La historia fue descubierta por la BBC y cuenta la historia del mecánico Jorge Odon, un inventor argentino que un día se le ocurrió mejorar la vida de las mujeres y los obstetras de manera creativa y científica, de la mano de la mecánica.
La idea surje en 2006, cuando el ahora inventor se despertó con una idea en la cabeza después de ver un video en YouTube: la forma de extraer un corcho atrapado dentro de una botella usando una bolsa que se inflaba. Ese principio mecánico lo trasladó al parto: si se podía agarrar un corcho desde adentro, también se podía agarrar la cabeza de un bebé para ayudarlo a nacer. Con la ayuda de su esposa Marcela, que cosió los primeros prototipos, y el apoyo de su socio el ingeniero Carlos Modena, comenzó a desarrollar el dispositivo.
El OdonAssist es un dispositivo inflable diseñado para asistir partos vaginales y ya fue probada en Argentina en 48 alumbramientos, se denomina así a la tercera fase del parto, que comienza inmediatamente después del nacimiento del bebé y consiste en el desprendimiento y la expulsión de la placenta, el cordón umbilical y las membranas ovulares.
La herramienta ya se ha utilizado en 40 hospitales de cinco países europeos, donde ha sido utilizada en más de 300 nacimientos. Funciona como una alternativa más suave a los fórceps metálicos o a la ventosa obstétrica, ya que al ser de materiales blandos, reduce drásticamente el riesgo de lesiones tanto para el recién nacido como para la madre.
Jorge patentó su invento primero en Argentina y luego lo extendió a 70 países a través del Tratado de Patentes Internacionales (PCT). Sin embargo, lejos de materializarse en el país, la ausencia de una política de desarrollo tecnológico nacional hizo que el OdonAssist terminará en manos extranjeras. La patente fue adquirida por la multinacional estadounidense Becton, Dickinson and Company (BD), que hoy controla su producción y comercialización a través de la empresa MNHI (Maternal Newborn Health Innovations), con el aval de la Organización Mundial de la Salud.
Si bien el producto apenas comienza a distribuirse, al ser de producción extranjera los costos son muy altos para importar el dispositivo, nuevamente Argentina mira desde afuera la fuga de innovación nacional y se ve impedido a implementar el producto de forma masiva en el país. El sabor agridulce de sabernos pioneros, pero ver como en el camino se pierde soberanía tecnológica por la decisión de no invertir en lo que nace en casa.

