A rodar mi vida: La uberización del trabajo

Son las 19 hs del martes 9 de septiembre, y cinco familias aguardan un transporte en las afueras de uno de los mercados mayoristas más grandes de la ciudad de La Plata. Ese día no es un día cualquiera: Cuenta DNI (la billetera virtual del Banco Provincia) ofrece un descuento del 15% en la compra garantizando un reintegro de hasta 20 mil pesos. En una economía de trinchera, toda promoción de las billeteras virtuales suele ser una bocanada de aire fresco.

En esas cinco familias, por lo menos una persona de cada grupo tiene su celular en la mano. Esperan, con bolsas y cajas en los pies, que las venga a buscar un Uber, un Didi, un Cabify o cualquier otra aplicación de transporte. También en una economía de trinchera, las tarifas que ofrecen estas aplicaciones se vuelven una opción tentadora para mucha gente que debe transportarse, ya que, en muchos casos y dependiendo las distancias, el costo se reduce a la mitad de lo que suele salir un taxi o un remis.

En la jerga de los tacheros, remiseros o transportistas callejeros, se dice que cuando no hay movimiento constante en la calle, es mejor quedarse cerca de un lugar que concentre un caudal importante de gente, como un hospital, una escuela, un edificio administrativo. O un hipermercado en días de promoción. Allí llegó Pablo, manejando un Fiat Siena blanco, ploteado por fuera con las franjas verdes características del servicio de taxis de La Plata. Por dentro, su celular sobre el estéreo tenía abierta la aplicación Didi. 

En los últimos meses las aplicaciones de plataforma han incorporado nuevos choferes/repartidores registrados, lo que ha potenciado la oferta de este tipo de servicios en la calle. Para mayo de este año, Uber -la principal plataforma de transporte del país con presencia en más de 40 ciudades de Argentina- reconoció en un informe oficial que ya son más de 17 mil taxistas los que eligen registrarse para trabajar con la app. En este contexto, entre el 2013 y el 2024, el pluriempleo ha crecido más de 4 puntos, mientras que en los últimos dos años la actividad laboral creció en los rubros de Comercio, Gastronomía y Transporte, llegando casi a los 200 mil puestos de trabajo si se contabilizan los trabajadores independientes y los asalariados informales, según detalló informe del CETyD (Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo) de la Universidad Nacional de San Martín. 

Claro está que desde el CETyD remarcan que “es necesario guardar cierta cautela” con los datos expuestos en el informe ya que en nuestro país el trabajo de plataformas “no está contemplado en las encuestas ni en los registros administrativos del sistema previsional, ni siquiera en las actividades declaradas en el monotributo”, por lo que la cifra podría ser mucho más grande. 

Te invito a mi primer viaje

José se levanta a las 7:30 para llevar a su hija al jardín. Prepara el desayuno, se cambia, y luego de dejarla, abre Uber. Hace dos años que renunció a su trabajo anterior, en un depósito logístico perteneciente a Mercado Libre. Allí pasaba sus días, de 5 de la mañana a 14 hs, inclusive los fines de semana. Hoy puede manejar sus propios horarios. 

En el sanguche que hay entre las 9 y las 12 del mediodía, puede llegar hacer 15 viajes, hasta que retira a su hija del jardín. Luego, después de las 17hs, vuelve a retomar el circuito hasta las 20 o 21hs. Todo depende de “la demanda económica” de su propia billetera como también las ganas y el contexto. No es lo mismo trabajar los días de semana, remarca José, con el caudal de autos y “la gente en una”, que poder hacerlo un fin de semana o incluso en los períodos de vacaciones de verano e invierno. 

Haciendo 6 horas por día durante 6 días, a José le rinde en promedio 360 mil pesos a la semana. Hay días que gana más; otros, bastante menos. A esa cuenta debe restarle los gastos que tiene de GNC o Nafta -Él dice que una hora diaria está abocada a cubrir ese gasto-, y en la cuenta mensual, además, descontar lo que contempla el seguro, impuestos y otros extras. Siempre y cuando su camioneta no necesite mantenimiento.

“Estaba saliendo muy poco porque tengo un problema en la camioneta con el filtro de aceite. Ahora está en el taller y hace dos semanas que la tengo parada. Este es el problema de estos laburos, que si no salís no cobras”, contrarresta José. Y agrega: “Aunque a veces está bueno porque no tenés ganas, estás enfermo, o lo que sea, no vas y no lo haces. Y después decís, ‘Bueno, laburaré el doble otro día o veré cómo recupero acá’”. 

Uber maneja su propia política de pagos. El dinero que un chofer genera se va acumulando en una billetera virtual del usuario, salvo en los casos en los que acepte llevar un viaje en efectivo. Ahí obtiene la plata crocante. Las “semanas de pago” arrancan los días lunes y terminan los domingos. En los comienzos de la aplicación, todos los viajes que se cobraban de manera virtual se acreditaban al cierre de la semana trabajada. Actualmente eso cambió, ya que podes retirar el dinero de manera inmediata, no sin antes cumplir con un pequeño interés que te cobra la plataforma. Es decir: pagar para cobrar. 

Igualmente para José ese no es un gasto significativo, y, pese a esto, es como tener “plata al instante”, ya que “te faltan unos mangos para algo; activas la aplicación, le pones marcha al auto, salís y sabes que la vas a conseguir”.

En una Argentina donde 1,7 millones de personas buscan empleo; en donde los trabajadores informales (incluyendo no registrados, cuentapropistas y monotributistas) crecieron de 6 a 9 millones en la última década; y en donde la tasa de despidos sin causa trepó a 0,6 cada 100 trabajadores, siendo el nivel más alto del año y el mayor desde julio de 2016; la posibilidad de generar dinero de manera ágil es muy atractiva.

Si además le sumamos la posibilidad de realizarlo en un corto tiempo y acomodado a las necesidades personales, se convierte en una opción ideal de complemento. Es por eso que actualmente, 1 de cada 5 docentes universitarios trabaja de Uber en los tiempos en los que no ejerce la docencia, según estimó un estudio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche de Florencio Varela. Y también es por eso que Arturo, que trabaja en una dependencia Ministerial, también comenzó a dedicar sus ratos “libres” a manejar por las calles de La Plata.

“En mi caso lo que empezó siendo como un extra, para tapar un hueco, pagar un pasaje u otro gasto, terminó siendo una tarea de por lo menos 6 horas diarias” menciona, y detalla que trata de facturar 300 lucas por semana. “Yo en el Estado estoy cobrando 795 mil pesos, y con Uber estoy haciendo 800. Decime vos, Luqui, donde me conseguís algo para ganar 7 lucas por hora, que lo pueda hacer a mi tiempo y a mi manera”, agrega Arturo. Esto no es una novedad en su economía personal: hace dos años se encontraba en la misma situación y, por su trayectoria como cocinero, decidió ir a trabajar a un restaurante de la ciudad. Durante todo ese verano estuvo ocho horas diarias dentro de una cocina: ganó poco más de la mitad de lo que puede hacer en menos tiempo arriba del auto. Más allá de eso, “la fantasía de ‘es para meter unas horitas’, me duró muy poco”.

No se trata de kilómetros, se trata de capital

“Uber paga cada vez menos en relación pesos por kilómetros… a qué se debe?” escribió Emmanuel en el grupo de Facebook “Uber Mar del Plata”. Debajo de esa publicación, se desató un debate acalorado entre muchos choferes de uber que expusieron su situación. La mayoría estaba experimentando lo mismo. “El sábado hice el mismo viaje de hace un mes, por $9.800…Cuando la otra vez $12.800” comentó Cristian; “Es una miseria lo que pagan” agregó Nestor; “Estamos hablando de que cada vez que moves el auto es por una bolsita de caramelos!” puso Mauricio, quien además especificó todos los gastos fijos que tiene en mantenimiento y servicio del auto. 

Arturo confirma el debate: “No hago las cuentas finas porque me da miedo deprimirme más, pero entiendo que cuando empecé me llevaba 10 lucas limpias. O sea, facturaba 12 o 13 por hora; y hoy facturó 10, y si a eso le descuento la nafta, me llevo 7 u 8. Desde que yo empecé, debe haber caído más o menos un 20%”.

Asimismo, en muchos de los comentarios del posteo, se mencionó que se puede hacer tal ganancia, en tal turno, solo “si sos dueño del auto”. Acá se abre otro punto: en los últimos meses, muchas personas han puesto en alquiler su auto para que otras lo trabajen, tercerizando de esta manera aún más el servicio. Con la misma lógica de la proliferación de remises en los ‘90, los que tienen el dinero compran varios autos y se ponen una flotilla’ de Ubers. De hecho en este grupo, el usuario ‘Mirta‘ ofrece el alquiler de autos “a nafta o GNC con localizador” para trabajarlos.  

Un ejemplo similar, pero con habilitación ‘legal’, se dio en Capital Federal. Allí desde hace 4 años existe la plataforma DeRentas: oficia de ‘agencia’ y te permite rentar un automóvil para poder usarlo como Uber o Cabify. En mayo pasado firmó un convenio para aumentar su stock de autos con RDA Mobility, un monstruo de flotas corporativas que fue fundado por Arturo Simone, un ex gerente de Toyota CFA, y que tiene presencia en Argentina, Colombia, Uruguay y Chile. Uno de los fundadores de DeRentas, Juan De La Cruz, contó que la idea surgió cuando le robaron el auto y, en 2019, recibió 500 mil pesos por parte del seguro. Luego de comprar un nuevo automóvil, decidió ponerlo a trabajar, y en menos de dos años, su compañía ya facturaba más de 100 millones de pesos. 

Sofía, otra chofer de apps, dice que muchos de estos autos ya se pueden ver transitando las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, incluso con ploteos oficiales de Cabify. De hecho, esta plataforma es una de las auspiciantes de Boca y River, y tiene una de las publicidades más importantes en las transmisiones de TV de la Liga Profesional de Fútbol. Ella es periodista y comunicadora, y en sus ratos libres trabaja en esta app, porque es la que “más le paga”. Lo empezó hacer como un trabajo extra, previo a la pandemia, y luego cuando comenzaron las habilitaciones, lo volvió a retomar.

Además, Sofía cuenta que hoy no hay tanto trabajo como antes, producto de una mayor oferta que demanda, pero que a eso se le suma que ahora hay taxistas trabajando en las plataformas, algo que antes era impensado. “Una vez un taxista me tiró el auto encima, en esa época donde existían los Caza uber”, menciona. En los comienzos, tanto los gremios de taxistas como aquellos que estaban organizados en las paradas, solían llevar a cabo varios escraches contra los que “enganchaban” trabajando en las plataformas. “Yo utilizaba Waze (una app de mapas), donde la gente va subiendo reportes de tránsito. En aquellos tiempos aparecían comentarios como ‘por acá hay ubertos’ y también estaban los que avisaban donde habían caza ubers” agrega Sofía.

Sus días de salida suelen ser los fines de semana, que es cuando más demanda hay, y eso también suma un elemento extra: una mujer al volante, de noche. “Solamente tuve una mala experiencia, donde se subieron dos hombres en el asiento de atrás, y me preguntaban si no me daba miedo que esté sola con ellos ahí. Fue intimidante pero traté de no mostrar algún temor. Cuando se bajaron, me temblaban las piernas”, describe. Ella trata de manejar hasta que le agarra cansancio, y ahí decide a cortar.

La letra chica

Arturo menciona que, con los pocos choferes que ha hablado, él es el único que paga un seguro contra terceros transportados. El Banco Galicia es la única entidad que lo ofrece, y son 250 mil pesos por mes que se suman a los gastos fijos de nafta, mantenimiento y servicios.Si no trabajara de esto, mi seguro valdría la mitad. Pero yo no quiero arriesgar. Yo voy con un viaje, tengo un accidente, se lastimó la persona ¿y que hago?. Después viene con su abogado y me saca lo poco que tengo”, describe.

Las aplicaciones de plataforma tienen en su regla fundacional, tratar de ocultar la relación laboral existente. Por eso no existen estadísticas oficiales por parte del Ministerio de Trabajo, y además están presentados ante la ley como “informales” o “autónomos”. De hecho, uno de los requisitos para ejercer el trabajo es darse de alta el monotributo.

Asimismo muchas de estas aplicaciones se encargan por su propia cuenta de hacer la facturación del usuario, en excepción de Didi. Por ejemplo, Cabify tiene oficializado un convenio con la app Gestorando, la cual pertenece a un estudio contable que se encarga de tramitar y gestionar el monotributo de los choferes. Hace dos años, la Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios (ASiMM) presentó una denuncia formal contra Rappi y PedidosYa porque obligan a los trabajadores a utilizar Gestorando, pero además porque la misma app oculta las facturas que le realiza a los repartidores y ha generado un mecanismo de “sobre facturación, en nombre de los usuarios/trabajadores, y que en todos los casos se trata de montos irrisorios que son desconocidos por ellos”, según detalló Marcelo Pariente, Sec Gral. de la Asociación.

Por otra parte, tanto Uber como Cabify han establecido convenios con empresas prestadoras de servicios para el automóvil, ya sea lubricentros, gomerías, talleres mecánicos, con las cuales el chofer obtiene algún tipo de beneficio, como descuentos. Los mismos se ofrecen dentro de la aplicación, o de manera informal, y las personas que tienen alguna ‘flotilla’ de autos suelen utilizarlos como “condición obligatoria” para los que alquilan sus autos. 

“El otro día me llevó un loco que me dijo que alquilaba el auto. Viste que ahora hay muchos Fiat Sienna nuevos en la calle, por lo general son de alguna flotilla. Bueno, él me dijo que se iba desde La Plata hasta Vicente López a realizarle el service al auto”, cuenta José. Y agrega: “Y yo le pregunté, que vas haciendo hasta allá. ‘Voy agarrando viajes’, me contestó”.

Nadie sabrá a donde van nuestras vidas

Braian tiene 21 años y maneja un Fiat Palio azul. Afuera llueve bastante pero a él se lo nota tranquilo. Mientras el rosario que tiene colgado en el espejo retrovisor se mueve al compás de la calle adoquinada, me dice que volvió al rubro. Que estuvo laburando hace cinco meses en el auto, pero que dejó para irse a una cerrajería. “Estaba metido ahí de 8 a 6 de la tarde, llegaba muerto y no podía hacer nada. Así que volví a uber y me di cuenta que en dos horas acá arriba, gano lo mismo que toda esa jornada” cuenta.

Con la crisis económica que atraviesa la Argentina, el empleo de calidad se ha ido deteriorando. Bumeran, una de las principales plataformas de búsqueda de empleo, dio a conocer en un informe de septiembre que al 26% de los trabajadores formales encuestados, su sueldo solo les rinde dos semanas, mientras que el 24% destina el total de lo que cobra a pagar deudas. Asimismo el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) -que se utiliza para establecer la base de los ingresos de los trabajadores formales-, se encuentra en $322.200 en agosto, y según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), cayó un 30% en términos reales desde la llegada al poder de Javier Milei.

Ante la falta de oportunidades y la baja remuneración en los rubros laborales, todo lo relacionado con la economía de plataforma toma otro significado. Sobre todo en los jóvenes, que tienden a normalizar el pluriempleo bajo la premisa de “manejar su propia rutina”. El Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires sacó un informe en el que remarca que la tasa de pluriempleo aumentó al 10,9%, siendo las mujeres las que mostraron una tasa más alta (10,4%) en comparación con los varones (8,5%).

Por su parte, Sofía dice que a ella le gustaría manejar su propio tiempo, auqnue no haciéndolo con Cabify. “Pero otra no queda”. Lo mismo piensa Arturo, que aprovecha para usar las apps en los tiempos muertos de su día. Más allá de cada caso particular, en una generación que se ve diezmada por la falta de un horizonte económico, es urgente empezar a pensar de qué manera se reconstruye el mercado laboral para que sean más las horas ganadas en ocio que en trabajo, para que el sueldo pueda ser una búsqueda de prosperidad y no de supervivencia. Y para que los jóvenes tengan realmente una oportunidad de progreso. De lo contrario, entonces, como esa letra de Fito Páez, ya nadie sabrá a donde van, nadie sabrá a donde van nuestras vidas.