El gobierno nacional busca modificar nuevamente la Ley 26.639 que protege los glaciares y el ambiente periglacial, con una clara intención de favorecer al sector extractivista y megaminero. Según confirmaron fuentes del Ministerio de Economía, el objetivo es avanzar por decreto -sin debate legislativo- para habilitar la actividad en zonas resguardadas por su valor hídrico, pero todavía no hay consenso.
La ley contempla la preservación de los glaciares y suelos congelados como zonas estratégicas de agua. Además, protege su biodiversidad, su valor científico y turístico. En su artículo 6, se prohíbe expresamente la minería, la instalación de industrias y cualquier actividad que libere sustancias contaminantes o altere el ecosistema glaciar. La modificación buscada apunta a este último artículo.
“Desde el día de su sanción, esta ley tiene una presión fuertísima por parte de las empresas mineras”, explicó Sofia Nemenmann, subdirectora de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. No es la primera vez que desde organizaciones ambientalistas advierten los intereses del lobby minero y el peligro de la modificación por intereses empresariales. “Esta modificación tiene nombre y apellido”, agregó Nemenmann.

En 2024, los primeros borradores de la Ley Bases, buscaban avanzar con las inversiones y proyectos mineros, pero el Ejecutivo Nacional no logró el apoyo legislativo necesario y debió quitar el artículo del proyecto. Para eso fue importante la labor del sector ambiental y científico, y el informe de la ONU que denunció la contaminación de cianuro, arsénico, mercurio en la zona periglaciar de la mina Veladero,en San Juan, operada por Barrick Gold. La presión social fue indispensable para romper el posible acuerdo.
¿Por qué es importante la Ley de Glaciares?
Los glaciares son la principal fuente de agua de nuestro país y almacenan el 70% del agua dulce del planeta. En Argentina hay aldededor de 14.500 glaciares distribuidos a lo largo de la Cordillera de los Andes. Se ubican en lugares de gran altura y mucha humedad, en donde la nieve se apila hasta que su propio peso hace que la base se transforme en hielo.

El más conocido es el Perito Moreno, que funciona como un tapón de hielo que aísla el Lago Argentino, y que fue descubierto por Carlo Moyano y Francisco Moreno a fines de 1879. Esa enorme masa de hielo ilimitada ya existía hace millones de años, siendo la principal fuente de agua de los ríos andinos y las cuencas hídricas de las que dependen al menos 12 provincias.
Pero estas masas de hielo no se quedan quietas, sino que están en constante movimiento. De hecho, su retroceso es alarmante: desde 1990 que vienen perdiendo superficie, de forma acelerada por el calentamiento global. La ONU declaró el 2025 como el Año Internacional de la Preservación de los Glaciares y advirtió: “El deshielo acelerado de los glaciares corre el riesgo de desatar una avalancha de impactos en cascada sobre las economías, los ecosistemas y las comunidades, no solo en las regiones montañosas sino a nivel mundial”.
La reducción de las superficies blancas, encargadas de absorber el calor de la tierra, representa un punto de no retorno para el ciclo del agua. En este contexto de crisis hídrica, el lobby minero encuentra en el gobierno nacional un aliado para avanzar sobre nuestro territorio.
Soberanía en la cordillera
Además de lo ambiental, la modificación de la Ley también podría tener implicancias geopolíticas. Muchos de nuestros glaciares se alzan en zonas fronterizas con Chile, donde los límites no están definidos -tal como sucede con el Campo de Hielo Patagónico Sur, el más grande del hemisferio Sur después de la Antártida-. “El glaciar se mueve como un río, muy lentamente, pero se mueve. Entonces, no sabemos qué parte es de Argentina y qué de Chile”, explicó Andrea Torres, ex brigadista del Parque Nacional ‘El Chaltén’, en la provincia de Santa Cruz, que fue despedida en diciembre de 2024 por su posición política frente a la gestión del parque.

¿Qué significa, entonces, que se habilite el avance en la modificación de esta ley? “Nosotros tenemos que proteger nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra historia y nuestro futuro. Porque si no tenemos agua, nuestras generaciones venideras no van a tener nada. Es imposible pensar una vida sin agua potable”, expresó Andrea.
Una ley históricamente perseguida
La Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de Glaciares y del Ambiente Periglacial se sancionó el 30 de septiembre de 2010, al calor de la militancia socioambiental, hace 14 años. Incluso antes de ser promulgada, ya era una ley molesta para las empresas y los gobiernos.

En 2008 el congreso había aprobado una primera versión. Esta fue presentada por la diputada radical Marta Maffei, con respaldo político, académico y científico. Sin embargo, a través del decreto 1837/2008, la entonces presidenta Cristina Fernandez de Kirchner la vetó, bajo presión de la empresa minera Barrick Gold que explota yacimientos de oro en Veladero, San Juan, y proyectaba avanzar sobre Pascua Lama.
En 2010, gracias a la organización de las comunidades, asambleas y colectivos ambientales y científicos, finalmente se sancionó la ley que conocemos actualmente. Desde entonces, ha sido perseguida por el lobby minero y distintos gobiernos buscaron flexibilizarla.
En 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, se intentó modificar la Ley para favorecer al sector minero. Detrás de esta ofensiva estuvieron empresarios como Eduardo Elsztain (Austral Gold y Grupo Irsa), Carlos Miguens (Patagonia Gold), Fernando Giannoni (Barrick Gold) y la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM). Al año siguiente, varios ex funcionarios -entre ellos, tres exsecreatarios de Ambiente- fueron procesados por no proteger el ambiente glaciar en la región sanjuanina.
A lo largo de los años, la intención de vaciar la ley ha sido constante. Las consecuencias siguen siendo las mismas: pérdida de reservas naturales y aumento de sequía en un territorio árido como es el nuestro, mientras que el único favorecido es el negocio minero. “Si esta modificación se concreta, nos encontraremos en la calle. El movimiento social es nuestro modo y habrá que salir a defender la ley de glaciares”, concluyó Sofia Nemenmann.

