Hasta hace muy poco, en esta planta trabajaban cientos de familias pero hoy está vacía. Hoy en la escuelita de verano: Alimentos Refrigerados Sociedad Anonima.
Ubicada en Arenaza, un pueblito del noroeste de la provincia de Buenos Aires, de apenas 2500 habitantes, ARSA fue una de las industrias lácteas más conocidas del país. Acá se producían postres y yogures muy conocidos, como Sancorito, Shimy, Yogs, entre otros, productos que durante décadas llenaron las heladeras de los supermercados argentinos, y que fueron todo un símbolo de las infancias del país.
Todo empezó en 1950 cuando el ingeniero Osvaldo Mendizábal instaló una planta láctea en Arenaza, donde se elaboraban productos de la marca “Mendi”. Acá fue que nació el queso MendiCrim, también el postrecito Shimmy, lanzado en 1981.
Desde entonces la fábrica fue la principal fuente de empleo de la región, hasta que su quiebra dejó a decenas de trabajadores sin trabajo y a una comunidad entera en alerta.
La empresa Alimentos Refrigerados S.A, declaró su quiebra a fines de 2025, luego de que fracasara el concurso preventivo. La planta de Arenaza, que empleaba cerca de 200 personas, tuvo que cerrar sus puertas y pasar a etapa de liquidación. Junto con el centro de distribución que la empresa tenía en Córdoba, son casi 500 trabajadores desempleados.
ARSA no era una fábrica cualquiera. Acá se elaboraron productos populares que llegaron a millones de hogares en el país. Era, además, el principal sostén económico de Arenaza y su región, uchas familias dependían directa e indirectamente del movimiento de esta empresa.
Pero la crisis no comenzó de un día para otro: durante años hubo sueldos atrasados, pagos parciales, falta de aportes laborales y otras irregularidades que la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) se encargó de denunciar, incluyendo acusaciones de abandono de negocio y defraudación en la planta local.
La fábrica no era solo un lugar de trabajo: era una opción para poder invertir, para poder apostar y construir un futuro, como así también, sostener el comercio local. Por eso, este cierre no es solo el de una planta: es un espejo de la paralización industrial que ocurre hoy en el país que multiplica, de manera sistemática, el cierre de empresas, la pérdida de trabajo y el desplome de las economías regionales.
La industria láctea que durante años fue orgullo nacional, hoy acumula quiebras, concursos y conflictos sin resolución.
En esta fábrica hay historia, identidad y mucho compromiso por parte de los vecinos. Que hoy las máquinas estén paradas, que haya un candado en la reja principal y que el pasto crezca alrededor, es una herida abierta y un reflejo de los desafíos industriales que enfrenta el país.
