Por Gino Blarasin Fini de La Mecha
A más de 2.400 metros sobre el nivel del mar, en una planicie rodeada de montañas se extiende bajo un cielo despejado la Estación de Altura Carlos U. Cesco. El sitio está ubicado a 36 kilómetros de Barreal, el centro urbano más próximo, y es de especial interés científico y turístico: Allí se mide posiciones y movimientos de cuerpos celestes (especialmente aquellos cercanos a la Tierra y potencialmente peligrosos), así como también estudios de actividad solar y visitas guiadas abiertas al público.
Sin embargo la postal se la lleva el abandono: Actualmente hay un plato colosal de 40 metros de diámetro junto a un soporte. A pocos metros, dos grúas permanecen inmóviles, testigos del abandono de un proyecto que podría cambiar la observación astronómica de Sudamérica.
Se trata del Radiotelescopio Chino-Argentino (CART), un instrumento que permitirá estudiar fenómenos como la formación de estrellas y galaxias, además de realizar mediciones geodésicas de alta precisión. Actualmente la obra se encuentra paralizada, pese a que ingresó en la última etapa de construcción, debido a una disputa geopolítica que excede la ciencia y que tienen a Estados Unidos y China en el medio de la escena. En el medio hay un convenio vencido, equipamiento retenido en la Aduana y avances científicos paralizados.

La historia institucional del CART comenzó a tomar forma en 2011, con la firma del primer memorándum de entendimiento entre Argentina y China. Tras distintos estudios y evaluaciones del terreno, la Estación de Altura Carlos U. Cesco, perteneciente al Observatorio Astronómico Félix Aguilar de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), fue elegida como emplazamiento del proyecto.
El paso definitivo llegó en 2015, cuando se firmó el acuerdo cuatripartito que dio sustento institucional al proyecto. Cuatro instituciones asumieron entonces responsabilidades en su construcción y financiamiento: La Universidad Nacional de San Juan (UNSJ); el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); el Gobierno de la Provincia de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de la Academia de Ciencias de China (NAOC/CAS). Bajo este esquema de cooperación, Argentina asumió las obras civiles y la infraestructura necesaria, mientras que la contraparte china aportó el instrumento astronómico y parte de la infraestructura asociada.
Su concepción tuvo una finalidad científica: A diferencia de los telescopios ópticos tradicionales, su antena parabólica está diseñada para captar ondas de radio provenientes del espacio lejano. Y hay un dato aún más importante: El 80% de estos radiotelescopios se encuentra concentrado en el hemisferio norte. En el hemisferio sur la presencia es sumamente escasa, existiendo hoy en día solo uno en Sudáfrica y otro en Australia, por lo que este podría convertirse en el tercero en funcionar en una red global de 35 radiotelescopios.
El acuerdo cuatripartito original tenía una vigencia de diez años y venció el 22 de junio de 2025. La UNSJ realizó gestiones para darle continuidad, pero la renovación no avanzó. Una de las partes, el CONICET, no aprobó la extensión del convenio. A partir de esto, se desencadenó una serie de declaraciones e iniciativas que pusieron un freno al proyecto.
La disputa geopolítica por el radiotelescopio
En septiembre de 2025 arribó al puerto de Buenos Aires un cargamento de material esencial para terminar la construcción del radiotelescopio, pero nunca llegó a destino. La Aduana retuvo los contenedores. Allí había piezas metálicas para reemplazar parte de la estructura montada y una importante cantidad de pintura especial para proteger los componentes.
En simultáneo, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, firmó la Resolución 151/2025, que estableció la intervención previa del Ministerio de Defensa para autorizaciones vinculadas con radares de observación aeroespacial. El Gobierno fundamentó la toma de esa decisión en la defensa de la soberanía, pero habían otros intereses ocultos.
En aquel tiempo se hallaba en Buenos Aires Alvin Holsey, el entonces jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, quien declaró en conferencia de prensa que “el Partido Comunista Chino continúa su incursión metódica en la región, buscando exportar su modelo autoritario, extraer recursos y establecer infraestructura de doble uso, desde puertos hasta el espacio”. La declaración insinuaba que proyectos como el radiotelescopio CART o la Estación Espacio Lejano instalada en Neuquén podían tener una finalidad militar oculta.
Y agregó: “Las empresas chinas capturan tierra, capturan infraestructura crítica y sectores estratégicos como la energía y las comunicaciones. China controla la inteligencia militar y las instalaciones espaciales en todo este hemisferio y amenaza puntos de acceso marítimo crítico”.

Quien también opinó sobre el tema fue Scott Bessent, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, que negociaba con Luis Caputo el famoso salvataje financiero por veinte mil millones de dólares para darle un respiro económico que le permita sortear el fin de año. El dinero prestado no solo tuvo como función sostener el frágil modelo económico de la Argentina, sino también limitar la inversión de China en activos estratégicos. En una entrevista brindada a Fox News, sostuvo: “Milei tiene el compromiso de sacar a China de la Argentina”. Después, en una reunión bilateral entre mandatarios de Argentina y Estados Unidos, Bessent explicó que la asistencia económica estaba condicionada al cierre de “puertos, bases militares y centros de observación que se han creado”.
Un avión estadounidense en la Pampa del Leoncito
El 30 de septiembre de 2025, un avión aterrizó de manera sorpresiva en la Pampa del Leoncito, en Calingasta. Allí permaneció apenas 15 minutos. Durante ese tiempo, la tripulación descendió, observó el terreno y despegó.
El hecho trascendió públicamente gracias a la emisora calingastina Radio Manantial. La única imagen disponible fue tomada con un celular, desde lejos y en movimiento.

Según versiones difundidas por medios locales, que tuvieron como fuentes a figuras del Gobierno sanjuanino, el avión estaba vinculado a la embajada de los Estados Unidos y su tripulación tenía el objetivo de inspeccionar el terreno, supuestamente para una futura visita de autoridades estadounidenses.
La presencia de la aeronave generó sorpresa entre autoridades y vecinos de la zona. Al parecer, la información acerca del aterrizaje se mantuvo en secreto entre autoridades del Gobierno nacional y provincial. El intendente de Calingasta, Sebastián Carbajal, denunció en una entrevista a Xama TV que no conocía “a ninguna autoridad que haya sido puesta en conocimiento previo al aterrizaje de la aeronave”.
Además, sostuvo que, al enterarse del aterrizaje, “de manera inmediata averiguamos con Gendarmería Nacional, que también había sido informada en ese mismo momento, que esto estaba sucediendo prácticamente a contrarreloj”.
Según relató el intendente, en ese momento Gendarmería se trasladó al lugar “avisando incluso a la Policía de San Juan que se estaba produciendo el aterrizaje”. Y reiteró: “De esa manera nos enteramos”.
El contrapeso T. O. R. O. S.
En abril de 2026, mientras la construcción del CART permanecía frenada, la Universidad Nacional de San Juan firmó un proyecto de cooperación científica internacional con los Estados Unidos. Se trata del T.O.R.O.S. (Transient Optical Robotic Observatory of the South), desarrollado junto con la Universidad de Texas del Valle del Río Grande.
El lugar elegido es el mismo que estaba destinado al CART: la Estación de Altura Carlos U. Cesco. El proyecto prevé utilizar instrumental aportado por esa universidad estadounidense y financiado con fondos de la National Science Foundation (NSF). El telescopio tendrá como objetivo principal estudiar destellos de luz asociados a ondas gravitacionales.
La astrónoma y vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Georgina Coldwell, afirmó que el proyecto estadounidense no debería afectar al CART: “Son proyectos independientes, así como funcionan muchos de diferentes nacionalidades en la estación de altura del observatorio”.
En ese sentido, el secretario de Ciencia y Técnica de la UNSJ, Pablo Diez, dijo: “No vemos una contraposición en que se instale un nuevo equipamiento de Estados Unidos. No genera un conflicto científico. Esto bajo ningún punto de vista pone en peligro la continuidad del CART. Una cosa no se contrapone con la otra”.
Pero la duda es inevitable y se agranda a medida que el tiempo pasa y el CART no se concreta.
La opción del Senado: ¿se puede destrabar el material aduanero?
Recientemente, el reclamo por el radiotelescopio llegó al Congreso de la Nación. En agosto de 2026, durante una reunión de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado, el decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ, Jorge Castro, expuso la situación del CART y reclamó que el proyecto sea tratado como una política de Estado, con una continuidad más allá del gobierno de turno.
Castro argumentó que la UNSJ agotó todas las instancias de reclamo institucional: “CONICET, Secretaría de Ciencia, Subsecretaría de Políticas Universitarias, el Ministerio de Defensa, Cancillería, y no hay respuesta alguna”. El decano confirmó que obtuvo el compromiso de legisladores peronistas que integran la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado para impulsar iniciativas que destraben el material en la aduana.
De cualquier manera, el Congreso tiene un margen limitado para resolver el problema de manera directa. La liberación de los contenedores y la renovación del convenio dependen de organismos del Poder Ejecutivo. Mientras esa situación no se resuelva, el CART permanecerá incompleto.
Mientras tanto, en una planicie rodeada de montañas, bajo el cielo limpio de Barreal, las piezas de uno de los instrumentos más trascendentes de la astronomía esperan a que se resuelva el mundo para empezar a funcionar.

