5 de junio de 2026

Costumbres argentinas: el péndulo de las PyMes

Las PYMES Argentinas atraviesan una de las peores crisis que las enfrenta con un modelo de país. En esta nota se reconstruye una historia pendular.

27 de mayo de 2026
Escribe Agustina Chora

El centro hoy es una caricatura de Alan Moore, oscura y vacía. Las personas transitan de paso, ya no se detiene siquiera a mirar las vidrieras; no buscan precios de zapatos en rebajas, buscan ofertas de comida; ingresan a las galerías para ir de un sitio a otro. Productos importados por internet; ventas de ropa para poder comer por Marketplace.

La caída del consumo a nivel nacional y en Córdoba en particular cayó un 50%, por lo tanto la producción se redujo a la mitad, el personal también. El 90% de la industria cordobesa son PyMes, dentro del rubro del calzado existen alrededor de 150 fábricas con 15 a 20 trabajadores, cada una. Hoy pendulan entre la tercerización del producto para tener un margen de ganancias y el recorte de exportación ante la competencia desleal por la retención 0 a los productos importados.

Patear Córdoba entre locales vacíos y trabajadores que ya no consumen lo que producen, sino que más bien trabajan para pagar la deuda de lo que consumen, es catastrófico. De la carne que llega a la heladera al cuero que llega al calzado, todo en el mismo entramado productivo se encuentra en riesgo.

En 2008, en el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner, Jorge Chali se animó a fabricar calzado sin ningún tipo de experiencia previa. 18 años después, desde el barrio General Bustos, la marca Lucía Febrero produce en promedio cinco mil pares al mes. En este contexto, se torna casi una misión imposible.

“Los industriales estamos acostumbrados a atravesar las crisis, devaluación, inflación, apertura de importación, economía cerrada, caída del consumo, falta de créditos, faltas de reglas.Es constante, pasó siempre. Ya lo dijo Diamand (1973) en el Péndulo Argentino: vamos de una punta a otra. Eso hace que el desarrollo se ralentice y no crezca, no lleguemos a dar el salto”, le dijo Chali a Enfant Terrible.

En 2024 asumió como presidente de la Cámara de la Industria del Calzado de Córdoba (CICC), sucediendo el cargo a Miguel Hames, quien estuvo al frente durante 20 años consecutivos. Se podría decir que agarró una papa caliente, si se considera como avanzó de manera tan veloz la desregulación institucional y las políticas de industricidio.

“Lo particular de esta vez es la velocidad con la que se está dando, con la actitud que tratan al aparato productivo. ¿Cómo vamos a ser competitivos si no hay infraestructura, acceso al crédito? No tenemos energía, no tenemos consumo. Aunque, tenemos los mismos impuestos que antes. Impuestos del primer mundo y desarrollo económico de tercer mundo”, explicó.

En otros casos estas políticas han sido una encubadora de proyectos, como lo es Justicialistas. Nicolás Mendizabal fundó junto a Germán Bolatti, la marca de zapatos emblema en el peronismo actual, y lo hizo en el año 2016, en pleno auge de la fiebre importadora del gobierno de Mauricio Macri.

Seis años mas tarde, Mendizabal no se imaginaba esta profundización del modelo, y explicó a Enfant que el giro de 180° se debe, en parte, a que las ganancias de lo extraído de la rentabilidad dejaron de distribuirse en mejor infraestructura para la producción nacional y pasaron a ser un mercado de extracción de capital privado.

“Todo este escenario de apertura de importación y caída del poder adquisitivo de los trabajadores, se le suma la destrucción del entramado productivo. Recordemos que en diciembre de 2025 se rompió un récord de cheques rebotados. Esto habla de cómo se rompió la cadena de pagos. Cuando se rompe la cadena de pago, funciona como un dominó. Empieza a afectar toda la cadena y eslabones productivo: primero el frente, el consumidor final y después los proveedores”, explicó.

Y agregó: “Con Macri teníamos otro saldo como comunidad, veníamos del kirchnerismo, el poder adquisitivo de los trabajadores estaba en US$1.500/2.000, los niveles de empleo y endeudamiento eran óptimos. Ahora la situación cambió, eso no está y el gobierno intensificó las políticas de destrucción industrial”.

Una historia cíclica que ya cansa

El siglo XX a nivel organización laboral se podría sintetizar entre una primera parte que pasa de una proliferación de oficios y comerciantes, a una producción en cadena con trabajadores asalariados que ya no comían de lo que cosechaban, sino que percibían un diezmo por una labor insalubre y repetitiva, mientras el patrón cuantificaba ganancias de la rentabilidad del valor de la tierra y de lo comercializado. Un periodo de “bienestar” donde se estatiza el convenio colectivo de trabajo, permitiendo que más asalariados pudieran también competir en el mercado productivo; para, finalmente, llegar a un “proceso de reorganización”, sin retorno, de especulación acumulativa de ganancias, a bajo costo.

El primer cuarto del siglo XXI declinó hacía allí, “del péndulo a una caída libre por un tobogán”, diría Pablo Semán. Acá habría que hacer una aclaración de parte, aunque los economistas puedan no estar de acuerdo. La economía nunca se estanca, el capital se distribuye o se concentra; el trabajo, la producción y la competitividad sí.

En el relevamiento lanzado en diciembre de 2024 por la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, Emprendedores y Economía del Conocimiento, advirtió que desde 2017 el empleo está estancado y la creación de nuevas PyMes alcanzó un techo máximo de 600.000 en 2023. Desde 2024 en adelante, la producción, exportación, recaudación y consumo, cayó estrepitosamente.

En cuanto a la distribución provincial, en 2023 se destaca una fuerte concentración en la provincia de Buenos Aires (32,3%) y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (17,2%), las cuales junto a Córdoba (10,4%) y Santa Fe (9,5%) reunieron alrededor del 70% del total de los establecimientos productivos PyMEs del país.

Sin ir más lejos, en la provincia de Córdoba, en los primeros 5 meses del año, se registró un fuerte retroceso en el tejido empresarial, marcado por más cierres que aperturas. Solo en enero se registró una caída neta de 1.572 empresas, lo que equivale a unas 70 firmas menos por día laborable, en un contexto de menor dinamismo productivo y debilitamiento del sector privado. A su vez, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el número de empleadores pasó de 500.141 en diciembre de 2024 a 488.177 en enero de 2026. En términos interanuales, esto implicó la desaparición de 11.194 empresas, cerca de 1.000 por mes, reflejando una tendencia sostenida de contracción.

“El modelo económico -actual- premia las inversiones de renta de corto plazo y no de la matriz productiva. A la industria hay que pensarla en 10 o 20 años y este modelo financiero piensa la inversión y el retorno en el día. Esto rompe el equilibrio necesario para el desarrollo nacional que tiene que ver con el capital, los recursos naturales, el trabajo y el conocimiento aplicado”, explicó Mendizabal.

Sin consumo cae la matriz productiva

Uno de los puntos principales de la problemática alrededor de un Ministerio de Desregulación y de una economía descentralizada, es aprehender que la matriz productiva funciona a partir del conjunto de eslabones concatenados: empleo (mano de obra); producción (valor); comercialización (plusvalía); consumo (compradores). El capital es transversal, por lo que, la ruptura de un eslabón detiene la cadena. Fordismo clásico, economía para las masas.

Volviendo al informe presentado en 2024, se remarca que en pleno Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) por Covid-19, durante el 2020 se perdieron 370.000 puestos de trabajo; desde diciembre de 2023 a mayo de 2026, con todo el aparato productivo en marcha, superávit fiscal y reformas estructurales aprobadas en el Congreso, cerraron más de 21.000 empresas y se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo.

Por si no fuera poco, la presión fiscal e impositiva dejó el impuesto alrededor de un 30 a 40% para pequeñas y medianas empresas; a la par que decretó retenciones 0% para el ingreso de productos extranjeros. Además de la completa desregulación sobre control aduanero de la fiabilidad de la calidad de lo que ingresa. Está comprobado que la solución no es el cierre de importación, más bien es la posibilidad de que el proveedor pueda competir en el consumo interno y el consumidor acceder a la producción nacional a un costo razonable.

“Definitivamente Argentina no puede ser solamente proveedor de commodities agrícolas, como lo son la energía, la minería y recursos de diferentes motores. Son importantes y necesarios, pero Argentina es industrial. Argentina puede producir, agregar valor y distribuir riqueza en su sociedad para que vivamos mejor. Estoy convencido de que es así. En el caso del calzado, el país tiene tradición en el diseño del cuero, del oficio centenario, en Córdoba mucho más. Con la crisis se pierde pero tenemos una matriz productiva muy buena”, agregó Chali.

FOTO (Pedro Castillo / La Voz)

La informalidad ¿al rescate?

A esto se suma el avance del monotributo sobre el empleo formal y una dinámica estructural señalada por la Secretaría de Trabajo: El problema central no es solo el cierre de empresas, sino la debilidad en la “natalidad empresarial”, que no logra compensar las salidas del sistema. En paralelo, el trabajo independiente creció en 85.800 personas, impulsado principalmente por el aumento de monotributistas (+93.700).

“Creo que analizar solo la informalidad del trabajo es incorrecto, estamos viendo una precarización de todo, incluyendo el trabajo. No se puede culpar al trabajador por la baja calidad y además pongo en duda la baja calidad. La industria argentina está preparada para hacer producción de calidad. Si nos dan las herramientas correctas y las reglas del juego claras podemos competir”, detalló Chali.

Y agregó:“De ninguna manera se puede justificar el cierre de comercios porque se han trasladado a plataformas. Los datos indican lo contrario, la cantidad de fábricas paradas y máquinas apagadas no tiene nada que ver con que el consumo se haya canalizado por otro lado”.

Asimismo para Nicolás Mendizabal, la competencia desleal y la desigualdad de condiciones dejan en jaque la posibilidad de que el crecimiento de la producción sea tan rentable como para contratar mano de obra, aumentar el poder adquisitivo y la calidad del consumo.

“Creo que hoy estamos viviendo eso, una política deliberada de destrucción de industria: no es apertura de importación, no es libre mercado; las empresas chinas no compiten de la misma manera que lo hacemos nosotros. Nosotros pagamos impuestos, IVA, ingresos brutos, logística local; los chinos no. Los productos que vienen de afuera tienen la logística subsidiada”, mencionó.

Es una incógnita de qué sirve vanagloriarse de que la macro “está en orden”, si en la diaria el poder adquisitivo cayó un 50%; la compra en un 20% y el humor social no repunta. De algo se está seguro y es que el pluriempleo con ingresos “uberizados”, no debiera de ser lo que un votante defienda durante cuatro años.

“Si la intención era mejorar la calidad del empleo, mínimamente tendrían que haber consultado a los sectores del aparato productivo. Tener una discusión de dónde está yendo el mundo y dónde estamos yendo cómo país, esas discusiones no han estado y se bajó un enlatado que no tienen intenciones de beneficiar nuestro pueblo”, comentó Mendizabal.

Trabajar para vivir o vivir trabajando

Los tiempos cambiaron. Se estima que en la dictadura, las y los desaparecidos se concentraron mayormente en las fábricas, sindicatos y gremios, en la cual se desarrollaban acuerdos entre la patronal y el gobierno de facto. Allí había un factor decisivo: El ministro de Economía, Martinez de Hoz, el cual estaba formado en la escuela de Chicago y adoptó un rumbo económico que no cambia de época: sueldos congelados, fuga de capitales, cierre de fábricas. Modelos similares, gobiernos diferentes

Con los desaparecidos también se fue el oficio e ingresó el carry trade, los créditos a tasas chinas, la devaluación del derecho de bienestar: techo, educación, salud, trabajo, Estado.

Dicen que lo que se hereda no se hurta, el ingenio, la rosca, la empanada, el tinto y la política tampoco. El 27 de abril de 1979, en Córdoba, la Comisión Nacional de los 25 Gremios Peronistas realiza el primer levantamiento de actividades y decreta paro nacional. El primero durante la dictadura. El 30 de abril de 1982, Saul Ubaldini (Secretario General de la CGT) dirigió la movilización “Paz, Pan y Trabajo”. La rebeldía no se derechizó, nos olvidamos para qué sirve el trabajo.

“Cuando se habla de que el ‘trabajo dignifica’ es un concepto central dentro del justicialismo. La dignidad es el desarrollo de las capacidades que tenemos como persona, más allá de alimentarnos, movernos, tiene que ver con la capacidad creativa, cognitiva y creo que la organización social que nos debemos como argentinos tiene que contemplar el desarrollo de cada miembro de nuestra comunidad. Eso es el peronismo”, sintetizó Nicolás.

“Para mí los conflictos tienen que ver con lo que percibe el trabajador, en relación con lo que paga el empleador. Hay servicios fundamentales que se dejaron de dar como la jubilación, obra social, sindicato que hoy el trabajador no recibe y lo paga igual”, compartió Jorge.

Regresar a la escena del crimen y observar lo que queda después del arrasamiento. Para conocer de dónde viene lo que comemos, vestimos, leemos, primero hay que recordar que nada parte de la inmediatez, sino de la herencia de un oficio, de un sindicato, de un gremio, de un común acuerdo de convivencia para que el avaro del capital no olvide que nada sale gratis y que el trabajador recupere la historicidad de que el convenio no cayó del cielo.

“En la actualidad se materializó una forma de organizarnos en torno al trabajo como un medio de supervivencia, como un medio que nos conformamos con subsistir y dejamos de lado las demás aristas que hacen a nuestro desarrollo pleno. El peronismo tiene las herramientas para construir un proyecto de país que vaya en esta otra dirección” concluyó Mendizabal.