5 de junio de 2026

Romper el collar de perlas británico para unir América del Sur con África

El ejercito britanico, ademas de ocupar ilegalmente nuestras Islas Malvinas, tiene un plan para abarcar el Atlantico sur. En esa disputa, África puede ser un socio estratégico para romper ese avance colonial ¿Por qué?

27 de abril de 2026
Escribe Kevin Bryan

La República Argentina es un país con una enorme salida al océano Atlántico, más precisamente al Atlántico Sur. También es un país bicontinental que, para comunicar el sector americano con la Antártida, sigue un camino geológico de arcos de islas que empiezan por Malvinas continuando por las Georgias del Sur y Sandwich del Sur hacia el Este, para dar un giro hacia el Suroeste conectando con las islas Orcadas y Shetland del Sur, antes de ingresar en la península antártica.

En ese punto, Argentina y el continente africano comparten un enorme espacio común: el Atlántico Sur.

Las relaciones entre nuestro territorio y África se explican, en términos históricos, desde la esclavitud moderna, un fenómeno que afectó la vida de millones de africanos y que modificó la demografía en ambas orillas del Atlántico Sur. En tiempos del Virreinato del Río de la Plata, el puerto de Buenos Aires era uno de los principales puertos esclavistas del Cono Sur y la composición de los habitantes de dicha ciudad era muy distinta, pese a nuestra imagen escolar fuerte de la sociedad criolla.

Sin embargo, tras el ciclo independentista de nuestro territorio, los vínculos con África se interrumpieron. El flujo comercial esclavista transatlántico prácticamente desapareció, más aún tras la declaración de la Asamblea del año XVIII que estableció la libertad de vientre para los hijos de esclavos nacidos en el nuevo territorio emancipado. Sin embargo, mientras nuestras independencias se consolidaron en América del Sur, también se consolidó el nuevo siglo de oro del Reino Unido que se convertiría en la superpotencia indiscutible de los mares y del sistema internacional.

En este escenario inauguró en 1833 con la ocupación de las Islas Malvinas, su primera carta de un auténtico “collar de perlas” pensado sobre el Atlántico Sur que separaría geopolíticamente a América del Sur de África, al tiempo que le daría al Imperio Británico una serie de escalones para llegar desde el mar del norte europeo y las islas británicas hasta las puertas de la Antártida. El Reino Unido siempre tuvo en clara la importancia insular para su proyección de poder global.

Asimismo mientras América del Sur consolidaba sus independencias pero se hundía en largas luchas intestinas por el poder hasta consolidar auténticos Estados nacionales, en Europa se gestaba el avance colonial sobre el interior de África que se concretaría finalmente en 1885 en Berlín, cuando el continente africano fue repartido por las grandes potencias europeos, siendo el Reino Unido de los principales beneficiados junto a Francia. Allí se enmarca la estrategia del “collar de perlas británico”.

Una larga historia, un mismo objetivo

Para poder llegar a la Antártida, los británicos consolidaron distintas bases a lo largo de todo el Atlántico. El punto de partida fue la isla Ascensión en medio del Atlántico, entre África y América. Dicha isla fue ocupada efectivamente en el siglo XIX y se convirtió en una base naval clave para la Royal Navy y sus actividades al sur del Ecuador. De hecho, en la guerra de Malvinas de 1982, la primera escala de la Royal Navy fue en Ascensión.

Sin embargo, Ascensión no fue la única: Se sumó al armado de Londres también la isla Santa Helena, conocida por ser donde Napoleón pasó, tras Waterloo, sus últimos años detenido, y que se convirtió en otro centro de monitoreo británico sobre las costas de África Occidental.

El arco inicial se cierra sobre Tristán de Acuña, un archipiélago que, ubicado más cerca de la costa de Sudáfrica que de Brasil, Uruguay o Argentina, cumple siempre funciones más simbólicas, debido a la complicada geografía empinada de sus islas. A pesar de eso, opera como un vivo recordatorio de que el poder británico llegó a los rincones más increíbles del mundo.

El arco de islas no se cierra ahí, sino que avanza hacia su cara americana: no en vano los británicos ocuparon Malvinas en 1833 y buscaron extender su dominio sobre Georgias y Sandwich del Sur tiempo más tarde. La conexión, para la Royal Navy, desde Ascensión hasta Georgias y Sandwich del Sur ha sido siempre muy clara.

La Pelota es nuestra

Al identificar este espacio geopolítico británico, podemos empezar a actuar en consonancia. El primer paso es comprender que, para romper con una cadena se precisa de un esfuerzo en ambos extremos. En este punto, pensar en el Atlántico Sur solo con Brasil y Uruguay no alcanza porque la estrategia británica es integral sobre ambas orillas del Atlántico Sur.

Para esto es preciso reforzar la cooperación diplomática, comercial y, en última instancia, militar con los países de África. Argentina tiene una enorme deuda histórica, fruto de sus ambivalencias gubernamentales, en relación a la proyección diplomática sobre África. Contamos apenas con un puñado de embajadas en África y, sobre el Atlántico, sobresalen solo Senegal, Nigeria, Angola y Sudáfrica. Sin embargo, hay una docena de países más con los que se podrían construir lazos.

En este sentido el sector atlántico de África es un punto donde la colonización británica no fue precisamente igual de fuerte que en el sector índico por la competencia con Francia, Portugal y Belgica. Por eso, se pueden tender puentes con muchas ex colonias portuguesas, francesas e incluso españolas. En este punto, también la cooperación con ex colonias británicas es importante para debilitar la estrategia interna, hoy más simbólica, de la Commonwealth[1.1].

Distintas resoluciones de interés para nuestro país se han aprobado con una enorme cantidad de votos de África. Desde la histórica Resolución 2065, hasta la declaración de Malabo, por parte de la Unión Africana, en 2013. Además, existen espacios que permiten articular, periódicamente, con los países africanos como la ZOPACAS (Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur), creada en 1986, y que en sus reuniones, que ocurren cada cierta cantidad de años, emite siempre un comunicado llamando a la desmilitarización británica del Atlántico Sur, así como a poner fin a la extracción de recursos naturales en aguas soberanas de Argentina.

Cabe recordar que Argentina ha recibido, sobre todo en las últimas dos declaraciones (Mindelo 2023 y Río de Janeiro 2026), un apoyo unánime de los países atlánticos de África sobre su reclamo en la causa Malvinas, así como defensa de sus recursos naturales sobre el Atlántico Sur extraídos ilegalmente por los británicos, incluso países de la Commonwealth, como Sudáfrica o Ghana, apoyaron a la Argentina en este asunto.

Por eso es preciso no solo seguir trabajando desde esos espacios sino avanzar en una agenda comercial más clara con el continente africano que permita reconocer en otros países, sus necesidades pero también las posibilidades de negocio y nuevos vínculos. África es un continente que, en líneas generales, “cierra filas” en todos los asuntos asociados al colonialismo europeo. Las heridas de la esclavitud, pero también de la división de África y su explotación sistemática, así como la ejecución de muchos de sus líderes políticos y padres de sus independencias, explica y justifica esa “hostilidad” hacia la agenda colonial.

Declaración de Mindelo (2023)

De esa forma, Argentina tiene una oportunidad enorme frente a sus ojos: un continente que se muestra hostil, no conciliador, con los enfoques colonialistas; así como una tierra que se abre a las nuevas oportunidades de un mundo multipolar, buscando diversificar sus sociedades comerciales (en los rubros alimenticio, energético, logístico y de transporte, etc). Al ser África, además, un continente con proyección demográfica ascendente es de pensarse que la tendencia a buscar nuevos mercados y socios es una posibilidad más para la Argentina que tan solo debe reconocer a los actores ubicados en la otra orilla del Atlántico Sur, un espacio común con un mismo detractor externo a la región.