Autor: Delfina Sánchez Magariños

  • Bajo del mar: entre lo bello y lo político 

    Bajo del mar: entre lo bello y lo político 

    Hace más de diez días que el buque científico Falkor Too navega el extremo norte del Mar Argentino. Hace cinco, que las imágenes que obtiene son virales en todas las plataformas. 

    —Para los que se suman hoy, les contamos que estamos en el área del Cañón Submarino de Mar del Plata, un área que hace 10 años atrás exploramos con un buque oceanográfico argentino, el buque Puerto Deseado —explicó Nadia, una de las figuras más aclamadas en el stream del Conicet.

    Es 26 de julio de 2025, y así comienza la transmisión de Youtube. Es el segundo día en el que podemos ver al robot SuBastian avanzar con luces y cámaras por el lecho marino, mostrando corales, crustáceos, pulpos, campos de remolachas, comunidades de batatas, calamares, medusas iridiscentes y una estrella de mar que ya es famosa más allá de los límites del mar argentino.

    —Esta vez, vinimos con la intención y la capacidad de fotografiar las comunidades in situ y recolectar algunos ejemplares que son de gran interés para los estudios que llevamos adelante —contó a Desde la Raíz una de las biólogas a bordo.

    Una expedición científica sin precedentes

    Cristina Damborenea trabaja en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata. Es doctora en biología y durante décadas se ha especializado en invertebrados. Ahora mismo, se encuentra embarcada a 700 km de su casa, disfrutando de la vista marina y sorprendiendose con los hallazgos. “Estar acá es muy emocionante, la transmisión parece una película con animales de ciencia ficción”, comentó en diálogo con Desde la Raíz. 

    Junto a ella, a bordo del Falkor Too -el buque norteamericano del Schmidt Ocean Institute- se han embarcado veinticinco investigadores del CONICET. Recorrerán durante 19 días el cañón submarino de Mar del Plata, una formación geológica profunda situada a unos 300 kilómetros de la costa.

    Llegar hasta acá implicó más de un año y medio de trabajo. El proyecto es fruto de mucho esfuerzo, sueños, planificación y convicción científica. “Fue un camino muy lento. Nosotros solicitamos un subsidio al Schmidt Ocean Institute, para lo cual tuvimos que presentar una propuesta, explicar los objetivos y los fundamentos, y fuimos seleccionados”, contó Cristina, y agregó: “Nadie cobra nada por todo esto, pero es una gran oportunidad de realizar el trabajo”.

    Se trata de una misión liderada por científicos argentinos del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), conformado por biólogos de distintas partes del país con décadas de trabajo en investigación y docencia. Por primera vez, un equipo argentino puede ver y registrar en alta definición la vida del fondo marino, a profundidades que oscilan entre los 1.000 y los 3.700 metros.

    La Dra. Cristina indicó que “Tenemos que conocer esta parte del mar, como cualquier otra parte del planeta, para poder protegerla”. Es que si no conocemos qué hay en el fondo del mar “no podemos ni siquiera pensar en él”, señaló.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

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    —¿Podemos hacerle zoom? —dice una bióloga, maravillada frente a las pantallas del barco. 

    Es el segundo día de inmersión en el mar. A 1200 metros de profundidad, una esponja vítrea blanca y luminosa aparece en el centro de la imagen. Parece un erizo decorado con pompones de algodón. Mide unos diez centímetros y brilla como un foquito de luz en medio del océano. 

    —Hola a todos. Lo que tenemos acá es una esponja vítrea. Es una esponja carnívora que en este mismo momento pareciera estar alimentándose. Vamos a intentar recolectarla.

    Una pinza robótica se acerca con cuidado. El equipo guarda absoluto silencio, mientras los operadores desprenden la esponja de la arena y la colocan en una de las cajas de recolección. Después vuelven las risas, los aplausos y la emoción.

    ***

    El responsable de las imágenes es el ROV SuBastian, un vehículo robótico y submarino, operado a distancia, equipado con luces, cámaras 4K y múltiples brazos mecánicos con los que logra recolectar muestras de organismos y sedimentos. Desde el buque, los científicos toman las decisiones. Pertenecen al Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), el CADIC de Ushuaia, y grupos de investigación de las universidades nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata y Puerto Madryn. 

    A bordo conviven tres generaciones: desde estudiantes de doctorado hasta investigadores superiores. También fueron invitados tres especialistas: el Dr. Santiago Herrera (Colombia), la Dra. Johanna Wetson (EE.UU.) y la geóloga Graziella Bozzano (Italia).

    Los primeros días el clima es de mucho entusiasmo. Apenas se respetan los turnos de día y de noche, todos quieren ver qué encuentran y nadie quiere perderse de nada. Al quinto día, el cansancio empieza a sentirse. Deben dormir y descansar, mantener los turnos y guardar energías.

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    El robot sigue avanzando por el lecho marino, con la atención absoluta del equipo científico. Entre colores blancos, rosados y violetas, algo se mueve. Una langosta rosada aparece frente a cámara. Estira sus antenas largas y da unos pequeños pasos con sus ocho patas.

     —Fua, qué bicho… —dice alguien, casi como un suspiro.

    Un poquito más adelante, es el momento de una estrella:

    —¡Al fondo! ¡Veo una estrella de mar!

    —¡Encontramos a Patricio!—festeja uno de los biólogos.  

    La estrella, en tono rosa salmón, está rodeada de corales violetas. La cámara le hace zoom.

     —Sí, creo que todos pensamos lo mismo… —bromea Nadia. La estrella tiene un detalle bien notable, en una de sus axilas, sus músculos marcan unas curvas y dibujan perfectamente unas nalgas.

    —¡Ay, mirá! 

    Al fondo, una mantaraya permanece quieta como un fantasma de sábana blanca. Luego se desplaza, en un movimiento suave y armonioso. Sus aletas parecen alas, o las orejas de Dumbo. El silencio del momento, apenas interrumpido por el sonido del mar, convierte la escena en algo hipnótico.

    Ciencia argentina en acción

    —Seguimos observando en vivo, y Cristina Damborenea, del Museo de La Plata, está muy contenta. Acaba de encontrar un gusano plano. Vamos a intentar coleccionarlo con la bomba de succión —se escucha en el streaming.

    Dado que la mayoría de los científicos del equipo son biólogos taxónomos —se encargan de describir y clasificar especies— el foco de la expedición está puesto en la identificación y estudio de peces e invertebrados marinos del océano profundo. Desde que inició, ya se han clasificado 40 especies nuevas. 

    El robot SuBastian bajará y subirá, una a una, las treinta estaciones de muestreo programadas sobre el talud continental. Además, se analizará ADN ambiental, microplásticos, residuos y el ciclo de carbono

    El 70% del agua del planeta se encuentra por debajo de los 200 metros de profundidad. Son zonas desconocidas e inexploradas hasta el momento. Las muestras obtenidas serán un gran material de estudio para los científicos argentinos, por lo menos durante los próximos 10 años. Despúes de todos los estudios, las muestras quedarán en el Museo de Ciencias Naturales del Parque Centenario, Buenos Aires. 

    “Estamos aportando al conocimiento de la diversidad de nuestro país y aportando conocimiento para las generaciones futuras para que se pueda saber cómo actuar, un conocimiento base de cómo es esta región, cómo funciona”, aseguró la Dra Damborenea.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

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    Cada inmersión del ROV dura muchas horas. A veces, un día entero.

    Luego, el robot sube lento, como un ascensor silencioso en la oscuridad. Casi dos horas despúes, asoma a la superficie. Los técnicos lo esperan, comandan el conjunto de poleas que lo traen de nuevo a la cubierta del barco. Son las ocho de la mañana y los cientificos se preparan para buscar todo lo recolectado.

    En la cubierta, el viento arrastra olor a sal. El robot, tiene los compartimentos llenos. Con precisión quirúrgica, los investigadores se acercan con guantes, pinzas, frascos, etiquetas. Cada quien sabe lo que busca.

    Graziella, la geóloga italiana, se arrodilla delante del tubo que contiene la muestra de sustrato. Emiliano va directo a los cangrejos, Nadia levanta de a uno los corales, Javier revisa los moluscos, Mariano encuentra su pepino de mar, Nacho busca el cirripedio que tanto soñó ver y Valeria mira esa bolsa de plástico enredada en una madeja de corales.

    El estudio empieza adentro, en los laboratorios del barco. Allí las muestras se etiquetan, se miran con cuidado y se guardan con mucha precaución. Afuera, el océano sigue allí y el robot estará listo pronto para su nuevo descenso.

    Foto / Schmidt Ocean Institute

    ¿Quién financia el sueño?

    Los filántropos ambientales Eric Shmidt, ex CEO de Google, y su esposa Wendy Schmidt, son los creadores del SOI, una fundación con sede en EE.UU sin fines de lucro. Fue creada en 2009 en pos de promover la ciencia marina a través del financiamiento de campañas de exploración abiertas y colaborativas.

    El proyecto de nuestros científicos fue seleccionado, luego de un concurso público, y así obtuvo el financiamiento del buque y la tecnología de vanguardia. Esta es una de las tres fundaciones a través de las cuales el matrimonio ha donado el 6% de su patrimonio, según Forbes.

    “La fé en la ciencia se recupera cuando, por ejemplo, le mostras a las personas las cosas más maravillosas que jamás hayan visto y que están acá, en el planeta”, dijo Wendy en una entrevista la última semana. 

    En un contexto de profundo desfinanciamiento, presupuestos congelados y fuga de cerebros, el financiamiento internacional de esta campaña permite sostener una agencia científica estratégica. Aunque puedan generarse controversias, lo cierto es que el equipo argentino pensó, planificó y ganó la convocatoria en competencia con otros proyectos del mundo por su valor científico.

    Falkor (too). Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute

    ***

    Es de noche en el séptimo día de exploración. Hoy, la pared del talud ha ofrecido una colorida paleta de corales y una gran abundancia de especies. El turno noche comenzaría con un hallazgo extraordinario. A 2439 metros de profundidad, un pulpo celeste está guardado en una cueva, enroscado sobre sí mismo. 

    —Quizás esté incubando… Sería realmente una locura filmar una incubación. 

    El robot se acerca y la cámara enfoca la cueva. Está inmovil en ese pocito en la pared de arena. 

    —¡Sí, tiene huevos! ¡Es increíble!

    —Noooo, ¡qué belleza! ¡¡Mirá!!

    —¡Sí! Estoy anotando todo…

    —¡Está incubando! ¡Miren esos huevos! ¡Los está batiendo!

    Casi como una réplica de la película Mi maestro el pulpo (2020), el animal, acurrucado, forma una especie de nido entre su cuerpo y la arena. Así, protege sus huevos traslúcidos, que son, literalmente, cientos de miles. Durante meses, no se mueve, no sale de su refugio, no se alimenta. 

    —Lo más triste es que está a punto de morir.

    —Eso también es lo más increíble. 

    Sus bebés nacerán pronto y tendrán que sobrevivir solos en el bajo fondo. Su madre entrega toda su energía a cuidar su descendencia. Para cuando los huevos eclosionen, ella, exhausta, se dejará morir.  

    Otras exploraciones al mar argentino 

    Aunque esta no es la primera vez que se estudia el Mar Argentino, sí es la primera que se puede observar a los organismos vivos en su hábitat natural. Anteriormente, se hicieron estudios mediante rastras y redes de arrastre, que recolectaban ejemplares desde el fondo y se veían recién en la superficie. 

    “Este estudio complementa nuestros estudios previos. Vemos cómo viven, cómo se mueven e interactúan, cómo son las comunidades en realidad en el fondo del mar”, mencionó Damborenea, y ejemplificó con el caso de la ‘batata’ o ‘pepino’ de mar, el cual se había estudiado al animal muerto, y ahora se lo pudo ver dentro de su comunidad. 

    Desde 2009, el CONICET ha impulsado múltiples campañas oceanográficas a través del buque Puerto Deseado, construido en colaboración con la Armada Argentina. Ese fue el puntapié para la iniciativa Pampa Azul, una política interministerial que buscó profundizar el estudio y la soberanía científica en el Atlántico Sur. Gracias a esas campañas, en las que participó GEMPA en al menos doce oportunidades, se publicaron más de 60 pappers y se describieron más de 30 especies nuevas para la ciencia.

    Sin dudas, esta campaña permite reactivar el trabajo y la agenda científica de nuestro territorio marítimo.

    ***

    Hace al menos dos años que trabajadores y trabajadoras del sistema científico argentino denuncian recortes, despidos y precarización. Y sin embargo, un stream de corales y bichitos de mar logró lo que hace rato no pasaba: la ciencia emocionó masivamente. 

    Cabe preguntarse, por qué días y días de streaming del fondo marino tiene más visibilidad que las denuncias de la crítica situación institucional. Tal vez, una respuesta apresurada sea que este es un stream que nos conmueve, nos llena de ternura y alegría, de curiosidad y entusiasmo. En definitiva, nos recuerda aquello que nos hace humanos, aquello que le da sentido a la vida y a nuestra especie. Lo bello, lo digno, lo asombroso, cobra un mayor sentido frente a un gobierno que es visiblemente insensible y explícitamente cruel. 

  • Punto para la soberanía alimentaria: abrió un Mercado Bonaerense en La Plata

    Punto para la soberanía alimentaria: abrió un Mercado Bonaerense en La Plata

    Amanda Velasco abre el puesto temprano por la mañana. Esta vez, los muchachos no tienen que cargar ni descargar el camión. Tampoco hay que volver a acomodar los cajones. Las verduras ya están ordenadas desde ayer, cuando el mercado inauguró sus puertas.

    Amanda forma parte de la Cooperativa 197 de La Plata, integrada por familias productoras de la localidad de Abasto. Cultivan hortalizas de estación en sus quintas, que durante años salieron a vender por las esquinas de la ciudad. Ese fue su primer vínculo con la venta: en contacto directo con vecinos y vecinas.

    La articulación con el Ministerio de Desarrollo Agrario, en las ferias de 13 y 32, fue un punto de inflexión.

    —Fue un paso clave para la formalización de la venta de nuestras verduras,— cuenta Amanda —porque pudimos acceder al descuento con la Cuenta DNI.

    La Coope sigue creciendo. Ahora, integra, además, uno de los puestos del nuevo Mercado Bonaerense que ya funciona de martes a domingo de 8 a 16 hs.

    —Cuando supimos que iba a abrir un mercado fijo, recibimos la noticia con muchísima alegría. Por fin íbamos a tener un lugar donde comercializar nuestras verduras, con precios justos y razonables para el pueblo, de la mano de las propias familias productoras.

    En el puesto de Amanda hay verduras frescas de estación, también plantas aromáticas, flores, semillas, aceites. Detrás, sobre una de las paredes, cuelga una bandera de la CoTePo (Consultorio Técnico Popular), una iniciativa de la UTT. Al lado, un cartel con una sola palabra: Agroecología.

    —La mayoría de las familias trabajan vendiendo sus verduras a culata de camión. Todos queremos comercializar con otras redes.

    Amanda Velasco junto a Axel Kicillof, Javier Rodríguez y Julio Alak en la inauguración del jueves.

    La Plata tiene un nuevo mercado. Esta semana, en un amplio galpón pegado al predio del mercado regional mayorista, abrió sus puertas un punto fijo de Mercados Bonaerenses. Allí, decenas de pequeños y medianos productores ofrecen frutas, verduras, panificados, lácteos, carnes, conservas y más, sin intermediarios y a precios accesibles. 

    El mercado, que cuenta con quince puestos variados, se enmarca dentro del programa provincial Mercados Bonaerenses, un programa de ferias itinerantes y mercados fijos de la provincia de Buenos Aires. Impulsado por el Ministerio de Desarrollo Agrario, tiene el objetivo de crear otros circuitos de venta y consumo, no convencionales, para la economía popular. 

    Hasta ahora el programa en la ciudad funcionaba en ferias, pero con esta apertura se suma un punto fijo. Puntualmente, se emplaza en avenida 520 y 116, en Tolosa. Abrirá de martes a domingo, desde las 8 de la mañana hasta las 16 hs, no solo con precios accesibles sino además con promociones especiales. 

    La propuesta apunta tanto al bolsillo de los consumidores como a mejorar las condiciones de comercialización de quienes producen alimentos en la región. El objetivo es acortar los circuitos de comercialización, evitar los aumentos de precios y fortalecer las economías locales. 

    El mercado está pensado para garantizar una canasta básica completa: hay puestos de almacen, verduleria, dietética, carnicería, congelados, granja, lácteos, agricultura familiar, limpieza, panadería, bebidas y productos regionales.

    Todos, con un gran beneficio: un descuento del 40% con Cuenta DNI todos los días, con un tope de reintegro de $6.000 semanales por persona, el cual se alcanza con una compra de $15.000. Una articulación con el Banco Provincia fundamental para impulsar el comercio interno.

    La apertura contó con una inversión total de 130 millones de pesos, financiada por el gobierno bonaerense y el Mercado Regional de La Plata. Se inauguró con un acto encabezado por el gobernador Axel Kicillof, el intendente Julio Alak, y el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez. 

    Un programa sin antecedentes en la provincia

    El nuevo mercado de 520 se suma a otros 10 Mercados Bonaerenses que ya existen distribuidos por toda la provincia. MB, es un programa que surge en el 2020, ya con la gestión de Javier Rodríguez. Lo que empezó como una red de ferias, cuenta ahora con el 90% de los municipios adheridos, 123 de los 135 totales en la provincia. 

    ‘’Mercados Bonaerenses surge para abordar la cuestión de la producción y el acceso a la alimentación de manera integral. Nuestros mercados tienen como objetivo brindar un espacio de comercialización, por un lado, y garantizar el acceso a una canasta variada, por el otro’’, explicó Javier Cernadas, Director Provincial de Comercialización y Alimentos del Ministerio. 

    Desde entonces, se han realizado más de 34.000 ferias, con la participación de 2400 productores y un estimativo de 11,5 millones de usuarios, un número que demuestra el impacto y el despliegue territorial que tiene del programa, según un estudio de la FAO que analizó la experiencia en 10 municipios.

    En 2022, la provincia se comprometió con la FAO a impulsar la producción sustentable de alimentos. Contemplando distintas herramientas y acciones, ferias, nodos y aplicaciones digitales, el circuito de trabajo y alimento creció por toda la provincia y construyó 10 mercados fijos, para darles a los productores la posibilidad de aumentar en escala de producción y vender sus productos todos los días del año. 

    Javier Cernadas, aseguró que ‘’Después de décadas de concentración del mercado, la intermediación se come gran parte del esfuerzo de los pequeños y medianos productores. Acortando la cadena, el productor cobra más y el consumidor paga menos.’’

    Sumado a esto, la promoción con Cuenta DNI hace realmente la diferencia. El beneficio del 40% constituye una apuesta del BAPRO pero también un gran trabajo de parte del Ministerio, que lejos de acordar con 5 o 6 cadenas de supermercados, coordina más de 2000 productores, uno por uno, la formalización y la aplicación del descuento. 

    Puestos De Alimentos Regionales Bonaerenses

    La diversidad productiva se expande más allá de los límites de nuestra ciudad. Entre los diferentes puestos de productores, cooperativas y emprendimientos, se encuentra uno particular. El Puesto de Alimentos Regionales Bonaerense, es un puesto cuyas góndolas estan repletas de productos elaborados en la provincia.

    Este sector reúne a las PUPAs, Pequeñas unidades de producción alimenticia, y les ofrece un punto de venta fijo. De esta forma, las producciones familiares, domiciliarias, se evitan tener que frenar su producción para estar en una feria a su vez que se les garantiza la ganancia completa.

    Sin dudas, detrás del nuevo Mercado Bonaerense, se hace presente un trabajo mucho más grande. Según analizó Javier Cernadas, ‘’Esto es parte de una política integral. Para fortalecer la producción y el trabajo, es clave capacitar, habilitar, dar financiamiento, pero también hay que dar canales de comercialización’’.

    En un contexto económico complejo, donde el acceso a alimentos está cada vez más restringido, este tipo de políticas públicas intentan ser un alivio para miles de familias.

    En 520 y 116 hay un mercado que realmente vale la pena recorrer. Un supermercado como los que no conocemos: 100% real, nacional, popular y regional. Un espacio que hace justicia. Un sueño de la soberanía alimentaria. 

  • Garrahan: la punta del iceberg

    Garrahan: la punta del iceberg

    Suena el despertador a las seis y media. Lucía se destapa sin abrir los ojos. Sale de la cama, se viste con movimientos rápidos. Ya no hay tiempo para desayunar: cinco minutos más de sueño valen más que un café caliente.

    Afuera, la calle está fría, el auto también. A esa hora, Bariloche todavía está congelado, apenas hay autos en la avenida y del lago se levanta un vapor helado. Maneja al centro con un sueño que no es de hoy, lleva meses y meses acumulado.

    En el hospital, prepara el mate y atiende el pase. Ese es el primer momento del día: las médicas que estuvieron toda la noche cuentan cómo estuvo la guardia. Relatan cambios, síntomas, signos, mientras los niños todavía duermen. Las que recién ingresaron anotan la historia clínica, en papel y con velocidad. La burocracia de los papeles le lleva dolor de muñeca y media jornada, a veces incluso, más tiempo que la atención del caso.

    Lo que sigue es avisar a enfermería los cambios de medicación, despertar a los niños, actualizar las planillas, dejar programada la tarde para el pase que se hará cuando se vaya. Al mediodía, se cruza al consultorio, la mayoría de las veces sin haber llegado a almorzar. Ahí la espera otra agenda: controles de salud, niños sanos y otros no tanto, gripe, tos, vacunaciones. Atiende sus propias consultas pediátricas, con turnos cada media hora que siempre se extienden.

    —A veces, nos vamos más tarde porque viene un hermanito más y lo atiendo porque el boleto de colectivo es demasiado caro y hace demasiado frío para pedirles que vuelvan otro día.

    Lucía y sus compañeras cubren toda la demanda del hospital público de Bariloche con turnos de 8 horas y guardias de 24. 

    —Es difícil aguantar. Este año, hay menos pediatras que cuando empecé. 

    A las tres y media empieza la actividad académica. Son las clases que se dictan y preparan entre residentes. Lucía a veces prepara las clases, otras las escucha. Es parte de su formación, y lo hacen incluso mientras terminan de escribir la historia clínica de los últimos pacientes. Si no hay guardia y es un buen día, la jornada termina cerca de las cinco. 

    Vuelve a su casa y mientras cocina revisa las anotaciones de ese nene que llegó tan mal, de esa nena que en su casa no come, de las gemelitas que tienen piel de mariposa. A veces intenta estudiar un poco más, otras veces cae dormida, no sin antes ponerse la alarma, lista para volver a empezar.

    Residente de Bariloche

    ***

    El 1º de julio, mientras cientos de médicos graduados realizaban el Examen Único -una instancia fundamental para acceder a un contrato de residencia-, el gobierno nacional oficializó un nuevo golpe a la salud pública. La resolución 2109/2025, firmada por el Ministerio de Salud,  modificó el Sistema Nacional De Residencias y convirtió los contratos laborales en esquemas de becas.

    Esta medida afecta residencias médicas en hospitales nacionales y conlleva la pérdida de derechos laborales elementales como aportes jubilatorios, aguinaldo, antigüedad, paritarias, obra social y límite de horas en las guardias.

    Aunque el ajuste recae ahora con fuerza sobre hospitales de gran importancia como el Garrahan, los contratos de becas no son una novedad en muchas provincias. En Río Negro, por ejemplo, hace muchos años que los residentes son becarios de la provincia, lo cual deja a merced de cada servicio los regimenes de horarios, guardias y postguardias.

    Así lo cuenta Lucía Santamaría, residente de pediatría de segundo año del Hospital Zonal de Bariloche: “Cobramos un ‘’Bono Aguinaldo’’, según voluntad del gobernante, pero trabajamos jornadas extensísimas que en otras profesiones -policías, pilotos, choferes- serían ilegales. Trabajamos 24 o 36 horas, en tareas críticas, sin reconocimiento’’. 

    Los residentes no son pasantes ni practicantes: son médicos recibidos que eligen especializarse en hospitales públicos tras rendir un examen nacional y ser seleccionados bajo un órden de mérito. Dentro de un hospital, son la primera línea de atención en diferentes áreas, realizando trabajos fundamentales para el engranaje del sistema de salud y cuya falta deja en evidencia un sistema colapsado. Sus conocimientos se aplican en trabajos asistenciales, tanto preventivos, prehospitalarios, como en servicios de demanda, internación, quirófano y terapias intensivas. Por ejemplo, en el Hospital Garrahan, una de las instituciones de mayor complejidad pediátrica de Latinoamérica, o en el Hospital Sor Maria Ludovica de La Plata, el mayor de la región, la atención implica muchas veces estar frente a personas con patologías poco frecuentes y cuadros clínicos complejos que requieren de constante actualización y disposición tanto en horario laboral como en no laboral. 

    La Ley N° 22.127, que hasta ahora regía el Sistema Nacional de Residencias, tenía como objeto garantizar la formación de los profesionales ejercitando su desempeño en actos de progresiva complejidad y responsabilidad. La nueva resolución desmonta esa estructura: sin límites de tiempo, sin salarios dignos ni derechos mínimos, los residentes en se exponen, en pos de su aprendizaje, a más exigencias, más cansancio y mayor riesgo de colapso, retrocediendo a un sistema obsoleto de trabajo. ‘’Las tareas laborales de un residente no terminan cuando se va del hospital’’, expresó Lucía.

    El vaciamiento no es tema nuevo, pero ahora se profundiza. En todo el país, los hospitales se están vaciando. Cada vez menos residentes quieren ingresar al sistema público porque no pueden sostener jornadas interminables con salarios que no se justifican en el proporcional por hora. A su vez, quienes ya trabajaban en los hospitales deciden abandonar por la misma razón. En el último año, se registraron 220 renuncias de trabajadores del Garrahan, según fuentes de ATE, de los cuales 20 sucedieron en los últimos días ante la falta de escucha y respuesta de las autoridades. Esas vacantes no son puestos que puedan cubrirse fácilmente ya que requieren conocimiento y formación. En consiguiente, las residencias de algunos hospitales provinciales y municipales están cerrando, dejando baches y necesidades poblaciones desatendidas. 

    Trabajadores del Hospital Nacional Garrahan en defensa de la salud pública
    Trabajadores del Hospital Garrahan en defensa de la salud pública. Mayo 2025

    La política sanitaria del gobierno de Javier Milei parece ser enemiga de la salud pública, tal como lo definió ATE. Desde el inicio de la gestión, el Ministerio de Salud (primero con Mario Russo a la cabeza, reemplazado luego por Mario Lugones), despidió al 40% del personal del Hospital Bonaparte. Más tarde, avanzó sobre el resto de los hospitales nacionales, como el Baldomero Sommer, el Posadas y el propio Ministerio, cerrando programas sanitarios y despidiendo trabajadores. En la última semana, el Estado Nacional disolvió el Instituto del Cáncer y el Instituto de Enfermedades Cardiovasculares. “No todo el mundo tiene derecho a todo, es todo una mentira y hay que dejarla de lado”, declaró Lugones en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos AmCham.

    Hoy, el Garrahan es el foco del conflicto. Allí, los residentes cumplen jornadas de hasta 70 horas semanales, percibiendo un salario de $797.000 mensuales para el primer año, es decir $2840 la hora, que equivale a un kilo de arroz por hora. Frente a los reclamos, los trabajadores recibieron amenazas de sanciones y despidos, y otros amedrentamientos, presiones y supervisiones que buscan disciplinar el reclamo en lugar de resolverlo.

    Pan para hoy, hambre para mañana

    Los reclamos no se limitan solo a la recomposición salarial y la restitución de derechos laborales, sino que apuntan también a la defensa de un sistema reconocido mundialmente, en términos de prevención, por ejemplo, como lo es el Sistema Nacional de Vacunación obligatorio. 

    La falta de prevención, de administración y la desatención de sectores, conllevan a un mayor gasto futuro. ‘Pan para hoy, hambre para mañana”, expuso Lucía Santamaría. “La falta de vacunación de hoy, es la meningitis de mañana. La falta de ESI, serán  embarazos adolescentes y estudios sin finalizar. Cuando mañana no haya médicos y le tengan que pagar a extranjeros para cubrir, también les va a salir más caro. Es ahora: hay que evitar que los profesionales se vayan”, concluyó.

    Ahora mismo, en el Centro de Salud 34 Hectáreas, en el barrio El Frutillar de Bariloche, no hay heladera para conservar vacunas. El equipo de salud, de uno de los centros de mayor demanda de la ciudad, se vio obligado a recurrir a las redes sociales para pedir públicamente la donación de una heladera. Es una postal de abandono estatal en un barrio popular donde la salud pública es esencial,  que, lamentablemente, es una de las tantas situaciones que enfrentan los servicios de salud en todo el país.

    Residentes médicos del hospital de Bariloche en lucha por sus derechos laborales
    Residentes de Bariloche. Marzo 2024

    Por parte del gobierno, el sector no ha recibido ningún tipo de respuesta, a pesar de que las medidas de fuerza se siguen sosteniendo. En el Garrahan, de tres audiencias convocadas, los funcionarios asistieron sólo a la primera, en la que han tenido el tupé de preguntar, descaradamente, ¿Cuál es el reclamo?. “Eran funcionarios de segundo o tercer rango y no tenían ánimos de dialogar nada. A partir de ahí impulsamos más medidas de fuerza, porque ellos exigen que los trabajadores sean dialoguistas pero nos revolean con todo lo que pueden”, sostuvo Gerardo ‘Pino’ Oroz, secretario gremial de ATE Garrahan. 

    Las renuncias y los despidos se producen en medio de un reclamo salarial y de denuncias de un colapso institucional sin precedentes. Hace meses que se realizan paros, movilizaciones y festivales. Lo que sigue es una medida de fuerza nacional: se está convocando a un paro y movilización el 17 de julio desde el Congreso hacia Plaza de Mayo a las tres de la tarde.

    “De ellos no tenemos nada que esperar porque realmente ya han demostrado que su política es destrucción. Pero tenemos muchas expectativas para el 17, en el conjunto de la sociedad. Queremos que se entienda esto como una lucha que excede el problema salarial del Garrahan. Es la defensa misma de la salud pública”, determinó Gerardo Oroz.

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  • Cooperativas argentinas: trabajo, identidad y soberanía

    Cooperativas argentinas: trabajo, identidad y soberanía

    En Argentina, el sector cooperativo es amplio y diverso, con más de 22 mil cooperativas vigentes, según datos del INAES, Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, del 2023. Con presencia en todas las provincias y en el 90% de las localidades del país, las cooperativas abren más de 330 mil puestos de trabajo de forma directa o indirecta. 

    Desde el vidrio hasta una caja de pizza, desde el delivery hasta la exportación de kiwi, las cooperativas son protagonistas de la producción argentina.

    La recuperación como política de industrialización

    Amelia, trabajadora de Cristal Avellaneda, se acuerda perfecto de aquellos días en que lograron recuperar la fábrica. Recuerda el frío, recuerda la carpa, recuerda la alegría que sintió el día que la justicia les habilitó el ingreso. Corrían los días calientes de la crisis y las privatizaciones. La empresa Cristalux, como tantas otras, se había declarado en quiebra.

    Amelia lleva 23 años trabajando en su fábrica recuperada, devenida en la cooperativa de trabajo Cristal de Avellaneda, fabricante de la emblemática marca de vajilla de vidrio Durax. Ocupó un lugar protagónico aquel mayo de 2002, cuando junto a otros trabajadores se organizaron para expropiar la empresa que había bajado las persianas en diciembre de 1999. Con una carpa en el portón de entrada, los trabajadores aguantaron durante dos meses los días de frío y lluvia. Con turnos, se aseguraban de cuidar que nadie ingrese. Mientras esperaban la orden judicial, algunos cocinaban, como Amelia; otros, juntaban alimentos para la olla; otros cortaban leña para calentarse; otros pensaban cómo volver a poner otra vez las máquinas en marcha.

    Tras la quiebra y los saqueos, la fábrica había quedado en ruinas. Las instalaciones estaban rotas, no había luz ni gas, y las partes eléctricas, los motores, las herramientas y todo insumo había desaparecido. Tenían que volver a empezar. El primero de todos los pasos fue reconstruir un horno donde fundir el vidrio. Trabajaron con la luz del sol, con lo mínimo. Los vecinos les juntaban botellas para la fundición, Amelia recuerda calentar agua en el fuego para lavarlas: ‘’El horno no se podía contaminar, tenían que estar limpias’’.  

    Comenzaron con un horno pequeño elaborando elementos de decoración, luego, con uno más grande, pudieron hacer platos y vasos. También tuvieron que aprender a organizarse y administrar la gerencia. Veinte años después, la cooperativa devolvió al mercado la histórica línea Durax y con ello recobró el brillo de sus mejores años: Hoy exportan a más de 6 países, lideran más del 55% del mercado de vajillas, cuenta con 300 trabajadores, y operan con un horno de 90 toneladas que les permite un stock permanente en productos de línea.

    “Miro esta fábrica, veo todo esto y pienso cómo empezamos sin tener nada. Siento orgullo de estar acá, no es joda haber llegado hasta acá”, recordó Amelia, una de las fundadoras de la cooperativa. “Ahora todos me miman mucho”.

    “La cooperativa nace por la lucha de los compañeros y gracias a ellos esta fábrica está de pie. Nosotros custodiamos el legado de ellos. Ellos nos decían que esto era para nosotros”, contó el presidente de la cooperativa, Damián Ezequiel Ayala. Esta es una de las tantas experiencias de recuperación industrial y esfuerzo productivo posterior a la argentina de los años 90, a través de un modelo cooperativo que se presentaba como única alternativa posible. 

    “De la carpa, de ese entonces, quedan 5 o 6 personas, y la historia cuando te la cuentan te pone la piel de gallina. Nos enseñaron muchas cosas, la principal es cuidarnos el uno a otro, no tener rivalidades“, expresó por su parte Rodolfo, secretario de Cristal Avellaneda.

    Al igual que en Avellaneda con el vidrio, en otras partes del país las cooperativas garantizan no sólo puestos de trabajo, sino también producciones con valor agregado para competir en mercados internacionales.

    Kiwis argentinos de calidad con destino de exportación

    Cuando uno piensa en kiwis, inevitablemente piensa en canguros y en todos esos jóvenes que con una VISA viajan a Nueva Zelanda a cosechar kiwis. Pero Argentina, concretamente el sudeste bonaerense, también produce kiwis de primer nivel.

    La cooperativa conocida como CoopeKiwi comercializa los kiwis más ricos de la región. No es una apreciación personal, es que gracias a las condiciones climáticas, la fruta es muy dulce, logrando destacarse sobre variedades más ácidas de otros países. Este es un punto de valor que le permitió a la cooperativa crecer exponencialmente en los últimos años y distinguirse en el mercado europeo. 

    Los cultivos de los productores asociados se extienden desde la costa atlántica de Miramar hasta las sierras de Balcarce, aprovechando la gran amplitud térmica y los suelos bien drenados. Nacida formalmente en 2019, con apenas cinco socios, la Cooperativa Ecco Argentina comenzó brindando soluciones a las tareas de empaque y venta de los productores de la zona. Ahora comercializa 800 toneladas de kiwi por temporada, enviando el 30 % al exterior (Uruguay, Brasil, Italia, España) y el resto al mercado interno. “En los meses de cosecha, de mayo a diciembre, volcamos parte de nuestra producción hacia Europa, en contraestación, lo que libera cámaras de frío y nos permite mantener precios competitivos” relató Martín Pacheco, socio fundador. 

    Lejos de ser un cultivo de autoconsumo, CoopeKiwi opera como un negocio agroindustrial de gran escala. Gracias a la identificación geográfica (IG) “General Alvarado” y la certificación orgánica, la cooperativa accede a nichos premium en ferias europeas especializadas. Este grado de institucionalización permite la compra conjunta de insumos, la especialización del equipo técnico, los cuidados de calidad. “El modelo cooperativo baja los riesgos, baja los costos y aumenta las posibilidades”, afirmó Pacheco. Además, apuntando a la contituidad y el crecimiento, confirmó: “La cooperativa hoy es uno de los negocios que más proyección tiene en el mundo porque es un modelo que aumenta la escala muy rápido. En la medida que nosotros vayamos sumando productores, vamos a seguir sumando poder de negociación”.

    Por su parte, la Estación Experimental Agropecuaria de Balcarce, perteneciente al INTA y al Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, ha jugado un papel muy importante para el desarrollo de la producción de kiwi en la región, especialmente en el monitoreo del cultivo y la certificación del kiwi “Mar y Sierras“. Actualmente, están trabajando con CoopeKiwi en un proyecto de vivero cooperativo que permitirá propagar plantines localmente y triplicar la capacidad de expansión en los próximos años. “Necesitamos escala, pero hoy no basta con el stock de vivero actual; por eso estamos trabajando con la provincia en un centro de propagación que acelere el crecimiento de nuevos cultivos”, detalló Martín.

    Pizzería Roots: identidad y comunidad en clave cooperativa

    Hay una esquina platense que huele a pizza recién hecha. Está ubicada sobre una diagonal bien transitada y tiene sus paredes llenas de colores, estampas y murales. La identidad de la Cooperativa Roots se expresa no sólo en lo gastronómico sino también en lo cultural. 

    Roots abre sus puertas como un espacio colectivo: cálida atención, música en vivo, ilustraciones hasta en las cajas de las pizzas. Es un local que elige contar las historias de luchas sociales y reivindicar referentes como Lohana Berkins y Carlos Jáuregui . Es un espacio comunitario en el que cada detalle fue pensado de forma colectiva.

    Como resultado, Roots ofrece productos de un sabor exquisito. Pizzas de harinas agroecológicas, con verduras de productores locales, acompañadas de cervezas, también, de producción propia. Para los trabajadores, funcionar como cooperativa no es sólo una estructura administrativa, sino una filosofía de trabajo que busca romper con las lógicas jerárquicas tradicionales. “Tomamos lo mejor de la empresa: eficiencia y orden, y lo cruzamos con valores cooperativos: participación, escucha y permeabilidad”, explicó Ezequiel de los Santos, trabajador de Roots. Ser una cooperativa es una elección en pos de darle voz a cada integrante, adaptarse colectivamente a las tareas y potenciar la energía del encuentro.

    La propuesta gastronómica de Roots hace que todos los meses viajen exclusivamente a la localidad de Bragado a comprar las harinas agroecologicas, directo a quienes las producen. “Los compañeros de Granja La Permanencia producen una harina excelente pero no tienen logistica, así que decidimos nosotros ir a buscarla aunque implique toda una movida”, contó Ezequiel. Además, reutilizan todos los desechos orgánicos a través del compostaje y de un proyecto de cría de larvas de mosca soldado negro, que pueden conocer en un Valor Agregado realizado por Desde la Raíz. A su vez, la dimensión cultural también se expande en las “Sesiones Roots”, ciclos de música en vivo en la calle, así como también en festivales y eventos organizados en conjunto con otros emprendimientos platenses, colectivos y radios comunitarias.  

    Cada pizza lleva, entonces, el sello de un modelo productivo nacional, con materia prima local y sin residuos, que busca demostrar que es posible un sistema gastronómico cooperativo con valor social y ambiental.

    Derechos laborales y nuevas formas de organización: Mi ciudad Envíos

    Las y los repartidores de pedidos, recorren las ciudades desde las primeras horas de la mañana, hasta bien tarde por la noche. Su trabajo se ve directamente afectado por las condiciones climáticas o por sus propias condiciones físicas, capacidad de carga y resistencia en el movimiento. Entre las cientos de mochilas rojas de las grandes aplicaciones, destacan camperas y mochilas celestes: son las de los repartidores asociados a Mi CIudad Envios, cooperativa platense.

    Mi ciudad Envios nació en plena pandemia y se constituyó como la primera aplicación de delivery nacional y cooperativa, brindando soluciones logísticas a comercios locales y garantizando derechos laborales para un sector que no los tiene. 

    A pesar de las dificultades del contexto, ha logrado sostenerse y crecer. Hoy agrupa a más de 80 repartidores y presta servicio a más de 120 locales de la ciudad, principalmente gastronómicos. Además de la entrega de comidas, ofrecen servicios de mudanza, encomiendas y mensajería, ampliando su cobertura logística también para particulares.

    Lucas Libasci y Nahuel Salguero empezaron trabajando con sus bicis. Se conocieron repartiendo para PedidosYa, cada uno por su parte, pero al poco tiempo conformaron un grupo desde el que ofrecían, personalmente, su servicio a los comercios. Después de tres años de trabajo, pudieron constituir el respaldo legal para disputarle el terreno a las empresas multinacionales.

    “Es muy importante dar la batalla porque a estas aplicaciones no les importa el trabajador”, remarcó Nahuel en una entrevista con Desde La Raíz. Organizarse como cooperativa, les abrió la puerta hacia la regularización de sus derechos laborales, los propios y los colectivos. En el modelo de Mi Ciudad pudieron incluir derechos como los pagos adicionales ante condiciones climáticas, días feriados, exceso de peso o grandes distancias. Asimismo, determinadas protecciones frente a posibles percances en las horas de trabajo. 

    Para Lucas Libasci, “Trabajar en una Cooperativa significa trabajo en equipo, tirar todos para el mismo lado, crecer juntos y crear nuevos puestos. Queremos seguir soñando, según expresó en El Portal de las Cooperativas. La cooperativa sueña con expandirse por otras ciudades, apuntan a tener franquicias que generen más trabajo ofreciendo un servicio eficiente y confiable. 

    Mi Ciudad Envios es sin dudas un ejemplo bandera de que que la economía de plataformas puede ser también una economía solidaria. Con sus mochilas celestes, la cooperativa impone una lógica distinta: trabajar con derechos, sostenerse entre iguales y trazar redes que sean el motor de un servicio logístico de marca nacional.

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    Este año fue declarado por la ONU como El Año Internacional de las Cooperativas, bajo el lema “El cooperativismo construye un mundo mejor”. Sin dudas, las cooperativas tienen un impacto fundamental para las economías regionales, generan empleo y desarrollo comunitario y nos conducen a un país más soberano, más representativo y más productivo. 

  • Turismo austero y turismo dolarizado: Cómo se viaja en la Argentina de hoy

    Turismo austero y turismo dolarizado: Cómo se viaja en la Argentina de hoy

    “Hemos puesto toda la carne al asador”, aseguró el secretario de Turismo de la CAME. Gregorio Werchow se refirió al esfuerzo que hicieron las provincias argentinas para preparar una temporada de invierno que, esperan, reactive el movimiento interno. Paquetes con promociones, financiación en cuotas y estrategias regionales que apuntan a viajes cortos y cercanos. Sin embargo, en un país donde casi la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza, vacacionar se vuelve un lujo.

    Las vacaciones de verano dejaron un sabor amargo para el sector hotelero, gastronómico y turístico en general. A diferencia de esas fechas, el receso de invierno es más breve y suele activar viajes más localizados: escapadas de pocos días hacia provincias vecinas.

    De acuerdo a un informe publicado por INDEC el 25 de junio, la cantidad de turistas internacionales que ingresaron al país cayó un 10,1% interanual, mientras que el número de argentinos que salieron al exterior aumentó un 48,9%. Desde hace un tiempo que es innegable que el  turismo externo se ha llevado por delante el interno. Los números son alarmantes: sólo en lo que va de los primeros tres meses del año, han salido más de U$S 5000 millones únicamente por turismo. “El factor cambiario favorece más el turismo emisivo que el turismo receptivo. Los costos internos que atravesamos nos tornan poco competitivos frente a los países vecinos”, asintió el referente del sector en diálogo con Desde la Raíz. 

    Los datos del último informe del INDEC sobre turismo internacional.

    Cabe recordar que el peso argentino fue la moneda que más se apreció en el mundo durante 2024, con un incremento del 40,1% según el BIS. Este fenómeno de atraso cambiario, favorece las salidas al exterior y retrae al turismo nacional, afectando fuertemente a todas las economías locales vinculadas a este sector.

    A pesar del escenario desfavorable, todas las provincias realizaron sus lanzamientos de temporada y armaron propuestas regionales con foco en movilidad terrestre con distancias cortas y promociones familiares. Este es el caso de las seis provincias del NOA: Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, las cuales promocionan en conjunto sus destinos apuntando a turistas locales.

    Tenemos la esperanza de que las vacaciones de julio sean medianamente positivas”, sostuvo Werchow, quien además destacó el lanzamiento del plan Cuotas MiPyme impulsado por la CAME. Desde julio, el nuevo financiamiento incluirá gastos de transporte, gastronomía, hotelería y espectáculos. “El pago en cuotas es clave para que muchas familias puedan pensar en viajar, aunque sea por pocos días”, señaló.

    La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) lleva casi quince años ofreciendo una radiografía federal del movimiento turístico y comercial en todo el país. Según un informe reciente sobre los últimos dos fines de semanas largos de junio, más de dos millones de personas viajaron por la Argentina, con un gasto total de $412.372 millones en alimentos, bebidas, alojamiento, transporte y recreación. 

    Sin embargo, en comparativa con el año pasado, el gasto total de estos feriados resultó un 27,9% más bajo y también disminuyó el promedio de estadía por persona. Esto refleja un turista más austero, aseguraron desde la Confederación. “En julio, es posible que la gente disminuya sus días de pernoctación, pero que lo mismo salga, se mueva un poco”, comentó Gregorio. 

    Fotos/Pedro Ramos

    ¿Quienes pueden vacacionar hoy?

    La pregunta que se impone es: ¿alcanza con promociones para que un país se mueva? Las ofertas que impulsan pagos en cuotas requieren tarjetas de crédito, trabajos registrados y salarios fijos. ¿A qué parte de la población alcanzarán estas medidas?

    FOTO/Pedro Ramos

    En este contexto, se vuelve inevitable recordar al PreViaje, la política pública que funcionó con preventa y reintegros de servicios turísticos en la reactivación de la actividad tras la pandemia. Aunque Werchow considera que “fue una herramienta muy buena que cumplió su ciclo”, su ausencia se nota en un escenario de ajuste en el que millones de trabajadores -docentes, médicos, científicos y tantos otros-  perciben sueldos bajo la línea de la pobreza.

    “Ahora, hay que esperar los resultados”, asegura el Secretario del área de Turismo de CAME. Esta temporada, más que nunca, funcionará como termómetro de consumo, pero también de desigualdad. Por su parte, el 92% de las empresas turísticas son pequeñas y medianas empresas. Con ellas, el gobierno nacional también tiene sus deudas en todo el territorio nacional. 

    En un país con una desigualdad y un atraso cambiario tan grande, aquellos que se pueden permitir viajar, deciden por conveniencia no conocer destinos nacionales, y terminan siendo nuestras diversas economías locales las más afectadas por estas decisiones políticas.  

  • Sturzenegger redacta otro DNU: ahora va por el Instituto Nacional de Semillas 

    Sturzenegger redacta otro DNU: ahora va por el Instituto Nacional de Semillas 

    En los próximos días, el gobierno nacional publicaría un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reorganice áreas del Estado. Según fuentes internas, incluiría la disolución del Instituto Nacional de Semillas (INASE), organismo clave para el mercado semillero. 

    Creado en 1991 y reconstituido en 2004, el INASE es la autoridad de aplicación de la Ley de Semillas. Su función es garantizar la calidad genética y sanitaria de las semillas utilizadas en la producción agropecuaria del país. También regula el comercio, registra variedades y evita la propagación de enfermedades.

    Aunque menos conocido que el INTA o el SENASA, el INASE tiene un rol estratégico: es el primer eslabón de la cadena agroalimentaria. Controla semillas tanto de cultivos extensivos, como de plantas de vivero, tubérculos como la papa y bulbos ornamentales. Regula tanto a multinacionales biotecnológicas como a viveros, laboratorios y productores de variedades transgénicas.

    “La ensalada que comemos empieza en una semilla que controla el INASE. Si el instituto desaparece, los controles se van a relajar y se compromete la seguridad alimentaria”, advirtió Silvana Babbit, quien fue exdirectora nacional del organismo durante más de dos décadas.

    De organismo autárquico a dirección dependiente

    El DNU en preparación plantea transformar el instituto en una simple Dirección Nacional de Semillas, bajo la órbita de la Secretaría de Agricultura. Esto implicaría quitarle autarquía, achicar su planta (la cual no alcanza actualmente a 250 personas) y reducir su capacidad operativa.

    “Un organismo que tiene poder de policía, como Inase o Senasa, tiene que poder dar una respuesta inmediata. Si pasa a ser una dirección, cualquier operativo deberá pasar por múltiples niveles jerárquicos. Se pierde agilidad y operatividad y eso va a afectar a todo el agro, explicó Babbit en diálogo con Desde La Raíz.

    Ante una emergencia, los trabajadores e inspectores deberán aguardar una cadena de respuestas, que empieza con un director regional, luego al nacional, luego al subsecretario de Agricultura, al secretario, hasta Caputo como Ministro de Economía. Recién entonces los inspectores comenzarían el operativo.

    Por qué el Inase no representa un ‘gasto’

    A diferencia de otros entes estatales, el INASE no depende del presupuesto nacional. Se autofinancia con recursos propios -y, de hecho, es considerado superavitario- a través de aranceles cobrados al sector semillero, estampillas que certifican calidad y multas por incumplimientos. “Ese dinero se usa para pagar desde la luz de la oficina hasta los sueldos y capacitaciones. Y, además, si sobra plata del ejercicio anual, se destina al tesoro de la Nación. Es decir, el famoso déficit fiscal cero acá no mueve la aguja: Inase no chupa de las arcas del Estado, todo lo contrario, le aporta” afirmó Babbit, con la misma convicción con la que da clases en la Universidad y apuesta por las políticas públicas de semillas en todo el país.

    En 2023, Inase manejó un presupuesto de aproximadamente 10 millones de dólares, de los cuales el 50% se destinó al pago de haberes. En 2024 ese presupuesto se duplicó, aunque los haberes representaron apenas el 25% de ese total.

    ¿Qué está en juego?

    El Inase es, relativamente, un organismo pequeño. Actualmente, cuenta con 235 personas, presididas por Claudio Dunan, a las que hace unas semanas se les informó la situación. El Poder Ejecutivo nacional, llamará a un régimen de retiros voluntarios. Sin embargo, la ex directora Silvana Babbit, aseguró en una entrevista que en el instituto nadie sobra, ya que ella misma se encargó durante su gestión de “sanear” el organismo y hacerlo eficiente.

    Entre sus proyectos actuales, el instituto vería desarrollando herramientas tecnológicas claves para impulsar al sector, como la digitalización de lotes de producción de semillas, actas digitales y el uso de inteligencia artificial para registros de variedades.

    Pero su función no se limita al agro de gran escala: en los últimos años, INASE hizo un trabajo de reconocimiento de las semillas criollas utilizadas por pequeños productores. “Recuerdo muy bien que un día de muchísimo frío en Gaiman, Chubut, le entregamos a la comuna el título de semilla criolla del citrón, una fruta parecida a la sandía.También en Salta, certificamos títulos a variedades de porotos, y en San Juan a la semilla de alfalfa”, recordó orgullosa Babbit y aseguró que ese trabajo no se cuidaría en la Dirección “por el propio perfil de productor”.

    En otra escala, Silvana también recuerda como Inase actuó en 2020 ante la peor sequía de la historia de la Argentina de los últimos 70 años: “Hicimos todos los mecanismos legales necesarios para que no falte la semilla de soja, de trigo, de girasol, para que la sequía no afecte la productividad de la siguiente temporada”. 

    En un país productor por excelencia como el nuestro, el INASE desempeña un rol fundamental en el abastecimiento de semillas, así como también en la prevención de enfermedades, bacterias y hongos en los cultivos, como por ejemplo, la rabia del garbanzo, el huanglongbing de los cítricos o el virus rugoso del tomate. Todos casos en los que Inase tuvo agencia, tal como asegura Silvana Babbit, quien además es fitopatóloga.

    La disolución del INASE se inscribe en una serie de embates más amplios sobre el sistema científico-técnico argentino, que ya afectó al INTA, CONICET y otras instituciones de importancia.

    Aunque el INASE no es el más conocido, su desaparición afectaría directamente la calidad de los cultivos, la seguridad sanitaria y la soberanía alimentaria. El Estado dejaría de tener un organismo técnico con capacidad real de controlar el inicio mismo de la cadena agroalimentaria.

  • Ana Zabaloy: la docente rural que enfrentó el agronegocio

    Ana Zabaloy: la docente rural que enfrentó el agronegocio

    Son las 9 de la mañana, un día de junio en el campo bonaerense. El sol todavía no alcanza a calentar y el frío se siente en los pies, sube desde la tierra, a través del rocío y la escarcha. En medio de la neblina, la escuela rural N° 11 de San Antonio de Areco acoge a una docena de niños, que se amuchan en un aula chica con las ventanas cerradas. Están abrigados. Afuera hace mucho frío y adentro no hay gas.

    Por la calle de tierra, llega Ana. Baja de su auto cargada de cosas: bolsas, cuadernos, carpetas y termos de agua caliente, con los que preparará té o mate cocido para entibiar las narices frías de sus alumnos, en esa escuela sin calefacción. Ya dentro del aula, se da cuenta: hay, además, un olor fuerte y extraño. 

    —Qué olor fuerte —dice Ana.

    —Es del veneno, Seño —responden los chicos, rápido y casi al unísono—. Hay un mosquito —aclaran.

    Ana se asoma por la ventana y ve lo mismo que había notado al llegar, aunque no le había puesto atención: una máquina pulverizadora está fumigando el campo lindante. Al lado de la escuela, en pleno horario escolar.

    Cuando la máquina para, Ana piensa en salir a buscar al fumigador, pero la interrumpe un llamado del Consejo Escolar, por el arreglo del gas. Sale del aula, camina hasta el mástil y levanta el teléfono buscando señal. Son apenas unos minutos. Minutos en los que Ana respira en esa neblina fría y olorosa y aspira, accidentalmente, el veneno de la fumigación, un herbicida neurotóxico conocido como 2,4-D. Durante las siguientes dos semanas, Ana sufrirá una parálisis facial; y durante dos meses tendrá dificultades para respirar. Este es el momento en que comprendió, definitivamente, los riesgos a los que estaban expuestos todos los días sus alumnos y sus familias.

    Las escuelas fumigadas

    Ana Zabaloy fue directora de la Escuela de Educación Primaria N° 11 de la localidad de San Antonio de Areco, al norte de la provincia de Buenos Aires. Esta zona es, por sus condiciones climáticas y edáficas, la zona núcleo de la actividad sojera bonaerense, actividad que utiliza cientos de millones de litros de agrotóxicos por año y no todos caen, precisamente, sobre los cultivos.

    Ubicada en la intersección de dos caminos de tierra, la escuela queda a veinte kilómetros del casco urbano. Allí concurren chicos que viven en el campo, hijos e hijas de puesteros, de trabajadores rurales, que viven en el mismo lugar en el que trabajan. El edificio está rodeado de cultivos agrícolas. Es una de las tantas escuelas del país afectadas por las fumigaciones.

    Ana es maestra y psicopedagoga, vivió sus primeros años en la docencia siendo maestra rural, y también sus últimos. Durante seis años, fue directora de la escuela. “En ese período sufrimos junto a mis alumnos constantes fumigaciones con agrotóxicos en las proximidades de la escuela y en pleno horario escolar. Somos muchas las docentes rurales que padecemos esta misma realidad. Las fumigaciones nos atravesaron la vida y, en muchos casos, se llevaron por delante nuestra salud. Nadie nos lo contó, no lo leímos en ningún diario, nos pasó, lo vivimos, como una cotidianidad inevitable”, escribió en una carta publicada por Revista Cítrica para el Día del Maestro. 

    ***

    —Seño, ¿por qué no hay mariposas en la escuela?— Le preguntó uno de los chicos a Ana, una mañana cualquiera.

    La pregunta quedó flotando, hasta que vinieron las hipótesis.

    —Yo creo, seño, que es porque tiran para matar la isoca, pero al final matan todo—, arriesgó Toto, como si lo supiera desde siempre. Era lo que veía y escuchaba en su casa, en el campo. 

    A partir de ese momento, comenzó una investigación. Hicieron dibujos, buscaron bichos, leyeron libros. Contaron lo que sabían del campo: avionetas sobrevolando los techos de sus casas, pulverizadoras rociando los caminos, los mosquitos fumigando cerca. Pensaron en su salud y la de sus padres, en los dolores de cabeza, los mareos, incluso los sangrados de la nariz de una de las niñas, las manchas en la piel, los abortos espontáneos. Todo eso, que parecía aislado, empezó a encajar. Armaron una feria de ciencias con la temática de biodiversidad en ambientes rurales. En esa investigación salió a la luz algo que todos venían sintiendo, pero nadie había dicho en voz alta.

    Ver la urgencia 

    Después de aquella investigación, Ana ya no volvió a mirar igual la escuela, tampoco las avionetas ni los síntomas de los chicos. Lo que había empezado como una pregunta sobre mariposas se convirtió en algo más: una urgencia. Ana comenzó una lucha sin precedentes.

    Primero fue una carta al Consejo Escolar. Luego notas dirigidas a autoridades municipales, reuniones con funcionarios, entrevistas en medios locales. Desde el 2014, en todo lugar donde pudo, Ana Zabaloy denunció al modelo agroindustrial que produce sin límites a costa de la salud de las poblaciones rurales. “Cuando fui a denunciar esta situación pensaba ¿quién podía no estar a favor de la salud de los chicos? Y bueno, escuché muchas cosas. Dudaban de mi afección, salieron los productores a decir que las fumigaciones eran totalmente inocuas, que las derivas no existían”, detalló la maestra en ese entonces.

    Su denuncia no era cómoda para nadie, y en el pueblo repetidas veces quisieron callarla. Pero de a poco fue haciendo eco. Exigía que, al menos, se respete cierta distancia de las instituciones educativas. Participó de la organización del 8° Encuentro de Pueblos Fumigados y conoció a otras maestras que vivían lo mismo que ella. en 2016, fundó entonces la Red de Docentes por la Vida: “Había que unirnos porque cuando estas sola -a mí me pasó- no sabés qué hacer o a dónde ir”, contó Ana en una entrevista con Huerquen. Al principio reunía docentes de la provincia de Buenos Aires, luego se transformó en la Red Federal.

    Poco después, junto al Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio-Ambiental (EMISA) de la Universidad Nacional de La Plata, Ana promovió un estudio ambiental en su escuela. Los resultados fueron concretos: más de siete sustancias químicas -todas vinculadas al agronegocio- se encontraron en muestras tomadas del patio de juegos, la huerta, el agua de lluvia. Pudieron comprobar que el veneno estaba en el suelo, en el agua y  en el aire.

    Durante la gestión de María Eugenia Vidal en la provincia, Ana denunció duramente la Resolución 246 que habilitaba fumigar hasta minutos antes del inicio de clases con agrotóxicos tales como Atrazina, 2.4-D, Glufosinato de Amonio. “Conocemos en primera persona el costo humano de este modelo basado en transgénicos y venenos”, declaró a la Agencia DIB.

    Mientras tanto, avionetas y mosquitos seguían rociando sembradíos y transitando rutas. Por ello, Ana promovió la creación de protocolos de actuación ante fumigaciones para proteger a las comunidades educativas, y se enfocó en denunciar la falta de distancias mínimas para fumigar.

    Enseñar defendiendo la vida

    El 10 de junio de 2019, Ana Zabaloy murió y la noticia sacudió a colegas, compañeras y estudiantes. Desde la Red Federal de Docentes por la Vida, la recordaron como “una mujer valiente y sabia. Docente comprometida y luchadora incansable”. En una nota, rescataron su legado: “Nos enseñó a denunciar las graves consecuencias que acarrea el modelo de muerte del agronegocio, y mostrar la agroecología. A inundar las aulas de compromiso. A que desde los proyectos educativos los niños y las niñas eran los maestros; y que las madres, cuando se les da un espacio, son las mejores compañeras en una cocina escolar y que entienden perfectamente qué es la Soberanía Alimentaria. Que el campo es un espacio hermoso, que tenemos derecho a habitarlo sin exponer nuestra salud”, remarcó la red que nuclea a docentes, abogados y abogadas, y periodistas. 

    Ese mismo año, la Red de Docentes publicaba una gran noticia: “Hoy brota una más de las semillas que Anita nos dejó”. En octubre de 2019, la justicia de Mercedes, impuso una distancia mínima de un radio de 1000 metros para las fumigaciones en su tan querida escuela n°11, para los días en que haya clases, debiendo realizarse dichas tareas los sábados, domingos o feriados.

    Ana padeció cáncer, enfermedad que ella misma vinculó con la exposición constante a los agrotóxicos. Mientras pudo, defendió la vida: cultivó flores y verduras en su casa, habló todo lo que pudo del derecho a vivir y estudiar en un ambiente sano y denunció un sistema que se sostiene con familias precarizadas viviendo bajo las pulverizaciones.  

    Su legado perdura en la lucha. Fue una voz lúcida frente al silencio, una testigo -como ella misma decía- del daño. Pero sobre todo, Ana fue una maestra: hacía preguntas, buscaba mariposas y daba clases rodeada de los dibujos de sus estudiantes.