrales eléctricas empezarán a funcionar entre 2031 y 2032.

    Su aprobación es considerada prioritaria por el gobierno federal y forma parte de un paquete de medidas vinculadas a la transición energética, entre ellas el marco jurídico del hidrógeno verde, que entró en vigor a principios de agosto.

    “Brasil tiene un gran potencial para producir hidrógeno verde barato, y la energía eólica marina contribuirá significativamente a ello”, afirmó Gannoum. “Vemos esto como una oportunidad para industrializar la economía a partir de una matriz energética renovable”.

    Subastas offshore colombianas

    Con más de 3.000 kilómetros de costa, Colombia quiere acelerar su sector eólico marino desde 2022, para lo que ha aprobado un plan de acción y una resolución que establece las directrices para las subastas.

    A diferencia de Brasil, Colombia no pretende aprobar una ley específica para regular las empresas de energía eólica marina y se basa en la normativa existente sobre generación de electricidad. Pero este vacío normativo podría presentar riesgos, agravados por una crisis institucional. Las directrices legales dicen que el presidente del país tiene la responsabilidad de nombrar a seis expertos a tiempo completo para apoyar a la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), pero este organismo pasó recientemente casi un año con solo expertos provisionales en el cargo, y hoy solo cuenta con un funcionario nombrado y tres que prestan servicio en calidad de temporales.

    “Estos son proyectos [offshore] que son de largo plazo, entonces se requieren unas reglas claras que permitan a la gente hacer sus inversiones”, dijo Santiago Arango, investigador en energía y profesor de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.

    En octubre de 2023, el gobierno colombiano lanzó la primera subasta de América Latina para proyectos eólicos marinos, cuyo plazo se ha ampliado hasta este mes de septiembre. Los interesados competirán por licencias temporales de ocho años para evaluar la viabilidad de las zonas marinas. Posteriormente, los contratos podrán convertirse en concesiones para construir y explotar parques eólicos marinos durante un máximo de 30 años, con una prórroga opcional de 15 años.

    Los ganadores deberán ser elegidos en agosto de 2025, y se espera que las licencias se concedan en diciembre del mismo año.

    Colombia tiene una capacidad total instalada de 20 GW en todas las fuentes de electricidad, con unos objetivos de capacidad eólica marina de 7 GW para 2040 y 13 GW para 2050. Según el plan de acción, el potencial técnico de esta fuente de energía se sitúa entre 50 GW y 100 GW.

    Pero no todos confían en este progreso. “Son unas metas supremamente ambiciosas”, afirma Arango. “Dudo que se logren”.

    Otros países latinoamericanos también están invirtiendo en el sector, pero de forma más incipiente. En marzo, el gobierno chileno anunció la elaboración de su plan de acción y, en agosto, un consorcio británico-chileno manifestó su interés por construir un parque eólico marino en el país. Uruguay, por su parte, lanzó un plan para el sector en 2022 y se espera que anuncie una convocatoria de inversores a finales de este año.

    Los retos socioambientales a futuro

    A pesar de las grandes ambiciones y expectativas del sector eólico marino, Adryane Gorayeb y otros expertos advierten que si se apresuran los estudios para acelerar la instalación de proyectos, esto podría destruir los ecosistemas marinos, perjudicando a la pesca, el turismo y la navegación.

    Gorayeb cita las posibles repercusiones en la biodiversidad marina y las corrientes oceánicas de la construcción y el funcionamiento de las empresas eólicas marinas. También hay que tener en cuenta las posibles repercusiones ambientales a lo largo de la cadena de suministro, por ejemplo, en la extracción de madera para la construcción de turbinas.

    Las comunidades empiezan a temer los cambios que estos proyectos podrían traer a su territorio, como la especulación inmobiliaria y el aumento de los precios

    Adryane Gorayeb, coordinadora del Observatorio de Energía Eólica de la Universidad Federal de Ceará

    La instalación de las turbinas podría preocupar a las poblaciones costeras, añadió Gorayeb. “Las comunidades empiezan a temer los cambios que estos proyectos podrían traer a su territorio, como la especulación inmobiliaria y el aumento de los precios”, dijo.

    En Colombia, preocupa especialmente la Alta Guajira. Esta región septentrional ha estado en el punto de mira del sector eólico y el gobierno la ha considerado el “epicentro” de la transición energética del país, pero también alberga a muchas comunidades indígenas.

    “Es importante llevar a cabo una buena gestión social de estos proyectos, más allá de las consultas previas que exige la ley”, dijo Santiago Arango.

    Con respecto a estas preocupaciones en Brasil, Elbia Gannoum, de Abeeólica, sugirió que el proceso de concesión de licencias será suficiente para evitar cualquier impacto perjudicial.

    “Una vez que el titular tenga el título, realizará los estudios necesarios y, basándose en ellos, solicitará la autorización del Ibama”, dijo. “Los estudios incluyen la evaluación de la población marina, las actividades de los pescadores y los impactos del petróleo”.

    Ramón Fiestas, de GWEC, afirmó que hay mucha experiencia acumulada en torno a la tecnología offshore, y las mejores prácticas internacionales la avalan.

    “Entre las comunidades de pescadores y los desarrolladores de proyectos se generan normalmente unos vínculos donde los problemas se resuelven; generalmente, habilitando zonas de pesca que son compatibles con la existencia de los aerogeneradores”, afirma.

    Sin embargo, el historial hasta la fecha de los parques eólicos terrestres en toda América Latina, incluidos BrasilColombia y México, sugiere que la concesión de licencias y la experiencia acumulada no siempre han sido suficientes para evitar impactos perjudiciales sobre la biodiversidad y las comunidades en determinados casos.

    Infraestructura y lobby

    Otra fuente de incertidumbre que rodea la entrada de los países latinoamericanos en el sector eólico marino, señalada por los expertos, es la capacidad actual para integrar las instalaciones en sus sistemas energéticos. Según Fiestas, hasta que no se disponga de infraestructuras maduras, la eólica marina requiere la construcción a gran escala, normalmente de parques con una capacidad instalada superior a 500 MW.

    “En esa escala es donde se pueden encontrar sinergias y economías de escala, fundamentalmente en costos, y también racionalizar la cadena de suministro”, afirma Fiestas.

    Pero esta escala sería más difícil de alcanzar en los países pequeños de la región, donde cada proyecto puede aumentar significativamente su capacidad de generación de electricidad.

    Fiestas citó el ejemplo de Uruguay, donde la capacidad instalada de todas las fuentes de electricidad era de 5,3 GW en 2022. Desarrollar un proyecto de 1 GW representaría alrededor del 20% de su sistema eléctrico. “En un país pequeño como Uruguay, un gran proyecto de energía eólica marina puede representar un enorme desafío tecnológico”, añadió.

    Por último, hay impasses políticos. La energía eólica marina es resistida por sectores vinculados a los combustibles fósiles. En Brasil, cuando el proyecto de ley sobre el sector pasó por la Cámara Baja del Congreso, incluía incentivos para beneficiar a las centrales termoeléctricas, una inclusión que paralizó la votación, que aún no se ha acordado.

    La resistencia de estos sectores y la preferencia por opciones de producción de energía más baratas y familiares podría repetirse en otros países. En marzo, durante una sequía provocada por el fenómeno de El Niño, Colombia maximizó la producción de sus centrales termoeléctricas.

    A pesar de los discursos a favor de la transición energética, los gobiernos pueden mostrarse reticentes ante las elevadas inversiones y el riesgo de apagones que a menudo afectan a países de la región, como VenezuelaChile y Ecuador.

    “Muchas veces, los gobiernos tienen un discurso en una línea, pero a la hora de la verdad necesitan garantizar la seguridad”, dijo Santiago Arango. “Ningún gobierno quiere pagar el coste político de tener un país apagado. Entonces, puede haber conflicto con el papel predominante de los combustibles fósiles”.

    Artículo publicado originalmente en Dialogue Earth por André Duchiade

  • El almacenamiento de energía, un reto y una oportunidad para Chile

    El almacenamiento de energía, un reto y una oportunidad para Chile

    A medida que las renovables aumentan, crece la necesidad de almacenar energía. Chile está a la cabeza en América Latina y tiene más proyectos en cartera, pero sigue habiendo obstáculos

    Las energías renovables son el presente y el futuro de América Latina.

    En 2023, la región generó el 64% de su electricidad a partir de fuentes limpias, muy por encima de la media mundial del 39%. A medida que aumenta la producción, crece también la necesidad de almacenar esta energía.

    “En pocas palabras, la razón para almacenar energía eléctrica es que se puede decidir cuándo utilizarla”, explica Claudio Seebach, decano de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez de Santiago de Chile. “Se puede almacenar energía para cuando la demanda sea mayor: resuelve el desequilibrio natural entre los momentos de oferta y demanda”.

    Esto es especialmente importante en el sector de las energías renovables, donde la generación solar y eólica proporciona energía limpia, pero intermitente: cuando el sol no brilla o el viento baja, la generación se detiene.

    Chile, cuyo mix energético tiene una de las mayores cuotas de energía eólica y solar de la región, ofrece un claro ejemplo de los desafíos que pueden plantear estas caídas.

    El país se beneficia de una geografía y un clima únicos: en el norte, el desierto de Atacama cuenta con los mayores niveles de radiación solar de la Tierra y, en el extremo sur, en la Patagonia, Chile tiene algunos de los vientos más fuertes del planeta.

    Pero estas características también le han jugado en contra a Chile. Durante la mitad del año, el sol se pone a la misma hora en toda la delgada extensión de tierra que ocupa en la costa de Sudamérica, lo que crea una necesidad inmediata de almacenamiento de energía. El país ya está avanzando en este sector, con el lanzamiento de ambiciosos objetivos, estrategias para incentivar la inversión en tecnología, y múltiples proyectos ya activos y otros en preparación. 

    Opciones de almacenamiento de energía

    Hoy en día, la energía puede almacenarse de múltiples maneras, entre ellas utilizando bancos de baterías a gran escala, que pueden almacenar electricidad antes de inyectarla de nuevo en las redes nacionales. Aunque las baterías de iones de litio son las más eficientes del mercado, el uso generalizado de alternativas de plomo o sodio podría estar a la vuelta de la esquina.

    Técnicos de Tesvolt, la primera ‘gigafábrica’ de baterías de Europa, con sede en Alemania, especializada en soluciones de almacenamiento para sistemas eléctricos alimentados por energía solar y eólica (Imagen: Waltraud Grubitzsch / dpa / Alamy)

    “El almacenamiento en baterías es eficiente, pero a muy corto plazo”, afirma Enzo Sauma, profesor de Ingeniería Industrial y de Sistemas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. “Si almacenas energía en una batería un mes y quieres utilizarla al siguiente, no habrá nada porque la energía se disipa. Pero puedes usar la energía de forma muy eficiente almacenándola en un día en el que haya mucha luz solar y liberándola durante la noche”.

    Las opciones a más largo plazo han resultado ser más caras. La energía hidroeléctrica de bombeo, que consiste en bombear agua hasta un embalse antes de devolverla al subsuelo mediante una turbina, es actualmente la solución más utilizada en todo el mundo. Lleva décadas aplicándose en la industria minera, pero los proyectos ocupan mucho espacio y requieren diferencias de altitud. Otras alternativas más recientes son el almacenamiento en sales fundidas ―que utiliza la sal como medio para la energía térmica― y los gases producidos a partir de fuentes renovables, como el hidrógeno verde y el amonio verde. Estos procesos son menos eficientes, pero permiten almacenar energía durante meses o años.

    El fuerte crecimiento de la producción de energías renovables y la búsqueda del cumplimiento de ambiciosos objetivos mundiales de nueva capacidad renovable plantean un reto importante, junto con un enorme potencial para la expansión del mercado del almacenamiento. Actualmente este mercado está valorado en unos 246.000 millones de dólares, y se calcula que para 2030 se habrán añadido 387 GW de nueva capacidad de almacenamiento de energía en todo el mundo, según un informe del bufete estadounidense Morgan Lewis. Esto supone un aumento de 15 veces en comparación con finales de 2021.

    Chile, el ejemplo a seguir en la región

    Para 2030, Chile quiere abastecer el 70% de su consumo energético total con fuentes de energía renovables y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Aunque su escasez de energía solar nocturna se cubre actualmente con generación a partir de combustibles fósiles, el país se ha comprometido a cerrar las centrales eléctricas de carbón que le quedan para 2040. Para alcanzar sus ambiciosos objetivos en materia de energías renovables, es imperativo desarrollar el almacenamiento de energía. Chile ya ha hecho grandes progresos y se está convirtiendo rápidamente en el ejemplo a seguir de este tipo de tecnologías en América Latina.

    Tras lanzar en 2023 una estrategia nacional de almacenamiento que fija objetivos y pretende atraer inversiones al sector, y con una amplia cartera de proyectos en marcha, la capacidad de almacenamiento instalada en Chile podría superar pronto a la de Estados Unidos.

    Paneles solares en la carretera entre Punta Arenas y Puerto Natales, en el sur de Chile. Para 2030, el país pretende abastecer el 70% del consumo total de energía con fuentes renovables (Imagen: Ashley Cooper / Alamy)

    Los primeros proyectos de almacenamiento de energía en baterías de Chile se pusieron en marcha en 2009, y todas menos dos de sus 16 regiones administrativas tienen instalaciones en funcionamiento, en construcción o en fase de planificación. La mayor capacidad instalada se encuentra en las regiones de Antofagasta y Tarapacá, las potencias solares del país, en el norte.

    “Estamos viviendo una verdadera revolución del almacenamiento de energía en Chile”, dijo a Dialogue Earth un vocero del Ministerio de Energía de Chile. “En este momento, hay proyectos de almacenamiento en funcionamiento con una capacidad total de 387 megavatios, y otros en distintas fases de desarrollo que nos permitirán alcanzar una capacidad total de 2 gigavatios en 2026”.

    El gobierno espera una inversión total de 2.000 millones de dólares en los próximos dos años, añadió el portavoz. “Esto es clave para nuestra transición energética. Nos proporcionará una mayor flexibilidad en nuestro sistema eléctrico y reactivará la economía en el norte del país para mejorar la calidad de vida de sus habitantes”.

    Chile añadirá 1 GW más de capacidad de aquí a 2026, con terrenos públicos reservados por el gobierno para proyectos de almacenamiento de energía en una licitación al parecer inminente. El portavoz del Ministerio de Energía declaró a Dialogue Earth que el organismo de evaluación medioambiental del país está valorando actualmente la viabilidad de otros 300 proyectos de almacenamiento, con una capacidad total de 16 GW. Según algunas proyecciones, entre 2026 y 2032, la capacidad total de almacenamiento de Chile podría duplicarse hasta alcanzar los 4 GW.

    Por el momento, las cuatro mayores empresas de generación de energía del país lideran la inversión en almacenamiento: Engie, Enel, Colbún y AES Andes.

    Por otra parte, el fabricante chino de baterías BYD ha firmado un acuerdo con la empresa española Grenergy para suministrar sus baterías a una instalación de almacenamiento de energía de 1.400 millones de dólares en el desierto de Atacama, que, según afirman, será la mayor de su clase a escala mundial. Se espera que el proyecto entre en funcionamiento en un plazo de tres años. BYD se negó a hacer comentarios al respecto.

    Además, en 2023, la canadiense Innergex, la tercera mayor generadora de energía renovable de Chile, inauguró su primera central eléctrica en el país, con un sistema de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) de 50 MW. Engie Chile, por su parte, tiene en funcionamiento dos sistemas de almacenamiento en baterías de iones de litio, con una capacidad total de 141 MW. A principios del próximo año, la empresa inaugurará una instalación de 264 megavatios hora y 96 baterías, con lo que su cartera total de BESS en Chile ascenderá a 371 MW.

    Un vocero del Grupo Engie dijo a Dialogue Earth que Chile es considerado como uno de sus países estratégicos para apoyar la transición energética, “con una inversión de 1.800 millones de dólares hasta 2027. Nuestro plan en Chile considera incorporar 1,4 GW para llegar a 2 GW de capacidad instalada en energías limpias, incluyendo 2 GWh en sistemas de almacenamiento”.

    Gabriel Boric dando un discurso en la inauguración de una planta de almacenamiento de energía en Antofagasta, gestionada por la filial local de la empresa francesa Engie, en abril de 2024. La compañía planea abrir su tercera planta en Chile a principios del próximo año (Imagen: Ximena Navarro / Dirección de Prensa, Presidencia de la República de Chile)

    Junto a sus ventajas geográficas, los analistas han destacado cómo la actitud abierta de Chile a la inversión extranjera ―tiene acuerdos de libre comercio con países que representan casi el 90% de la economía mundial― y un entorno empresarial competitivo han propiciado la rápida adopción de innovaciones. Aunque ha progresado, los expertos siguen señalando la necesidad de regulación y de seguir mejorando las condiciones para la adopción de la tecnología de almacenamiento de energía, que requiere grandes inversiones de capital.

    “Es probable que en cinco años tengamos 3 GW de capacidad de almacenamiento de energía en Chile”, afirma Sauma. “Si la tecnología de baterías sigue bajando de precio, esto puede seguir creciendo. El potencial del sector en Chile es muy, muy alto”. Los costos de las baterías han bajado un 90% en los últimos quince años, y se prevé que el costo de los proyectos de almacenamiento a escala de servicios públicos descienda un 40% de aquí a 2030, según un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía.

    Es una carrera increíblemente rápida, y se necesita una regulación que genere confianza para la inversión

    Claudio Seebach, decano de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez

    Seebach señala que “esta es una carrera increíblemente rápida, y se necesita una regulación que genere confianza para la inversión. Eso es lo primero que hemos aprendido del caso de Chile”.

    En este sentido, el gobierno chileno ha intentado estimular el sector.

    En octubre de 2022, el Congreso aprobó un proyecto de ley para incentivar el desarrollo del almacenamiento de energía y el transporte eléctrico. La legislación permite a las empresas energéticas optar a una remuneración por la energía que almacenan y luego inyectan de nuevo en el sistema. Sin embargo, la Comisión Nacional de Energía de Chile aún está debatiendo la regulación detallada del funcionamiento del proyecto de ley. A falta de una normativa que regule la aplicación real de dicha remuneración, “la gente está aplazando la inversión en baterías”, afirma Sauma.

    El papel de China en el almacenamiento en baterías

    Las empresas chinas son los principales productores mundiales de baterías de litio, y han mostrado un interés creciente en las vastas reservas de litio de América Latina ―incluidas las de Chile―para abastecer a las pujantes industrias de energías limpias del país, que son clave para la transición energética en China y en el extranjero.

    En su país, el presidente Xi Jinping ha impulsado activamente el desarrollo de la generación de energía renovable, en un momento en que China se apresura a cumplir su promesa de alcanzar el punto máximo de emisiones de dióxido de carbono en 2030 y lograr la neutralidad de carbono en 2060. Y ya está avanzando: en junio de 2023, la capacidad total instalada de generación de energía a partir de combustibles no fósiles superó por primera vez a la de los combustibles fósiles.

    Fabricación de paneles solares en una fábrica de Sihong, en la provincia china de Jiangsu, en diciembre de 2023. Las empresas chinas producen la mayoría de los paneles solares del mundo, así como las piezas necesarias para fabricarlos (Imagne: Fang Dongxu / FeatureChina / AP / Alamy)

    La industria china de almacenamiento de energía también ha experimentado un rápido crecimiento en los últimos años, con una capacidad instalada acumulada que se ha disparado de 32,3 GW en 2019 a 59,4 GW en 2022. Para 2027, se espera que alcance los 97 GW.

    China también se está desarrollando rápidamente en tecnología de almacenamiento a varios niveles, afirma el profesor Yulong Ding, de la Escuela de Ingeniería Química de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. “A nivel nacional, tienen muchas políticas para fomentar el almacenamiento, y se está desarrollando tecnología en todos los niveles de la cadena de suministro”, señala. Además, informa que “las universidades chinas han creado programas específicos de almacenamiento de energía para formar a la próxima generación de ingenieros en la materia”.

    La creación de estos conocimientos específicos se está convirtiendo en una prioridad, en la que cada vez se comparten más experiencias, incluso entre China y Chile. La empresa china Tianqi Lithium ―uno de los mayores productores de litio del mundo y propietaria de aproximadamente una quinta parte de la empresa minera chilena SQM― puso en marcha el año pasado un programa de intercambio para apoyar el desarrollo y la capacitación de investigadores chilenos en el sector del litio. La iniciativa ofrecía un viaje de un mes de duración a la ciudad de Chengdu, así como oportunidades de prácticas, talleres y contacto con la industria china del litio, incluso en relación con el almacenamiento de energía.

    Tianqi se ha enfrentado a complicaciones desde que adquirió su participación en SQM en 2018, y actualmente está inmersa en disputas legales relacionadas con las medidas del gobierno chileno para ejercer un mayor control sobre los recursos de litio. Pero estos desafíos específicos no han disuadido a China de realizar inversiones más amplias en nuevas áreas energéticas, y es probable que el país siga siendo un socio clave para que la transición energética de Chile sea un éxito. En los últimos años, empresas chinas han construido, o anunciado planes para construir, la línea eléctrica más larga de Chile, plantas solares y parques eólicos, mientras que en almacenamiento de baterías, el gigante solar Trina ha puesto en marcha tres proyectos en el país.

    Artículo originalmente publicado en Dialogue Earth por John Bartlett

  • El Acuerdo de Escazú fortalece los litigios ambientales en Latinoamérica y el Caribe

    El Acuerdo de Escazú fortalece los litigios ambientales en Latinoamérica y el Caribe

    Artículo publicado originalmente por Isabella Kaminski en Dialogue Earth

    Ha transcurrido más de una década desde que se iniciaron las conversaciones sobre el Acuerdo de Escazú, el histórico tratado medioambiental de América Latina y el Caribe que pretende mejorar el acceso a la información, hacer frente a la impunidad generalizada de los delitos contra los defensores del medioambiente y reforzar los derechos de consulta de las comunidades sobre los impactos de los grandes proyectos de desarrollo e infraestructura.

    El tratado entró finalmente en vigor en 2021 y hasta la fecha ha sido ratificado por 16 países de la región. Dominica fue el último en hacerlo, en abril de 2024.

    Aunque el acuerdo solo está en su cuarto año, y su aplicación es un trabajo en curso, ya se está utilizando en litigios para reforzar los argumentos y, a veces con éxito, para defender los derechos de los ciudadanos.

    El año pasado, por ejemplo, la Corte Suprema de Panamá declaró inconstitucional una ley que otorgaba a una empresa canadiense una concesión de 20 años para extraer cobre. El tribunal declaró que la aprobación de la concesión se había basado en una evaluación de impacto ambiental que estaba desactualizada, por lo que incumplía el objetivo del Acuerdo de Escazú de facilitar el acceso a la información ambiental.

    En algunos países, los tratados internacionales pasan automáticamente a formar parte de la legislación nacional, por lo que son inmediatamente demandables. Uno de esos países es México, donde el más alto tribunal detuvo un importante proyecto de ampliación portuaria en la costa del Golfo, en Veracruz, al fallar a favor de los defensores de la comunidad y del medioambiente que pretendían proteger los arrecifes.

    En Argentina, el tribunal federal de la ciudad de Mar del Plata ordenó detener las actividades de exploración de combustibles fósiles en 2022, en un caso presentado por Greenpeace. Lo hizo basándose explícitamente en la falta de participación e información públicas exigidas por el Acuerdo de Escazú. Sin embargo, apelaciones posteriores anularon esta sentencia. Los jueces argentinos también rechazaron una solicitud de Greenpeace de una medida cautelar sobre la exploración, a pesar de una declaración de apoyo del fiscal, que subrayaba que los procesos en torno a las actividades no se habían ajustado debidamente a Escazú.

    Casos clave en el Caribe

    En el Caribe, el Acuerdo de Escazú se está utilizando para desafiar los intentos de los gobiernos de protegerse del escrutinio legal.

    Una sentencia clave en esta línea forma parte de una batalla legal en curso en Antigua y Barbuda iniciada por dos antiguanos para bloquear la construcción de un aeropuerto privado que da servicio a complejos turísticos de lujo en la isla. Jacklyn Frank y John Mussington afirman que el proyecto, que se ha visto implicado en acusaciones de acaparamiento de tierras, está destruyendo los bosques de su isla, así como ecosistemas de humedales vitales para prevenir la erosión.

    El recurso inicial de los demandantes, que alegaba que no se había consultado a los ciudadanos de Antigua y Barbuda sobre el proyecto, fue desestimado. Sin embargo, el Consejo Privado de Londres ―el tribunal supremo de apelación para los miembros de la Commonwealth― no estuvo de acuerdo y dictaminó en febrero que Frank y Mussington tenían derecho a presentar dicha demanda, lo que en términos jurídicos se conoce como “legitimación activa”, en consonancia con las obligaciones internacionales de Antigua y Barbuda en virtud del Acuerdo de Escazú.

    Su batalla legal volverá ahora a los tribunales locales, donde recientemente presentaron una nueva demanda.

    Mussington dice que la decisión del Consejo Privado expuso a Antigua y Barbuda, uno de los primeros países en firmar el Acuerdo de Escazú el 27 de septiembre de 2018, por no seguir sus propias reglas. “Mientras llevábamos este asunto al gobierno [en 2020], estaban ratificando Escazú”, señala. “Creo que en eventos futuros, no será probable que vuelvan a cometer ese error”.

    Prince Harry takes a boat tour through mangroves on the island of Barbuda to see one of the largest colonies of frigate birds in the world, as he continues his tour of the Caribbean.

    La sentencia también abre la puerta a que otras personas de la región impugnen decisiones gubernamentales que afectan al medioambiente. Muchas de estas demandas, como la de Mussington, cuentan con el apoyo de la ONG Global Legal Action Network (GLAN).

    Junto con George Jeffery, pescador y guía de aves antiguano, GLAN presentó recientemente una demanda contra la Autoridad de Desarrollo y Control de Antigua y Barbuda por aprobar una residencia privada de lujo para un millonario inglés con “conexiones reales” ahora desacreditadas en Cedar Tree Point, una urbanización situada dentro de una zona protegida. Afirman que el proyecto amenaza el lugar de anidamiento de tortugas marinas poco comunes y la zona de cría de la fragata, el ave nacional.

    Mientras tanto, Grenada Land Actors (GLA), una red de ONG, organizaciones comunitarias y particulares que buscan una gestión sostenible de la tierra, ha demandado al departamento de planificación de Granada por el proceso de aprobación de tres proyectos de “megaturismo”. La organización afirma que las obras en estos lugares han deforestado humedales y manglares, perjudicado a especies protegidas y restringido o denegado el acceso tradicional de las comunidades. La audiencia está prevista para octubre.

    Sarah O’Malley, abogada de GLAN, afirma que el gobierno granadino se había basado anteriormente en sentencias judiciales que desestimaban el caso de Barbuda: “El caso de John [Mussington] significa que todos esos argumentos de legitimación contra los que GLA iba a tener que luchar desaparecen por completo, y pueden centrarse más en los fundamentos”.

    Una demanda similar está prevista en Dominica, donde se está construyendo un aeropuerto internacional en una zona ecológicamente sensible.

    Cumplimiento e influencia internacional

    Escazú tiene también una creciente dimensión internacional.

    Tras negarse inicialmente a firmar el acuerdo, Chile se convirtió finalmente en parte de pleno derecho en junio de 2022. Apenas cinco meses después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos castigó al país por violar el derecho a la libertad de expresión de Carlos Baraona Bray, un abogado que fue condenado penalmente por difamación tras acusar a un senador chileno de presionar políticamente a las autoridades públicas para que permitieran la tala ilegal de cipreses patagónicos.

    Reunión entre defensoras ambientales indígenas y el nuevo gobierno guatemalteco. El año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos mencionó el Acuerdo de Escazú en un caso relativo a las comunidades mayas del país (Imagen: Gobierno de GuatemalaPDM)

    En su decisión, el tribunal destacó la garantía del Acuerdo de Escazú de “un entorno seguro y propicio” para los defensores del medioambiente y los requisitos estatales para protegerlos.

    El acuerdo también se mencionó brevemente en dos sentencias de la Corte Interamericana contra gobiernos: Perú, por violar el derecho a un medioambiente sano de los habitantes de la ciudad minera andina de La Oroya; y otra que reconocía los derechos de los pueblos indígenas en Guatemala. Todo ello a pesar de que estos dos países no han ratificado el acuerdo.

    Viviana Krsticevic, directora ejecutiva del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), dijo a Dialogue Earth que el Acuerdo de Escazú tiene poder por sí mismo, pero se están haciendo esfuerzos para fortalecerlo utilizándolo junto con otros instrumentos jurídicos internacionales.

    Es probable que se haga referencia al acuerdo en la próxima opinión consultiva de la Corte Interamericana sobre cambio climático y derechos humanos, en la que CEJIL ha desempeñado un papel clave. Aunque la Corte se encarga principalmente de defender la Convención Americana ―el pacto de derechos humanos ratificado por 24 Estados del hemisferio occidental―, el Acuerdo de Escazú se ha mencionado muchas veces en las presentaciones escritas y orales sobre esta opinión. “Esperamos que esto proporcione a los Estados de las Américas un conjunto de obligaciones claras basadas en una interpretación integrada de la Convención Americana y Escazú”, afirma Krsticevic.

    La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), una ONG con sede en Argentina, también tiene un caso pendiente en la Corte Suprema de Justicia del país, que pretende aunar Escazú y el Acuerdo de París sobre cambio climático. FARN busca una orden cautelar que impida a las autoridades nacionales consentir la exploración sísmica y la explotación de combustibles fósiles en alta mar hasta que se evalúen adecuadamente los impactos ambientales.

    Cristian Fernández, coordinador jurídico de FARN, sugiere que las demandas basadas en el acceso a la información son relativamente sencillas. Pero añade que hacer cumplir otras partes del Acuerdo de Escazú podría ser más difícil, incluido el principio de no regresión ―que los Estados se comprometan a mantener, como mínimo, los niveles actuales de las normas reguladoras correspondientes―que FARN está tratando de defender en su demanda en curso.

    Una limitación clave del Acuerdo de Escazú es que no cuenta con un tribunal propio para juzgar los casos, afirma Krsticevic. Se ha creado un comité de apoyo al cumplimiento, con normas básicas sobre cómo recibirá las consultas y emitirá recomendaciones acordadas en la última conferencia de las partes del tratado.

    En cuanto a la aplicabilidad directa y a que los tribunales utilicen realmente el acuerdo, sigue habiendo una enorme laguna

    Natalia Gómez, asesora de políticas de cambio climático de EarthRights International

    Natalia Gómez, asesora de políticas de cambio climático de EarthRights International y ex representante pública oficial del Acuerdo de Escazú, añade que el comité de cumplimiento entra en funcionamiento en un país dos años después de que lo ratifique. Y aunque todavía no parece que se haya presentado ninguna reclamación ante el comité, algunas fuentes dijeron a Dialogue Earth que los grupos de la sociedad civil están dispuestos a hacerlo.

    Gómez afirma que algunos países se habían resistido a la creación de un comité de cumplimiento para Escazú, recelosos de nuevos mecanismos que pudieran declarar responsabilidades estatales. Pero aunque el comité no podrá sancionar a los gobiernos por incumplimiento, cree que tendrá cierto peso político y jurídico, y señala las experiencias de acuerdos internacionales similares, como la Convención europea de Aarhus sobre el acceso a la información medioambiental: “Según tengo entendido, lo que ha ocurrido en Aarhus y en los comités de cumplimiento de otros tratados es que muchas veces esas decisiones son seguidas por los tribunales en su interpretación”.

    Gómez añade que aún queda trabajo por hacer para educar a los jueces sobre el Acuerdo de Escazú, una cuestión en la que, al parecer, están trabajando grupos de la sociedad civil de algunos países. Además, a pesar de que el acuerdo anima a las partes a crear tribunales especializados en medioambiente, pocos países de América Latina y el Caribe cuentan con ellos. “En cuanto a la aplicabilidad directa y a que los tribunales utilicen realmente el acuerdo, sigue habiendo una enorme laguna”, afirma Gómez.