Hace más de diez días que el buque científico Falkor Too navega el extremo norte del Mar Argentino. Hace cinco, que las imágenes que obtiene son virales en todas las plataformas.
—Para los que se suman hoy, les contamos que estamos en el área del Cañón Submarino de Mar del Plata, un área que hace 10 años atrás exploramos con un buque oceanográfico argentino, el buque Puerto Deseado —explicó Nadia, una de las figuras más aclamadas en el stream del Conicet.
Es 26 de julio de 2025, y así comienza la transmisión de Youtube. Es el segundo día en el que podemos ver al robot SuBastian avanzar con luces y cámaras por el lecho marino, mostrando corales, crustáceos, pulpos, campos de remolachas, comunidades de batatas, calamares, medusas iridiscentes y una estrella de mar que ya es famosa más allá de los límites del mar argentino.
—Esta vez, vinimos con la intención y la capacidad de fotografiar las comunidades in situ y recolectar algunos ejemplares que son de gran interés para los estudios que llevamos adelante —contó a Desde la Raíz una de las biólogas a bordo.

Una expedición científica sin precedentes
Cristina Damborenea trabaja en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata. Es doctora en biología y durante décadas se ha especializado en invertebrados. Ahora mismo, se encuentra embarcada a 700 km de su casa, disfrutando de la vista marina y sorprendiendose con los hallazgos. “Estar acá es muy emocionante, la transmisión parece una película con animales de ciencia ficción”, comentó en diálogo con Desde la Raíz.
Junto a ella, a bordo del Falkor Too -el buque norteamericano del Schmidt Ocean Institute- se han embarcado veinticinco investigadores del CONICET. Recorrerán durante 19 días el cañón submarino de Mar del Plata, una formación geológica profunda situada a unos 300 kilómetros de la costa.
Llegar hasta acá implicó más de un año y medio de trabajo. El proyecto es fruto de mucho esfuerzo, sueños, planificación y convicción científica. “Fue un camino muy lento. Nosotros solicitamos un subsidio al Schmidt Ocean Institute, para lo cual tuvimos que presentar una propuesta, explicar los objetivos y los fundamentos, y fuimos seleccionados”, contó Cristina, y agregó: “Nadie cobra nada por todo esto, pero es una gran oportunidad de realizar el trabajo”.
Se trata de una misión liderada por científicos argentinos del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), conformado por biólogos de distintas partes del país con décadas de trabajo en investigación y docencia. Por primera vez, un equipo argentino puede ver y registrar en alta definición la vida del fondo marino, a profundidades que oscilan entre los 1.000 y los 3.700 metros.
La Dra. Cristina indicó que “Tenemos que conocer esta parte del mar, como cualquier otra parte del planeta, para poder protegerla”. Es que si no conocemos qué hay en el fondo del mar “no podemos ni siquiera pensar en él”, señaló.

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—¿Podemos hacerle zoom? —dice una bióloga, maravillada frente a las pantallas del barco.
Es el segundo día de inmersión en el mar. A 1200 metros de profundidad, una esponja vítrea blanca y luminosa aparece en el centro de la imagen. Parece un erizo decorado con pompones de algodón. Mide unos diez centímetros y brilla como un foquito de luz en medio del océano.
—Hola a todos. Lo que tenemos acá es una esponja vítrea. Es una esponja carnívora que en este mismo momento pareciera estar alimentándose. Vamos a intentar recolectarla.
Una pinza robótica se acerca con cuidado. El equipo guarda absoluto silencio, mientras los operadores desprenden la esponja de la arena y la colocan en una de las cajas de recolección. Después vuelven las risas, los aplausos y la emoción.

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El responsable de las imágenes es el ROV SuBastian, un vehículo robótico y submarino, operado a distancia, equipado con luces, cámaras 4K y múltiples brazos mecánicos con los que logra recolectar muestras de organismos y sedimentos. Desde el buque, los científicos toman las decisiones. Pertenecen al Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), el CADIC de Ushuaia, y grupos de investigación de las universidades nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata y Puerto Madryn.
A bordo conviven tres generaciones: desde estudiantes de doctorado hasta investigadores superiores. También fueron invitados tres especialistas: el Dr. Santiago Herrera (Colombia), la Dra. Johanna Wetson (EE.UU.) y la geóloga Graziella Bozzano (Italia).
Los primeros días el clima es de mucho entusiasmo. Apenas se respetan los turnos de día y de noche, todos quieren ver qué encuentran y nadie quiere perderse de nada. Al quinto día, el cansancio empieza a sentirse. Deben dormir y descansar, mantener los turnos y guardar energías.
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El robot sigue avanzando por el lecho marino, con la atención absoluta del equipo científico. Entre colores blancos, rosados y violetas, algo se mueve. Una langosta rosada aparece frente a cámara. Estira sus antenas largas y da unos pequeños pasos con sus ocho patas.
—Fua, qué bicho… —dice alguien, casi como un suspiro.
Un poquito más adelante, es el momento de una estrella:
—¡Al fondo! ¡Veo una estrella de mar!
—¡Encontramos a Patricio!—festeja uno de los biólogos.
La estrella, en tono rosa salmón, está rodeada de corales violetas. La cámara le hace zoom.
—Sí, creo que todos pensamos lo mismo… —bromea Nadia. La estrella tiene un detalle bien notable, en una de sus axilas, sus músculos marcan unas curvas y dibujan perfectamente unas nalgas.
—¡Ay, mirá!
Al fondo, una mantaraya permanece quieta como un fantasma de sábana blanca. Luego se desplaza, en un movimiento suave y armonioso. Sus aletas parecen alas, o las orejas de Dumbo. El silencio del momento, apenas interrumpido por el sonido del mar, convierte la escena en algo hipnótico.

Ciencia argentina en acción
—Seguimos observando en vivo, y Cristina Damborenea, del Museo de La Plata, está muy contenta. Acaba de encontrar un gusano plano. Vamos a intentar coleccionarlo con la bomba de succión —se escucha en el streaming.
Dado que la mayoría de los científicos del equipo son biólogos taxónomos —se encargan de describir y clasificar especies— el foco de la expedición está puesto en la identificación y estudio de peces e invertebrados marinos del océano profundo. Desde que inició, ya se han clasificado 40 especies nuevas.
El robot SuBastian bajará y subirá, una a una, las treinta estaciones de muestreo programadas sobre el talud continental. Además, se analizará ADN ambiental, microplásticos, residuos y el ciclo de carbono.
El 70% del agua del planeta se encuentra por debajo de los 200 metros de profundidad. Son zonas desconocidas e inexploradas hasta el momento. Las muestras obtenidas serán un gran material de estudio para los científicos argentinos, por lo menos durante los próximos 10 años. Despúes de todos los estudios, las muestras quedarán en el Museo de Ciencias Naturales del Parque Centenario, Buenos Aires.
“Estamos aportando al conocimiento de la diversidad de nuestro país y aportando conocimiento para las generaciones futuras para que se pueda saber cómo actuar, un conocimiento base de cómo es esta región, cómo funciona”, aseguró la Dra Damborenea.

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Cada inmersión del ROV dura muchas horas. A veces, un día entero.
Luego, el robot sube lento, como un ascensor silencioso en la oscuridad. Casi dos horas despúes, asoma a la superficie. Los técnicos lo esperan, comandan el conjunto de poleas que lo traen de nuevo a la cubierta del barco. Son las ocho de la mañana y los cientificos se preparan para buscar todo lo recolectado.
En la cubierta, el viento arrastra olor a sal. El robot, tiene los compartimentos llenos. Con precisión quirúrgica, los investigadores se acercan con guantes, pinzas, frascos, etiquetas. Cada quien sabe lo que busca.
Graziella, la geóloga italiana, se arrodilla delante del tubo que contiene la muestra de sustrato. Emiliano va directo a los cangrejos, Nadia levanta de a uno los corales, Javier revisa los moluscos, Mariano encuentra su pepino de mar, Nacho busca el cirripedio que tanto soñó ver y Valeria mira esa bolsa de plástico enredada en una madeja de corales.
El estudio empieza adentro, en los laboratorios del barco. Allí las muestras se etiquetan, se miran con cuidado y se guardan con mucha precaución. Afuera, el océano sigue allí y el robot estará listo pronto para su nuevo descenso.

¿Quién financia el sueño?
Los filántropos ambientales Eric Shmidt, ex CEO de Google, y su esposa Wendy Schmidt, son los creadores del SOI, una fundación con sede en EE.UU sin fines de lucro. Fue creada en 2009 en pos de promover la ciencia marina a través del financiamiento de campañas de exploración abiertas y colaborativas.
El proyecto de nuestros científicos fue seleccionado, luego de un concurso público, y así obtuvo el financiamiento del buque y la tecnología de vanguardia. Esta es una de las tres fundaciones a través de las cuales el matrimonio ha donado el 6% de su patrimonio, según Forbes.
“La fé en la ciencia se recupera cuando, por ejemplo, le mostras a las personas las cosas más maravillosas que jamás hayan visto y que están acá, en el planeta”, dijo Wendy en una entrevista la última semana.
En un contexto de profundo desfinanciamiento, presupuestos congelados y fuga de cerebros, el financiamiento internacional de esta campaña permite sostener una agencia científica estratégica. Aunque puedan generarse controversias, lo cierto es que el equipo argentino pensó, planificó y ganó la convocatoria en competencia con otros proyectos del mundo por su valor científico.

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Es de noche en el séptimo día de exploración. Hoy, la pared del talud ha ofrecido una colorida paleta de corales y una gran abundancia de especies. El turno noche comenzaría con un hallazgo extraordinario. A 2439 metros de profundidad, un pulpo celeste está guardado en una cueva, enroscado sobre sí mismo.
—Quizás esté incubando… Sería realmente una locura filmar una incubación.
El robot se acerca y la cámara enfoca la cueva. Está inmovil en ese pocito en la pared de arena.
—¡Sí, tiene huevos! ¡Es increíble!
—Noooo, ¡qué belleza! ¡¡Mirá!!
—¡Sí! Estoy anotando todo…
—¡Está incubando! ¡Miren esos huevos! ¡Los está batiendo!
Casi como una réplica de la película Mi maestro el pulpo (2020), el animal, acurrucado, forma una especie de nido entre su cuerpo y la arena. Así, protege sus huevos traslúcidos, que son, literalmente, cientos de miles. Durante meses, no se mueve, no sale de su refugio, no se alimenta.
—Lo más triste es que está a punto de morir.
—Eso también es lo más increíble.
Sus bebés nacerán pronto y tendrán que sobrevivir solos en el bajo fondo. Su madre entrega toda su energía a cuidar su descendencia. Para cuando los huevos eclosionen, ella, exhausta, se dejará morir.

Otras exploraciones al mar argentino
Aunque esta no es la primera vez que se estudia el Mar Argentino, sí es la primera que se puede observar a los organismos vivos en su hábitat natural. Anteriormente, se hicieron estudios mediante rastras y redes de arrastre, que recolectaban ejemplares desde el fondo y se veían recién en la superficie.
“Este estudio complementa nuestros estudios previos. Vemos cómo viven, cómo se mueven e interactúan, cómo son las comunidades en realidad en el fondo del mar”, mencionó Damborenea, y ejemplificó con el caso de la ‘batata’ o ‘pepino’ de mar, el cual se había estudiado al animal muerto, y ahora se lo pudo ver dentro de su comunidad.
Desde 2009, el CONICET ha impulsado múltiples campañas oceanográficas a través del buque Puerto Deseado, construido en colaboración con la Armada Argentina. Ese fue el puntapié para la iniciativa Pampa Azul, una política interministerial que buscó profundizar el estudio y la soberanía científica en el Atlántico Sur. Gracias a esas campañas, en las que participó GEMPA en al menos doce oportunidades, se publicaron más de 60 pappers y se describieron más de 30 especies nuevas para la ciencia.
Sin dudas, esta campaña permite reactivar el trabajo y la agenda científica de nuestro territorio marítimo.
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Hace al menos dos años que trabajadores y trabajadoras del sistema científico argentino denuncian recortes, despidos y precarización. Y sin embargo, un stream de corales y bichitos de mar logró lo que hace rato no pasaba: la ciencia emocionó masivamente.
Cabe preguntarse, por qué días y días de streaming del fondo marino tiene más visibilidad que las denuncias de la crítica situación institucional. Tal vez, una respuesta apresurada sea que este es un stream que nos conmueve, nos llena de ternura y alegría, de curiosidad y entusiasmo. En definitiva, nos recuerda aquello que nos hace humanos, aquello que le da sentido a la vida y a nuestra especie. Lo bello, lo digno, lo asombroso, cobra un mayor sentido frente a un gobierno que es visiblemente insensible y explícitamente cruel.




























