Corazón de tiza: memorias y luchas docentes

Todavía recuerdo a mi maestra de primer grado. Nos enseñaba las letras como quien abre una ventana: despacio, una nueva cada día. Jugábamos con ellas para aprenderlas de a poco, hasta que ese universo complejo de las palabras empezó a volverse familiar. Recuerdo su risa y la sonrisa con la que nos miraba: casi cuarenta niños alborotados en su primer año de escuela. Una vez, el día de mi cumpleaños, tocó el timbre de mi casa. Me dió un abrazo y un regalo: una carterita amarilla con una flor en el centro. Fue uno de los regalos más especiales de mi infancia.

Estoy segura de que un recuerdo parecido podría repetirse en muchos de ustedes. Muchos de nosotros guardamos nuestro primer cuaderno, así como guardamos los recuerdos de esa época: los guardapolvos blancos, el polvo de tiza, los cuadernos de hojas rayadas y estampas de telaraña, nuestro amigo de banco, las filas en el patio, la oración a la bandera. 

Detrás de todo eso, una maestra, un maestro, cientos de ellos, sosteniendo y cuidando nuestro paso por el aula. La escuela nos marca para siempre. Nos abre las puertas del lenguaje y también nos enseña a estar con otros, a imaginar, a buscar nuestro futuro. 

***

En Argentina, hace muchos años que la escuela es mucho más que un lugar de aprendizaje: es un refugio, un comedor, un espacio de contención y encuentro. En paralelo a un tejido social que se desarma por todos lados, las instituciones educativas atraviesan hoy una crisis profunda.

El deterioro en la educación es un hecho que depende directamente de la cantidad de recursos que se destinen a su desarrollo. Históricamente, los presupuestos para la educación pública han sido escasos o insuficientes. Sin embargo, en estos últimos dos años, la situación se desencadenó con más ferocidad a partir de las políticas liberales y los discursos que desprestigian el trabajo docente.

Según la Ley de Educación Nacional la inversión del presupuesto educativo no debería ser menor al 6% del PBI, porcentaje que desde su sanción ha estado siempre por debajo del 2%. Mientras tanto, los salarios de maestras y profesores, no llegan en muchos casos a cubrir la canasta básica. Gran parte de ellos necesita trabajar en dos o más cargos o complementar con otro trabajo. Al mismo tiempo, los reclamos salariales muchas veces se interpretan como obstáculos antes que una necesidad a futuro. 

Durante el 2024, el recorte del presupuesto educativo fue del 40%, según el informe “Presupuesto Educativo Nacional 2025”, realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, CONICET y el Observatorio Argentinos por la Educación. Este informe reveló que durante 2025 la inversión nacional en educación iba a ser del 0,88%, en términos del PBI, por debajo de lo invertido en 2024 (0,91%) y 2023 (1,48%).

Además, una de las primeras medidas que tomó el actual gobierno fue eliminar el Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID) que Nación transfería a las provincias para mejorar los salarios docentes. “El FONID era un complemento fundamental que equivalía casi a un cargo”, explicó Adelina Petón, vicedirectora de la secundaria platense EES N°55. “Lo que se ve hoy es que los profesores toman cada vez más horas, es una sobrecarga constante que va impactando en la calidad educativa, ¿no? un profesor que trabaja 40 horas semanales no tiene tiempo para una reflexión, para preparar tranquilo las clases, sino que solamente es seguir y seguir”. 

Enseñar en este contexto se vuelve un acto de resistencia. Desde la época de censura de la dictadura militar, pasando por la crisis del 2001, las y los docentes cargan con el inmenso desafío de defender y sostener la educación pública en un país que parece cíclicamente ponerla en jaque. “No la tenemos fácil, para nada, pero ¿Cuántos más espacios de cuidado existen hoy en día? En ese sentido, la escuela resiste y convoca”, apuntó la vicedirectora y profesora de filosofía. 

Detrás de todas las estadísticas, los números, las leyes, los vetos, las opiniones, las maestras siguen dando clases. Con pizarrones rotos, en aulas sin calefacción, frente a niños a los que les duele la panza del hambre. La escuela sigue estando ahí. 

***

Escribo en el pizarrón: 5 de julio. Uno de los días más fríos del invierno. Siento las manos duras, el frío me anula la sensibilidad de los pies, los dedos desaparecen. El pizarrón con grietas guarda restos de tizas de otras manos. 

Me cuesta escribir en este pizarrón, la letra me sale fea y el fondo, con tanta grieta, con tanta tiza. no es nítido, no es verde, es confuso. Y más me cuesta este 5 de julio de tizas congeladas. 

Miro el pizarrón, mi letra fea, fría, dice: Historia de la comunicación. La ventana está a la izquierda y nieva. Le doy la espalda al pizarrón: treinta y cuatro son los chicos que me ven ahora a mí, dentro del gamulán gris de mi abuela, gris con pitucones. Treinta y cuatro chicos del barrio más pobre de la ciudad de Bariloche. 

Todos los barrios pobres de la ciudad de Bariloche son “el alto”, nadie los llama por su nombre. Este barrio se llama San Francisco Segundo. En este barrio hay una escuela y en esa escuela, un pizarrón lleno de grietas. 

Los copos son lindos hasta que caen. Al caer se hacen sopa, así se dice a la nieve aguachenta, ese líquido espeso que exige un calzado especial. Caro. En el alto, en la escuela, está Manuel. Hace 18 grados bajo cero. No puedo dejar de mirar sus zapatos rotos, la bolsa de supermercado que se escapa a través de los agujeros. No puedo dejar de llorar. Queman las lágrimas a 18 grados bajo cero. 

-Relato de Julieta Sanchez Magariños 

***

“En Chubut los sueldos docentes son los más bajos del país”, aseguró Analia Pirronitto, docente de la escuela secundaria 7701 de Puerto Madryn. La provincia, ha tenido durante la última década un conflicto muy intenso con los trabajadores de la educación. 

“En 2018 llegamos a estar tres meses sin cobrar, con sueldos atrasados y sin paritarias. Empezamos con paros progresivos y después ya eran por tiempo indeterminado, incluso los estudiantes tomaron las escuelas pidiendo que se mejore la situación. Todo eso enardeció a la provincia”, explicó Analia, recordando los gobiernos de Mario das Neves y Mariano Arcioni, cuando el ajuste cayó sobre empleados públicos, trabajadores de salud y docentes.

Aquellos fueron meses de paro y movilización en toda la provincia, con nula respuesta estatal. “En las reuniones de paritarias se nos reían en la cara. El gobernador nos despachaba y se iba a ver el partido del Mundial. Terminamos tomando el edificio del Ministerio de Educación en Rawson, más de un mes, con carpas en la calle y todo”, contó Analia, antes de llegar al desenlace fatal de esta historia.

El pico del conflicto fue el 17 de septiembre, justo el día del profesor, cuando, luego de un plenario que se había realizado en el campamento de Rawson, dos compañeras sufrieron un accidente en la ruta, camino a Comodoro Rivadavia, y murieron. Analía remarcó que si bien no fue responsabilidad directa del gobierno, fueron tiempos de mucho cansancio y lucha: “Esas docentes tenían que estar en el aula, no pidiendo que se les pague”.

Hoy en día, los salarios siguen atrasados. El último aumento en la provincia fue del 1,6%, cuando la inflación por IPC en la patagonia fue del 2,5%. Sin embargo, las paritarias no son la única disputa que tienen que dar los docentes en esta provincia. Nacho Torres, actual gobernador, comenzará en febrero un sistema de titularizaciones de cargos que entre la comunidad educativa está generando mucha incertidumbre. “Estamos todos muy nerviosos en las escuelas, porque las titulaciones van a ser por puntaje y no por antigüedad en el cargo. Termina siendo una pelea, una pelea entre pobres, sentenció Analía, quien tiene casi quince años de trayectoria en la educación formal. 

Analía es bióloga y, además de dictar materias afines a las Ciencias Naturales, forma parte del equipo de Educación Sexual Integral de la Escuela 7701 ‘19 de junio’, en Chubut. Conoce de primera mano el peso de ser docente en una provincia que lleva más de una década con conflictos salariales. “Después de tantos paros, la comunidad en general no tiene una buena imagen de los docentes”, remarcó. “Muchos dicen que somos vagos, que no queremos trabajar. Muy pocos reconocen realmente nuestra labor.”

El trabajo en las aulas no es fácil. La escuela es el lugar donde todas las fallas y los conflictos sociales se catalizan, casi al mismo tiempo y en desorden. Analía y Adelina lo narran de igual manera desde distintas provincias: chicos que llegan a la escuela sin comer, dificultades de aprendizaje, bullying, violencia familiar, abusos, enrollos vinculares, entre tantas otras cosas.

En medio de toda la precariedad, lo que sostiene a las docentes es el vínculo con los alumnos y la posibilidad de construir algo más. Ambas valoran la escuela como un espacio de escucha. Trabajando la ESI como un espacio de escucha, Analía  . “A mí lo que más me motiva es escuchar a los estudiantes, darles espacio. El otro día una alumna me escribió: ‘Gracias por la escucha, por estar presente, por ser una referente para mí’. Eso me paga todo lo que no me paga el gobierno.”

¿Y las universidades? La disputa es igual de tensa en todos los niveles educativos. El presupuesto universitario cayó a su nivel más bajo desde 2006 y la inversión por estudiante es la menor desde 2005. Según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, el financiamiento real se redujo un 32% desde 2023, y los salarios docentes perdieron cerca del 28% de su poder adquisitivo. Hoy mismo, mientras escribo estas líneas, se desarrolla un paro nacional en respuesta al veto que el presidente Javier Milei impuso a la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada por el Congreso hace apenas un mes.

En medio de ese panorama, persiste todo aquello que no pueden vetar: la huella que dejan los maestros y maestras en sus alumnos, en sus formas de mirar el mundo.

***

Es hora pico y el colectivo va lleno.

Al fondo, un niño juega con su hermana. Todavía tienen el guardapolvo puesto. Se ríen, se golpean, se hacen chistes, quizás en la escuela hoy fue un lindo día… o es que entre hermanos todos los días son días de juego.

El niño mira la ventana:

—Mirá Romina, ¿qué es esto?

—¡Una mancha!

—¡No nenaa! son las malvinas!

El niño reconoce a las islas en el resto viejo de un sticker. Una maestra estuvo trabajando para esto.