8M: Trabajo invisible, salarios desiguales

En Argentina, las mujeres trabajan más horas y ganan menos. Trabajos asalariados fuera de casa y tareas no remuneradas dentro de los hogares. Dedicamos el doble de horas que los hombres a las tareas domésticas y nuestra participación en el mercado laboral sigue siendo desigual. En el marco del 8M, Día Internacional de la Mujer, esta nota recorre las cifras de una deuda histórica que persiste en el país y la región.
8M: Trabajo invisible, salarios desiguales

Existe una ilusión, bastante liberal, de que todos y todas disponemos de las mismas condiciones para el trabajo, y contamos con la misma libertad en cuanto a nuestro tiempo. Spoiler: es mentira. Las mujeres no podemos desentendernos tan fácil de cuidar a nuestra abuela, o a nuestros hijos, o de limpiar la casa.

Nuestras madres, incluso algunas de nuestras abuelas más jóvenes, fueron parte de una generación de mujeres a las que se les exigió que trabajen, que salgan de sus casas para generar ingresos, pero manteniendo -al mismo tiempo- la responsabilidad en las tareas del hogar, de limpieza, maternidad y cuidado. Esas mujeres tuvieron jornadas laborales remuneradas fuera de sus casas, y tareas domésticas ni siquiera reconocidas con sus familias. Y todavía lo siguen teniendo. Por eso en Desde la Raíz nos proponemos abordar esta situación con una mirada rigurosa. 

La brecha salarial entre hombres y mujeres es real

La situación actual en el mercado de trabajo es mala y desalentadora para cualquiera. La realidad es que, si bien los indicadores de actividad y empleo se muestran altos en términos históricos, para la mayoría de los argentinos los ingresos quedan bajos.

Sin embargo, a esta altura ya sabemos que la crisis no golpea igual a todo el mundo. Aunque el presidente lo niegue, la brecha salarial entre hombres y mujeres existe.

Según los últimos datos publicados por INDEC este mes por el Día Internacional de la Mujer, del total de la población nacional el 50,6% de las mujeres son económicamente activas (con o sin empleo), mientras que en los hombres escala al 70%. La tasa de empleo alcanza el 46,8% para nosotras, y un 66% para ellos. Al mismo tiempo, el nivel de desocupación es mayor, siendo un 7,5% en mujeres y un 5,5% en varones. 

Si miramos los índices de trabajo informal asalariado, también las mujeres estamos en peores condiciones. Cuatro de cada diez mujeres asalariadas tiene un empleo informal (3,9), mientras que la cifra para los varones ronda el 3,6 % en comparación.

Además de presentar tasas de actividad más bajas que los varones, las mujeres tenemos tasas de subocupación más altas, es decir, trabajamos menos horas (un 14.1% para las mujeres y un 8.8% para los varones). Este indicador mide a las personas que trabajan menos de 35 hs semanales y están disponibles para trabajar más.

Esta situación se explica, en parte, por la distribución desigual de las tareas en el interior de los hogares: las mujeres destinan casi el doble de tiempo que los varones a trabajos domésticos y de cuidado, lo que limita su participación en el mercado de trabajo.

Mientras que 92 de cada 100 mujeres realiza trabajo no remunerado, 75 de cada 100 varones lo hace. Según INDEC, en hogares con personas que demandan cuidados, las mujeres ocupan 8 horas diarias a esas tareas, frente a varones del mismo hogar que lo hacen 3 horas.

Nosotras, además de que gran parte de nuestro tiempo lo destinamos a sostener el hogar y la familia, cuando tenemos un trabajo pago y reconocido percibimos salarios más bajos que los de los hombres.

Y esto no se debe a que somos menos capaces o tenemos menores niveles educativos, ya que, según el INDEC, de cada 100 mujeres, 36 alcanzan estudios superiores o universitarios, mientras que en varones la cifra baja a 29.  

Las diferencias en los ingresos son una realidad: una mujer tiene que trabajar un año y casi cuatro meses para obtener lo mismo que un varón obtiene en un año.

Ecofeminita, es una organización interdisciplinaria liderada por mujeres que trabaja en  la visibilización de las desigualdades de género. En su último informe evidencian que la brecha salarial general alcanza el 26,4%, notando que este indicador (basado siempre en datos del INDEC) no se modificó demasiado en los últimos 8 años.

Sin embargo, la situación empeora para las trabajadoras informales, quienes no cuentan con descuentos jubilatorios. Entre todos los trabajadores de argentina, quienes peor están son las trabajadoras de servicio doméstico (el 74,2% de ellas no está registrada).

La brecha salarial es real en Argentina

Acá entra otro concepto clave en la brecha salarial: la segregación horizontal. No todas las ramas de trabajo son remuneradas por igual, y hay trabajos particularmente mal pagos para las personas que ocupan sus puestos. La segregación horizontal (también llamada división sexual del trabajo) refiere a la concentración de mujeres en trabajos vinculados a los cuidados y la reproducción social, como la enfermería, la docencia o la limpieza, y la concentración de varones en sectores como la construcción y la industria, reproduciendo los estereotipos de género.

Según Ecofeminita, en Argentina las mujeres representan el 96,9% de las trabajadoras domésticas remuneradas del país. Además, están sobrerrepresentadas en el sector de la enseñanza (73%), servicios sociales y salud (69,4%) y los servicios comunitarios (54,4%).

Por último, también es cierto que existe el ‘techo de cristal’. Esto refiere a las dificultades que tenemos las mujeres para acceder a cargos jerárquicos y de poder, cuestión que influye en el desarrollo profesional y las escalas salariales. La Encuesta Nacional a trabajadores sobre Condiciones de Empleo, Trabajo, Salud y Seguridad (ECETSS) de 2021 reportó que, en Argentina, las mujeres ocupan apenas el 37,2% de puestos directivos y el 24,4% de puestos de jefaturas en las ocupaciones.

A pesar de la evidencia, el presidente Javier Milei ha afirmado, en varias ocasiones, que este fenómeno no existe. En el debate presidencial del 2022, el presidente Javier Milei dijo que “si las mujeres ganaran menos que los hombres, las empresas estarían llenas de empleadas porque los explotadores capitalistas querrían ganar dinero, pero como no es así, se puede ver que en cualquier empresa hay mitad varones y mitad mujeres”.

No obstante a todo esto, que es mucho, las mujeres de nuestra época tenemos más herramientas con las que defendernos. Las olas fuertes de feminismos nos han atravesado, y toca decir, pese a lo que quieran hacernos creer, que no fue en vano. 

Si algo aprendimos después del auge feminista, es el valor y la potencia de nuestra rebeldía. Si algo nos quedó es saber que la visibilidad y la colectividad son herramientas que podemos gestionar nosotras mismas.

En las calles, en los sindicatos y en los espacios de poder, las mujeres y disidencias incomodamos y empujamos la moral patriarcal y liberal que tanto se empeña hoy la derecha por defender.