Mientras la carne de burro presentada como opción invadió las noticias las últimas semanas, en el extremo sur de la Argentina, en su ubicación más austral, se encuentra un páramo productivo que promete alimentar al fin del mundo.
En medio de una crisis mundial alimentaria, proponer el consumo de carne de burro es una no tan original manera de correr el eje de la discusión de la carne vacuna, en lugar de eso presentan alternativas de dudoso impulso, pero con una intencionalidad muy clara: distraer el foco en torno a esta commodity en el mercado internacional que se ve alterada hoy, tal vez más que nunca, debido a la política China de autoabastecerse de alimentos para el 2050.
En este escenario, donde China reserva cupos para la carne de Argentina, Australia y Brasil en particular, los enemigos internos no dudan en reservar el stock ganadero para poder especular con un mayor precio de venta, afectando así la oferta local en stock y precio. En paralelo, las cuotas Hilton y 481 para la Unión Europea estarían cubiertas, y Estados Unidos expectante aguarda a un costado para aumentar el cupo de importación para Argentina a “aranceles preferenciales” en caso de que el negocio con China fracase, con intencionalidad o no.
De esa manera, China queda una vez más posicionado como el malo de la película, y Estados Unidos como salvadores, al menos potencialmente. El trasfondo de esto es la postura de ubicarse como proveedor de materias primas contra un mundo que tiende a autoabastecerse y en una economía local dominada por las elites y multinacionales, lógica que ha demostrado su agotamiento completamente y con la cuál no podemos seguir pensando que saldremos del rol de periferia cuando, para un lado o para el otro, esa manera de comprender a nuestra nación está maniatada a ser el patio trasero de algunas de las dos hegemonías actuales.

¿Pero entonces qué queda? ¿Qué más podemos hacer?
Erigida en un austero paisaje donde el pasto y el viento se funden en una misma materia, y a tan sólo 592 km de las Islas Malvinas en línea recta, se encuentra la Misión Salesiana de Río Grande.
Creada en 1893 con el objetivo de llevarles la palabra de Dios a los pueblos originarios locales para hacerles conocer “un nuevo mundo”, pareciera no haber perdido su fin original. Esta vez, el objetivo no es religioso, sino político.
Como norma general, cuando se habla de agroecología, al menos para quienes habitamos el AMBA, la conexión directa son los bolsones comercializados por la UTT y KOLMENA provenientes del laburo con algunos pequeños productores. Una idea genial, pero que queda lejos del alcance de todos por dos factores principales: el precio y el factor de escala.
El precio porque suelen ser un producto cuyo valor es “elevado” para la realidad local y por el mismo precio la gente termina optando por las verduras y frutas de la verdulería local que tiene la mejor oferta. El factor de escala porque el 80% de lo que consumimos se mueve a través de los mercados concentradores de frutas y verduras existentes en nuestra zona, lo cuál permite que los productos comercializados a esa mayor escala tengan un mayor alcance.
La agroecología, esta misma manera de producir que ha sabido alcanzar rango ministerial, por ejemplo en PBA, e incluso forma parte de sendos proyectos en municipios del conurbano, tiene como principal inconveniente las ideas antes mencionadas. En Tierra del Fuego, pareciera ocurrir la excepción.

La Misión se encuentra en el kilómetro 2835 de la ruta 3, apenas a 10 minutos de la ciudad de Río Grande (provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur), en un paisaje muy austero donde prima el pasto y el viento; y muy de fondo el Cabo Domingo. Al llegar, lo primero que se divisa es la antigua capilla y las demás instalaciones donde hoy funciona, entre otras cosas, el colegio agrotécnico de la Misión. Entre todo ese paisaje conviven unos invernaderos, sueltos, dispersos, donde funcionan las instalaciones de RGACTIVA, una sociedad del estado creada en 2019 por la gestión de Martín Perez dedicada a trabajar el autoabastecimiento de alimentos de la isla grande de Tierra del Fuego.
Con participación mixta (estado + privados), RGACTIVA cuenta con dos locaciones dentro de Río Grande. Una donde se dedican en especial a la producción de plantines de diversas frutas y hortalizas, una parte de estos tienen destino en la misión y el restante es entregadó a productores locales para la producción de tomates, frutillas, ajíes varios, ajo, albahaca, lechuga, y otras verduras, mediante un sistema de invernaderos hidropónicos, sin químicos de alto impacto como los que solemos consumir, y la misión en sí.
A todo esto se suma la posibilidad de construir una cadena local de producción y comercialización para hacer frente a una realidad tan compleja que combina climas con vientos de 90km/h; una dependencia de Chile para mover alimentos entre el continente y la isla; y los elevados precios de los centros de comercialización local (principalmente La Anónima y Carrefour por fuera de los comercios de cercanía). Por eso no sólo hablamos de alimento: como lo dice su lema fundante, es “Un instrumento para el desarrollo local de los y las riograndenses”.
Hay que destacar, que estamos hablando de una porción de nuestro territorio que durante la pandemia del COVID-19 tuvo que afrontar no solo las complejidades de la pandemia per sé, sino también, por cierre de fronteras, resolver la cadena de suministros alimenticios que se vio condicionada para los fueguinos. Pica en punta aquí, y ya como un primer eje de lo que nos falta aprender de los paisanos del centro de nuestra Patria, que la necesidad de un paso por aguas argentinas merece su centralidad.
RGActiva es una empresa del estado que ha alcanzado, en paralelo a las frutas y verduras, un horizonte de producción de pollos de 66 toneladas anuales con una variación interanual por kilogramo del 23.57%. Un 12% debajo de lo que da el IPC para la patagonia. Dato no menor considerando que esta empresa ha logrado cubrir el 10% del consumo total de la isla en menos de 7 años de creación y con amplios horizontes de proyección.

Pollos, lechugas, tomates, propios de RGACTIVA y también de los productores locales que articulan con esta, no sólo son materia prima que abastece comercios de cercanía como las Carnicerías Trelew; sino que también son comercializados en el mercado local que se encuentra en el Paseo Canto del Viento, en pleno centro de Río Grande. Achicando aún más la brecha entre productores y consumidores, lo que demuestra que cuando se piensa integralmente un proyecto y hay intenciones genuinas de que algo funcione, se puede lograr.
Con 11 puntos de venta entre propios y terceros, esta empresa no para de sumar cosas positivas y, mientras hay una porción de productores locales que abastecen a los cruceros que usan de terminal la isla grande, el dominó de decisiones políticas parece no parar cuando RGACTIVA figura como proveedor de nuestras propias misiones antárticas. Pollos argentinos para las expediciones argentinas.

Buenas Prácticas Políticas
Para quienes tuvimos la buena fortuna de probar un tomate que no sea el tomate de cámara diseñado para poder ser comercializado todo el año en verdulerías de todo el país, sabemos que el sabor es diferente. Y, personalmente, me corresponde decir que el gusto de esos tomates de habitual consumo no es el único sinsabor que me sacó la visita a estas instalaciones donde coexisten una decisión política, voluntad y una necesidad (que no es menor). De hecho recuerdo mencionar al salir de allí que lo que más me llevaba es un baño de humildad que tiene mucho que ver con lo mencionado más arriba: a veces, a pesar de los esfuerzos, el ambacentrismo nos nubla el juicio y hace que le restemos valor a políticas que, adaptadas a la realidad local, tienen estos éxitos rotundos.
A estas alturas esta empresa deja de ser, por todo lo recolectado, un empresa en sí misma y pasa a ser un enclave, ejemplo a seguir, de que la federalización del proyecto nacional debe ser pensado, como nos enseñó Francisco, desde las periferias. Y abandonar la lógica AMBA-Interior, no solo resulta una necesidad para el armado electoral de turno, si no una piedra angular para la construcción de un proyecto genuinamente adaptado al país en su totalidad.
Cuando uno habla, en líneas generales, de que las políticas en torno a los alimentos deben pensarse de manera integral, y no sectorizada, con los demás problemas que aquejan a nuestro país como las distancias y la logística necesaria para que llegue el alimento del productor al consumidor. Cuando uno habla de que los alimentos deben dejar de ser tratados como un mero commodity y deben recuperar ese enfoque que hasta afecta a la salud de nuestro pueblo. Cuando uno habla de que las voluntades deben ser más fuertes que las dificultades que se pueden presentar. Cuando uno pone en la mesa todo eso, debe encontrar en la Misión Salesiana y RGACTIVA, una respuesta diseñada a medida y con un enfoque integral que pareciera no se les escapa una arista y, si se les escapara, seguro ya están pensando cómo resolverlo.

