Una guerra civil, un mercenario alemán y la venganza de un indio a orillas del Salado. Hoy, en la Escuelita de verano: el Combate de Las Vizcacheras
Era diciembre de 1828. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego atravesaba un clima de descontento político, después de la firma del tratado que reconoció la independencia de la Banda Oriental.
Para el partido Unitario, este era el momento justo para derrocar a los federales.
Juan Lavalle encabezó el alzamiento militar que obligó a Dorrego a abandonar la ciudad. Entonces comenzaron los enfrentamientos entre las tropas unitarias y las federales que contaban con el apoyo de los indios ranqueles.
Con 200 hombres muertos, Dorrego es derrotado en Navarro, a 100 km de la capital. El 13 de diciembre de 1828, Dorrego es capturado por Federico Rauch y fusilado por Lavalle, el mismo día de su llegada.
Antes de que lo fusilen, Dorrego le dijo a Gregorio Lamadrid: “Compadre, se me acaba de dar la orden de prepararme a morir dentro de dos horas. A un desertor al frente del enemigo, a un enemigo, a un bandido, se le da más término y no se le condena sin oírle y sin permitirle su defensa. ¿Dónde estamos? ¿Quién ha dado esta facultad a un general sublevado? Hágase de mí lo que se quiera, pero cuidado con las consecuencias”
El asesinato de Dorrego marcó un punto de no retorno en la historia argentina y desencadenó una guerra civil, que intensificó la violencia en la frontera sur de Buenos Aires, marcada por el Río Salado. El desenlace llegó en el Combate de las Vizcacheras, al sur del Río Salado, en el actual pueblo de Gorch, partido de General Belgrano. Allí fue el final del mítico personaje Federico Rauch.
Friedrich Rauch había nacido en 1790 en Prusia. Era un veterano de las guerras napoleónicas que había llegado al Río de la Plata en 1820. Fue incorporado al Ejército por Rivadavia, al servicio del proyecto unitario. Su misión era “limpiar” de ranqueles las tierras del sur del Salado para ampliar BsAS. Logró ascender rápido, no solo por su eficacia militar, sino por su su frialdad para matar. Persiguiendo montoneras federales se ganó el apodo de “El Carnicero”. “Hoy, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles”, escribió en un parte militar.
El 28 de marzo de 1829, las tropas federales rodearon a los hombres de Rauch en un paraje conocido como Las Vizcacheras. El combate fue breve y desordenado. Los relatos cuentan que Rauch, creyéndose victorioso, se distrajo hablando con una mujer, sin advertir que estaba siendo rodeado. Cuando vio las cintas rojas de sus enemigos, intentó escapar entre los pajonales que llegaban a cubrir la altura de un hombre a caballo. Pero un alférez boleó su caballo. Rauch cayó al suelo y el indio Arbolito lo lanceó.
El Coronel Rauch murió degollado por Nicasio Maciel, un joven ranquel que desde hacía tiempo seguía los pasos del mercenario militar.
Su muerte dejó viuda a una joven, Narcisa Perez Millán, quien curiosamente se casaría más tarde con el estanciero Claudio Stegmann, dueño de una estancia muy importante para la historia del pueblo de General Belgrano.
De Nicasio sabemos muy poco, incluso su nombre se presta a confusión. Algunos, como el historiador O Bayer, creen que Nicasio era Arbolito. Lo que sí se sabe, con certeza, es que fue él quien puso fin a la vida del “carnicero”, cobrándose la venganza de su pueblo ranquel.
Después del asesinato de Dorrego, las tropas se replegaron hacía el sur. El 4 de marzo de 1829 volvieron a enfrentarse, en Monte. Las fuerzas Federales (bajo el mando de Prudencio Arnold, Miguel Miranda y Arbolito, bajo órdenes de Rosas), estaban formadas por 640 hombres, mientras que las fuerzas de Rauch (bajo órdenes de Lavalle) contaban con 630 efectivos. Aunque los números eran similares, los unitarios tenían más armamento y experiencia.
